Sobre Eco-Extremismo

Publicado en Ajajema N° 6.


Mi relación con el eco-extremismo ha pasado por muchas etapas a los largo de los años y recientemente he sentido una suerte de necesidad por hacer una especie de reflexión personal sobre la tendencia y mi relación con ella. Como una nota aparte, el eco-extremismo no es un tema monolítico. Ha sido comprendido de diferentes maneras incluso por aquellos dentro de la misma tendencia. Consecuentemente no pretendo ofrecer ningún comentario definitivo, solo reflexiones sobre mis propios acercamientos personales (teóricos) con el eco-extremismo como tendencia de acción y pensamiento anti-civilización.
Hasta mi giro algo reciente hacia una perspectiva más “anti-civ” (un término que ha llegado a disgustarme debido a que es demasiado amplio e incluye un bagaje desagradable), mis raíces se alojaban de forma bastante firme en los campos ideológicos del izquierdismo contemporáneo. Probablemente me hubiera declarado como una especie de Marxista libertario si me hubiesen preguntado. Sostuve la doctrina del progreso, creía en la dedicada lucha por un mejor mañana, el futuro utópico. Y era, aunque de forma reticente, un humanista, creía en una especie de bondad subyacente al ser humano que podría ser destapada o actualizada si tan solo el sistema de producción fuese liberado de sus contradicciones, derrocado, o alguna otra mierda como esa.
Había hallado algunos lazos con lo que ahora sé que eran versiones del anarco-primitivismo inspiradas por Zerzan pero generalmente lo había encontrado ridículo por varias razones. Pero mi primera introducción al eco-extremismo fue de la mano de una serie de trabajos teóricos de un escritor eco-extremista bajo el nombre de Chahta-Ima. Muchos de estos textos exploraban los matices y las bases filosóficas de la tendencia. Encontré en los escritos de Chahta-Ima y en mucho del resto del material ligado a la tendencia (Revista Regresión, los comunicados de ITS y Reacción Salvaje, Atassa, etc.) algo que resonaba profundamente tanto con mis crecientes desacuerdos con toda la visión del mundo progresista y humanista y con la monstruosidad histórica que ha engendrado, tanto como con mi reverencia creciente por lo inhumano.
A un nivel teórico (y nivel práctico en lo que a eso respecta) el eco-extremismo fue y aún es un cuchillo frío al corazón de las estructuras filosóficas y materiales que sostienen el mundo progresista y humanista. Desde las de-construcciones de la filosofía humanista y progresista hasta la explosión de cada artefacto incendiario la tendencia es una manifestación visceral del rechazo violento al orden existente.
En adición a su marca particular de anti-modernismo violento (a falta de un mejor término) los escritos expresan una bella forma de reverencia a las raíces de lo inhumano en gran parte por un intento de reclamar las creencias animistas/paganas y sus correspondientes lazos ancestrales con la tierra, tanto como un legado antiguo de resistencia violenta contra el avance del progreso. Estos temas se desarrollan ampliamente en la etapa de actividad eco-extremista definida por el desenvolvimiento de Reacción Salvaje y el trabajo articulado en varios números de la Revista Regresión y se mantuvo en el re-surgimiento de ITS, que aún se sentía en varias formas en deuda debido a sus previos lazos con Kaczynski, a pesar de su distancia teórica y práctica con él (para una revisión mucho más detallada de este período vean Tendiendo al Salvajismo por Abe Cabrera).
En resumen la tendencia ha representado y sigue representando tanto una manifestación ideal y material del ataque implacable contra el orden de la civilización moderna y todas sus instancias. Como lo ha dicho un escritor eco-extremista,
Y así los esfuerzos pesimistas, nihilistas, inhumanistas del eco-extremismo son las pesadillas que atormentan aquellos sueños que constituyen los cimientos de todo el ideal humanista y progresista. El niño se retuerce frente a los monstruos que vienen por la noche, escalando hacia las penumbras de sus sueños para aterrorizarlo y destrozar sus más preciadas fantasías. Y él patalea y grita y se despierta de su sueño, temblando, para entrar en aquél mundo oscuro y despiadado con un sudor frío.
Han sido mayormente estos elementos previamente mencionados que me han acompañado más tiempo a lo largo de mi acercamiento a la tendencia, el rechazo vehemente a los pilares de la sociedad moderna y una profunda reverencia por lo inhumano. El realismo endurecido del rechazo eco-extremista por los sueños vacíos del progreso (su severo rechazo por el futuro) y por la idolatría hacia el humanismo (su abrazo a la belleza profunda de lo inhumano y su rechazo a los delirios modernos sobre la superioridad humana) reflejaba y sigue reflejando mi creciente convicción de que una gran parte del proyecto progresista/humanista era predicado sobre poco más que escasas abstracciones de la mente humana. Una suerte de obsesión con los sueños fraguados en los oscuros confines de la mente humana que jamás podrían ser realizados, sea en la forma de nuestro solipsismo moderno que nos enceguece a la profunda belleza de lo inhumano con mentiras acerca de nuestra propia significancia o la lucha interminable por aquello que está siempre en el horizonte, el futuro glorioso que nunca será porque no existe en ningún otro lugar más que en la mente humana.
De seguro que estos puntos no son únicos del eco-extremismo, y he sido expuesto a ellos en otro trabajo, más significativamente en el encuentro con el trabajo del poeta Americano Robinson Jeffers y sus explicaciones sobre su filosofía de “inhumanismo”. He hallado estos sentimientos increíblemente poderosos en los escritos de Jeffers también y probablemente debo gran parte del cambio en mis visiones a la perspectiva que me fue abierta por su poesía. Y así, encontrar los mismos sentimientos articulados en los escritos eco-extremistas (no obstante con una dosis más saludable de violencia) fue igualmente conmovedor para mí y de seguro me llevó a una resonancia más profunda con las bases espirituales y filosóficas del eco-extremismo.
De forma interesante (o quizás poco sorprendente) es también este aspecto, la forma en la que el eco-extremismo se posiciona como una crítica adecuadamente matizada y poderosa (aunque increíblemente debes leerlos para encontrarla) a los cimientos del progresismo y el humanismo, el que resulta consistentemente poco abordado en la mayoría sino todas las contiendas contra la tendencia. La “contienda” más amplia contra el pensamiento eco-extremista en el mundo anglo-parlante fue sin duda alguna resultado de la publicación de Atassa: Lecturas sobre Eco-extremismo, en sus volúmenes 1 y 2. Mientras que las publicaciones han sido experiencias diferentes para las distintas partes involucradas en su producción, algo que sí han experimentado de la misma forma más allá de aquellas variadas intenciones es un encuentro violento para el paisaje ideológico contemporáneo de las políticas “radicales”, volúmenes que han traído a la conversación aquello que el eco-extremismo ha estado diciendo (y respaldando con la acción) al sur de la frontera. Bueno, un encuentro y también una ferviente tormenta de mierda de furia entre las filas de la izquierda, la mayor parte siendo solo sonido y rabia que no significa nada.
Para ser honesto, a estas alturas he perdido la pista de todos los furiosos escritos basura con señalamientos morales vacíos para denunciar lo malo que es el eco-extremismo, y al mismo tiempo redoblando sus apuestas contra las mismas estructuras que el eco-extremismo intenta socavar. Todo esto parece ser entendido por los anarquistas y su clase como una “contienda” contra la tendencia, “lidiando con las preguntas difíciles” o algo. Es o verdadera estupidez o concienzuda ignorancia para no tener que enfrentarse a algo que es verdaderamente desafiante en lugar de un refuerzo superficial a las confortantes fantasías que orientan y dan significado al ethos del mundo moderno. De los volúmenes de ruido, en todo caso, aún no he visto realmente ninguna contienda verdaderamente crítica a los cuestionamientos de la filosofía humanista y progresista. Y no se trata de que el trabajo no esté allí, la cuidadosa articulación realizada por un número de teóricos eco-extremistas para ampliar la plataforma filosófica del eco-extremismo. Pero supongo que no debería verme terriblemente sorprendido con la respuesta al eco-extremismo. No es y nunca quiso ser una marca de atracción masiva. No es para nada un cómodo encuentro. Encara sin piedad al corazón del mundo moderno, con una navaja fría y un sacrifico de sangre a aquellos dioses oscuros más allá del reino del ser humano. Con el tiempo he aprendido a dejar que esta reacción sea lo que es, los golpes y gritos de la especie cuando la arrancan de sus sueños confortables y la llevan cara a cara contra los poderes oscuros del mundo.
Rememorando el tiempo que he pasado lidiando con el eco-extremismo, he descubierto que es una tendencia por la que no puedo evitar sentir afinidad. De seguro que hay elementos que no acepto de todo corazón, y como lo señalé en la introducción, no es ni ha sido jamás un tema monolítico. A medida que la tendencia ha crecido con los años ha desarrollado numerosas tensiones dentro de sí misma. Esta es una parte inevitable del crecimiento, supongo. Versiones de un nihilismo misantrópico más rotundo, desprovisto de una reverencia del estilo animista/pagana se ha desarrollado a partir de una aceptación más profunda del nihilismo y el egoísmo, una aceptación del extincionismo e ideas similares se han desarrollado a medida que la tendencia se ha ido expandiendo. Yo personalmente no encuentro estas permutaciones demasiado interesantes y he expresado mis propios problemas con el nihilismo misantrópico por ejemplo, al menos en lo que a mí respecta. También tengo recelo de lo que considero que son problemas no abordados en las bases filosóficas del extincionismo que probablemente llevarían a un análisis más alargado en el futuro. Pero sin embargo, más allá de mí recelo personal hacia ciertos elementos siempre he encontrado en mis acercamientos a las bases filosóficas y espirituales de la tendencia algo que, más allá todos sus elementos “problemáticos”, simboliza algo profundamente hermoso. En el rechazo violento a nuestro predicamento moderno y el vuelco hacia la vasta e incomprensible gloria de lo inhumano se encuentra algo profundamente conmovedor. Yo no soy un eco-terrorista. Paso mi tiempo caminando por el bosque, escribiendo y sacando fotografías en lugar de hacer bombas. Pero en sentimientos tales como este no puedo evitar el sentir una profunda afinidad:
[El Hombre Moderno] nunca se arrodillará ante la inmensidad y la fuerza de la Naturaleza Salvaje y toda su belleza, esplendor, sabiduría y riqueza. Siempre buscará manipular y dominar lo Desconocido, nombrar lo Innombrable y desafiar su furia. Se atreverá a meter sus sucias manos en todo aquello que es hermoso y viviente para arrancar las entrañas de la Tierra e imponer su mundo gris, ruidoso y lleno de humo. Nunca será capaz de comprender la belleza de las constelaciones, el sabor de las aguas naturales, la serenidad de los bosques, el silencio de la noche, el misterio que es desconocido, la canción del animal en lo profundo del bosque, el movimiento del viento, los cursos de los ríos, la furia de las tormentas, la infinidad de los cielos, nunca. Mientras camine por la Tierra el siempre traerá vergüenza para los Espíritus de la Tierra, pavimentando todo lo vital hasta que no queda nada más que sus metrópolis sucias y secas.

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