(México) Terrorismo al alza

Desde la prensa.


3 de junio 2019

A 5 días de que a la legisladora de Morena Citlalli Hernández le explotará un libro cuando estaba en su oficina en el Senado, aún no se tiene información concreta de porqué se dieron los hechos.

Al aventar la legisladora el artefacto y al caer éste al piso, volvió a detonar. De inmediato ella, junto con el personal que estaba en su oficina, salió de prisa del lugar.

La agresión que sufrió la senadora y las condiciones que lo permitieron se trataron de minimizar, y poco se sabe del hecho. El presidente del Senado, Martí Batres, dijo que el libro-bomba llegó a las manos de Hernández por “un resquicio” que se encontró en la seguridad, por lo que rechazó que la austeridad en el gasto en la Cámara haya relajado el esquema de seguridad.

Lo cierto es que trabajadores del Senado señalaron que, a últimas fechas, se habían relajado las medidas de seguridad en la Cámara alta. Es por eso que, tras el atentado, la Junta de Coordinación Política acordó implementar una serie de medidas para reforzar la vigilancia, entre ellas, no permitir el ingreso de un solo paquete si antes no es revisado por binomios caninos expertos en detección de explosivos.

Además, se renovará el sistema de circuito cerrado y se fortalecerá la revisión a través de arcos detectores y rayos X en los accesos de los estacionamientos.

Pero el titular de la FGR, Alejandro Gertz Manero, informó que no fue uno, sino dos “libros-bomba” o paquetes explosivos los que se recibieron en el Senado; sin embargo, no dio a conocer el nombre del destinatario del segundo. Para el fiscal, el hecho se trató de un caso armado y mediático para provocar un escándalo.

Además es un hecho que este tipo de artefactos se emplean de manera recurrente en México en estos últimos años. Grupos como el autodenominado grupo ecoterrorista “Individualistas Tendiendo a lo Salvaje (ITS)”, se han adjudicado algunas de las explosiones registradas en el país.

Tan sólo en los últimos 13 días se han registrado seis incidentes relacionados con explosivos, incluido el del Senado, todos en la zona centro-norte de la capital.

El pasado miércoles 22 de mayo la sede del Poder Judicial de la Federación, ubicada a un costado de la Cámara de Diputados, en la alcaldía Venustiano Carranza, recibió una amenaza de bomba.

El sábado 25 de mayo un artefacto explosivo estalló dentro de Cinemex Aragón, en la alcaldía Gustavo A. Madero.

Una bomba casera, similar a la del Senado, detonó en las manos de un trabajador de limpieza que intentó sacarla debajo del asiento B1 de la sala 7. El hombre de 50 años resultó con lesiones en dos dedos, además de que el estallido dañó las butacas. La explosión se registró antes de la apertura del cine.

El lunes 27 de mayo se registró otra amenaza de bomba, ahora en la sede del Comité Ejecutivo Nacional de Morena, ubicada en la colonia Viaducto Piedad, alcaldía Iztacalco.

Elementos de Protección Civil y de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) acudieron a las instalaciones y revisaron un paquete sospechoso, pero sólo se trataba de una bolsa de basura, por lo que el personal reingresó al edificio y continuó con sus labores.

El martes 28 de mayo fue encontrado un artefacto explosivo en plena vía pública, en la colonia Defensores de la República, alcaldía Gustavo A. Madero.

Elementos de la Fuerza de Tarea de la SSC y bomberos localizaron “dos palomas conectadas a unos cables”, las cuales fueron retiradas de inmediato y trasladadas a la Base Piraña.

Y este sábado 1 junio, la suegra del presidente del Senado, Martí Batres, denunció una supuesta amenaza de bomba. De acuerdo con los elementos de la SSC, a las 11:00 horas fueron alertados luego de que una señora de 62 años escuchó el ruido que causó el daño en la camioneta.

En un comunicado, se informó que la familiar del senador dijo a la policía que “temía que hubiesen colocado algún artefacto explosivo”, por lo que al lugar llegaron elementos de la Agrupación Fuerza de Tarea para inspeccionar la camioneta y la zona, pero no encontraron ningún artefacto explosivo. Aseguraron que sólo se trató de un “cristalazo”.

Lo cierto es que, durante los últimos años, la aparición de objetos explosivos de fabricación casera ha sido una constante en la CDMX y ciertas localidades del Estado de México.

El pasado 14 de febrero, en el Estado de México, estalló un artefacto explosivo que fue depositado al interior de la Capilla del Santísimo en la Catedral de Ecatepec.

Horas antes, una llamada de amenaza de bomba en el palacio municipal de Jaltenco ocasionó una gran movilización de elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional.

El artefacto causó daños a la base de una silla de madera sin que se registraran personas lesionadas, ya que la capilla se encontraba vacía y cerrada.

El martes 26 de febrero, un explosivo detonó en el interior del CCH Naucalpan de la UNAM. La explosión generó un incendio en el acceso de la Secretaría de Servicios Estudiantiles, sin que se reportaran víctimas.

El 15 de febrero, elementos del Agrupamiento de Servicios Especiales de Seguridad (ASES) de la policía mexiquense localizaron una bomba de fabricación casera ubicada dentro de la plaza comercial Mundo E.

El artefacto, que se localizaba en el interior del sanitario para hombres, estaba elaborado con un reloj de manecillas, una pila utilizada como detonador, dos tubos de niple de 15 centímetros con rosca y tuerca en ambos lados dentro de una caja de madera de casi 20 por 30 centímetros.

Varios de estos hechos se han adjudicado a grupos como el ITS, el cual surgió en 2011 y su objetivo principal, dicen, es “luchar contra la civilización y el progreso científico y tecnológico”.

El ITS tiene una presencia global y ha perpetrado actos de terrorismo en países del continente americano, como Chile. El pasado 28 de diciembre, a través de su sitio web, emitió un comunicado en el que se adjudicaba la comisión del atentado en inmediaciones de una plaza comercial de Coacalco dos días antes.

“Nos responsabilizamos del explosivo detonado a las afueras del centro comercial Power Center en Coacalco, Estado de México, el 26 de diciembre del presente año… Abandonamos la bomba en el puente peatonal al filo de las 20:00 hrs, la detonación se escuchó a varios metros a la redonda y dañó una de las estructuras de concreto del puente sin que se registraran heridos, una lástima”, señalaron.

“Nuestro odio misantrópico se traduce en heridas y terror para los humanos que pululan por todos lados con esas asquerosas ansias de consumo desenfrenado, que se chinguen TODOS… Aunque las autoridades oculten las cosas, adelantamos que las bombas seguirán explosionando en lugares públicos durante estas fechas, lo demostraron los cómplices de la Secta Pagana de la Montaña y lo reiteramos nosotros”.

A pesar de la adjudicación de estos hechos por el ITS, las autoridades han guardado cierto hermetismo sobre lo que apunta a ser una serie de atentados terroristas que, por cierto, no son nuevos en México.

De acuerdo con la entonces PGR, de 2014 a 2016 tenía registrados en sus archivos sobre actos de grupos anarquistas y terroristas un total de 31 atentados en diversos estados del país; para 2017 la cifra se elevó a 38.

Lo cierto es que se han registrado explosiones, ya sea en cajeros automáticos de bancos o en lugares públicos, además de amenazas de bomba en distintas instituciones. Son demasiadas casualidades, demasiados hechos aislados, para no pensar que detrás de eso hay una tendencia.

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