(es) Notas sobre la extinción

Traducción del texto “Notes on extinction”, escrito originalmente por Abe Cabrera.


La extinción es la gramática de la civilización tecno-industrial. Es como llegó a ser lo que es, y la extinción es lo que la sostiene. Es como si creara vida con el fin de simplemente destruirla. Esto va desde campos del agro-negocio, a fetos abortados, hasta pueblos enteros que han sido borrados en nombre del “progreso”. Si el nihilista pasivo puede arrojar la acusación de que la naturaleza es indiferente a las criaturas que hace nacer, lo que es aun más seguro es que la civilización Europea Cristiana (en particular) ha tomado a pecho esta premisa y ha operado con ella a un ritmo acelerado y exagerado. Aquello que a la naturaleza le lleva millones de años crear, formular y desarrollar, la civilización puede sacárselo de encima en una tarde. Todo nuestro modo de vida es alimentado por los cadáveres de animales muertos millones de años antes de que la primera sombra de un ancestro humano honrara la faz de la tierra.

En el eco-extremismo, la necesidad/propiedad/simetría de la extinción humana es la base del ataque indiscriminado. Es discutible si el ataque eco-extremista es alguna vez “indiscriminado” en un sentido absoluto. Porque para ser verdaderamente indiscriminado, uno quizás necesitaría ni siquiera levantarse de la cama y disparar un proyectil por la ventana hacia una calle adyacente. Todos aquellos ataques que no sean de esta naturaleza exacta requieren planificación, reflexión, preparación, etc. Ahora, donde uno discute que el ataque eco-extremista es indiscriminado es en la elección de la víctima. Porque a menudo puede resultar que quienquiera que esté cerca o en la “línea de fuego” sea quien sale herido, cuando esto no era intencionado. De nuevo, aún no nos libramos de la ciénaga ética incluso si hemos decidido quién es culpable o inocente. De hecho, condenas exhaustivas a gente e incluso a su propiedad son casi tan viejas como la civilización misma. Vayamos a nuestra confiable Biblia. En el bien conocido relato de la caída de Jericó, está escrito:

Cuando sonaron las trompetas, el ejercito gritó, y al sonido de la trompeta, cuando los hombres dieron un fuerte grito, la pared colapsó; por lo que todos cargaron directo hacia adentro, y tomaron la ciudad.

Consagraron la ciudad al Señor y destruyeron con la espada todo ser vivo en ella; hombres y mujeres, jóvenes y viejos, ganado, ovejas y burros.”

Esto no es un evento único en las Sagradas Escrituras: El Pueblo elegido por Dios dejó ciudades devastadas como si fuese una cuestión rutinaria, e incluso fueron castigados por Dios por ser compasivos con el ganado.

Por supuesto, la gente no será particularmente persuadida al mencionar la historia antigua, así que iremos al grano. El tema de la civilización no es un tema de moralidad sino de números. No es un problema filosófico sino más bien un problema matemático y físico. Si puedes superar a tu enemigo en número, eventualmente debe sucumbir. Muchas guerras han sido guerras de agotamiento donde el bando tácticamente superior fue derrotado por ola tras ola de enemigos siéndole arrojados. Esto pasó en la guerra civil Estadounidense, las guerras Indias Estadounidenses, la guerra de liberación nacional de Vietnam, etc. etc. A menudo no es una cuestión de ser capaz de ganar, sino de ser capaz de soportar derrota tras derrota tras derrota hasta que el enemigo no pueda pelear más. La culpa o inocencia en este paradigma es irrelevante: la presencia misma de cuerpos (hombre, mujer, niño, o incluso una bestia de carga) es suficiente incursión como para garantizar su destrucción sin escrúpulos.

Eso está bien para los tiempos incultos del pasado, pero el presente ha aprendido su lección humanista, ¿verdad? Bueno, no exactamente. Sin siquiera tener que recurrir a Stalin o Mao y los millones que tuvieron que morir en el proceso creado antisépticamente de “acumulación de capital primitivo”, anula incluso al izquierdista más anti-autoritario, y encuentra a alguien que cree que está bien si, por ejemplo, un grupo insurgente vuela en pedazos una heladería llena de niños en nombre de la “liberación nacional” siempre y cuando el colonialista lo haya hecho primero:

Así que al final, no importa si algunos millones mueren, o si niños son volados en pedazos, o si unas cuantas monjas son violadas por revolucionarios. Una causa justa cubre una multitud de pecados… excepto para las víctimas de la causa justa. El tema sobre lidiar con vidas humanas es que no es un juego de números, al menos para el híper-civilizado. Mientras que muchos podrían decirle adiós a las atrocidades del pasado, nadie se está ofreciendo de voluntario para las atrocidades del futuro, precisamente aquellas atrocidades que serán requeridas para un mejor mañana. Todos quieren ser rey, nadie quiere ser el campesino que paga impuestos para apoyar al rey en su excesivo estilo de vida. Todos quieren jugar, pero nadie quiere invertir en el juego.

Ni deberían querer hacerlo, porque el juego está arreglado. Eso no detiene a los soñadores, los revolucionarios, los conservadores, etc. de ofrecer como “voluntarios” a las futuras generaciones y a gente que no conocen a la ardua tarea de forjar un mejor mañana en el cual salgan más o menos ilesos. Las visiones de un mejor futuro son agradables mientras puedas confiar en los esfuerzos de otras personas para llevar a cabo tu vision por ti. Por supuesto, esperar que la gente haga esto es tonto, pero eso no detiene al soñador revolucionario.

Saltar de estas observaciones a la conclusión de que “por lo tanto, todos los humanos deben extinguirse” puede ser correctamente señalado como un reductio ad absurdum. Solo porque nadie tenga la culpa no significa que todos tengan la culpa, o que la culpa siquiera exista.

Por lo tanto, ninguna medida disciplinaria o incluso ningún lenguaje disciplinario está justificado. Quizás esto tiene un propósito, pero déjennos ponerlo de otro modo: el ideal humano (forma) no podrá tener nunca el huésped físico apropiado (materia) para realizarse a sí mismo. La forma siempre es un fantasma, merodeando sobre la hirviente masa de material humano crudo. La humanidad nunca podrá ser motivada por un ideal, nunca podrá ser unida a un plan ético orgánico que pueda conformar sus acciones colectivas hacia un mejor futuro. En otras palabras, la humanidad como un todo es un zombie colectivo, algo que se topa con el aspecto de la vida pero en realidad está constantemente al borde de volar en pedazos por la falta de cualquier inteligencia o voluntad colectiva definida. Podemos hablar de acción colectiva global, pero es en su mayoría retórica vacía. El problema es de una escala divina pero los medios para abordarlo son demasiado humanos.

Así que a pesar de lo que uno podría pensar sobre sus partes, el humano como una categoría universal es un fenómeno endeble y fugaz. Pero de nuevo, déjennos regresar al apartado de arriba: el problema real con los humanos no es que no son lo suficientemente inteligentes, sino más bien que hay demasiados de ellos conectados de una forma desordenada por las comunicaciones y transportes globales. El problema no es un director ejecutivo o mil políticos o un millón de policías. El problema son siete mil millones de personas con sueños y aspiraciones y grandes expectativas para sus hijos… que solo pueden llegar a expensas de otros seres en el planeta. El problema son los valores de la humanidad por el bien de la humanidad, humanidad como un sistema cerrado, humanidad como el imperativo categórico. Siete mil millones de anarco-primitivistas traidores a la especie serían inferiores a una humanidad constituida solo por diez ejecutivos de Monsanto. Tus sentimientos, opiniones, creencias y acciones no cuentan. Básicamente, lo que cuenta es tu sola existencia animal, porque es parasitaria e injustificable. A menos que tu existencia particular pueda convencer a siete mil millones de personas de cometer suicidio colectivo, dejando quizás solo un puñado de homo sapiens viviendo en la Tierra como un animal entre otros, no eres distinto a cualquier otra persona.

Por supuesto, puedes decir que esto solo se aplica a la civilización Europea (post-) Cristiana híper-civilizada, pero ¿estamos realmente tan seguros? Fuera de los interminables debates sobre si el hombre acabó con la megafauna en las Américas y Australia, sabemos por seguro que el hombre acabó con el moa, un gran ave no voladora nativa de Nueva Zelanda que fue extinta a menos de 150 años de que los humanos colonizaran esas islas (bastante antes de que los europeos llegaran). El problema con las cosas que suceden es que siempre tuvieron el potencial de suceder, ceteris paribus. Incluso si algunos humanos (¿la mayoría?) nunca llevó una especie a la extinción, lo han hecho, y siempre tienen el potencial de hacerlo. Eso no es una declaración de culpa sino una declaración de hechos. Así como decir que un perro es capaz de atacar a un niño no es un juicio moral sobre el perro: es una declaración de la realidad de la situación.

Quizás el verdadero problema ético detrás del ataque indiscriminado no es uno sobre la asignación de culpa, sino sobre distinguir si la inocencia siquiera existe en este contexto. Siete mil millones de personas no viven sus vidas siendo inocentes o culpables de nada. Su modo por defecto es “ocupándose de sus propios asuntos”. Son prescindibles, no saben lo que hacen. A ese nivel, sus vidas están más que nada desprovistas de contenido ético discernible. E incluso en situaciones donde la gente se “preocupa”, a menudo roban a Pedro para pagarle a Pablo: Viven parte de sus vidas de un modo no ético para sustentar una fachada ética en alguna otra parte de sus vidas. La conclusión es: si no quieres ese bosque talado, o ese piso oceánico taladrado, o ese río contaminado, no tienes que mirar lejos para ver de quién es culpable. Tú lo eres, tus amigos lo son, aquellos a quienes amas lo son. ¿O tú y ellos comen solo aire y viven en chozas hechas de ramas de arboles nativos? ¿ O te tratas a ti mismo con plantas locales cuando estas enfermo, o chequeas tu e-mail usando solo un arco de fricción (NdT1) de madera? Si (por tus acciones, no tus palabras) no te importa la Naturaleza Salvaje, ¿por qué deberías importarle a ella? Por qué deberías importarle a alguien?

La vida humana no es ni nunca podrá ser heroica, ética, noble, ni ninguna otra de lo que apunta a ser. Puedes esperar poco de ella, y no es eterna. Aquellos que siguen defendiendo el humanismo solo desean cerrar filas y defender el poder humano como su propio fin por cualquier medio necesario, pero están defendiendo los medios materiales por los que la supremacía de esa especie es sostenida. El eco-extremista ha llegado a la conclusión de que la única forma de atacar a la supremacía humana es atacar humanos en cualquier grado en que sean capaces. No hacen esto por algún sentido invertido de moralidad, sino por el entendimiento de que la moralidad es imposible, o más bien, no puede hacer lo que dice que hace: Separar el trigo de la paja, la oveja de las cabras y el inocente del culpable. Su ataque es un rechazo a la premisa de que el ideal humano puede gobernar la vida a un nivel ético universal. Es lanzarse hacia lo Inhumano en el Nombre de lo Desconocido, con pocas expectativas en cuanto a logros humanos.

Nota del traductor:

1) Se refiere a un instrumento primitivo utilizado para hacer fuego por fricción.

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