Los Reaccionarios Filosóficos: Una Respuesta a “Los Sofistas Modernos” de Kuno Fischer (1) (Max Stirner)

Un pintor prolífico, que estaba trabajando en su estudio, fue llamado por su esposa para almorzar. Él respondió: “Espera un momento; sólo me quedan doce apóstoles de tamaño natural, un Cristo y una Virgen por pintar”. Así es el reaccionario filosófico Kuno Fischer –he elegido esta frase, porque uno no puede aparecer en el salón de la filosofía sin el abrigo de cola(2) de un frase filosófica–, él se ocupa del difícil trabajo de titán de la crítica moderna, que tuvo que asaltar el cielo filosófico, el último cielo bajo los cielos, con grandes pinceladas. Él pinta a uno tras otro. Es un goce verlo. Strauss, Feuerbach, Bruno Bauer, Stirner, los sofistas griegos, los jesuitas, los sofistas del romanticismo, todos son pintados con la misma plantilla.

El buen hombre persigue a los sofistas de la misma manera que nuestros Lichtfreunde(3) y los católicos alemanes persiguen a los jesuitas. Publica una advertencia contra ellos; vilipendia a alguien llamándole “¡sofista!” y todo filósofo respetable se santiguará haciendo una cruz ante él. Ya Hegel ha llamado la atención sobre el hecho de que lo poco que nos queda de los sofistas griegos muestra cuán superiores eran al idealismo griego cuya gloria máxima se conservó en las obras de Platón. Al final, Hegel también es un “sofista”. Traiga su plantilla, Sr. Kuno Fischer, que tengo la necesidad de llamar a Hegel “sofista”. Pero escuchemos a nuestro glorioso cazador de sofistas: “La sofística es la imagen reflejada en un espejo de la filosofía: su verdad invertida”. Por lo tanto, ¿es la misma verdad, sólo que en la posición opuesta? Oh, la posición no nos importa. Observamos la imagen desde arriba y lo llamamos “sofista”; la miramos desde abajo y lo llamamos “filósofo” “tel est notre plaisir”(4).

“El sujeto sofista, que se convierte en el dueño, el déspota del pensamiento, y con él revela el tel est mon plaisir a los poderes objetivos del mundo, no puede ser la subjetividad pensante”. “Dueño, déspota del pensamiento”, ¿el pensamiento de quién? ¿Mi pensamiento? ¿Tu pensamiento? ¿O el pensamiento en sí mismo? Si el “sujeto sofista” se convierte en el dueño de mi pensamiento, o del pensamiento en sí mismo, algo que no tiene sentido, no obstante, probablemente sea más poderoso y por lo tanto tenga derecho a ello; porque sólo puede apoderarse del pensamiento pensando, y esa sigue siendo sin duda un arma honorable y caballerosa. Pero si él es dueño de su propio pensamiento, esto no es nada especial. Si tú no lo eres, entonces eres un lunático, el juguete de tu idea fija. Sin embargo, lentamente, aquí vienen los “poderes objetivos del mundo”, un grupo sublime. ¿Quién eres tú? ¿Acaso eres la luz “que atraviesa las vidrieras” y me colorea la nariz de azul, me guste o no, cuando estoy parado en una iglesia gótica? Sí; e incluso mi vecino orante, lleno de la objetividad del Dios actual, tiene que reírse de la nariz azul. ¿O acaso eres el poder destructivo de un cuerpo que cae, la electricidad descargada, la rápida expansión de una sustancia que se evapora? ¡No! Nada de eso. Veo al filósofo sonreír. ¿Debería la naturaleza sin sentido ser un poder objetivo del mundo? Naturaleza, que no “es” cuando no la “pienso”, que es sólo una “cosa pensada”. ¡No! Porque hasta ahora, esto es más poderoso que el filósofo, y por lo tanto lo desaprueba; pero su Dios-adornado-con-frases, ese becerro dorado decorado, sí es un “poder objetivo del mundo”. La historia pasada es nula y sin valor, en la medida en que no muestra el proceso dialéctico de su pensamiento característico, y el futuro… él ya lo ha “diseñado”. Por lo tanto, “el sujeto sofista”, “el déspota del pensamiento”, “no puede ser la subjetividad pensante”. “¡La subjetividad pensante!” Si todavía le llamara “el sujeto pensante”, entonces el simple sinsentido de esta oración estaría al desnudo, en concreto que “el sujeto sofista no es por ende el sujeto pensante –el cual es dueño del pensamiento, y por lo tanto piensa–, sino que quizás más bien él es pensado por un pensamiento, porque es el órgano sin voluntad del Espíritu absoluto, o, de lo contrario, estas sabias definiciones podrían caerse”. Pero de esta manera la “subjetividad pensante” se ha convertido en una hidra de muchas cabezas sin sentido.

“El sujeto, que se distingue como independiente de su pensamiento, es más bien el sujeto particular, aleatorio, que no ve nada en el pensamiento sino un medio plausible para sus propósitos, y sólo comprende el mundo natural y moral bajo esta categoría”.

Me distingo de mis pensamientos y no me distingo de ellos; allí mis pensamientos me satisfacen tanto que ningún sentimiento ni ninguna sensación pueden producir una diferencia entre yo y mis pensamientos. Pero estoy usando el torpe lenguaje de mi oponente… ¿entonces puedo hablar de “pensamiento”? Un “pensamiento” es algo terminado, algo pensado, y de esta cosa siempre me distingo, como el creador de la criatura, como el padre del hijo. Desde luego yo me distingo de mis pensamientos, los cuales yo he pensado o voy a pensar; los primeros son objetos para mí, los segundos… huevos sin poner. Por lo tanto, yo soy simplemente “el sujeto particular, aleatorio”. Pero el que se considera “sujeto necesario” para sí mismo, se legitima como tal. Puede obtener la legitimación de la luna. Es una cuestión absurda si un sujeto es aleatorio o necesario, o si es “un” sujeto o “el” sujeto. Es necesario porque está ahí, y es necesario si se hace a sí mismo necesario; y es aleatorio, porque ningún gallo cacarearía si él no estuviera ahí. La concepción de que es más necesario un conquistador del mundo, un erudito que controle el tiempo o un hombre de Estado, aún sigue siendo algo ilusorio. Para quien tiene intereses “particulares”, como “medios plausibles para sus propósitos”, todos ellos atan las pasiones e ideas de la época a sus carros triunfales. Su “propósito” puede ser algo más real, o una idea; siempre es su idea, una idea particular, que aman, y con la que arrojan el anatema sobre su persona, en cuya contrariedad y carácter inquebrantable, claramente perciben que todavía son sólo “sujetos aleatorios, particulares”. En lo que respecta a la comprensión del “mundo natural y moral”, confieso que no entiendo cómo uno puede comprender el mundo natural de otra manera que no sea como un sujeto natural “particular”. Con mucho gusto te dejo tu “mundo moral” para ti; ese mundo siempre estuvo sólo en el papel, es la mentira perenne de la sociedad, y siempre se hará añicos al chocar contra la rica variedad e incompatibilidad de los individuos que tienen una fuerte voluntad. Dejamos este “paraíso perdido” para los poetas.

Ahora, en un instante, nuestro héroe se da una cabalgada por la historia. “¡Hurra! los muertos cabalgan rápido”:

“El idealismo de pensamiento de los Eleáticos(5) estimuló la sofística griega”. Oh, eso es un gran elogio para los Eleáticos. Como si no se hubieran estimulado también las consultas de psiquiatras gracias al “idealismo de pensamiento” de sus lunáticos, especialmente si hay un “método en su locura”.

“La sofística del cristianismo Católico era el Jesuitismo(6). El dogma Católico, que se sitúa externamente al sujeto creyente, trajo lo mismo, por lo tanto, externamente a su poder”. ¿“Externamente” probablemente, pero también en la realidad? ¿O acaso los alumnos de Loyola no han controlado siempre el Vaticano? Legítimos en Austria y Baviera, Sans-culottes en Bélgica, comunistas en Francia, los polifacéticos jesuitas siempre atraen a las masas con la cuerda para necios de una idea popular(7). Incluso en el interior de Asia, donde el hambre del desierto y la fuerza superior de los nómadas salvajes hicieron fracasar todas las expediciones, su intrépido pie ha vagado por ahí. Hoy, un alumno Jesuita se sienta en el trono papal, y gobierna en el espíritu del liberalismo religioso y político; y Católicos y Protestantes lo animan.

“En la sofística romántica, el sujeto particular asaltó el carácter absoluto del yo Fichteano” ¡eh, escuchad, escuchad! vosotros, románticos, Schlegel y Tieck, entusiastas del arte, tú, brillante teósofo, Novalis, escuchad desde vuestras tumbas lo que os dicen, dicen que vosotros también sois sujetos “particulares” totalmente comunes. ¡En efecto! Con frases uno puede convertir todo en todo. “La sofística emancipa al sujeto del poder del pensamiento; entonces, el sujeto sofista es el sujeto irreflexivo, bruto y particular que se arrastra detrás de la espalda del pensamiento para mantener a raya su poder”. ¿Así que, por el hecho de que yo tengo pensamientos y los pensamientos no me tienen a mí, por el hecho de que pienso libremente y no me apego a un pensamiento ya pensado, soy por ello un sujeto “irreflexivo”, “particular”, incluso “bruto”? ¡Por supuesto que no! Los sofistas no son “irreflexivos”, incluso son “filosóficos” más o menos como “la imagen reflejada en un espejo de la filosofía”, pero ¿de qué manera? “El sujeto torpe respira aire filosófico; eso le da ese oxígeno peculiar, del que se inspira dialécticamente para tener una elocuencia formal”. ¿Vosotros, filósofos, realmente tenéis la corazonada de que habéis sido golpeados con vuestras propias armas? Nada compra una corazonada. ¿Qué réplica podéis hacer vosotros contra eso, cuando yo vuelvo a derribar dialécticamente lo que acabáis de construir dialécticamente? Me habéis mostrado con qué “elocuencia” se puede convertir todo en nada y nada en todo, negro en blanco y blanco en negro. ¿Qué tenéis contra eso, cuando os devuelvo vuestro impecable truco? Pero con el truco dialéctico de una filosofía de la naturaleza, ni vosotros ni yo cancelaremos los grandes hechos de la investigación natural moderna, como tampoco lo hicieron Schelling y Hegel. Precisamente aquí el filósofo se ha revelado como el sujeto “torpe”; porque es tan ignorante en una esfera “torpe” en la que no tiene poder, como un Gulliver sin ingenio entre los gigantes.

El “sofista” es el sujeto “estable”, “aleatorio”, y pertenece a los “reaccionarios” “puntos de vista ya conquistados en filosofía”, y es “pintado” una vez más en la abundancia creativa de Kuno Fischer. Probablemente no ha entendido a los filósofos, ya que “el hombre natural no sabe nada del Espíritu de Dios”. Pero nos gustaría ver cómo el Sr. Fischer ha entendido a esos que él ha pintado filosóficamente, para que al menos podamos admirar su “elocuencia”. “En este proceso, la ‘crítica pura’ no lleva al sujeto a un sentido real de su soberanía; permanece en la ilusión, contra la cual lucha, relacionándose con ella críticamente”. Es absurda esta acusación hecha contra la “crítica pura”, de que es meramente crítica; porque ¿cómo podría alguien criticar una cosa sin “relacionarse críticamente con ella”? Seguramente, la pregunta es sólo: ¿en beneficio de quién se establece esta relación?, es decir, si el crítico supera críticamente a la cosa o no. “Esta relación crítica derriba al sujeto; es la nada definitiva de todos los pensamientos que sacuden el mundo; éstos se han expirado en el egoísmo absoluto del único. Peter Schlemihl(8) ha perdido su sombra”.

Qué desafortunado, cuando alguien elige una metáfora por la cual es claramente derrotado. La sombra de Peter Schlemihl es la imagen de su unicidad, su contorno individual, usado metafóricamente, el conocimiento y el sentido de sí mismo. Precisamente cuando pierde esto, se convierte en la desafortunada presa del oro al que ha transferido su esencia, de la opinión de la muchedumbre que él no sabe despreciar, del amor de una niña tonta al que no sabe renunciar; él es la pelota de juego de un demonio, que sólo le aterroriza mientras él le teme, mientras permanezca en una relación contractual con él. Bien podría haber sido la presa de la filosofía.

Pero dejemos las metáforas. De la misma manera que el Sr. Fischer arriba, el Literaturzeitung de Bauer habla de ello en el octavo volumen:

“¡Qué grosería y qué frivolidad querer resolver los problemas más difíciles, y hacer frente a las tareas más amplias, simplemente con una ruptura(9)!”.

A esto Stirner respondió:

“¿Pero acaso tienes tareas, si tú no te las impones? En tanto que te las impones, no las abandonarás, y yo no tengo nada en contra de que pienses y de que, al pensar, crees miles de pensamientos”.

¿“El único” rompe con el proceso de pensamiento aquí? ¡No! Él deja que siga tranquilamente su curso; pero tampoco deja que rompa su unicidad, y se ríe de la crítica tan pronto como intenta obligarlo a ayudar a resolver un problema que él no se ha planteado, riéndose de sus “pensamientos que sacuden el mundo”. El mundo ha languidecido suficiente tiempo ya bajo la tiranía del pensamiento, bajo el terrorismo de las ideas; está despertando del pesado sueño, y sigue el día del alegre interés propio. Le da vergüenza la contradicción en que la iglesia, el Estado y el filósofo le mantuvieron cautivo, la contradicción que le impusieron entre el interés propio y los principios. Como si uno pudiera tener un principio en el que no tenga ningún interés, un interés que de momento no se convierte en un principio. Pero tú debes (y tienes que) tener un principio “puro”, el interés propio es “sucio”. Sólo debes comportarte “filosóficamente” o “críticamente”; de lo contrario, eres un sujeto “torpe”, “bruto”, “aleatorio”, “particular”.

Escucha, naturalista, cuando tú observas con placer el devenir del pollo en el huevo incubado, y no piensas en criticarlo; escucha, Alejandro, cuando rompas el nudo gordiano(10) que tú no ataste. Tienes que morir de joven en Sais(11) a manos de los sacerdotes, porque te has atrevido “irreflexivamente” a levantar el velo sagrado del pensamiento serio(12); y los sacerdotes todavía tienen el morro descarado de decir: “la mirada de la Deidad te ha matado”.

Pero una muestra de la actitud ideal y etérea del lenguaje, que nos conduce a un sujeto que no es “torpe”, ni “necesario” ni que “sacude el mundo”:

“El sujeto sofista, que desde su arrogancia despótica se ve degradado una y otra vez a la condición de un eunuco, finalmente se retira detrás del prepucio de su individualidad”, etc.

Después de que Kuno Fischer haya honrado con una exposición tan amplia “los prerrequisitos filosóficos de la sofística moderna, Hegel, Strauss, Bruno Bauer, Feuerbach”, un proceso de filosofía que históricamente ya ha llegado a existir, pero que aún es demasiado obvio para ser expuesto de una manera tan trivial como si fuera noticia, ha llegado a hablar sobre el propio Max Stirner. En cuanto a la inclusión de Stirner entre los sofistas, un nombre con el que no se consideraría insultado ni halagado, puede ser suficiente para expresar una opinión similar sobre los sofistas griegos en su contra.

“Por supuesto el principio de la sofística tenía que conducir a esto, a que el más ciego y dependiente esclavo de sus deseos pudiese ser un excelente sofista y pudiese, con agudeza intelectual, ser capaz de exponer y justificar todo en favor de su rudo corazón, porque ¿qué podría haber para lo que uno no pudiese encontrar siempre una «buena razón», y que no fuese posible defender de alguna manera?”.

Ya he observado a menudo que los críticos que han examinado y analizado los objetos de su crítica con gran talento y gran comprensión, se han vuelto locos con Stirner, y cada uno se ha dejado arrastrar por las más variadas consecuencias de sus malentendidos hasta llegar a cometer genuinos errores estúpidos.

Así, Kuno Fischer hace un esfuerzo inútil para mostrar el egoísmo y la unicidad de Stirner como una consecuencia de la conciencia de uno mismo y de la “crítica pura” de Bauer. El sujeto, que “en este proceso la crítica pura no le aporta un sentido real de soberanía”, se convierte en Stirner en “la nada definitiva de todo el pensamiento-que-sacude-al-mundo”. Y este truco se logra al “romper con la relación crítica que tiene con las ilusiones contra las cuales lucha”.

Pero el truco es sólo uno de los trucos de Kuno Fischer; en el propio libro de Stirner no se encuentra nada de esto. El libro de Stirner ya estaba terminado antes de que Bruno Bauer le diera la espalda a su crítica teológica como algo que ya se había resuelto, y la proclamación de la “crítica absoluta” en el Literaturzeitung sólo menciona a Stirner en un suplemento de la publicación, que no necesariamente pertenece a la estructura de la obra completa.

El humanismo de Feuerbach, que en los comunistas y socialistas alemanes había logrado una influencia más general, estaba mucho más cerca de darse cuenta de que claramente lo “inhumano” del “humanismo” sacaba a la luz las contradicciones subyacentes en el sistema. Por lo tanto, Stirner dedicó el mayor esfuerzo a la batalla contra el humanismo. Feuerbach respondió en el diario trimestral de Wigand, 1845, volumen III, y Stirner refutó esta respuesta. Kuno Fischer parece no saber ni darse cuenta de nada de esto; de lo contrario se habría ahorrado el esfuerzo de hacer el siguiente descubrimiento ingenioso:

“El egoísmo del único no es cualquier pensamiento; más bien es objetivo; ejerce una violencia dogmática; es una alucinación, un fantasma, un pensamiento jerárquico, y Max Stirner es su sacerdote”. “Stirner es el dogmático del egoísmo”. “En la objetividad que Stirner da al egoísmo absoluto…” (no hay rastro de ese tal egoísmo “absoluto” en el libro de Stirner) “…hay una conceptualización que se ha convertido en un dogma”.

Si el Sr. Fischer hubiera leído el artículo(13), no habría llegado a este malentendido cómico, encontrando en el “egoísmo” de Stirner un dogma, un “imperativo categórico” muy en serio, un “deberías” muy en serio, como el que provocó el “humanismo”: deberías ser “Hombre” y no un “ser inhumano”, y luego construyó el catecismo moral de la humanidad. En ese artículo Stirner se refirió al “egoísmo” en sí mismo como una “frase”; pero como la última “frase” posible, la cual es adecuada para poner fin al dominio de las frases. Con ello nosotros cortamos con el imperativo categórico, es decir, con la intención positiva, que se puede encontrar en “La esencia del cristianismo” de Feuerbach y sus obras menores, incluso con su “filosofía de la humanidad”; eso significa que entendemos sus misteriosos “poderes”, “razón”, “voluntad”, “corazón” y sus realizaciones: “conocimiento”, “carácter”, “amor”, como representaciones psicológicas de las habilidades y cualidades que son inherentes en la especie humana real como tal, en la organización humana, aparte de los cambios históricos y las complicaciones, por lo que ya se han hecho enormes progresos en Feuerbach; él muestra suficientemente, volviendo a los rasgos simples y grandes de nuestra organización, cuán absurdo es dar tanto peso a un aspecto, a una característica, como el intelecto o el pensamiento, que amenaza con devorar a las demás; en resumen, quiere que toda la humanidad tenga el mismo derecho a todas sus características, incluidos los sentidos y la fuerza de voluntad. Pero habiendo llegado tan lejos, olvida que “el Hombre” no existe, que es una abstracción arbitraria. Él lo presenta como un ideal. No es de extrañar, cuando se convierte en un ser genérico impersonal y misterioso, que se comporte tan politeísticamente como los dioses griegos de Zeus. En consecuencia, entra en juego un “deberías”; deberías ser el Hombre. El “ser inhumano” opera contra el “Hombre”. Pero nadie afirmará que un “animal no bestial” no es un “animal”. Sería igual de difícil para Feuerbach demostrar que un “ser inhumano” no es un verdadero “humano”. Un “ser inhumano” es y sigue siendo un “ser humano” real, agobiado por un anatema moral, y expulsado, con un sentimiento de asco, por la comunidad humana… la cual le llama “ser inhumano”.

Stirner, a la frase “humanismo” le opone la frase “egoísmo”: ¿Cómo? ¿Me exiges que debería ser un “Ser Humano [Hombre]”, más precisamente, que debería ser un “hombre”(14)? ¡Bien! Yo ya era un “ser humano”, un “pequeño ser humano desnudo” y un “hombre” desde que estaba en la cuna; de hecho soy eso; pero yo soy más que eso, soy lo que me he convertido a través de mí, a través de mi desarrollo, a través de la apropiación del mundo externo, de la historia, etc. Yo soy el “único”. Pero tú eso no es lo que realmente quieres. Tú no quieres que yo sea un ser humano real. No te importa un carajo mi unicidad. Tú deseas que yo sea “el Ser Humano [el Hombre]” como lo has diseñado, como un modelo para todos. Deseas convertir el “principio de la igualdad vulgar” en la norma para mi vida. ¡Principio sobre principio! ¡Exigencia tras exigencia! Yo me opongo a ti con el principio del egoísmo. Yo sólo quiero ser yo mismo; yo desprecio a la naturaleza, a la humanidad y sus leyes, a la sociedad humana y su amor, y corto todas mis relaciones obligatorias con ellos, incluso la del lenguaje. Y a tus deberes bajo cualquiera de sus formas, a todas las expresiones de tus juicios categóricos, yo les opongo la “ataraxia”(15) de mi yo; bastante complaciente soy ya cuando hago uso del lenguaje, yo soy lo “inexpresable”. “Sólo me muestro a mí mismo”(16). ¿Y no estoy tan de acuerdo con el terrorismo de mi yo, el cual hace retroceder todo lo humano en tal caso, tanto como tú con tu terrorismo de humanidad, el cual inmediatamente me tacha de “ser inhumano” si peco contra tu catecismo, si no dejo que mi disfrute de mí mismo se vea interrumpido?

¿Por lo tanto, estamos diciendo con esto que Stirner con su “egoísmo” quiere negar todo lo universal, ver como inexistentes todas las características de nuestro organismo, de las que ningún individuo puede escapar, para eliminarlas mediante la simple negación? ¿Que lo que él quiere es renunciar a toda compañía con los seres humanos y esconderse suicidamente en su capullo? Ciertamente, este malentendido no es menos torpe que el de los liberales y conservadores alemanes que aún hoy están indignados por el comentario de Börne(17): “Si no te gusta la nariz de tu rey, te perseguirá”, como si Börne hubiese querido alguna vez convertir la nariz de un rey en un crimen contra la democracia. Uno se tiene que sentir realmente avergonzado de tener que explicar estas cosas para que lo puedan comprender los señores del Consejo de la Confusión.

Pero hay un “por tal motivo” de mucho peso, una implicación poderosa en el libro de Stirner, que a menudo, de hecho, puede ser leído entre líneas, pero que se les escapó por completo a los filósofos, porque no conocen a los seres humanos reales, ni tampoco a ellos mismos como seres humanos reales, porque ellos siempre tratan sólo con la “humanidad”, “el espíritu” en sí mismo, teniendo una concepción previa, etc., siempre tratan sólo con el nombre, nunca con la cosa y la persona. Stirner habla de manera negativa con su crítica aguda e irresistible, con la que analiza todas las ilusiones del idealismo y revela todas las mentiras de la devoción y el sacrificio desinteresado. De hecho, sus gloriosos críticos han entendido esta crítica como la apoteosis del interés propio ciego, del “egoísmo engañado”, que intenta poner a un pueblo entero bajo su posesión, con el fin de poder ganar unos centavos de ello. Stirner mismo describió su libro como una expresión a veces “torpe” de lo que él quería. Es la ardua obra de los mejores años de su vida; y, sin embargo, lo llamó a veces “torpe”. Tuvo que luchar tanto y tanto con un lenguaje que había sido corrompido por filósofos, abusado por creyentes del Estado, de la religión, o de cualquier otra cosa, y que había generado una ilimitada confusión de ideas…

Pero volvamos a nuestros críticos. Cuando Stirner dice: “El amor es mi sentimiento, mi propiedad”, etc., o “Mi amor es mío sólo cuando consiste en un interés interesado y egoísta, y por consiguiente el objeto de mi amor es realmente mi objeto o mi propiedad” y lo mismo vale para el caso de una historia de amor, del que ama y del objeto de amor declarado, al leer eso nuestro idealista (Kuno Fischer) se levanta triunfante, y dice: “Así pues, entonces, ¡el culto al Dalai Lama! es decir, comer dos veces. Yo me como a mi propio ser-ya-comido”. “Por lo tanto, Max y Marie(18) pertenecen, en la historia natural del amor, a los rumiantes”.

Bueno, dado que el Sr. Kuno Fischer es tan personal y pintoresco, también nos gustaría revertir el asunto. Kuno ama a Kunigunde(19) y Kunigunde ama a Kuno. Pero Kuno no ama a Kunigunde porque encuentre su placer en este amor, no disfruta a su amante por su propio placer, sino más bien por puro autosacrificio, sólo porque ella quiere ser amada; él no tolera ningún sufrimiento de su amor, porque el amor por ella le compensa lo suficiente, por lo tanto no es por estas razones egoístas, sino que todo lo hace sin tenerlas en cuenta, por puro altruismo. Kunigunde hace lo mismo con Kuno. Así que tenemos la pareja perfecta de lo que sería un matrimonio de tontos, que se han metido en la cabeza el amarse mutuamente por puro sacrificio, sin siquiera disfrutar el uno del otro. Kuno Fischer puede quedarse con un amor filosófico tan sublime para sí mismo, o buscar su pareja complementaria en un manicomio. Nosotros, los sujetos “brutos” y “particulares” queremos amar porque sentimos amor, porque el amor es agradable para nuestros corazones y nuestros sentidos, y en el amor hacia otro ser, experimentamos un mayor auto-disfrute.

Además, nuestro crítico se enreda en sus propias contradicciones. El “egoísmo eliminador-del-Estado del único” es al mismo tiempo “la más sólida asociación de la moderación”, “en verdad los fundamentos del despotismo más descarado”, cuya “espada tintineante(20) y fatídica” el crítico ya ha escuchado. La “espada tintineante” no sería ya “fatídica” para nosotros, si no hacemos de ella nuestro destino, y nos atrincheramos en su signo distintivo de acero a través de iniciativas tontas, dándole poder a la espada, queriendo esclavizarnos a la “idea”.

No podemos seguir con esto. Esperamos que uno pueda ser lo suficientemente honesto como para no esperar que leamos más de una página de un libro como “La racionalidad y el individuo”(21), y mucho menos escuchar una crítica al respecto. Pero queremos señalarle al Sr. Kuno Fischer que el autor de “La racionalidad y el individuo” ha escrito una crítica de sí mismo en el periódico de la iglesia Protestante. Pero quizás el Sr. Kuno Fischer está más familiarizado que nosotros, con este comportamiento burlesco de un hombre que quiere ser famoso a cualquier precio.

(publicado bajo el nombre de G. Edwards en Die Epigonen, volumen 4, Leipzig, 1847, pp. 141-151)

NOTAS

1. Kuno Fischer, que todavía era un estudiante cuando escribió sus críticas al libro de Stirner, sería más tarde conocido por su trabajo en la historia de la filosofía, y en particular por inventar la distinción entre los “racionalistas” y los “empiristas” en la filosofía de la época de la Ilustración.

2. Aquí está haciendo una referencia sarcástica, si no lo pillas piensa en un abrigo de cola (también conocido como “frac”), de esos típicos de filósofo o académico que van de guays.

3. Literalmente “Los Amigos de la Luz”, era un grupo protestante que tenía el objetivo de crear una versión racionalista del cristianismo, en oposición a la versión evangélica dogmática que dominaba en ese momento en Alemania.

4. Literalmente “tal es nuestro placer”, o en otras palabras “como nos place”. Una frase usada por los monarcas franceses cuando ponían una ley en vigor.

5. La escuela eleática fue una escuela de filósofos pre-Socráticos que rechazaron la validez de la experiencia sensorial como fuente de conocimiento, y en su lugar tomaron la lógica y las matemáticas como la base de la verdad.

6. “Jesuitismo” aquí hace referencia a la Compañía de Jesús (cuyos miembros son comúnmente conocidos como Jesuitas), es una orden religiosa de clérigos de la Iglesia católica fundada en 1534 por San Ignacio de Loyola (militar y líder religioso de la Contrarreforma) junto a otros. En un principio se creó para llevar a cabo la Contrarreforma de la Iglesia católica. Su actividad estuvo siempre centrada en la educación y adoctrinamiento (tanto en colegios como universidades), pero se extiende también a los campos social, intelectual, misionero y medios de comunicación. Realmente es una orden sectárea dentro de la Iglesia-secta católica, cuya principal actividad consistió (y consiste) en infiltrarse en ámbitos sociales conspirando para influenciar en sociedades y Estados y en sus políticas. Rápidamente se extendió por todo el mundo.

7. Aquí Stirner está refiriéndose a las artimañas que usan los Jesuitas: en cada país se adaptan a la coyuntura del país, con tal de ganarse a las masas hacia posturas que a ellos mismos y a la Iglesia les beneficia, entrometiéndose e infiltrándose en todas las esferas que sea necesario.

8. Es el personaje central de una historia (escrita por Adelbert von Chamisso) acerca de un hombre que vende su sombra al diablo por una bolsa de oro que nunca se acaba porque tiene un fondo infinito, sólo para luego descubrir que una persona sin sombra acaba siendo rechazada por todos.

9. En alemán “durch ein Abbrechen”, que sería como decir “con una ruptura” o “con un derribo”, en castellano también podríamos usar aquí la expresión “cortando por lo sano” en el sentido de “romper de una” [tener esto en cuenta durante los siguientes párrafos]. También dejo aquí el párrafo de El único y su propiedad que se está citando aquí para comprender mejor lo que se está diciendo:

«Un empujón me sirve igual que el pensar más cuidadoso, un estiramiento de mis extremidades me sacude de encima la angustia de los pensamientos, un salto repentino desprende de mi pecho la pesadilla del mundo religioso, un “Waaah!” gritado con júbilo me quita de encima cargas soportadas durante años. Pero la tremenda importancia del grito de júbilo irreflexivo no se podía reconocer mientras durase la larga noche del pensar y de la fe.

“¡Qué grosería y qué frivolidad querer resolver los problemas más difíciles, y hacer frente a las tareas más amplias, simplemente con una ruptura!”.

Pero ¿acaso tienes tareas, si tú no te las impones? En tanto que te las impones, no las abandonarás, y yo no tengo nada en contra de que pienses y de que, al pensar, crees miles de pensamientos. Pero tú, que te has impuesto esas tareas, ¿no deberías poder volver a desprenderte de ellas? ¿Tienes que estar atado a esas tareas, y deben convertirse en tareas absolutas?».

10. Actualmente la expresión nudo gordiano se refiere a una dificultad que no se puede resolver, a un obstáculo difícil de salvar o de difícil solución o desenlace, en especial cuando esta situación sólo admite soluciones creativas o propias de “pensar de otra manera”. “Cortar el nudo gordiano” significa resolver tajantemente y sin contemplaciones un problema. Lo que busca transmitir este dicho es que no importa cómo se resuelva una situación, lo importante es que se resuelva. Sería una expresión parecida a “cortar por lo sano”, resolviendo de una un problema.

Esta expresión procede de una leyenda griega según la cual los habitantes de Frigia (en la actual Turquía) necesitaban elegir rey, por lo que consultaron al oráculo. Éste respondió que el nuevo soberano sería quien entrase por la Puerta del Este, acompañado de un cuervo posado sobre su carro. El que cumplió las condiciones fue Gordias (de ahí “gordiano”), un labrador cuyas únicas propiedades eran su carreta y sus dos bueyes. Cuando le eligieron monarca, fundó la ciudad de Gordio y, en señal de agradecimiento, ofreció al templo de Zeus su carro, con la particularidad de que cogió una cuerda y ató su lanza en el yugo del carro haciendo un nudo de manera que los extremos de la cuerda quedaban en el interior del nudo, tan complicado que nadie podía desatarlo. Según se dijo entonces, aquel que lo consiguiese desatar conquistaría el Oriente. Cuando Alejandro Magno (356-323 a.C.) se dirigía a conquistar el Imperio persa, en el 333 a.C., tras cruzar el Helesponto, conquistó Frigia, donde le enfrentaron al reto de desatar el nudo. Solucionó el problema cortándolo con su espada, diciendo (según la narración de Curcio Rufo): «Es lo mismo cortarlo que desatarlo». Esa noche hubo una tormenta de rayos que simbolizó, según Alejandro, que Zeus estaba de acuerdo con la solución.

11. Una referencia al libro de Novalis “Los discípulos en Sais”.

12. He traducido aquí “unbedenklich” como “irreflexivamente” y “Bedenklichkeit” como “pensamiento serio”. En general “Bedenklichkeit” significa simplemente seriedad, o también algo así como dudosidad (en el sentido de estar dudoso, pensativo, pero tomándose en serio al reflexión). Así pues, podría leerse como “porque te has atrevido ‘irreflexivamente’ a levantar el velo sagrado de la seriedad”.

13. Se refiere a Los críticos de Stirner, una respuesta de Stirner a sus críticos.

14. En el sentido de ser un hombre varón.

15. Ataraxia es una palabra griega que significa un estado anímico en el que uno tiene tranquilidad emocional.

16. Esta es una autoreferencia del propio Stirner a un párrafo de su libro El único y su propiedad, sobre todo a la última frase del párrafo. El párrafo en cuestión es este:

«¿Por qué, entonces, no queréis armaros de valor y convertiros plenamente en el punto central, en lo principal? ¿Para qué perseguir la libertad, vuestro sueño? ¿Sois vosotros vuestro sueño? No preguntéis a vuestros sueños, a vuestras ideas, a vuestros pensamientos, porque todo eso no es más que “teoría vacía”. Preguntaos a vosotros mismos y preguntad por vosotros mismos, eso es práctico, y vosotros queréis ser “prácticos”. Pero alguno se pregunta qué dirá su Dios y lo escuchará (naturalmente su Dios es lo que él se imagine y designe con ese nombre), otro escuchará lo que determine su sentido moral, su conciencia y su sentido del deber, y un tercero calculará qué pensará la gente de ello; y cuando cada uno preguntado a su Señor Dios (la gente es un Señor Dios tan bueno, y de hecho incluso más sólido, que el metafísico e imaginado: vox populi, vox dei), cada uno se someterá a la voluntad de su Señor y ya no escuchará lo que a él mismo le gustaría decir y decidir. Por eso, mejor dirigíos a vosotros mismos antes que a vuestros dioses e ídolos. Sacad lo que hay dentro de vosotros, sacadlo a la luz, mostraos a vosotros mismos».

17. Karl Ludwig Börne (1786-1837), un satírico y escritor político alemán.

18. Marie Dähnhardt, con quien Max Stirner estaba casado en ese momento y a quien le dedicó su libro.

19. Este nombre es la versión alemana de Cunégonde (Cunegunda en castellano), un personaje del cuento de “Cándido, o el optimismo” de Voltaire. El cuento gira en torno a la relación entre Cándido y Cunegunda. Tras vivir varias situaciones complicadas que los van haciendo separarse y volver a encontrarse, en una de esas él tiene que irse largo tiempo y le promete encontrarla allá donde esté y casarse con ella. Finalmente la encuentra en Estambul, pero para entonces ella ha perdido su belleza, y ahora ella es una persona muy irascible y, desafortunadamente, tiene una mente poco profunda. Aún así, Cándido acepta a regañadientes casarse con ella. Es probable que Stirner tuviera en mente este cuento a la hora de hacer la comparación.

20. El tintineo es el ruido que producen un conjunto de cosas metálicas o de vidrio cuando chocan o se golpean con algo (el típico “cling cling”).

21. Una referencia al libro de Karl Schmidt “Das Verstandesthum Und Das Individuum”, una obra que intentó rastrear la historia del movimiento filosófico de los jóvenes Hegelianos de principio a fin para poder terminar con él. Pero… al considerar a Stirner como un filósofo, evidentemente entendió mal a Stirner. Además, he de señalar que en la misma crítica que Kuno Fischer hizo a Stirner, a la vez hizo una crítica de 2 libros de Karl Schmidt: Das Verstandesthum Und Das Individuum [La racionalidad y el individuo] (1846) y Liebesfriebe ohne Liebe [Cartas de amor sin amor] (1846).

Traducido por: Lapislázuli

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