(es-en) Sobre ángeles y cyborgs

Audio del texto “Of angels and cyborgs” publicado recientemente y leído por Abe Cabrera en inglés.

Publicamos también la traducción al español del mismo texto.

La traducción corre a cargo de Zúpay.


AUDIO

A pesar de mi ausencia de deseo de llevar a cabo acciones violentas indiscriminadas (debido más que nada a mis circunstancias). He encontrado la retórica eco-extremista algo familiar en cierto punto. Eso se debe a que, cuando escribo acerca del eco-extremismo y lo interpreto, no siento que esté haciendo política o siquiera filosofía. Siento que estoy haciendo teología. Debería explicarlo: no teología de una típica forma occidental cristiana, pero si interpretando a través de la apreciación de algo más grande que el humano. Eso “más grande” podría ser de hecho una ilusión del inferior y mortal cerebro humano, y no es necesariamente una concesión de que hay una “conciencia” mayor que la nuestra. Se trata más de la afirmación de la completa degradación de la conciencia, la aceptación de que la razón humana es un fracaso total. Como he escrito previamente, esta era la razón para la ausencia de una perspectiva antropocéntrica entre las gentes y naciones de larga muerte; la idea de que debemos aspirar al poder del oso, la libertad del águila, el conocimiento del coyote, etc. La idea de que lo inhumano empequeñece lo humano, de que lo limita y triunfa sobre él a través de la muerte y el olvido.

Así que un sermón es completamente apropiado. En este día en el cual la Iglesia Cristiana conmemora la muerte de su salvador, es adecuado meditar sobre la naturaleza abyecta de la misma carne humana, su sangre, su decadencia y su pudrición. De hecho, la continuación de la iglesia Cristiana, el progresismo secular, ha denunciado a su predecesor por odiar la carne, y ha alabado cada hazaña de libertinaje por ser inherentemente progresiva. Es un punto común de conversación dentro de la mente liberal el de reprender a la iglesia por condenar la sexualidad. Esta es una presunción tonta. El predominio actual de la liberación sexual se debe en gran parte a la pastilla de control de natalidad, por un lado, y del lavarropas y el microondas por el otro. Es decir, la reproducción femenina es una reproducción controlada y social (utilizando un término Marxista) está mecanizada, para que una mujer (en particular), pueda tener todos los compañeros sexuales que desee, e incluso si queda embarazada, hacerse cargo del hijo es comparativamente fácil con comida instantánea, centros de día, libros de paternidad, etc. Las actitudes modernas hacia la sexualidad no están iluminadas a causa de una realización evolucionaría de la necesidad de libertad para todos los individuos. Existen materialmente a causa del aparato tecno-industrial, que considera a la gente como “recursos humanos” formados y educados de una manera uniforme. Esto hace la vida más “sencilla” y a los ciudadanos más dependientes del sistema.

Esto no importa de una u otra manera, porque a nuestra Tendencia no le importan los humanos, pero es importante darse cuenta de las bases de la actitud moderna. La actitud precedente en contra de la carne era justificada previamente al surgimiento de las comodidades modernas. La mortalidad infantil era excepcionalmente alta incluso en los sectores más ricos y privilegiados. Los humanos antiguos probablemente observaron que sus crías emergían del útero de forma prematura y extremadamente dependientes de sus madres. Surgieron Tabúes entre muchas personas acerca de tocar a una mujer mientras aún estaba amamantando para evitar que sus energías se dispersaran de la nutrición de un sensible brote de vida. Los niños morían de todas formas, lo cual es la base de la esperanza de vida relativamente baja entre la gente cazadora-recolectora. Los bebes y los niños morían, las mujeres morían en el parto, etc. Esto continuó durante el surgimiento de las sociedades agrarias. El obispo cristiano, Gregorio de Nisa, ilustró un vivido retrato del vínculo entre el amor y la muerte en su tratado elogiando la virginidad:

“Pero su tiempo de parir llega sobre la vida joven; y la ocasión es abordada no como la llegada del niño al mundo, sino como un acercamiento a la muerte; durante el parto se espera que ella muera; y, de hecho, a menudo este triste presentimiento es cierto, y antes de que divulguen la fiesta de cumpleaños, antes de que saboreen ninguno de sus esperados placeres, tienen que cambiar su regocijo por lamentos. Incluso en la fiebre del amor, incluso en la altura del pasional afecto, sin haber aún tomado los regalos más dulces de la vida, como en la visión de un sueño, son repentinamente alejados de todo lo que poseen. ¿Pero que viene después? Los empleados domésticos, como conquistando enemigos, desmantelan la cámara de parto; la decoran para el funeral, pero es la habitación de la muerte ahora; hacen los inútiles lamentos y golpes de las manos. Luego viene el recuerdo de los días pasados, maldiciones para aquellos que aconsejaron el matrimonio, recriminaciones para los amigos que no lo detuvieron; culpas a los padres estén estos vivos o muertos, amargos estallidos contra el destino humano, acusación al total curso de la naturaleza, quejas y acusaciones incluso al gobierno Divino; guerra dentro el hombre mismo, y peleas en contra de aquellos que los reprenderían; sin repugnancia para con los más impactantes actos y palabras. En algunos este estado mental continúa, y su razón se ve completamente tragada por el dolor; y su tragedia tiene un final más triste, con la víctima no soportando el dolor para sobrevivir a la calamidad.”

El papel de la mujer era así, uno de dolor continuo, por ella misma cada vez que daba a luz, y por todos los infantes y niños muertos quienes ella sabía que no tenían oportunidad de sobrevivir en un mundo cruel. No era ninguna sorpresa que algunas mujeres mostraban una imagen de alivio cuando se les prometía la virginidad perpetua en un convento, para sobreponerse a la poco confiable y pasajera carne a través de la incorruptible sustancia conocida como el “espíritu”. El ascetismo del monasterio occidental no es tanto una total denuncia a la carne, como la condena de la Iglesia Católica ortodoxa al Gnosticismo y el Catarismo lo indica. Es, en cambio, un reto para que la carne se convierta en algo mejor de lo que es, más y fuerte y resistente. Esto llegó a la madurez intelectual en el pensamiento de Georg Wilhelm Friedrich Hegel, cuya concepción del geist (espíritu o mente), era el de una manifestación de la razón de una forma inerte: La mente convirtiendo el mundo en un asunto de pensamiento (o sea, un asunto humano).

Existen por supuesto aquellos quienes están levemente menos avanzados en aceptar el nuevo orden de las cosas, y estos son por supuesto los izquierdistas: aquellos que se encarrilan en contra de la inmoralidad del capitalismo y el Estado. Los llamo menos avanzados porque no se dan cuenta de que, en nuestras circunstancias presentes, el potencial es nueve décimas partes de lo correcto. Si algo se puede hacer, debe hacerse, sin importar las consecuencias para algún sector de la población. El despliegue de las fuerzas de la sociedad tecno-industrial es el progreso, sin importar sobre quien se pare o a quien condene a la irrelevancia. Ese es el carácter distintivo del neoliberalismo, y es el Espíritu del Mundo, dicho simplemente. Ser capaz de comprar el último Smartphone y vegetar frente a nuestro entretenimiento digital seleccionado es la culminación del progreso, el Descenso del Espíritu Santo en Jerusalén, el asalto a la Bastilla y al Palacio Invernal, etc., etc.

Sin embargo, estos estancos aun piensan que debería haber una dirección para la historia, en lugar de un deambular zombi hacia el olvido ecológico que nadie parece querer frenar. Es un indicador, sin embargo, que incluso una figura revolucionaria como León Trotsky en la cúspide del fervor progresista, concibiera al hombre como un nuevo cyborg Marxista, capaz de realizar el sueño de un mejor mañana.

“En resumen, el hombre comenzará a armonizar con todo rigor su propio ser. Tratará de obtener una precisión, un discernimiento, una economía mayores, y por ende belleza en los movimientos de su propio cuerpo, en el trabajo, en el andar, en el juego. Querrá dominar los procesos semiinconscientes e inconscientes de su propio organismo: la respiración, la circulación de la sangre, la digestión, la reproducción. Y dentro de ciertos límites insuperables, tratará de subordinarlos al control de la razón y de la voluntad. El homo sapiens, actualmente congelado, se tratará a sí mismo como objeto de los métodos más complejos de la selección artificial y los tratamientos psicofísicos.

Tales perspectivas se derivan de la evolución del hombre. Comenzó por expulsar las tinieblas de la producción y de la ideología para romper, mediante la tecnología, la rutina bárbara de su trabajo, y por el triunfar de la religión mediante la ciencia. Ha expulsado el inconsciente de la política derrocando las monarquías, a las que ha sustituido por democracias y parlamentarismos racionalistas, y luego por la dictadura sin ambigüedad de los soviets. En medio de la organización socialista elimina el espontaneísmo ciego, elemental de las relaciones económicas. Lo cual le permite reconstruir desde otras bases totalmente distintas la tradicional vida de familia. Por último, si la naturaleza del hombre se halla oculta en los rincones más oscuros del inconsciente, ¿no es lógico se dirijan en esa dirección los mayores esfuerzos del pensamiento que busca y que crea? El género humano, que ha dejado de arrastrarse ante Dios, el Zar y el Capital, ¿deberá capitular ante las leyes oscuras de la herencia y de la ciega selección sexual? El hombre libre tratará de alcanzar un equilibrio mejor en el funcionamiento de sus órganos y un desarrollo más armonioso de sus tejidos; con objeto de reducir el miedo a la muerte a los límites de una reacción racional del organismo ante el peligro. En efecto, no hay duda de que la falta de armonía anatómica y fisiológica, la extremada desproporción en el desarrollo de sus órganos o el empleo de sus tejidos dan a su instinto vital este temor mórbido, histérico, de la muerte, temor que a su vez alimenta las humillantes y estúpidas fantasías sobre el más allá.”

¿Qué es el hombre revolucionario entonces, más que la versión actualizada del Padre del Desierto en el Cristianismo temprano, en total control de sus deseos y pasiones, capaz de dormir poco y comer aún menos, un individuo altruista, que subyació la carne humana para un fin superior?

Para el ascético, la meta era obtener una corona eterna en el cielo. Para el revolucionario, esta subyugación apunta a un mejor mañana, a la realización del poder humano como su propio fin, su propio desarrollo. La carne humana es débil y será asistida por drogas para controlar las emociones, educación para controlar la ignorancia, libertinaje en algunas áreas para contener el deseo, y una ambición tecnológica sin restricciones para limitar el apetito irascible. La humanidad misma ha sido probada y se la encontró insuficiente, y será reemplazada por el cyborg que podrá alcanzar la tan buscada meta posterior de la utopía.

Bajo esta luz, el absurdo del primitivismo se vuelve más evidente. El deseo insaciable de la mejora a través del ascetismo se vuelve en contra del mismo poder humano, como si la meta del poder humano, tanto como su propio fin se auto-destruyeran voluntariamente. La carne que se encontró ampliamente insuficiente debe reformarse a sí misma al retomar su fuerza anterior y su menor resistencia de las máquinas. Como si el auto-mejoramiento continuo hubiera sido la meta de las sociedades ahora extintas. La ambición humana se ha revelado a si misma que es demasiada, por lo cual, debemos poner el contenido dentro de la caja de Pandora nuevamente y volver a atar a Prometeo a su roca. La ambición final es la de destruir la ambición al aprovechar la energía de la ambición para hacer al hombre no-ambicioso, o algo de esa naturaleza. Debemos regresar y treparnos de vuelta a los árboles porque nuestro amor de fuerza y velocidad nos condena a la esclavitud de la fuerza y la velocidad, y solo podemos hacerlo al aferrarnos a la fuerza “sustentable” y “estable” de nuestros ancestros, ignorando que esto es un oxímoron si alguna vez lo hubo.

Todo esto ocurre porque la civilización tecno-industrial se aferra del Humano, se aferra a la idea de que el universo debe tener a la Humanidad como a un animal especial y único en su interior o no puede ser en absoluto. Incluso el primitivista, el así llamado “traidor de la especie”, está ligado a la ilusión de que la salvación del humano será la salvación de lo salvaje, lo cual es una risa. Lo único que puede hacer el humano ahora es sangrar, morir y decaer. Esto no es un juicio moral, sino uno físico. La sociedad tecno-industrial tropezará por ahí como un hombre borracho luego de una noche de mucha bebida, en un estupor de drogas y luces parpadeantes. No hay escapatoria, pero el único alivio es refugiarse en lo Inhumano, para darse cuenta de que la meta de la civilización tecno-industrial es una idiotez imitable: el delirio de que un animal, un compendio de materia, tiene una vocación eterna a ser especial en el medio de un universo que apenas entiende y mucho menos controla. Pero la humanidad ha trabajado en vano, y la estructura que busca construir, la Torre del Silencio, el Progreso, la Solidaridad, se derrumbará, al estar construida sobre unos cimientos de arrogancia e incompetencia. Por lo que está escrito:

»Si alguno de ustedes quiere construir una torre, ¿qué es lo primero que hace? Pues se sienta a pensar cuánto va a costare, para ver si tiene suficiente dinero. Porque si empieza a construir la torre y después no tiene dinero para terminarla, la gente se burlará de él. Todo el mundo le dirá: “¡Qué tonto eres! Empezaste a construir la torre, y ahora no puedes terminarla.”

¿Qué podemos decir del humano además de que tiene la ambición de destruirse a sí mismo, de una forma u otra? O es como el filósofo Neoplatónico Plotino, quien aborrecía ser visto en el cuerpo, o quiere mejorarse y modificarse a mismo a través de la disciplina o de dibujarse a sí mismo en partes artificiales. Sus sueños de deshacerse de su cuadro físico, mortal para convertirse en una luz angelical pura patrullando las estrellas, pero felizmente no pienso que el híper-civilizado vaya a ascender al cielo para amontonar su basura en él. El eco-extremista, a menudo luego de muchos años de lucha, ha decidido dejar de intentar salvar a la humanidad, y en cambio darle a la Humanidad lo que quiere, quizás de forma inesperada. A través de su trabajo hostil en contra de lo Humano, puede que el eco-extremista y el nihilista activo desciendan más y más dentro del Misterio de Lo Desconocido, y de Lo Inhumano.

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