Artículo Sobre Violencia De-colonizadora y Eco-extremismo Para la Conferencia ASN del 2018

Publicado en la Revista Ajajema Nº 7.


El 13 de septiembre presenté este artículo en la Conferencia de la Red de Estudios Anarquistas, en la Universidad de Loughborough. Esto fue escrito para ser hablado y no ha sido editado para simplificar su lectura.
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El teórico político pesimista Jacques Camatte, cuyos escritos luego de sus años como teórico Marxista influyeron al discurso anarquista de su época —en particular el ala anarco-primitivista— declaró en su trabajo Contra la Domesticación que; “Hay otros que creen que pueden combatir la violencia al proponer remedios contra la agresividad, y así. Todas estas personas suscriben, en forma general, a la proposición de que cada problema presupone su propia solución científica particular. Son por lo tanto esencialmente pasivos, dado que toman la visión de que el ser humano es un simple objeto a ser manipulado. Ellos a su vez están completamente desprovistos de lo necesario para crear nuevas relaciones ínter-personales (algo que tienen en común con los adversarios de la ciencia); son incapaces de ver que una solución científica es una solución capitalista, porque elimina a los humanos y antepone el prospecto de una sociedad totalmente controlada”.
Parece más que obvio que vivimos entre grandes cantidades de violencia y que la violencia y la necesidad de acabar con ella es el asunto dominante dentro de la narrativa en la que nos encontramos. La violencia de la cultura de la violación; la violencia de la opresión racial y colonial; la violencia del ISIS, los Islamistas y las fuerzas internacionales en su contra; la violencia de Rusia, Corea del Norte y Estados Unidos; la violencia de los tiroteos en escuelas de América; la violencia de los apuñalamientos en masa por parte de pandillas en Londres; de bombas, autos, armas, cuchillos y penes. Muchos actos de violencia son poco hablados; la violencia de las trampas para animales; la violencia de las moto-sierras; la violencia de deshabitar para desarrollar un área, o plantar monocultivos industriales para alimentar a una población en crecimiento.
Dentro del discurso radical, particularmente aquel dentro de la tradición anarquista, generalmente tenemos una suerte de relación torcida con la violencia. Mi deseo aquí es identificar un tema en nuestras discusiones que a menudo resulta descuidado —este tema tiene que ver con la interiorización y la exteriorización, bajo la mirada del gran Otro. Enfocaré este asunto dentro del discurso contemporáneo sobre las actividades de-coloniales, anti-coloniales y eco-extremistas. Esto también involucrará, en la parte final de este artículo, una afirmación ontológica, respecto a lo que es la violencia realmente.
El año pasado la organización chilena anti-colonial Lucha del Territorio Rebelde (Weichan Auka Mapu), en una sola acción, incendió 29 vehículos para la tala. Entre enero y mayo del 2016 el grupo cometió 30 actos similares de daños a la propiedad, en defensa del territorio en el que viven, los bosques y la vida salvaje. De forma similar, MEND (por sus siglas en inglés), el Movimiento de Emancipación del Delta del Níger, una organización combativa armada compuesta por células inconexas involucrada en una guerra de guerrillas contra las compañías del petróleo, hicieron volar oleoductos, atacaron campos de petróleo y secuestraron trabajadores del petróleo, como parte de sus actividades anti-coloniales.
Como voceros de los ámbitos de ambientalistas radicales y anti-coloniales anglo-parlantes, grupos como Earth First! y Deep Green Resistance han lanzado su apoyo a estos grupos y otros como ellos, buscando legitimarlos, dentro del contexto del discurso radical. Esto involucra el experimentar un proceso que Deleuze y Guattari llamaron territorialización, en el cual un proceso de interiorización acopla a estos grupos a la estructura de una maquinaria particular. Esto lleva a estos grupos hacia un lugar de aceptación moral, dentro del marco moral con orientaciones de izquierda. A partir de esto, estas acciones, las actividades de estos grupos, y otros similares, se vuelven parte de la narrativa de la política de izquierda radical, respecto del proceso de civilización e historia. Se convierten en personajes dentro de los capítulos que preceden a la “revolución” y, de forma similar a aquella descripta por Camatte en la cita que mencioné previamente, son vistos como objetos pasivos a ser científicamente manipulados. Como personajes dentro del meta-drama en el que residen, se les asigna una identidad que funciona completamente como un significador simbólico para un Otro, quién se coloca como el superyó paterno, legitimando sus luchas, como Dios al determinar quién va al cielo, o mejor, quien no será arrojado al gulag, incluso al gulag anarquista, luego de la revolución —interiorizado— y quien será arrojado al infierno, o al gulag, de nuevo, incluso el gulag construido por anarquistas – exteriorizado.
Este también es el caso en luchas de-coloniales que no están necesariamente conectadas a luchas eco-radicales, tales como la lucha Palestina en contra de las violencias de Israel, en las cuales los manifestantes desarmados son pintados como “inocentes” por organizaciones de izquierda pacifistas que usan la lucha de aquellos como una plataforma para la suya propia, con la implicancia de que los Palestinos armados, tales como Hamas, son objetivos legítimos para la violencia colonial estatista.
Mientras que los líderes de estas organizaciones, quienes pueden haber sido educados en filosofías occidentales como el Marxismo, anarquismo, etc., puede que asuman esta trayectoria política, pienso que, en la actualidad, más allá de estas interiorizaciones, a los individuos que están involucrados activamente con las acciones de estas organizaciones u otras similares; no les importa el progreso, la historia, el capitalismo o nada de eso. Les importan los bosques, ríos y el mundo en el que están inmersos y en el cual habitan como Extensiones de este.
Estas funciones de encuadramiento maquinista, en la forma en la que Heidegger describe al respecto de la tecnología y el encuadramiento, en donde, como objetos, símbolos y personajes de una descripción tecnológica, encajan dentro del modo de existencia humana descripto previamente, aquel de la narrativa ideológica izquierdista, des-humanizados, inanimados y des-animalizados.
Y ahora quiero desplazarme hacia algo que podría parecer de muchas formas como totalmente opuesto, pero yo argumento que se enraíza en la misma narrativa que he estado describiendo aquí. En todo caso, para hacerlo voy a dedicarme un poco a la historia.
Se puede decir que la campaña bombardera de 17 años de Kaczynski es la campaña más exitosa de su tipo. Como el Unabomber, Kaczynski envió 16 bombas, hacía varias ubicaciones dentro de los Estados Unidos. Fue únicamente luego de la publicación de su manifiesto, La Sociedad Industrial y su Futuro, que sus motivaciones se esclarecieron y fue capturado. El trabajo es una crítica brillantemente articulada hacia la sociedad industrial, que incluye una crítica al izquierdismo, en la cual no profundizaré aquí, puesto que no es necesaria para esto y ocuparía demasiado espacio. Solo la menciono por su relevancia y por lo que estoy a punto de desarrollar.
La influencia de Kaczynski, respecto al espacio anti-colonial, es particularmente notable, en relación al movimiento post-anarquista nihilista terrorista llamado Eco-extremismo. Surgiendo de las discusiones nihilistas-anarquistas y anti-civ de la darknet, y casi completamente situado en América del Sur y Centro, por parte de individuos indígenas y anti-civilización, con solo algunas células en Europa, este movimiento es uno que ha buscado activamente exteriorizarse de la maquinaria y narrativa izquierdista.
En sus actividades anti-progresistas anti-melioristas, el grupo que es el partidario más elocuente del Eco-extremismo, Individualistas Tendiendo a lo Salvaje, ITS (ya que la S es por Salvaje), centraron sus actividades en, al igual que Kaczynski, poner bombas en instituciones universitarias, tales como laboratorios nano-tecnológicos; antes de avanzar a sus afamados, debido al rechazo moral, asesinatos indiscriminados, en nombre de la Naturaleza Salvaje.
En caso de que no estén familiarizados con el grupo, me gustaría plasmar aquí citas de sus primeros comunicados.
1. “¿Se colapsará la Civilización y nacerá un mundo nuevo, por los esfuerzos de lxs guerrerxs anticivilización? ¡Por favor! Veamos la verdad, plantemos los pies en la Tierra y dejemos de volar dentro de la mente ilusoria e izquierdista. La revolución nunca existió y por ende lxs revolucionarixs tampoco, aquellxs que se visualizan como “potencialmente revolucionarixs” y que buscan un “cambio radical anti tecnología”, están siendo verdaderamente idealistas e irracionales porque todo eso no existe, dentro de este mundo moribundo solo existe la Autonomía del Individuo y es por la que luchamos.
2. “Un mundo sin domesticación, con un sistema acabado por la obra de lxs “revolucionarixs”, con la Naturaleza Salvaje naciendo de las cenizas del antiguo régimen tecnológico y la especie humana (lo que quedaría) de vuelta a lo salvaje, es completamente ilusorio y soñador.
3. Its da su verdadera cara, vamos al punto central, la fiera defensa de la Naturaleza Salvaje (incluida la humana) no se negocia, se ejecuta con los materiales necesarios, sin compasión y aceptando la responsabilidad del acto. Nuestros instintos nos lo marcan, pues (como hemos dicho anteriormente) estamos a favor de la violencia natural y en contra de la destructividad civilizada.
La respuesta que ha recibido ITS ha sido de exteriorización activa por parte de los izquierdistas y anarquistas-morales. La publicación de anarquismo de izquierda Its Going Down particularmente se pronunció en contra de ITS, notablemente luego de su comunicado 29, en el cual reivindican la responsabilidad por el asesinato de una mujer en un bosque, y también han demonizado a anarquistas y occidentales que incluyen al Eco-extremismo en sus discusiones. Its Going Down etiquetó a ITS como Eco-fascistas en una de sus condenas hacia el grupo, en un intento obvio de demonizarlos moralmente, excluyéndolos de la comunidad de grupos y organizaciones consideradas aceptables dentro de la moralidad anarquista. Esto es, tal como con el MEND y el Lucha por el Territorio Rebelde (Weichan Auka Mapu), realizado bajo la mirada de un Otro superyó paternal, reprimiendo aquello que es moralmente inaceptable, desde una posición de autoridad moral, como Dios. Esto es un ejemplo de lo que describe Camatte, en donde los izquierdistas condenando a ITS y al Eco-extremismo tratan a los Eco-extremistas, a aquellos interesados en el Eco-extremismo y a sus propios simpatizantes y partidarios, como objetos para la manipulación científica, en un movimiento capitalista por controlar, por territorializar.
La revista Eco-extremista Regresión realiza un notable intento por exteriorizarse, tanto en su nombre como en su contenido. Se describe como el antónimo del progreso, como una fuerza regresiva antitética, ubicando su estrategia en un estilo Marxista activo de la dialéctica dual. La Revista proclama activamente que no desea ser leída o que esté buscando atraer lectores, pero se encuentra disponible para leer por cualquier online. Está diciendo activamente que “no somos uno de ustedes” y “no formamos parte de esto”, en una forma muy similar a como los Izquierdistas buscan exteriorizar al Eco-extremismo. A partir de estos ejemplos que he presentado, he intentado identificar que, tanto en encuadramientos morales positivos y negativos, mediante tanto interiorización o exteriorización dentro de la narrativa del progreso, revolución e historia, la relación izquierdista respecto a los proyectos extremistas y radicales anti-coloniales y de-coloniales es una cuya estructura maquinista es ideológica y funcionalmente colonialista y racista. La izquierda no acepta ni condena las acciones de los grupos indígenas y anti-coloniales simplemente en sus propios términos, pero los acopla con el simbolismo de su propio diseño ideológico. Al mismo tiempo, el movimiento de-colonial se ha incorporado tanto a la maquinaria Izquierdista, que, en el caso de los Eco-extremistas, los pueblos indígenas se están alejando de la lucha.
En este punto siento la necesidad de desplazarme a un lugar ligeramente diferente de aquel en el que hemos estado la mayor parte de esto, aunque sin alejarme demasiado. Encuadro esto es un lugar geográfico, más que en un tiempo histórico, puesto que a lo que me estoy desplazando no es ni históricamente progresivo ni reaccionario, o regresivo, cualquiera sea el término que prefieras, sino metafísicamente presentista, en un sentido inmediatista egoísta y fenomenológico. Karl Popper declaró en su trabajo La Sociedad Abierta y Sus Enemigos, en donde critica el historicismo teleológico de Hegel, Marx y pensadores similares por ser fundamentalmente totalitarios, que la “Historia no tiene significado” —una proposición indudablemente desagradable para cualquiera que tenga una postura política izquierdista, pero este es el sentimiento al que deseo desplazarme.
Este es el asunto de la destrucción, la cual luego diferenciaré de la violencia. Ahora, cuando miro hacia afuera de mí mismo hacia lo que el discurso y acción post-anarquistas significan hoy en día, en el tiempo presente, en tanto que nos encontramos en una crisis sistemática, colapso ecológico y entre tanta violencia, me parece a mi que realmente solo podemos comenzar a hablar sobre ontología. No estoy queriendo decir que estamos hablando y que solo podemos hablar sobre conceptos vagos y abstractos, sino que en la raíz de nuestros discursos y si somos honestos con nuestras discusiones, estamos hablando de psico-onticos, socio-onticos, eco-onticos, sobre Realidades y sobre lo Real. Estoy indagando aquí, al incorporar lo ontico junto con la ontología, dentro del mundo de las Cosas (C mayúscula) y la reificación (usando el término tanto en el sentido expuesto por el viejo y confiable Comunista Marx y en el sentido de la falacia del concretismo, también conocido como hipostatación).
Estas discusiones ontológicas pueden a menudo ser encuadradas dentro de los teatros simbólicos de las ideologías, interiorizando y exteriorizando, en procesos de territorialización. Pero debajo de estas vestiduras, en la carne desnuda de nuestro discurso, es ontológico. Somos, de muchas maneras, todos anarquistas ontológicos de praxis.
En base a esto, haré una afirmación, que el proyecto anarquista ontológico es uno de destrucción activa, en el sentido Heideggeriano (con la k reemplazando la c). Me gustaría tomar prestado el término de ontología de guerrilla de Robert Anton Wilson para esto. Tal como observó Heidegger, la destrucción es una tarea presentista que no encaja en categorías normales de positivo-negativo, siendo nihilísticamente amoral y no posicionada en el pasado. Sin ser dualísticamente positiva ni negativa, la destrucción aquí es una fuerza radicalmente monista, en el sentido que sugiere el anarquista-colectivista Bakunin cuando declaró que “la pasión por la destrucción es también una pasión creativa” inmediata; a diferencia de las tradiciones gnósticas de la ideología revolucionaria de izquierda, en las cuales tanto la teoría como la práctica retienen un dualismo esotérico, respecto a objetos que pueden ser manipulados científicamente.
Incluso más que como una práctica antropológica, yo afirmo que la verdadera destrucción-creativa sin objetivos del Ser es el proceso de transformación que está sucediendo de forma constante. La civilización y la historia, en este sentido, son intentos de frenar este proceso y crear, mediante la reificación simbólica, una ontología social de un estructurado-espacio absoluto —la construcción de territorios, de objetos con interiores y exteriores, de la naturaleza y del espacio que esta por fuera de la naturaleza (civilización), de grupos y categorías; un teatro de fantasmas, tecnológicamente in-autentico, en el sentido que expone Heidegger, intentando reprimir la relacionabilidad del Ser, en forma de desarrollos extendidos en el tiempo, o mejor, como el transcurrir de la vida visto como el espacio abierto de la posibilidad. La civilización, con el fin de mantener la maquinaria de su funcionamiento, debe restringir, mediante la colonización, la moralidad, etc., el espacio abierto de la posibilidad, mediante la interiorización y la exteriorización enfocadas hacia una narrativa totalitaria, con un sendero dirigido.
Ahora, en un sentido lo que yo, como alguien del mundo anti-civ, estoy diciendo con esto es que deberíamos deshacernos de los grupos, categorías, territorios, interiores, exteriores, inclusión, exclusión, objetos, símbolos y otros fantasmas tecnológicos, pero difícilmente esto llegue a alguna parte en el tiempo presente. Así que, junto con esto, deseo hacer otra afirmación para nosotros como individuos, o mejor como singularidades, involucradas en los proyectos de-coloniales y anti-coloniales de desterritorialización; que abracemos radicalmente la noción de monismo-como-pluralismo; no para interiorizar la cartografía del espacio radical de una forma nueva respecto a aquella en la que lo hacemos actualmente. Si no, para dejar la situación tan desordenada como sea posible y no juzgar el desorden mediante condena moral, y no encajar eventos dentro de las estructuras de ideologías de izquierda, sino dejarlo todo en el espacio de la posibilidad. Quizás esto se podría considerar el equivalente eco-anarquista de la noción liberal de Bergson de la sociedad abierta —aunque también, quizás no. Si, sin embargo, estamos lidiando con procesos ontológicos, yo sugiero que consideremos nuestras percepciones de la realidad, como del espacio y tiempo, en el modo en el que indica el matemático Poincare con su filosofía de la geometría; como si hubiésemos nacido sin intuiciones, las cuales se han vuelto ligadas a convenciones normativas más que a hechos.
Esta idea que estoy proponiendo es obviamente muy incómoda, puesto que deja abierto casi todo, pero si vamos a de-colonizar el espacio físico estructuralmente racista de las políticas anti-coloniales, entonces nos queda este lugar de incomodidad, en el cual debemos reconocer sin categorizar moralmente, en un sentido anti-político.
Finalmente, también deseo hacer una afirmación ontológica aquí, a los fines del discurso, que mucho de lo que es categorizado como violencia por grupos eco-radicales y anti-coloniales no es violencia, siendo la violencia un objeto reificado de la civilización, significando violación. Sino que lo que resulta a menudo categorizado como violencia en este sentido es realmente una aceptación de la destrucción-creativa no-ontica acósmica ontológica salvaje. Violación, de esta forma, parece ser el funcionamiento maquinista básico de la civilización —invirtiendo la afirmación de ITS de que la naturaleza es violenta y la civilización destructiva. El propósito de la civilización es el propósito de la violencia. Esto no es para legitimar estas acciones que estoy describiendo como destructivas en lugar de violentas, sino diferenciarlas a los fines de la praxis post-anarquista.
Violar es interrumpir el flujo de un espacio y crear una obstrucción, como una presa en un rio, como un militar llegando para interrumpir la vida cotidiana de la comunidad, como un pene forzando su ingreso en un cuerpo mediante la violación. La destrucción es un aspecto creativo de los procesos del espacio de materializarse-volverse-temporal que es el Ser. La destrucción es la apertura del espacio.
De-colonizar es destruir la narrativa de producción que es esta cultura. Des-territorializemos, sin re-territorializar, y sin juzgar lo que crece en el espacio abierto. Dejemos las cosas abiertas y no tratemos al mundo como un objeto para nuestra manipulación. Dejemos de intentar ser Dios y destruyamos el totalitarismo. Vivamos libres de interiores y exteriores, de inclusión y exclusión. Volvamos real el sin fronteras ni límites, y seamos anarquistas abrazando la anarquía. Poincare dijo que “La Geometría no es verdad, es ventajosa”, pero esto no llega lo suficientemente lejos. La geometría no es verdad, ¡Pero puede ser una aventura!
Esto va más allá del espacio de-colonial obviamente, puesto que incluye los espacios de teoría y práctica anti-patriarcales, de ambientalismo radical y anti-estatismo, ya que a estos también les vendría bien deconstruir sus territorios y abrazar la noción ontológica de monismo = pluralismo —pero no hay espacio en este ensayo para incluir estas luchas.
Me gustaría finalizar con esta frase del filósofo Marxista-autónomo Agamben; “Lo que tuvo que perdurar en el inconsciente colectivo como monstruoso híbrido de humano y animal, dividido entre el bosque y la ciudad —el hombre lobo— es, por lo tanto, en su origen la figura del hombre que ha sido expulsado de la ciudad. Que tal hombre sea definido como un hombre-lobo y no simplemente como un lobo… es decisivo aquí. La vida del bandido, como la del hombre sagrado, no es una pieza de naturaleza humana sin relación alguna con la ley y la ciudad. Es, en cambio, un umbral de indistinción y de pasaje entre animal y hombre, fusis y nomos, exclusión e inclusión: la vida del bandido es la vida del Loup garou, el hombre lobo, quien no es precisamente ni hombre ni bestia, y que habita paradójicamente dentro de ambos sin pertenecer a ninguno”.

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