De mi extremismo individualista

Tomado de “Movimiento y Muerte N° 0


¡¿Cuantas veces me han tachado de egoísta?! Muchas, y no me avergüenzo de eso, porque es una gran verdad, porque prefiero ver por mí, mil veces por mí que por los demás, que ver por extraños seres que se me pegan como suciedad a mis zapatos. ¿Que han hecho esos por mí? Nada, al contrario, sólo han alimentado con su existencia mi deseo de verlos arder, sufrir y morir.
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¡¿Cuantas veces me han dicho que respete al prójimo?! Yo no debo respeto a nadie que no sea a mí mismo y a mis cómplices, si doy respeto a alguien es porque Yo lo he querido así, porque Yo he vislumbrado habilidades y características propias de un guerrero y una guerrera en ellos. No porque obedezca a un mandato anteriormente escogido.
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El prójimo se merece solo mi vomitivo rencor, hediondo y venenoso, tengo guardado un cuchillo y varias balas para sus cuerpos, el volcán está a punto de estallar, estallaré con él, que el Caos dirija mi camino y que la sangre ajena me salpique el rostro, así como cuando he peleado en la calle, me encanta sentir la sangre de mi contrincante, y que después de la pelea me digan:
-Oye, tienes sangre.
Y Yo, campante respondo de inmediato:
-No es mía
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¿Como negar mi esencia? Si la niego mientras sonrío apretando los dientes, es porque necesito hacerlo, porque tengo intensiones ocultas y estratégicamente finjo interés en ti, y en tu aburrida conversación inútil. Después se revelará mi verdadero Yo, voy a encajar un cuchillo en tu yugular y ver como mueres lentamente, voy a poner mi voluntad sobre ti, porque me place, porque mi instinto asesino volvió y quiere más.
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La noche cae, me alisto para salir a invocar al caos con fuego, elijo un objetivo, un automotor en la calle, de un lado nadie a la vista, del otro lado igual, me dirijo y rápidamente dejo el artefacto con gasolina y un retardador casero en la llanta de enfrente, me alejo y a la distancia veo como empieza a hablar el fuego, llamas se levantan por los aires y comienza a quemar todo, el sonido del fuego derritiendo el material del automotor se escucha en la noche, nadie sale, todos duermen en sus casas de esclavos, de repente veo salir al dueño del automotor, estaba durmiendo dentro de este, una sonrisa burlona se apodera de mí, el dueño sale despavorido al ver las flamas, intenta apagarlo pero se da por vencido al ver que el fuego es superior a él, ¡maldita sea!
Se hubiera quedado dentro de su maldita máquina.
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Es un día normal, el encargado de una negocio atiende a sus clientes matutinos, él ve entrar a varias personas que se ven normales, todos parecen ovejas, pero hay una que en realidad es un lobo con un disfraz de oveja buena, me acerco a la barra del negocio y saludo amablemente, al mismo tiempo saco mi pistola y digo:
-Todo el dinero en la bolsa, rápido, y te prometo que no te haré daño.
El tendero se queda estupefacto aunque con una mirada retadora, es momento de emplear la violencia, esta es mi parte favorita. Corto cartucho, la bala sube dispuesta a salir del cañón, y con palabras altisonantes amenazo al hombre, lo golpeo en la cabeza con la cacha de la pistola mientras se pone pálido, y sus ganas de ser héroe desaparecen. Él me dice:
-¡Me dijiste que no me harías daño!
Él no sabe que soy un individualista, y que un individualista del tipo extremista puede romper su palabra (porque es suya) cuando lo desee y a su conveniencia, en este tipo de casos. Llena la bolsas que le doy con el dinero y me dispongo a salir, no sin antes desearle buen día, así de cínico me gusta ser.
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Mi extremismo individualista es ese, el que Yo elijo llevar a la práctica, no me importa ser consecuente o moralpolíticamente correcto, los prejuicios me importan una mierda, desato mi ser caótico por cualquier lugar que ande, en el momento que Yo elija y cuando lo requiera.

Xale

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