(es) Notas sobre Gilles de Rais

Traducción de “Notes upon Gilles de Rais”, escrito originalmente en inglés por Abe Cabrera.


[las citas son tomadas de El Juicio de Gilles de Rais por Georges Bataille, a no ser que se indique otra cosa]

La idea incontenible que he tenido en los últimos meses, una que me ha hecho ser mas contemplativo que lo usual, es la ideal del mal, ya he pasado por esto, pero persiste en repetirse. Cuando era un Cristiano, la idea de que habría algunos, o quizás la mayor parte de la humanidad, que serían excluidos de la luz de Dios por elección, que odiarían a Dios y la felicidad eterna, y renunciarían a ellos por siempre, parecería como un szforzando (NdT1) cacofónico manchando la historia de la salvación. Aquí hablo de la idea de que todas las cosas avanzan a partir de Dios sólo para volver a él, el diagrama del exitus-reditus (NdT2) de los Neoplatónicos que serviría como plantilla para la esperanza Cristiana, para el tiempo en que Dios “sería todo en todo”. Excepto que no lo sería. Aquellos que defienden la eternidad de la condena a los libertinos/depravados declaran que los demonios y aquellos sufriendo en el Infierno por toda la eternidad sirven de testimonio de la Justicia de Dios: que aquellos que renuncian a Dios libremente se mantendrán siempre obstinados con esa elección. Al final, me parece a mi que mal jamas sería erradicado: el mal, en un sentido, gana.

A la mente moderna no le gusta pensar acerca del mal. O sí, porque existe (es una forma de decir), pero siempre es algo que esta allí afuera. El Mal es lo que otras personas hacen, no lo que hago yo. La mente de izquierda o progresista, en particular, no le agrada pensar en las cosas en términos de la moral, bien o mal, sino en el sentido de lo patológico. Los actos malos son siempre el resultado de defectos en la persona o en la sociedad, y pueden ser re-configurados para sacarlos de la persona mediante la educación o un orden social más justo. Muchos piensan que, al aferrarse a la patología, la idea de que algunas personas están locas, enfermas, son psicópatas o simplemente imbéciles, de alguna forma han escapado de la moralidad a través de la percepción científica. “No es un tema de un fallo moral”, por lo que sigue la lógica, “es que esta persona en particular está defectuosa por tal-y-tal razón” (rellenar el espacio: mala crianza, pobreza, opresión, patriarcado, misoginia, etc. etc.) No vaya a ser que los humanos hagan cosas por alguna especie de deseo aleatorio por el caos y la violencia: que incluso la mejor de las condiciones hará brotar cisnes negros de crueldad y caos al igual que la lluvia parece producir de la nada hongos en el césped.

Sea que uno cite la patología o la moralidad, salud mental o malicia de la voluntad, el resultado es el mismo: un predecible y racional animal domesticado fácilmente adaptable a cualquier agenda que se le pueda imponer en el momento. El radical secular piensa que, al renunciar a la moralidad, él o ella está abriendo la puerta para liberar el caos, cuando en realidad están haciendo meramente lo que han hecho todos los moralistas, sólo cambiando la etiqueta. Si uno está realmente en contra de la dominación, uno no puede determinar lo que eso significa en cada contexto, especialmente lo que significa para la personas que no son tú. Un futuro predecible, sin importar cuan placentero sea para el intelecto en términos de libertad y justicia, nunca puede ser llevado a cabo por seres libres e indomesticados, al menos en nuestro contexto. Dejar ir el control significa que no te toca determinar como se verán “otros mundos”. De hecho, el futuro es nuestro enemigo. Si crearas “otro mundo”, posiblemente querríamos quemarlo también.

Unidos al dios de la soberanía mediante ritos de iniciación, los jóvenes guerreros voluntariosamente se distinguen en particular por una ferocidad bestial; ellos no conocían reglas ni límites. En su rabia extasiada, se los confundía con animales salvajes, con osos furiosos, con lobos. Los Harii de Tacitus incrementaban el espanto que provocaba su delirio al emplear armaduras negras y, queriendo sorprender a sus enemigos, para aterrorizarlos, se frotaban su cuerpo con hollín. Este “ejercito fúnebre”, con el fin de aumentar el terror, escogían “noches completamente oscuras”. A menudo se les otorgaba el nombre de Berserkir (“guerreros con pieles de oso”). Como los Centauros de Grecia, los Gandharva de India o Luperci de Roma, ellos se convertían en animales en su delirio. Los Chetti, a quienes también describe Tacitus, se satisfacían de scelera improbissima (NdT3): ellos atacaban, ellos ejecutaban y despellejaban. Eran asesinos, y “ni el hierro ni el acero podían hacer algo contra ellos.” La furia de los Berserkir los convertía en monstruos. Ammien Marcellin, hablando de los Taifali, es indignante cuando describe sus prácticas pederastas… Ellos se entregaban a períodos de borracheras que finalmente tenían éxito en arrancar cualquier humanidad que les quedara.

No había nada en la religión Germánica que pudiera compensar esta crueldad y este desenfreno juvenil. No había, como con los Gauls, o los Romanos, un sacerdocio para oponer el aprendizaje y la moderación por sobre el alcoholismo, ferocidad, y violencia.

A menudo me he preguntado por que la visión primitivista del mundo ha sido una “cerrada”, y por cerrada, quiero decir profundamente antropocéntrica, incluso si lo fue a través de ignorancia (negligente). O interpretan realidades indígenas previas mediante la “visión del conquistado” (para usar la frase de León Portilla). Específicamente, ellos visualizan qué tipo de “naturaleza humana” se puede discernir de la historia del Hombre como una entidad independiente, libre de lugar, contexto, interacción con otras criaturas, etc. Esto incluiría la violencia, aunque también incluye la armonía, cooperación, etc. cuando no se esta bajo amenaza. Pero arrincona a un animal salvaje, déjalo sin mas opciones que obedecer o pelear, y observa cómo actúa. El individuo humano no está automáticamente conectado a esta entidad mística conocida como la Humanidad, fuera del tiempo y espacio: una encarnación de un tropo eterno.

Los grupos humanos aprendieron de su entorno, ellos se vieron a sí mismos como descendientes de los animales que los rodeaban, o al menos en un linaje cercano a ellos. Algunas veces esto daría paso a un orden social igualitario, otras veces no. Aveces hay jerarquías entre los animales, quizás aprendieron su orden social de la misma forma en la que aprendieron el uso de plantas medicinales en un lugar en particular: no como resultado de la voluntad humana, o prueba y error, sino a través de una “revelación” de lo inhumano. El pensar que nosotros los humanos escogemos nuestra vida, de hecho, nuestro mundo, es una estupidez que da risa. Nadie vive por tanto tiempo, y nadie es tan sabio. El negar eso es negar el sentido del lugar en favor de un Ideal Humano (Anarquía o lo que sea): no vives en tu lugar, vives en un Ideal Humano. Y no es nada más que un Infierno domesticado, sin importar que pretendas que sea diferente.

“Anduvimos de caza, la noche de ayer nos convertimos en lobos, nuestra sed de sangre se sació por unos momentos, mientras los demonios de nuestros antepasados se apoderaban de nuestras mentes y de nuestros cuerpos…” (ITS, Décimo Comunicado)

En los tiempos de Gilles de Rais, la guerra siempre era el juego de los señores. Si este juego devasta poblaciones, exalta a las clases privilegiadas. Tiene para las clases privilegiadas el significado final que el trabajo nunca podría tener para los pobres. El interés del trabajo está subordinado a sus resultados; el interés de la guerra no es nada más que guerra. Es la guerra en sí la que fascina y la que aterroriza. Aquellos que son como Gilles de Rais, quienes viven en la expectación de que estas terribles batallas dejen muerte, gritos de horror y sufrimiento detrás de ellas, no conocen nada más que les de esta emoción violenta. La generaciones presentes ya no conocen prácticamente nada sobre la exaltación, a pesar de que la muerte era su base, ese era antiguamente el significado menos ridículo de la guerra, un hecho que es posible que nos abandone a una sensación de impotencia en el mundo. ¿Acaso no estamos cegados en el preciso momento en el que la loca verdad de otra época nos es ocultada?

¿Enfrentados a una pregunta tan banal como esa, que podemos hacer, si no escondernos?

***

La Tragedia es la impotencia de la razón.

Eso no significa que la leyes de la Tragedia son contrarias a la razón. Una ley no puede pertenecer realmente a aquello que es contrario a la razón. ¿Podría una ley oponerse a la Razón? Pero la violencia humana, que tiene la fuerza para correr en contra de la Razón, es trágica, y si es posible, debería ser suprimida; o al menos no puede ser ignorada o desatendida…

Esa es una temática que todas las personas que han enfrentado mis trabajos publicados se niegan a ver, porque si lo enfrentaran, destruiría su fraude. Se acabaría el trile, el Emperador no tendría ropa, etc. Ellos no pueden admitir que no tenemos agencia mas allá de nosotros mismos, los humanos no “aprenden de la historia”, que luchamos poderosamente en contra de fuerzas que entendemos sólo de forma pobre. La última herejía del moderno es admitir que estamos inintencionadamente actuando en una Obra Misteriosa, un mito, en el que todo ha sido ya determinado (en todo sentido). O sino, no tenemos idea de cómo saldrán las cosas, y los intentos de cambiar la realidad sólo darán lugar a resultados aleatorios y no intencionados; que nuestra realidad es un “error” que nunca debió cometerse en primer lugar. O sino, quizás nuestra aniquilación está siendo llevada a cabo precisamente a través del instrumento del antropocentrismo y el humanismo, bajo la apariencia de solidaridad y cooperación.

Nadie puede admitir esto, dado que la ilusión del Humano quedaría expuesta: el juego con el que encuentran suficiente significado en la vida como para no arrojarse desde un edificio. Pero algunos de nosotros seguiremos viviendo a pesar de esta nefasta realidad. De hecho, estamos agradecidos por ella: al final del día nos recuerda lo patéticos y tontos que somos. Aquello más grande no es lo Humano, o ninguna idea que el humano pueda producir. Nuestra felicidad, por decirlo de esa forma, se encuentra en otro lado.

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Notas del Traductor:

1. Szforzando: Asumiendo que el autor haya querido escribir “Sforzando” significa tanto un acorde acentuado como una anotación que se hace sobre una nota musical para indicar que debe de ser tocada con un fuerte ataque inicial.

2. Exitus-reditus: Es un término en Latín que significa “partida y retorno”.

3. Scelera improbissima: Término en Latín que significa algo como “crimen/fechoría en exceso”.


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