Imaginarios urbanos y transhumanismo: tensiones entre la ficción tecno urbana y la humanidad salvaje

Extracto de uno de los recientes artículos incluidos en una revista sobre sociología de la Universidad de Valladolid.
El escritor responsable, un doctor en filosofía mexicano, expone de manera muy acertada la situación que se vive en México respecto a los actos de ITS, la parte que reproducimos es la que nosotros encontramos aceptable, todo iba bien hasta que comparó a los eco-extremistas con el mito del buen salvaje, aclarando, los eco-extremistas no creemos en ese mito moderno, nosotros al igual que nuestros antepasados salvajes estamos lejos de ser “buenos”, estamos lejos de ser nobles.


En un pasillo de la Ciudad Universitaria de la UNAM hay un hombre muerto. Sobre el pavimento la sangre roja mancha a la declarada zona de monumentos, patrimonio artístico de México. Las autoridades se apresuran en sus conclusiones: un asalto fallido, quizás la resistencia del hombre, y luego una certera puñalada que le dejó sin vida tras de una importante pérdida de sangre. Se trataba de un funcionario de la Facultad de Ciencias Químicas, que habría salido tarde de su trabajo y habría tenido la malísima fortuna de toparse con uno o varios malhechores en una mala hora. Un hombre joven, que habría estado casado.
La policía no tiene muchos elementos para trabajar, el pasillo está oculto a las cámaras de seguridad de la Universidad, las horas en las que el crimen ha ocurrido no son las más concurridas, por lo que aparentemente no hay testigos y al registrar a la víctima han encontrado sus pertenencias, identificaciones, aún dinero y otros papeles en su cartera. “Quizás no tuvieron tiempo de quitarle el dinero”, concluye confundida la autoridad. No revelan al público ni a la prensa datos de lo encontrado en la escena del crimen, pues ello podría obstaculizar algún hallazgo en el curso de su investigación.
Un día después, un comunicado es transmitido por la web. Un grupo, autodenominado Individualistas Tendiendo a lo Salvaje, se atribuye ese crimen y como prueba señalan que no ha sido robada ninguna pertenencia de la víctima (dato desconocido por el gran público) y dan escalofriantes detalles del crimen que sólo los ejecutores y las autoridades podrían conocer. Las autoridades callan, y ellos señalan como una estrategia de las instituciones el permanentemente “echar tierra” sobre esos asuntos, que son acciones terroristas abiertas, encaminadas a poner en marcha una agenda ideológica extremista que es soterrada por las autoridades y las instituciones, que presumiblemente estarían perfectamente al tanto de los reclamos del grupo extremista desde hacía años y que se niegan sistemáticamente a negociar con ellos o siquiera a aceptar su existencia.
Como prueba de ello, dan una lista de crímenes y atentados a instalaciones de diversos centros de altos estudios del país, llevadas a cabo en los últimos años y además dando minuciosos detalles de los lugares, de los afectados, tecnologías usadas en los actos terroristas, etc.
Se señalan a sí mismos como eco-extremistas, nihilistas e individualistas. Señalan además que se trata de una guerra contra lo que ellos mismos llaman los “híper-civilizados” (Proceso, 2016). Sostienen que la civilización ha llegado a un punto de desapego, desprecio y depredación con la naturaleza que como nunca antes ha puesto en riesgo toda la vida en el planeta. Ellos sostienen además que los más importantes responsables de ese estado de cosas lo constituye la élite tecno-científica, por lo que sin ningún orden predecible han llevado a cabo atentados contra científicos y contra centros de investigación, que es en donde se gesta la híper-civilización.

Dicen en el comunicado que fue hecho público por Proceso y en su propia página web (Gómez Leyva, 2016), que ellos se intuyen como herederos del pasado remoto, de los antepasados chichimecas, extintos a manos del invasor genocida, se saben poseídos por los espíritus de los guerreros que luchan una guerra santa; que tomarán como trofeo las cabelleras de sus adversarios, como lo hacían esos guerreros prehispánicos. Se señalan a sí mismos como profesando una religión basada en el culto a los antiguos dioses paganos, a la tierra, el viento, el sol, que les lleva a ser humanos naturales que rechazan todo lo civilizado:
“Nuestro objetivo en concreto es la civilización en su totalidad, las universidades y empresas que generan esclavos para que este sistema siga creciendo, los centros comerciales e instituciones que llenan de basura las mentes de los borregos ciegos directo al matadero (con esto no estamos posicionándonos a favor de las sociedad, de la masa, la cual también contribuye a la destrucción de la Tierra con su simple existencia), atacamos los símbolos de la modernidad, de la religión, de la tecnología y del progreso, atentamos directamente contra los responsables de que esta mancha urbana siga creciendo y devorando los entornos silvestres que aún quedan.
En resumidas cuentas, nosotros, los eco-extremistas estamos en contra del progreso humano, el cual corrompe y degrada todo lo bello que hay en este mundo, el progreso todo lo vuelve artificial, mecánico, gris, triste, nosotros no soportamos eso, por eso es que le hemos declarado la guerra a esta civilización y a su asqueroso progreso desde hace unos años atrás” (op. cit.)

Dan a entender a través de los medios en que difunden sus ideas, que se trata de un movimiento mundial, que ha pasado de las ideas, de las utopías y las acciones aisladas de creación de comunidades alternativas, a una militancia violenta contra lo que consideran ha corrompido al hombre natural, despojándolo de sus lazos con la tierra, por lo que han identificado los objetivos de sus acciones violentas:
“Las universidades, centros educativos, instituciones académicas etc., son lugares donde se preparan los progresistas del presente y del mañana, por ende, son objetivo inamovible del atentar eco-extremista.
Las incubadoras del progreso (preparatorias, universidades, bachilleratos, etc.), son pieza clave para el desarrollo del sistema tecnológico, científico e industrial, academias desde donde se alistan las mentes de los jóvenes ciegos por la modernidad, y cómplices de la destrucción de la Naturaleza Salvaje” (Individualistas Tendiendo a lo Salvaje, 2016).

Luchan contra “humanismo”, “progresismo”, “solidaridad promiscua”, “colectivismo”, “igualdad”, etc. (op. cit.) que reconocen como valores corruptos de la civilización que son inculcados a las mentes jóvenes. Establecen como sus propios valores y formas de accionar el apego y respeto a la naturaleza salvaje, rechazo total al cristianismo y enaltecimiento de creencias individuales paganas apegadas a la naturaleza, tanto en lo cotidiano como en los actos extremistas; aceptan como una línea de acción clave al terrorismo, buscan que sus afiliados se comporten con determinación, austeridad, apego y práctica de actividades delincuenciales, sobriedad y paciencia; rechazan totalmente (tanto en ideas como en actos) al progresismo, buscan que sus seguidores desarrollen constancia, rechazo a las luchas selectivas, asumir la responsabilidad y rechazan a la revolución como concepto y estrategia (Revista Regresión números 3 y 4, 2016).
El discurso de este grupo eco-extremista puede ser una buena muestra para poder ver el imaginario que subyace a este movimiento o al de quienes abrigan simpatía por sus ideales, aunque no compartan una similar adhesión por sus métodos. Indudablemente hay un desprecio de la ciudad, a la que se le identifica como algo sucio, ajeno de la naturaleza:
“El presente está plagado de horrores causados por la misma civilización, por la alienante realidad tecnológica (redes sociales, teléfonos), respira el espeso aire de esta sucia ciudad, mira las vías repletas de automóviles, observa la masa apretujándose en los camiones, en el metro, ve sus caras hartas de lo mismo” (Gómez Leyva, 2016).

Que puede identificarse con el ideal anti-urbano que atraviesa a lo que se ha denominado imaginario eurocéntrico, como uno de sus componentes principales (Narváez, 2012) y que expresa un profundo terror ante el crecimiento y desarrollo de las metrópolis y una colateral pérdida de humanidad:
“El exceso de población y organización ha producido la metrópoli moderna, en la que se ha hecho casi imposible la plena vida humana de múltiples relaciones personales. Por tanto, si deseamos evitar el empobrecimiento espiritual de individuos y sociedades enteras, abandonemos la metrópoli y volvamos a la pequeña comunidad rural […] en la que los individuos puedan conocerse y cooperar como personas completas” (Huxley, 2003: 467).

(…)

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