(es) Breves palabras respecto a la violencia del Cielo

Traducción del texto “Brief words on the violence of heaven” publicado en Miko-ew.

Traducción a cargo de Zúpay.


La violencia en el núcleo del mundo, es parte integrante de la belleza y de la vida del todo. Así son las cosas. El mundo no puede sostenerse sin la oscuridad, y no podría ser sin la luz, o el juego sin fin de su interpretación y determinación mutua. Esta es la verdad del mundo. En un mundo tal, la gracia inefable, la cual trae las bayas de primavera al oso también ha escrito el drama eterno del alce y los lobos. Una vida de una muerte, una muerte de una vida. En la red de una incontable cantidad de seres, en su sufrimiento y su fortuna, en la forma de la tierra y la integridad del todo. Es simple ver el surgimiento mutuo del todo en el florecimiento primaveral y la actividad de las abejas, pero incluso el cuerpo parlanchín de la liebre en el ajustado apretón de las mandíbulas del coyote refleja la belleza del todo. Como observa Jeffers en su poema fuego en las colinas, “La belleza no siempre es amorosa…” La sangre en las rocas, los huesos del ciervo blanqueados por el sol, las poderosas mandíbulas del gran león de montaña, perfectas para matar, el cacareo del coyote y el alarido de muerte del alce. La fiereza, la violencia indiscriminada del eco-extremismo es la representación de este fundamento, violencia divina que trabaja, y siempre trabajo en el corazón del mundo.

El eco-extremismo es asediado continuamente por las filas de los debiluchos híper-civilizados, por su “psicopatía” aparente, porque se atreve a materializar esta violencia primordial en contra del orden artificial del Leviatán. Al altar de la ley y el orden, el eco-extremismo ofrece la profanación y un sacrificio de sangre a la tierra salvaje. Al negarse a tener si quiera un mínimo contacto con la línea del humanismo y el progresismo se sitúa a sí mismo en oposición a todo lo que la civilización tecno-industrial (y esto también se refiere al Hombre en sí mismo) representa. Está opuesto en su propia esencia de toda la infraestructura putrefacta, desde la “red” hasta cualquier ciudadano híper-civilizado quien es tanto la manifestación de la civilización como la presa hidroeléctrica que ajusta la vida del río. Se niega a poner la vacía abstracción del “Hombre” en la cumbre del ser y ataca con salvajismo todo aquello que canibaliza la belleza del todo por el basural desolado de la modernidad. El eco-extremismo es el ataque del lobo de feroz, mirada en contra el ganado domesticado. Es la furia del oso grizzly contra aquel quien vagará de forma insolente dentro de sus dominios. Es la fuerza del búfalo y las ventanas rotas junto al metal doblado en contra de los híper-civilizados que han olvidado la fuerza y la furia de esta oscuridad primitiva y su lugar en la grandes redes del mundo, redes dentro de las cuales se mantienen impotentes a pesar del engrandecimiento de sus propias abstracciones.

El orden de la tierra ha sido forjado sobre eones a través de esta violencia divina. Esta es la manera. A partir de ello, surgió la belleza despiadada de aquel mundo transhumano, el cual el hombre y su sociedad tecno-industrial buscan profanar para sí misma. Cada estallido de una bomba, cada chorro de sangre derramada es un golpe a partir de aquel núcleo primitivo de salvajismo, que permanece en contra de las ilusiones y pretensiones del hombre moderno, su civilización, y todo lo que el representa.

-Sokaksin

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