(es) Nota adicional sobre fascismo

Traducción de “Additional note on fascism”


En el último post, no toque realmente el tema del fascismo como un fenómeno, aunque si lo he hecho en el pasado. Mayormente, no me consideraría ni a mi ni este proyecto como fascistas, porque el fascismo es una ideología desactualizada. Eso no quiere decir que no tenga adherentes en el presente, mas bien que sus adherentes viven en un pasado que ya no existe. Tengo una hipótesis en proceso de que los movimientos izquierdistas / progresistas fueron el producto de cierto atavismo en el cual el capitalismo aun no había extraído a las masas de formas pre-capitalistas de solidaridad y cohesión social. No es sorpresa alguna que los lugares en los que la insurgencia izquierdista de hecho triunfó (Rusia, China, España, Cuba) tenían grandes poblaciones de campesinos rurales y un proletariado industrial pequeño y relativamente nuevo. Los lugares que tenían a un proletariado establecido (Alemania, Gran Bretaña, Francia, etc.) parecen haber resonado bien bajo el orden capitalista, solo con algún traspié ocasional. El proletariado tenía intereses investidos en la sociedad tecno-industrial y su funcionamiento, o al menos en los aspectos que le importaban personalmente (películas, deportes, aplicaciones, etc.) El consumo se convirtió en el medio primordial para expresar la voluntad, en tanto que la producción se convirtió en un aditamento tercearizado hacia otra parte (cfr. Wal-Mart y empresas modernas similares). El consumo tal como lo conocemos es una labor muy atomizada. Las políticas izquierdistas están atascadas en el paradigma pasado de una fábrica llena de trabajadores con provisiones para los poderosos, mientras que la realidad ahora es una fábrica prácticamente vacía (significativamente automatizada cuando no totalmente tercearizada a ultramar) con una vidriera rodeada por consumidores pasivos, o personas pegadas a sus dispositivos electrónicos individuales. Los grupos izquierdistas están intentando revivir políticas que simplemente no tienen sentido en la era actual, porque la “polis”, un ensamblaje de masas de personas con intereses en común, esta siendo eliminada en favor de un modelo mas flexible de interacción humana y control.

El pecado del revolucionario no es haber nacido antes de su tiempo, sino una nostalgia por una sociedad que ya no existe.

El fascismo entonces no es más que otra forma de izquierdismo, quizás con cualidades mas tradicionalistas en el reino estético. El estado nación o el “pueblo” es otro intento de organizar masas de personas de una forma que ya no se corresponde con la vida tal como es vivida en la sociedad tecno-industrial. Allí donde uno podría ser quizás un heroico granjero o un trabajador industrial por el bien de la Patria en medio del siglo pasado, ser un preparador de hamburguesas, programador de computadoras o representante de T-Mobile en servicio al cliente no tiene el mismo acento romántico. El hecho es que, el capitalismo es tan productivo como siempre con muchos menos granjeros y trabajadores industriales. Incluso la guerra ya no es un juego de números, sino del despliegue de tecnología avanzada apoyada por unos pocos especialistas entrenados. (Los Estados Unidos han estado en guerra continua por casi vente años acarreando muy poca movilidad social). En cuanto a las economías fascistas, permitannos recordar como terminaron las últimas dos dictaduras fascistas, España y Portugal. En España en particular, liberales libre-mercadistas apoyados por instituciones tales como Opus Dei (Un orden religioso católico) comenzaron a socavar el orden económico nacionalista en 1950. La economía global esta demasiado integrada como para que cualquier nación o etnia se mantenga independiente por mucho tiempo. Todo esto es economía política elemental volviendo hasta Ricardo. No puedes retrotraer el reloj a la época del soldado, granjero y trabajador patriota y esperar ser competitivo contra la firma neo-liberal China o las fuerzas armadas de los Estados Unidos tecnológicamente avanzadas. El capitalismo Neo-liberal ha demostrado ser mucho mas poderoso económica o militarmente hablando que cualquier aspiración heroica de Derecha atavista.

Tanto el fascismo como el comunismo son ideologías desactualizadas que asumen la acción social donde realmente no existe. Las relaciones entre personas se están convirtiendo meramente en relaciones entre cosas, su diseñado dominio y el control en aumento. Hablar de ser anti-autoritario en China o Singapur en 2018, por ejemplo, parece algo irrisorio. Los Estados Unidos y Europa, con la omnipresencia de las cámaras y el soplón en el bolsillo de todos (Smartphones) no parecen quedarse atrás. Nadie va a organizar falanges de Arios para gasear judíos en el futuro cercano. El combate ritualizado en las calles Estadounidenses y Europeas entre aspirantes a fascistas y sus oponentes (que siempre parece desarrollarse en los lugares mas liberalmente permisivos de aquellas regiones) es tanto una parte del espectáculo de noticias las 24 horas para el rating como si fuese alguna especie de movilización comunitaria en contra de parias sociales indeseados. No tendremos ni socialismo Marxista ni nacional socialismo fascista. Aquellos que aún gritan en las calles por tales cosas se están aferrando a ideas de un mundo que se encuentra difunto.

Así que llamarme fascista en particular es inapropiado. Es más, el aspecto “ecológico” de lo que escribo, a pesar de no ser pronunciado en ocasiones, pasa al frente cuando hablamos del destino de la raza humana como un todo. Cuando ideologías tales como el Marxismo, fascismo, anarquismo, nihilismo y racismo estaban siendo forjadas en el siglo IXX, en gran parte se asumía que el mundo físico al que llamamos Tierra era una pizarra vacía para que el humano escribiese su potencial sobre ella. Y la pizarra se veía como un espacio ilimitado no-afectado por la productividad humana. Los recursos para crear maquinaria para crear más bienes que a cambio crearían más capital eran vistos como si fuesen infinitos, y los efectos secundarios como inexistentes. Hacia donde sea que miremos en el discurso social, ese ya no parece ser el caso. Limites con el combustible fósil, limites con el agua, limites con el suelo, etc. son grandes preocupaciones incluso para el conservador mas escéptico de los burócratas. En ese contexto, desde la perspectiva ecológica social, todos los otros asuntos ligados con la izquierda o la derecha (salarios dignos, racismo, asuntos de transgenero, pluralidad racial, la familia tradicional) parecen algo menores. Aquellos atorados en el pensamiento político deberían conceder que quizás hacer que la vida sea mejor para los humanos no evitará que los humanos se dirijan al colapso ecológico, especialmente cuando la buena vida para ellos significa proveer a los que tienen y a los que no tienen con incluso más “cosas”. El avance humano probablemente sea un juego con ganancia cero.

Todo esto es meramente para indicar los cimientos teóricos del eco-extremismo como marco mediante el cual abordar nuestra era actual. No justifica ni la misantropía ni el ataque indiscriminado en contra de la humanidad. Estas últimas cosas son decisiones éticas y prácticas a las que uno podría llegar como resultado de estas interpretaciones de la realidad actual. He conocido a gente que sencillamente ha reforzado ideologías del siglo IXX, pensando que representan un avance en el entendimiento humano que reconoce la dignidad universal de cada miembro de la especie homo sapiens. Algunos seguirán confundiendo la “raza” con alguna categoría eterna descendida de los dioses en lugar de verla como una taxonomía arbitraria nacida de la ciencia abandonada del siglo IXX. Mientras que respeto algunas de las creencias de esta gente, al final, uno debe desarrollar la decisión propia mediante la continua interrogación de las premisas personales. Las decisiones éticas finales son siempre “saltos de fe”, pero la fe jamas debe cansarse de buscar el entendimiento de aquello que ha concluido.

En el caso del eco-extremismo, esta la conclusión de que la acción colectiva es efectivamente ilusoria y propicia a consecuencias in-intencionadas. Esta es la razón por la cual comunistas se convierten en capitalistas quienes se convierten en nacionalistas militantes, y vice versa. Esta es la razón por la cual la declaración de Francis Fukuyama sobre el final de la historia al final de la Guerra Fría parece algo irrisorio ahora. Como miembros de la humanidad domesticada atrapados en una granja industrial que es la civilización tecno-industrial, es quizás nuestro destino el sufrir la historia y no crearla. Este fatalismo para el humanista racional parece como esclavitud a la futilidad y la inacción, pero como dicen, la vida sigue de todas formas. La acción aún es posible, aunque su alcance e impacto pueden no satisfacer los estándares de las ideologías políticas calculadas. La acción no es ni muy clara ni bien definida. También, ver mas allá de la granja factoría, mas allá del horizonte humanista hacia la Eternidad que nos dio la vida y que seguirá existiendo cuando nosotros ya no estemos aquí, puede ayudarnos a poner las cosas en perspectiva, pero de ninguna forma es obligatorio. O lo ves o no lo ves. Quizás la única vocación de uno en esta vida corta y carnosa que tenemos es “presenciar la Oscuridad” o manifestar la oposición de uno a la arrogancia humana. No es para cualquiera, pero sigo sosteniendo que es una postura completamente justificada al encarar la realidad de la civilización tecno-industrial. Y no acarrea nada del bagaje nostálgico del fascismo u otras ideologías de una era pasada.

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