(es-it-en) Algunos fragmentos nihilistas

Traducción del texto “Some nihilist fragments” al español y al italiano, escrito originalmente en inglés por -A.

Compartimos totalmente la visión tan devastadora de este guerrero individualista, animando a la destrucción y al caos empujado desde verdaderos y verdaderas antisociales.

¡Todo lo peor para la civilización y su progreso humano!


Los textos a continuación son piezas de escritura las cuales por alguna razón no verán la luz del día en la forma planeada originalmente. He decidido publicar estos fragmentos, en cualquier caso, como una contribución al debate amoral en curso y a la guerra misantrópica llevada a cabo por nihilistas terroristas, eco-extremistas y otros Egos indomables de poder, en la parte del mundo que sea que elijan usar de escondite…

-A

***

Acecho a través de las sombras de las ciudades al igual que un animal atormentado, rabioso y con sed de sangre.

Veo a mi alrededor y en todas partes veo a las masas pululando, arrastrándose hacia atrás y hacia adelante a lo largo de su marcha predeterminada a través del circuito de la necrópolis-urbana. Pasando rutinariamente por el mundo debajo de sus pies como ratas de laboratorio lobotomizadas, atrapadas en una rueda. Todos ellos aferrados a sus “smartphones”, regocijándose en el brillo repulsivo de las pantallas con cables saliendo de sus cráneos, y expresiones ausentes entrampadas sobre sus estúpidas caras. Ellos balbucean mierda mundana e insignificante en los micrófonos durante todo el día, uniéndose en la fila para sacarse una “selfie” junto a este o aquel asqueroso monumento o edificio. El hedor de su perfume me causa nauseas. Observo sus figuras retorcidas e hinchadas, sus cuerpos desfigurados por todos los años de subordinación voluntariosa, estas exposiciones grotescas y macabras de una entidad biológica absurda y fallida, de quien su mente débil y domesticada se pone en manifiesto el espíritu endiosado del “Humano”. Este es el altar antropogéneo sobre el cual todos los Egos deben ser sacrificados, sobre el cual yacen todos los ídolos nacidos de la repugnante Moralidad Cristiana, y de forma más prominente hoy en día, las agusanadas ideologías del humanismo y el progresismo junto a su civilización bastarda.

Escupo sobre todos estos asquerosos parásitos, quienes con cada acción que constituye la totalidad de su despreciable existencia solo condenan a mayor desolación a todo aquello que es salvaje en esta Tierra, quienes en un patético coro alzan sus chillonas voces para defender este destrozado reino de degeneración decadente. Escupo sobre todos sus altares e ídolos, su moral y sus valores. Mi risa sarcástica hará eco eternamente a lo largo de los pasillos tambaleantes de sus utopías. Las piras de mi iconoclasta voluntad odiosa quemarán luminosamente cuando la luna se esconda y reine la oscuridad.

El rechazo y el desprecio llenan mi corazón al punto de reventar. Grito por dentro, todo mi ser rompe en lágrimas en salvaje ferocidad. Lo salvaje me llama desde adentro, grita a través de mí, clama por venganza y yo atiendo al llamado con fervor. El curso misantrópico del terrorismo nihilista es mi arma a elección en los templos del Hombre y su Progreso, es el cáncer propagando el miedo en las sombras de los territorios urbanos, la hierba venenosa que esparce su podredumbre buscando nutrirse en la tierra húmeda y fría.

Todos y cada uno de estos esclavos híper-civilizados no merece nada más que una muerte agonizante, estos cadáveres andantes por quienes el mundo es convertido en un estéril basurero de modernidad y artificialidad. Así que yo digo que dejen todas sus casas arder, y déjenlos congelarse y morir en el frío del invierno a su tiempo. Dejen que sus cuerpos se retuerzan de dolor a medida que el veneno toma lo suyo. Dejen a su sangre brotar para nutrir el suelo estéril y dejen que su miedo sea nuestro único intoxicante mientras avanzamos en la travesía para sobrevivir en la ciudad. ¡Déjennos reír, amigos míos! ¡Déjennos regocijaros, déjennos danzar sobre sangre y reír!

Alguien me mira, sonríe educadamente, pero mirarlos a los ojos traicionaría mi deseo de acabar con sus insignificantes vidas ahora mismo. Giro mi cara hacia otro lado. Mi mirada odiosa anda vagando, mis criminales y salvajes pasiones me llevan hacia adelante, siempre de cacería, preparándome para el siguiente ataque, buscando el siguiente objetivo, la siguiente víctima, atento a cualquier aspirante a héroe. Mientras que robo lo que necesito del supermercado, siento el peso de la cuchilla en mi bolsillo, mis dedos juegan a lo largo de su vicioso borde. Pienso en incrustar el largo del metal ennegrecido en el cuello del guardia de seguridad o algún cajero, anhelando por el destello de temor en sus ojos y el sonido de sus patéticos llantos pidiendo piedad. En su lugar sonrío educadamente y sigo con mi camino. “Que tenga un buen día”.

***

Aquí, en las prisiones abiertas del basurero de la modernidad, en los cementerios urbanos poblados por los muertos vivientes, he llegado a conocer solo el odio y la desesperación. Hacen un túnel hacia mi interior, espumeantes en mi boca se convierten en un vil y venenoso escupitajo a la cara de toda la Humanidad.

Aquí en la ciudad, autos, colectivos y trenes andan todos acelerando, llenando el aire de smog y ruido. Yo asimilo este entorno sombrío. A lo largo del cielo, torres de telefonía y de cableado de alta tensión se alzan erguidas hacia el cielo gris, vomitando miasma y toxicidad que no se pueden ver, de forma incesante, y mis ojos se posan sobre sus formas vulgares. El ruido ensordecedor del mundo de las máquinas se desvanece momentáneamente y yo me mantengo allí en abismal silencio. Contemplo rutas de escape, la cantidad mínima de materiales requerida para el ataque, etc. etc., y sigo mi camino.

Esta noche, el peso del artefacto explosivo-incendiario en mi mochila me recuerda lo que vine a hacer aquí, mi corazón late más fuerte con cada paso presuroso, respiro profundo y observo por debajo de mi capucha los dientes de león y plántagos que emergen desde las baldosas de cemento partidas. Pienso en la serenidad de los bosques, la soledad de las montañas, tranquilizándome una vez más mientras avanzo hacia mi objetivo.

Como anhelo la sensación del pasto y la tierra bajo mis pies, la sensación del frío y el viento en mi cabello y el fragante sentir de las corrientes de montaña llenando mis pulmones. Quiero oír los cantos de las aves y el despliegue de las hojas en primavera, para yacer ante el brillo sanador de la luna con mis acompañantes a mi lado, para escuchar sus voces, sus risas y danzas alrededor de las fogatas de nuestros más salvajes sueños una vez más… Pero no, esta vez, como muchas otras veces, debo ir en soledad. Te estaré esperando del otro lado.

Silenciosamente subo a los techos. Dentro de este complejo departamental duermen los híper-civilizados. ¿En que sueñan? No lo sé. Pero esta noche despertarán dentro de una pesadilla. Encajo el artefacto entre un atado de cables y luego de un último vistazo al sofocado cielo, digo unas pocas palabras a nadie en particular, enciendo el fusible y desaparezco una vez más dentro de la cacofonía nocturna.

***

Risas heréticas retumban por las calles.

Te miro a los ojos, de forma amplia con energía salvaje.

Vandalizando todo lo que esté a la vista, exudamos criminalidad.

Ni siquiera te atrevas a mirarnos.

La imagen del cuchillo destellante en tu mano.

El sonido de vidrios destrozados cayendo al suelo.

El aroma del incienso se mezcla con el asqueroso aire.

Un torrente de adrenalina surge a lo largo de nuestros cuerpos,

y nuestro disfrute perverso y salvaje revienta las bancas de toda racionalidad

como una inundación, determinada a barrer todo lo que se cruce en su camino.

Al tiempo que las calles se oscurecen para anunciar nuestra presencia

Sin conocer el miedo o el arrepentimiento,

Reímos y reímos.

Individualistas en guerra, aullando en la noche.

Riéndonos mientras las sirenas empiezan a sonar a la distancia.

Riendo, nos adentramos en lo desconocido,

cada uno vagando por el camino propio

hacia donde nadie puede seguirnos.

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Alcuni frammenti Nichilisti

I seguenti testi sono pezzi di scrittura che per qualsiasi motivo vogliono non vedere la luce del giorno nella loro forma originaria prevista. Ho deciso di pubblicare questi frammenti, tuttavia, come contributo al dibattito amorale in corso e la guerra misantropica condotta da terroristi nichilisti, eco-estremisti e altri indomabili Ego di potere, dovunque in questo mondo possano scegliere di occultare i loro luoghi …

– A

***

Mi aggiro tra le ombre delle città come un animale braccato,
rabbioso e con sete di sangue.

Guardo intorno a me e ovunque vedo la massa brulicante, trascinandosi avanti e indietro lungo la loro marcia predeterminata attraverso il circuito della necropoli urbana. Percorrendo ordinatamente il mondo sotto i piedi come ratti lobotomizzati bloccati in una ruota. Tutti stringono il loro “smartphone”, crogiolandosi nel malato splendore degli schermi con fili sporgenti dai loro teschi e dalle espressioni vacue, ubriacandosi attraverso le loro facce da idioti. Balbettano mondani nei microfoni tutto il giorno, merda senza senso,si uniscono a vicenda in coda per prendere un “selfie” accanto a questo o quel monumento o edificio sporco. Lo stordimento del loro profumo mi da la nausea. Guardo le loro forme deformate e gonfie, i loro corpi disfatti da tutti gli anni di sottomissione volenterosa, questi spettacoli grotteschi e macabri di un’entità biologica assurda e fallita, dalle cui menti deboli e addomesticate si fa lo spirito divino del “Uomo” manifesto. Questo è l’altare antropogenico su cui deve essere sacrificato tutto l’Ego, su cui poggia ogni idolo nato dalla Morale Cristiana ripugnante, oggi più che mai prominente, le putrescenti ideologie dell’umanesimo e del progressismo e della loro civilizzazione bastarda.

Sputo su tutti questi sporchi parassiti che con ogni singola azione compongono l’interezza della loro spregevole esistenza condannata solo a una nuova desolazione a tutto ciò che è selvaggio su questa Terra, che in un coro patetico alzano le loro voci gracchianti in difesa di questo misero regno decadente della degenerazione. Sputo su tutti i loro altari e idoli, le loro morali e i loro valori. La mia risata sarcastica sarà eco eternamente in tutte le sale cadenti delle loro utopie. Le pire del mio odio iconoclastico bruceranno tutto in maniera luminosa quando la luna è nascosta e regna l’oscurità.

La ripugnanza e il disprezzo riempiono il mio cuore al punto da scoppiare. Urlo dentro e tutto il mio essere mi grida in una ferocia selvaggia. La selvatichezza mi chiama da dentro, grida per me, chiede la vendetta e prendo con fervore il richiamo. La maledizione misantropica del terrorismo nichilista è la mia arma scelta nei templi dell’Uomo e del suo Progresso, è il cancro che diffonde la paura tra le ombre dei territori urbani, l’erba velenosa che diffonde le sue radici fuori cercando nutrimento nella fredda e umida terra.

L’ultimo di ognuno di questi schiavi iper-civilizzati non merita nient’altro che una morte agonizzante, questi cadaveri che camminano per il quale il mondo deve essere trasformato in uno sterile sterrato di modernità e di artificialità. Dico, dunque, che ognuno delle loro case deve bruciare e lasciare che si congelino e muoiano al freddo dell’inverno a loro volta. Lasciate che i loro corpi soffrono di dolore come un veleno. Lasciate che il loro sangue fluisca fuori per nutrire il terreno sterile, facendo sì che la loro paura sia la nostra sola intossicazione mentre cacciamo per sopravvivere nella città. Ridiamo amici miei! Rallegriamoci, balliamo con il sangue e ridiamo!

Qualcuno mi guarda, sorridono gentilmente, ma per guardarli negli occhi dovrei tradire ora il mio desiderio di porre fine alla loro vita senza valore. Mi giro e vado via. Il mio sguardo odioso, le mie passioni criminali e selvagge mi fanno avanzare, sempre in caccia, preparandomi per il prossimo attacco, alla ricerca del segno successivo, la prossima vittima, guardingo per ogni aspirante-eroe. Mentre clandestinamente prendo ciò che mi serve dal supermercato, sento Il peso della lama in tasca, le mie dita giocano attraverso i suoi viziosi bordi. Penso di conficcare la lunghezza dell’acciaio annerito nel collo della guardia di sicurezza o di qualche cassiere, desideroso del flash di paura, nei loro occhi e per ascoltare le loro patetiche grida di misericordia. Sorrido invece educatamente e proseguo sulla mia strada. “Buona giornata”.

***

Qui nelle prigioni aperte del deserto della modernità, i cimiteri urbani popolati dai morti vivi, sono venuto per conoscere solo l’odio e la disperazione. Sta bene dentro di me, schiumando nella mia bocca si trasforma in una bile velenosa da sputare di fronte a tutta l’umanità.

Qui nella città, automobili, autobus e treni vanno a tutta velocità, riempiendo l’aria con smog e rumore. Brandisco questi ambienti dolorosi. Attraverso l’orizzonte, le torri e i piloni del cellulare che si ergono al cielo grigio, spezzano continuamente il miasma e la tossicità che non può essere vista e i miei occhi si stabiliscono nella loro forma volgare. Il rumore assordante del mondo delle macchine sbiadisce momentaneamente e rimango lì in un silenzio abissale. Contemplo i percorsi di fuga, la quantità minima dei materiali necessari per l’attacco, etc. etc. E continuo la mia strada.

Stanotte, il peso dell’ordigno esplosivo-incendiario nel mio zainetto mi ricorda quello che sono venuto a fare qua, il mio cuore batte più veloce per ogni passo rapido, prendo un respiro profondo e guardo da sotto il mio cappuccio, i denti di leone e plantago che eruttano dalle lastre rotte del concreto. Penso alla serenità delle foreste, alla solitudine delle montagne, calmandomi di nuovo mentre continuo verso il mio obiettivo.

Come desidero sentire l’erba e il suolo sotto le dita dei piedi, per la sensazione della freddezza del vento nei miei capelli e il profumo profumato dei ruscelli di montagna che riempiono i miei polmoni. Voglio ascoltare le canzoni degli uccelli e l’apertura delle foglie in primavera, basarsi sulle lune che guariscono, con i miei compagni al mio fianco, per ascoltare le loro voci, le loro risate e ballare attorno agli incendi dei nostri sogni più selvaggi … Ma no, questa volta, come molte volte prima, devo andare da solo. Ti aspetto dall’altro lato.

Silenziosamente salgo sui tetti. All’interno di questo complesso di appartamenti il sonno è iper-civilizzato. Cosa sognano? Non lo so. Ma stasera si sveglieranno con gli incubi. Blocco l’ordigno tra un fascio di cavi e dopo un ultimo sguardo al cielo soffocato, dico alcune parole a nessuno in particolare, accendo la miccia e scompaio ancora una volta nella notte cacofonica.

***

La risata eretica riverbera per le strade.

Guardo negli occhi, lontano dall’energia ferale.

Vandalizzando tutto ciò che davanti a noi, diffondendo la criminalità.

Nessuno osa guardarci.

La vista del coltello che scintilla nella tua mano.

Il suono di vetro distrutto che cade sul pavimento.

L’odore dell’incenso si mescola con l’aria sporca.

Un torrente di adrenalina scorre attraverso i nostri corpi,

e la nostra perversa e selvaggia gioia annienta le sponde di ogni razionalità

come un inondazione, determinata a spazzare via tutto ciò che attraversa il suo cammino.

Mentre le strade si oscurano per annunciare la nostra presenza

Non conoscendo né paura né rimpianto,

Ridiamo e ride.

Individualisti in guerra, ululando nella notte.

Ridere quando le sirene iniziano a suonare in lontananza.

Ridendo, ci dirigiamo nell’ignoto,

Ognuno di noi vagabondi nel proprio percorso

In luoghi dove nessuno può seguirci.

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Some Nihilist fragments

The following texts are pieces of writing which for whatever reason will not see the light of day in their originally intended form. I decided to publish these fragments, however, as a contribution to the ongoing amoral debate and misanthropic war carried out by nihilist terrorists, eco-extremists and other indomitable Egos of power wherever in this world they may choose to make their hiding places…
– A

***

I stalk through shadows of the cities like a hunted animal, rabid and thirsting for blood.

I look around me and everywhere I see the swarming masses, shuffling back and forth along their predetermined march through the circuitry of the urban-necropolis. Routinely treading the world underfoot like lobotomised rats stuck in a wheel. All of them clutching their “smartphones” and basking in the sickly glow of screens with wires protruding from their skulls and vacant expressions plastered across their idiotic faces. They babble mundane, meaningless shit into microphones all day long, join one another in the queue to take a “selfie” next to this or that filthy monument or building. The stench of their perfume nauseates me. I look at their warped and bloated forms, their bodies disfigured by all the years of willing subservience, these grotesque and macabre displays of an absurd and failed biological entity, from whose weak and domesticated minds the god-spirit of the “Human” is made manifest. This is the anthropogenous altar upon which all Ego must be sacrificed, upon which rests every idol born of the repugnant Christian Morality, most prominently today, the maggoty
ideologies of humanism and progressivism and their bastard civilisation.
I spit on all of these filthy parasites who with every single action that constitutes the entirety of their despicable existence condemn only further desolation unto all that is wild on this Earth, who in a pathetic chorus raise their croaking voices in defense of this wretched kingdom of decadent degeneration. I spit on all their altars and idols, their morals and values. My sarcastic laughter will echo eternally throughout the crumbling halls of their utopias. The pyres of my iconoclastic hatred will burn all the brighter when the moon is hidden and darkness reigns.

Loathing and contempt fills my heart to the point of bursting. I scream
inside, my whole being cries out to me in savage ferocity. Wildness
calls to me from within, It screams through me, it calls out for
vengeance and I heed the call with fervour. The misanthropic curse of
nihilist terrorism is my weapon of choice in the temples of Man and his Progress, it is the cancer spreading fear in the shadows of the urban territories, the poisonous weed that spreads its roots out seeking nourishment in the damp cold earth.

Every last one of these hyper-civilized slaves deserves nothing but an
agonising death, these walking corpses for whom the world is to be turned to a sterile wasteland of modernity and artificiality. So I say let every one of their houses burn, and let them freeze and die in the cold of winter in their turn. Let their bodies writhe in pain as poisons take their toll. Let their blood flow out to nourish the barren soil and let their fear be our only intoxicant as we go on the hunt to survive in the city. Let us laugh, my friends! Let us rejoice, let us dance in blood and laugh!

Someone looks at me, they smile politely, but to look them in the eye would betray my desire to end their worthless life right now. I turn and face away. My hateful gaze wanders, my criminal and savage passions carry me on, always on the hunt, preparing for the next attack, searching for the next mark, the next victim, watchful for any would-be-heroes. As I smuggle what I need out of the supermarket, I feel the weight of the blade in my pocket, my fingers play across its vicious edge. I think about sticking the length of blackened steel into the neck of the security guard or some cashier, longing for the flash of fear in their eyes and to hear their pathetic cries for mercy. Instead I smile politely and continue on my way. “Have a nice day”.

***

Here in the open-prisons of the wasteland of modernity, the
urban-cemeteries populated by the living dead, I have come to know only hatred and despair. It wells inside of me, frothing in my mouth it turns to venomous bile to be spat in the face of all Humanity.

Here in the city, cars, buses and trains all go speeding by, filling the
air with smog and noise. I take in these bleak surroundings. Across the skyline, cellphone towers and pylons stand erect to the gray sky,
ceaselessly spewing miasma and toxicity that cannot be seen and my eyes settle on their vulgar form. The deafening noise of the world of
machines fades momentarily and I linger there in abysmal silence. I contemplate escape routes, the minimal amount of materials needed for the attack etc. etc. and continue on my way.

Tonight, the weight of the explosive-incendiary device in my backpack reminds me of what I came here to do, my heart beats faster with each hurried step, I take a deep breath and look down from beneath my hood to the dandelions and plantago that erupt from the cracked slabs of concrete. I think of the serenity of the forests, the solitude of the mountains, calming me once more as I continue towards my target.

How I long for the feeling of the grass and soil beneath my toes, for
the feeling of the coldness of the wind in my hair and the fragrant scent of the mountain streams filling up my lungs. I want to hear the songs of the birds and the unfurling of leaves in spring, to bask in the moons healing glow with my companions by my side, to hear their voices,their laughter and dance around the fires of our wildest dreams once more… But no, this time, as many times before, I must now go alone.
I’ll be waiting for you on the other side.

Silently I ascend to the rooftops. Inside this apartment complex the hyper-civilized slumber. What do they dream of? I do not know. But
tonight they will wake into nightmares. I jam the device between a bundle of cables and after a last look at the smothered sky, I say a few words to noone in particular, light the fuse and dissapear once more
into the cacophonous night.

***

Heretical laughter reverberates through the streets.
I look into your eyes, wide with feral energy.
Vandalising all that is in sight, we exude criminality.
None dare even to look at us.
The sight of the knife that glints in your hand.
The sound of shattered glass falling to the floor.
The smell of incense mixes with the filthy air.
A torrent of adrenaline surges through our bodies,
and our perverse and savage joy bursts the banks of all rationality
like a flood, determined to sweep aside all that crosses its path.
As the streets darken to announce our presence
Knowing neither fear or regret,
We laugh and laugh.
Individualists at war, howling in the night.
Laughing as sirens begin to sound in the distance.
Laughing, we head into the unknown,
each wandering ones own path
to the places where none can follow.

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