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(es) Moralidad

Traducción del “Morality” de Antisocial Evolution.


La moral es la teoría de que todo acto humano debe ser bueno o malo. El propósito de todos los sistemas morales es fijar el comportamiento humano mediante la imposición de normas absolutas, diseñadas de tal manera que permanezcan más allá del examinar y de la crítica. Todos los sistemas morales se presentan como la norma superior, la ley absoluta, el orden perentorio que impone a todo el mundo, en todo momento, lo que deben hacer y lo que no deben hacer, aplicable a todos los seres humanos sin excepción.

Para comprender plenamente cómo funciona la moralidad como mecanismo de control, es útil examinar las funciones psicológicas subyacentes a los códigos morales y las justificaciones utilizadas para exigirles la obediencia universal. Hasta hace poco una de las más comunes de estas justificaciones era un llamado Dios y, de hecho, esto no ha desaparecido por completo. Este dios nos dice lo que es correcto o incorrecto o así dice la creencia. Este concepto metafísico del sueño emite reglas para que nosotros obedezcamos, y si nos negamos a hacerlo, este dios nos castigará horriblemente. Sin embargo, al amenazar a otras personas de tal manera, el moralista ha cambiado la cuestión a una cuestión de moralidad, a otra de conveniencia, a evitar los dolorosos resultados de no someterse a alguien o algo más poderoso que nosotros mismos.

Por supuesto, hay quienes no creen en un dios que no obstante son creyentes en la moralidad. Estos moralistas humanistas buscan una sanción para sus códigos morales en alguna otra idea fija: el Bien Común; una concepción teleológica de la evolución humana; las necesidades de la humanidad o de la sociedad; derechos naturales, y así sucesivamente. Un análisis crítico de este tipo de justificación moral demuestra que no hay más detrás de el que hay detrás de “la voluntad de Dios”. Conceptos como el “bien común” o “bienestar social” son meras piezas retóricas de gran resonancia utilizadas para disfrazar los intereses particulares de quienes las utilizan.

Es precisamente este disfraz de intereses particulares como leyes morales que se esconde detrás de la mascarada ideológica de la moralidad. Los sistemas morales funcionan como un ocultamiento del propósito real y del motivo y casi siempre son una “voluntad de poder” disfrazada. Empape los planos luminosos de los Salvadores Morales de la Humanidad en el ácido del análisis brutal y vea el patrón escondido en el rollo: el deseo de forzar una cierta línea de acción sobre todos, el deseo de gobernar y reprimir. Sólo cuando, en ciertos momentos y lugares, por medio de la fuerza física o de la astucia superior, algunos logran imponer su particular interpretación moral a los demás desde una sola moral que triunfa, comprendida y seguida por todos de la misma manera -como en la Edad Media, cuando la Iglesia católica había disuelto toda la variedad en unidad, o como vemos hoy en ciertas partes del mundo islámico.
Uno de los usos más populares del mito moral es añadir una guarnición al plato ya desagradable de la política. Al convertir incluso las más insignificantes de las actividades políticas en una cruzada moral, se puede asegurar el apoyo de los crédulos, los vengativos y los envidiosos, así como dar una pseudo-fuerza a los débiles y los vacilantes. Si bien es de esperar que aquellos que deseen gobernar a otros invoquen reprimendas morales en un intento de convertir (o purgar) al iconoclasta ideológico desviador o crítico, es profundamente desalentador observar a los autoproclamados anarquistas actuando en la misma farsa, en la forma de los códigos del discurso políticamente correcto, las restricciones dietéticas, las elecciones de los consumidores, la ética social dogmática y las moralidades esclavistas como el pacifismo. Es difícil imaginar algo más deshilachado, más irremediablemente plausible, para fundar una rebelión antiautoritaria que la moral, pero los anarquistas lo hacen todo el tiempo, en detrimento de su propia lucha y credibilidad.

El egoísmo consciente del egoísmo – no es ni moral ni inmoral. Está más allá del “bien y el mal”. Es amoral. Un egoísta puede ser veraz o mentiroso, considerado o desconsiderado, generoso o cruel, de acuerdo con su naturaleza, gustos o circunstancias, y a su propio riesgo, pero no está obligado a ser ninguna de estas. Puede comportarse de una manera que la moral llama “buena” o de una manera que ellos llaman “mal”, pero lo hace porque juzga su interés por mentir en una dirección u otra, no porque esté poseído por el espectro del moralismo o del inmoralismo.

Mientras que el moralista tiende a ver los conflictos entre individuos (y grupos e instituciones) en términos de “correcto” e “incorrecto”, el egoísta nunca considera a un adversario correcto o incorrecto en ningún sentido moral. Cada uno está simplemente persiguiendo el cumplimiento de su propia agenda, y si el conflicto no puede ser resuelto de otra manera, debe ser resuelto por la fuerza. Pues, no se equivoquen, al repudiar la idea de moralidad, los egoístas no hacen excepción a la “violencia”. Tampoco trazan ninguna distinción piadosa entre la iniciación de la fuerza o la fuerza de represalia. Se usa cualquiera de las formas si es una manera conveniente de perseguir un fin dado, y para el egoísta no hay ley moral que prohíba la violencia a la que deben subordinar su voluntad a la soberanía personal.

Para el egoísta consciente, la inexistencia de la moralidad es tan cierta como dos y dos hacen cuatro, y en este sentido, el egoísmo supera los límites de las más audaces especulaciones del anarquismo sobre la soberanía individual, actuando como un disolvente poderoso para una imaginación obstruida por teorías de “correcto e incorrecto”. Sólo después de escudriñar todo el horizonte de la amoralidad -la nada que queda en ausencia del bien y del mal o de cualquier otra autoridad metafísica- el individuo se encuentra cara a cara con una libertad emocionante y terrible en la que nada es verdadero y todo está permitido.

(es) Lo extraño

Traducción de “The Stranger” de Antisocial Evolution.


‘¿A quién amas más, hombre desconcertante, dinoslo: a tu padre, tu madre, tu hermana o a tu hermano? ‘
No tengo padre, ni madre, ni hermana, ni hermano.
‘¿A tus amigos?’
Ahora estás usando una palabra cuyo significado para este día me sigue siendo desconocido.
‘¿A tu país?’
No sé en qué latitud eso miente.
‘¿A la Belleza?’
Yo la amaría de buena gana, si fuera una diosa e inmortal.
‘¿Al Oro?’
Yo lo odio como tú odias a Dios.
-¿Qué es lo que más te gusta, extraño?
“Me encantan las nubes … las nubes pasajeras … allí … allí … las maravillosas nubes!”

Charles Baudelaire

(es-en) Respeto*

Traducción del texto “Respect” publicado en Antisocial Evolution, escrito originalmente en inglés supuestamente por Georges Palante.


El sentimiento despreciable por excelencia. Mosaico de miedos cristalizados; mezcla de estupidez de manada y devoción secular.

Me refiero al respeto de los seres colectivos; de las metáforas malignas y engañosas que habitan nuestras mitologías sociales.

Stirner les da a las entidades colectivas el nombre característico de “personalidades respetuosas”. Ídolos morales, ídolos políticos, ídolos de la sociedad, flotan, como el espectro de la religión en los cielos de Lucrecio; fantasmal, inútil, formidablemente.

Stendhal ya ha señalado la obsesión respetuosa, la madre de todas las hipocresías, guardiana de todos los peces gordos y oligarcas.

El optimismo social beatífico de la muchedumbre es sólo una forma de esa obsesión respetuosa. Para la muchedumbre, cualquier tipo de colectividad con la que podamos estar lidiando (administración pública, cuerpo gubernamental, la familia) es siempre correcta frente al individuo. Es correcta por la sóla razón de que es una colectividad. La etiqueta “colectivo” es suficiente. El dogma de la infalibilidad es por consiguiente secularizado y socializado.

Los oligarcas saben esto. Cuentan con la capacidad de respeto de la muchedumbre, lo cual da una idea de lo infinito, igual que lo hace su estupidez.

El ciudadano es un animal respetuoso e irremediablemente religioso; ahora se inclina a la reverencia cívica. Adora los fetiches sociales al igual que el pequeño perro Riquet en “Monsieur Bergeret à Paris” veneraba las puertas, la mesa y la silla de la cocina.

Animal reproductor, el ciudadano venera el fetiche del “matrimonio”. Animal electoral, venera ese otro fetiche, la Ampolla Sagrada moderna (NdT1), la urna cívica.

Con respecto a la muchedumbre oponemos la ironía, la pensativa ironía, de una sonrisa fría y una vista clara.

Georges Palante

*El especialista en Palante, Stéphane Beau menciona que este articulo, que apareció en la edición de diciembre de 1903 de la revista anarquista “L’Ennemi du people” fue firmado solo GP. No hay, por consiguiente, ninguna garantía de que sea en efecto de la pluma de Georges Palante, pero las ideas expresadas en este, y la forma de su expresión, son tan claramente de Palante, que no hay un cuestionamiento real a su atribución.

Nota del traductor:

1) La Ampolla Sagrada era una especie de redomita o vaso en que estaba encerrado el óleo santo que servía para consagrar a los reyes de Francia.

(es-it-en) La relación entre el pesimismo y el individualismo

Traducción al español del texto “Relation ship between pessimism and individualism”, publicado originalmente en inglés en el sitio afín de sangre Antisocial Evolution.

Traducción disponible también en italiano.


El siglo que acaba de pasar es sin duda alguna el siglo en el cual el pesimismo ha encontrado sus más numerosos, su más variados, sus más vigorosos y sistemáticos interpretes. En adición, el individualismo fue expresado en aquel siglo con excepcional intensidad por representantes de alta calidad.

Podría ser interesante el unir estas dos formas de pensamiento, dominantes en nuestra era; para preguntar cual es la conexión lógica o sentimental que existe entre ellas, y en que grado el pesimismo engendra al individualismo y el individualismo engendra al pesimismo.

Pero la pregunta así esbozada es demasiado general. Hay muchos tipos de pesimismo y muchos tipos de individualismo. De entre estos últimos hay uno que de ninguna forma implica pesimismo, y ese es el individualismo doctrinario que desciende de la Revolución Francesa y al cual tantos moralistas, juristas y políticos de nuestro siglo están aferrados. Este individualismo podría ser tomado como su lema la frase de Wilhelm von Humboldt que Stuart Mill eligió como epígrafe de su “Ensayo sobre la Libertad”: “El gran, liderante principio, hacia el cual cada argumento se desenvuelve en estas páginas converge de forma directa, es la importancia esencial y absoluta del desarrollo humano en sus diversidades más ricas.” Los individualistas de este tipo creen que todos los individuos humanos pueden desarrollarse armónicamente en sociedad, que su misma diversidad es una garantía de la riqueza y belleza de la civilización humana.

Estos individualistas son racionalistas. Tienen fe en la razón, al principio de orden, de unidad y de armonía. Son idealistas: tienen fe en un ideal de justicia social, unitario y ególatra, ellos creen, a pesar de diferencias individuales y desigualdades, en la unidad profunda y real de la raza humana. Estos individualistas son “humanistas” en el sentido que le da Stirner a esta palabra: solidaristas, socialistas, si tomamos este ultimo término en su más amplio sentido. Su individualismo es volteado hacia afuera, hacia la sociedad. Es un individualismo social, en el sentido de que no separa al individuo de la sociedad, los cuales no posicionan en forma opuesta el uno con el otro. Por el contrario, ellos siempre consideran al individuo como un elemento social que armoniza con el todo y que sólo existe en función del todo. No vamos a insistir sobre este individualismo, el cual implica obviamente un optimismo social más o menos firme.

El individualismo que tenemos en mente aquí es completamente diferente. El individualismo no es una doctrina política, jurídica y moral, sino una actitud psicológica y moral, una forma de sensibilidad, una sensación personal de vida y una voluntad personal de vida.

Es imposible encajar en una definición a todos los rasgos, todos los grados, todas las matices de esta disposición psicológica. Afecta un tono especial en cada alma a la que se hace conocer.

Podemos decir que a forma de una sensación personal de vida, el individualismo es el sentimiento de unicidad, de individualidad en la cuál tiene de lo diferencial, lo privado, y lo in-revelable. El individualismo es una atracción a la interioridad del sentimiento, a la inspiración individual frente a convenciones social e ideas preconcebidas. El individualismo trae implícito un sentimiento de inefabilidad personal, una idea de superioridad intelectual y sentimental, o aristocracismo interior. De diferencia irreductible entre un ego y otro, la idea de unicidad. El individualismo es un regreso al ser y una gravitación al ser.

A forma de voluntad personal de vida el individualismo es un deseo de “ser uno mismo”, de acuerdo al deseo de un personaje de Ibsen (Peer Gynt), un deseo de independencia y originalidad. El individualista quiere ser su propio creador, su propio proveedor de verdad e ilusión; su propio constructor de verdad e ilusión; su propio constructor de sueños; su propio constructor y demoledor de ideales. Este deseo por originalidad puede, incidentalmente, ser más o menos energético, más o menos demandante, más o menos ambicioso. Más o menos feliz, demasiado, de acuerdo a la cualidad y el valor de la individualidad en cáusa, de acuerdo a la amplitud del pensamiento y de acuerdo a la intensidad de la voluntad por poder individual.

Sea como una sensación personal de vida o una voluntad personal de vida, el individualismo es o tiende a ser anti-social: si no lo es desde el principio, inevitablemente se convierte en aquello de forma posterior. El sentimiento de la profunda unicidad del ego, deseo de originalidad e independencia, el individualismo no puede evitar el generar un sentimiento de silenciosa lucha entre el ser individual y la sociedad. De hecho, la tendencia de cada sociedad es reducir el sentimiento de individualidad tanto como sea posible: el reducir la unicidad mediante el conformismo, la espontaneidad a través de la disciplina, instantaneidad del ser mediante la precaución, sinceridad de sentimiento a través de la falta de sinceridad inherente en toda función definida socialmente, confianza y orgullo en el ser mediante la humillación inseparable de cualquier tipo de entrenamiento social. Esta es la razón por la cuál el individualismo se convierte aquí en un principio de resistencia interna pasiva o activa, de oposición silenciosa o declarada a la sociedad, un rechazo a someterse a ella; una desconfianza en ella. En su esencia, el individualismo desprecia y niega el vinculo social. Lo podemos definir como la voluntad de aislamiento, un compromiso sentimental e intelectual, teórico y práctico de abandonar la sociedad, si no de hecho – siguiendo los ejemplos de los solitarios de Thebeiad o el más moderno de Thoreau – al menos en espíritu e intención, mediante una forma de retirada voluntaria e interior. Este distanciamiento de la sociedad, esta aislación moral voluntaria que podemos practicar en el núcleo mismo de la sociedad puede tomar la forma de la indiferencia y resignación tanto como aquella de revuelta. También puede asumir la actitud de espectador, la actitud contemplativa del pensador en una Torre de Marfil. Pero siempre hay en esta indiferencia adquirida, en esta resignación o este aislamiento expectante, un vestigio de revuelta.

Sentimiento de unicidad y una expresión más o menos energética de la voluntad de poder personal; voluntad de originalidad, voluntad de independencia, voluntad de insubordinación y revuelta, voluntad de aislamiento y de retirarse hacia el ser. Aveces también voluntad de supremacía, al despliegue de fuerzas sobre y en contra de otros, pero siempre con un regreso al ser, con un sentimiento de infalibilidad personal, con una confianza indestructible en uno mismo, incluso en la derrota, incluso en el fallo de las esperanzas e ideales. Intransigencia, inaccesibilidad de convicción interna, fidelidad a uno mismo hasta el amargo final. Fidelidad a las ideas mal comprendidas de uno, a la voluntad impregnable e inexpugnable de uno: el individualismo es todo esto, sea globálmente o en detalle, este elemento o aquel, este matíz o aquel predominante de acuerdo al caso y la circunstancia.

El individualismo, entendido como acabamos de expresarlo, es decir, como una disposición interna del alma, individualismo como sensación y voluntad ya no es más, como el individualismo del cuál hablamos arriba, como individualismo político y jurídico. Es volteado hacia adentro. Se posiciona al principio o busca refugio al final en el ser interior irrompible e intangible.

Decir que hay una cercana relación psicológica entre las sensibilidades individualistas y pesimistas casi significa declarar lo obvio. El Pesimismo supone un individualismo básico. Supone la interioridad del sentimiento, el regreso al ser (casi siempre doloroso) que es la esencia del individualismo. Mientras que el optimismo no es nada más que una tesis metafísica abstracta, el eco de rumores doctrinarios, el pesimismo es la sensación de vida vivida; viene del interior, de una psicología individual. Procede de aquello que es más intimo en nosotros: la habilidad de sufrir. Predomina entre aquellos de naturaleza solitaria quienes la vida los ha retirado hacia ellos mismos y ven la vida social como dolor. Pesimistas de pura-sangre, los grandes artistas y teóricos del sufrimiento, vivieron de forma solitaria y como extraños entre los hombres, cercenados en su ego cómo si fuese un fuerte desde el cual han dejado caer una mirada fija irónica y altiva sobre la sociedad de su especie. Y entonces no es por accidente, sino por virtud de una correlación psicológica intima que el pesimismo es acompañado por una tendencia hacia el aislamiento egoísta.

De forma inversa, el espíritu individualista esta acompañado por el pesimismo de forma casi predestinada. ¿Acaso no nos enseña la experiencia tan vieja como el mundo que la naturaleza del individuo se sacrifica a la especie? ¿Que en la sociedad es sacrificada al grupo? El individualismo llega a una concepción resignada o desesperanzada de la antinomias que llegan entre el individuo y las especies por un lado, y entre el individuo y la sociedad por el otro.

Sin duda la vida triunfa perpetuamente sobre esta antinomia, y el hecho de que a pesar de todo la humanidad continua viviendo parece ser una respuesta indiscutible que refuta tanto el pesimismo como el individualismo. Pero esto no es seguro. Por lo que si la humanidad como especie y como sociedad persigue su destino sin preocuparse por las quejas o revueltas de los individuos, el individualismo no muere a causa de eso. Siempre derrotado, nunca domado, es encarnado en almas de un calibre especial, imbuido con el sentimiento de su unicidad y fuertes en su voluntad de independencia. El individualismo sufre una derrota en cada individuo que muere luego de haberle servido a fines y rendido a fuerzas que existan mas allá de el. Pero sobrevive a través de las generaciones, ganando en fuerza y en claridad mientras que la voluntad humana de vida se intensifica, diversifica y refina en la conciencia individual. Es así que se afirma la consistencia dual del pesimismo y el individualismo, unidos indisolublemente e interconectados.

Sin embargo, es posible que este lazo psicológico que creemos haber descubierto entre el pesimismo y el individualismo no es nada mas que una visión a priori. Si en lugar de razonar acerca de las similitudes psicológicas consultamos la historia de ideas del siglo IXX quizás veamos que la relaciones de ideas que hemos indicado no es ni tan simple ni tan consistente como primeramente parece, Debemos penetrar en detalle las diferentes formas del pesimismo y del individualismo y analizar su relación mas de cerca si queremos llegar a ideas precisas.

Georges Palante

(es-en) Un enfoque extra-moral sobre la artificialidad

Filosa reflexión traducida del texto en inglés “Extramoral approach artificiality”, desde Antisocial Evolution.

¡Siguiendo los instintos bestiales de las leyes naturales!

¡Fuerza para los individualistas animalizados!


Las leyes sociales son un sistema de reglas impuestas sobre la mayor parte de las personas civilizadas desde el nacimiento. Son un grupo de reglas que gobiernan sobre cómo uno debe vivir para hacer que la sociedad funcione: no robes, sé una buena persona, trata a otros cómo quisieras que te traten, todos somos iguales y si pudiéramos dejar de lado nuestras diferencias y trabajar juntos viviríamos en una utopía dorada. Estas leyes son una mezcla de la espuma burbujeante de la doctrina Judeo-Cristiana tradicional y el humanismo liberal moderno. Es la mayor estafa de todos los tiempos, el engaño maestro, un sistema de mentiras envueltas en un lindo empaque y llamadas civilización. Es como ser chingado por un cerdo vestido de monja.

Luego está la ley natural, la ley real, la naturaleza primitiva del hombre. La parte de nuestro cerebro que se desarrolló a lo largo de los últimos miles de años sobreviviendo a eras del hielo, sequías, junglas, desiertos, plagas y guerras. Es el cerebro de lagarto, el cerebro animal, la parte nuestra que conduce instintos y comportamientos en los niveles más profundos.

En nuestra ignorancia pensamos que estamos removidos a un nivel de distancia de las bestias de la tierra. Cualquiera que haya tenido mascotas o que haya estado en la naturaleza sabe que hay una ley salvaje que reina sobre todo: la supervivencia del más apto, húndete o nada, aprende a volar o muere intentándolo. “Victoria o Valhalla.”

Esto no para decir que el altruismo en cierto punto no existe. Experimentos han demostrado que los ratones arriesgarían sus vidas para liberar a sus amigos del cautiverio. Los Bonobos en tribus compartirán su alimento entre ellos. Un perro podría adoptar una gatito huérfano como si fuera suyo y cuidarlo.

No estoy diciendo que la bondad no exista en nuestra naturaleza primitiva. Aun así, las leyes de la sociedad civilizada son una farsa. Las reglas escritas en tabletas de piedra y asignadas por “dios” eran por supuesto dirigidas a las personas en los rangos más bajos de la escalera social – no para los ricos y los poderosos.

Si miras la demografía social de hoy en día, son los pobres quienes resultan los más religiosos y los ricos los que lo son menos. Los ricos mentirán, robarán y serán opresivos hacia cualquiera que se cruce en su camino – a esto se le llama vivir bajo las leyes naturales.

La ley natural es viciosa. Ella es la madre que insiste y critica, que señala tus mayores inseguridades con risa y una sonrisa malvada. Ella no es la palomita amorosa Tierra, madre de las flores, abrazos y dulces. Ella es Kali en un embate, incendiando el bosque sobre el suelo. Ella es la iracunda y celosa Hera, atormentando y destruyendo a aquellos que se le oponen. Su compasión es grande para aquellos que la respetan, pero su ira es la muerte experimentada miles de veces en un tsumani, así que andamos en nuestras vidas cotidianas, hablando, actuando y respirando bajo las leyes sociales – cuando en lo profundo de nuestro subconsciente – estamos viviendo bajo la ley natural. ¿Porque el hombre establecido con una esposa y una familia lo arriesga todo por una noche de pasión con una mujer joven y hermosa, incluso cuando él sabe que las repercusiones podrían ser la soledad, divorcio, y pagos por pensión alimenticia interminables?, ¿por qué la mujer “felizmente casada” con un hombre práctico y sensible lo sacrifica todo para escapar con una bestia menos civilizada?, ¿por qué los líderes de los países llevan a su propio pueblo a la ruina con deudas interminables y guerras en búsqueda de riqueza – incluso cuando ellos mismos están en riesgo?

Los tontos y los idiotas rasgan sus cabezas. Mandíbulas abiertas. Parados por ahí como si fuesen una horda de vaginas abiertas. Una signo de pregunta que persiste en el aire al igual que el hedor estancado.

Al comienzo de nuestras vidas somos posicionados en un tablero de ajedrez, pero se nos dice que es un tablero de damas. Al igual que peones obedientes, nos concentramos en avanzar un cuadrado a la ves – sólo para vernos sorprendidos y apaleados cuando la torre reclama nuestras vidas con una barrida limpia. ¿Cómo pudo hacerlo?, ¿no es justo?, ¿no puedes simplemente atravesar todo el tablero? Claro que puedes, cuando te percatas de qué juego estás jugando.

Así que despierta. Estás en la jungla bebé. Como simios allí es donde comenzamos y nunca nos fuimos realmente. Seguro, puede que seamos lo suficientemente astutos como para crear pequeñas casas y pequeños caminos acomodados y alambrar suburbios en los cuales dividir nuestras falsas vidas acomodadas.

Pero la civilización tal como la conocemos sólo tiene 5,000 años de edad. La moderna sociedad industrial sólo tiene 200 años de edad. Las leyes reales de los hombres fueron establecidas a lo largo de los 40,000 años de nuestra existencia como bestias, e incluso las leyes de los simios antes de que eso siquiera se llevara a cabo.

¿Podría cambiar tan rápido la psique humana? Para adaptarse a las leyes humanitarias, liberales y cristianas? Quizás cuando cortas los genitales y lobotomizas la mente. ¿Porque crees que los antidepresivos prevalecen tanto en la sociedad de hoy en día?, ¿porque crees que la gente debe ir a costosas terapias por sus flácidos matrimonios y vidas sexuales?

Así que despierta de la ilusión. Todo lo que se te dijo es una mentira. Date cuenta del juego al que estás jugando y juégalo bien. No hay equivalentes. Sólo ganadores y perdedores. ¿Eres el lobo o su presa?

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An extramoral approach on artificiality

Social law is a system of rules enforced upon most civilized people at birth. It is a set of rules that governs how one must live to make a society work: don’t steal, be a good person, treat others as you yourself want to be treated, we’re all equals and if we can just put our differences aside and work together we’ll live in a golden utopia. These laws are a mix of the bubbling froth of traditional Judeo Christian doctrine and modern liberal humanism. It is the greatest scam of all time, the master deceit, a system of lies wrapped in a pretty package and called civilization. It’s like being fucked by a pig dressed as a nun.

Then there is the natural law, the real law, the primitive nature of man. The part of our brains that developed over thousands of years surviving ice ages, droughts, jungles, deserts, plague and war. It is the lizard brain, the animal brain, the part of ourselves that drives instinct and behavior at the deepest level.

In our ignorance we think we are one level removed from the beasts of the Earth. Anyone who has ever had pets or who has even been out in nature knows that there is a savage law that reigns above all: survival of the fittest, sink or swim, learn to fly or die trying. “Victory or Valhalla.”

This is not to say that altruism at some level doesn’t exist. Experiments have shown that mice will risk their lives to free their friends from captivity. Bonobos in tribes will share their food with one another. A dog may adopt an orphaned kitten as its own and take care of it.

I’m not saying that kindness doesn’t exist in our primitive nature. Yet the rules of civilized society are a farce. Rules written on stone tablets and commanded from “god” were of course meant for the people on the lower rungs of the social ladder – not the rich and the powerful.

If you look at social demographics today, it is the poor who are the most religious and the rich who are the least. The rich will lie, steal and oppress who ever gets in their way – this is called living by the natural law.

The natural law is vicious. She is the mother who harps and criticizes, who points out your greatest insecurities with a laugh and a wicked smile. She is not the lovey dovey Earth mother of flowers, hugs and candy. She is Kali on a rampage, burning down the overgrown forest. She wrathful and jealous Hera, tormenting and destroying those who oppose her. Her compassion is great to those who respect her, but her ire is the death felt a thousand times over in a tsunami.

So we go about in our daily lives, speaking, acting and breathing by the social law – when deep in our subconscious mind – we are living by the natural law. Why does the established man with a wife and a family risk it all for one night of passion with a young and beautiful woman, even when he knows that the repercussions could be loneliness, divorce, and endless alimony payments? Why does the woman “happily married” to a sensible and practical man sacrifice it all to run away with a less civilized beast? Why do the leaders of countries run their people into ruin with endless debt and war in pursuit of wealth – even when they themselves are at risk?

The fools and idiots scratch their heads. Jaws open. Flabbergasted. Standing around like a flock of gaping vaginas. A question mark that lingers in the air like a stagnant stench.

At the beginning of our lives we are placed on a chess board, but told that it is a checker board. Like obedient pawns, we concentrate on advancing one square at a time – only to be shocked and appalled when the rook claims our lives with one clean sweep. How could he do that? That wasn’t fair? You can’t just go all the way across the board? Sure you can, when you realize what game you’re playing.

So wake up. You’re in the jungle baby. As apes that’s where we started and we never really left. Sure, we may be savvy enough to build little houses and neat little roads and fenced up suburbs in which to divide our fake neat little lives.

But civilization as we know it is only 5,000 years old. Modern industrial society is only 200 years old. The real laws of man were established over the 40,000 years of our existence as beasts, and even the laws of the apes before that have carried over.

Would the human psyche change that quickly? To adapt to the humanitarian, liberal and christian laws of the land? Maybe when you chop off the genitals and lobotomize the mind. Why do you think antidepressants are so prevalent in today’s society? Why do you think people have to go to expensive therapies for their limp marriages and sex lives?

So wake up from the delusion. Everything you have been told is a lie. Realize what game you’re playing and play it right. There are no equals. Only winners and losers. Are you the wolf or its prey?