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(es/en) Ejercicios Espirituales Eco-extremistas

Tomado de Atassa n° 2.


“Et introibo ad altare Dei”
(Voy al altar de Dios)

Vengo de una familia evangélica, pero hace tiempo que eliminé los valores que me enseñó. Me convertí en humanista, y volver a creer y rechazar el ateísmo fue un tremendo golpe para el intestino. Tuve que comenzar de nuevo con otra visión, muy personal y particular. Tomó un poco de tiempo, pero luego entendí que mi creencia en algo más nunca se había ido, y realmente no rezo, ya que entiendo que rezar es repetir las cosas, y no me gusta hacerlo porque me educaron para no rezar, sino para hablar con Dios. Todavía hago esto (en momentos específicos, por supuesto), para dar la bienvenida a los solsticios, para expresar gratitud por la llegada de una nueva fase lunar, y especialmente por una luna roja; estar agradecido por el frío, el calor, la lluvia, el aire y el fuego.
Hay rituales que me gusta realizar. Tengo cráneos de animales salvajes y domésticos en mi altar, donde quemo copal. En las tradiciones mesoamericanas, el copal representa la limpieza espiritual. Cuatro veces al año (el año mexica, y no el gregoriano) voy a lugares sagrados con una ofrenda. Estos son lugares sagrados para mí y no para mis antepasados: sus lugares sagrados están ahora cubiertos de edificios, centros comerciales y carreteras. Vengo a los cuatro lugares sagrados con ofrendas como piedras de río, ramas de mezquite, velas de sebo y carbones de mi último fuego (cuatro cosas). De rodillas hablo con el medio, casi siempre ante un árbol, una roca, un río o un barranco (cuatro cosas). Ahí fumo una pipa de abedul, mezclada con salvia, eucalipto, menta y tabaco lacandón (cuatro cosas). Estas son las únicas veces que fumo y no es para drogarme ni nada de eso. Esas hierbas no hacen alucinaciones y solo sirven para ayudar a la meditación, como lo hicieron para mis antepasados.
He indicado que cuatro es un número importante para mí, como lo es para muchas culturas. Hay cuatro fases de la luna, cuatro estaciones del año, cuatro direcciones cardinales y cuatro cosas sobre la tierra (las estrellas, el cielo, la luna y el sol). Cuatro cosas que respiran, las que nadan, las que vuelan, los de cuatro y dos patas. Cuatro son las fuerzas más importantes en la cultura mexicana: quetzalcóatl, huitzilopochtli, xipe totec y tezcatlipoca.

Puedes hacer tus propias oraciones, tus propias disciplinas; saber lo que sabes probablemente no será difícil, ya que probablemente siempre haya hierbas, animales, figuras, horas y ciertas oraciones involucradas. Debes elegir lo que es correcto para ti, buscar con qué elemento de la tierra te identificas más; algo puede surgir de esa base…
Hay otros rituales “más locos”, como las ofrendas de mi propia sangre derramadas en esos cráneos para protegerse, o cortarse las rodillas para que la sangre fluya hacia la tierra como un signo de conexión con ella como lo hacen los danzantes tradicionales aquí. A veces también perforan los lóbulos de sus orejas con espinas de maguey hasta que sangran.
Hago “bautismos de fuego” para terminar un ciclo y comenzar otro, con lo que se conoce como el “fuego nuevo”, hago un fuego de fricción con un taladro hecho con dos palos de eucalipto (el taladro) y uno de quiote (un tallo grande de la flor de la planta de maguey azul) como base. Cuando los palos se ponen rojos, digo algunas palabras y me quemo la piel. Bueno, eso es un poco extremo, pero creo que el dolor es inevitable, el sufrimiento es solo una opción. Creo que el dolor nos hace más fuertes, espiritual y físicamente, por lo que quemarse no es gran cosa, ni recibir un corte o rasguño que duele durante algunos días. Sé que mis creencias están marcadas en mi cuerpo.
Como dije, puedes hacer tus propias disciplinas y ser tu propia guía, sabiendo que el maestro te está mirando y está enseñando cosas valiosas todos los días.

“Permiso wacho”
Como tú, fue un esfuerzo comenzar a creer de nuevo (pero no creer en ese algo, más para sacar de mi cabeza ese hábito anarquista tonto de ateísmo). Voy a una colina, que es tan lejos y salvaje como tiendo a ir. No llevo a cabo rituales más significativos en este momento. Siempre busco la luna de noche; La saludo y le pido que proteja mis pasos. Le pido que me dé fuerzas, y realmente solo converso con ella, siempre descalzo con los pies en la tierra. Me gusta sentir el frío, creo que es realmente necesario. Es cierto que el frío puede ser insoportable, pero los humanos modernos no pueden soportar muchas cosas. Así que trato de soportarlo y lo siento en mis huesos; así como siento el calor en verano, no se puede perder el frío en invierno.
Yo también hago lo otro. Cuando saco una planta, una rama o una flor para beber o para otro uso, siempre pido permiso. Cuando tomo hojas para hacer té de limón, siempre digo de manera coloquial: “perdón, amigo” o “perdón, hermano” y luego arranco las hojas. Realmente, siendo la persona civilizada que soy, trato de renunciar a los vicios y costumbres civilizados tanto como sea posible. Voy solo a la naturaleza y contemplo las estrellas. Converso con los insectos.
Recuerdo que cuando era adolescente oraba todos los días antes de irme a la cama, “Nuestro Padre que eres … bendice a mi familia, dame salud … etc.” La cuestión es que solo estaba haciendo los movimientos, y en ningún momento fui sincero y real. Llegué al punto de que incluso el solo pensar en rezar me desanimó, pero lo hice porque dijeron que así era como amabas a Cristo. Siempre me pareció muy restrictivo tener que hacerlo por obligación.
Siempre antes de salir a la calle y especialmente antes de una acción, me encomiendo a los espíritus de los fueguinos, les agradezco y les pido protección. Mi intención es sumergirme en todo esto, aprender cosas que hicieron los antiguos, traerlos de vuelta a nuestra era actual.

Las luces del viernes por la noche
Mis epifanías llegan en momentos extraños e inoportunos. El último fue en un partido de fútbol de secundaria. Mis dos hijos querían ir a un partido de fútbol, ​​donde consumían bocadillos y bebían refrescos, y observaban a sus compañeros mayores participar en este ritual de la vida suburbana. A menudo pienso, “cómo era este lugar antes de la civilización”. No es difícil, ya que las aguas y la vegetación siempre parecen derramarse donde no los queremos, los hipercivilizados. Leí sobre la vida de las personas que vivieron aquí antes que los europeos, qué comieron y de qué hicieron sus casas; sobre sus dioses y tabúes. Es difícil de imaginar y, sin embargo, tan simple. Sobre las luces del estadio, vi el dosel de pinos, y más allá de ellos, tal vez un pantano de cipreses, y luego los ríos, el lago, los mares… Y todas las zarigüeyas, armadillos, ciervos, zorros y mapaches que se arrastran en ellos. Si el ojo de mi mente fuera más agudo, tal vez vería los fantasmas de los pumas, osos, lobos y bisontes que también alguna vez vagaron por estos bosques. Traté de mirar por encima de la civilización para ver qué hay antes y más allá, pero mi visión no llegó tan lejos. Mis ojos volvieron al juego y esas luces encendidas un viernes por la noche…
Esa es la verdadera epifanía: nuestro fracaso para ver, nuestra comprensión de que no somos dignos de ver lo que está más allá de nuestra oscura realidad. Aquí “digno” no denota juicio moral, sino metafísico. No vemos porque no podemos, y la razón por la que no podemos ser inherentes a nuestro ser más íntimo. Ya no vemos el mundo como deberíamos, las estrellas ya no pueden dirigirnos a casa, los bosques no nos nutren, los animales ahora son solo plagas. Incluso si trabajáramos toda la vida, no nos redimiríamos. Somos el producto de esta orden y somos derrotados mientras continúe.
Algunos dirían que nosotros, los monstruos y psicópatas de la sociedad, deberíamos simplemente suicidarnos, que deberíamos dejar a todos los demás en paz para continuar con sus sueños de una sociedad mejor o de la continuidad de la sociedad tal como es. No, gracias, mientras estés aquí no podré dormir profundamente en la tumba. Incluso si mi única vocación es, en voz baja, burlarse de su entusiasmo afectado y sonrisas falsas, valdrá la pena. La realización de mi pequeñez e impotencia ante lo Incognoscible (lo Desconocido, deus ignotus) es una oración suficiente para mí, y mi odio hacia aquellos que se creen más que esta pequeñez es el único sacrificio que puedo dar.
Pero, ¿qué es lo incognoscible?, ¿quién es él o ella o eso?, desde mi juventud lo he buscado, he deseado refugiarme debajo de él, quedarme en ese momento cuando me envuelve, me trae a mí mismo y se une conmigo. Pero cuando me convertí en hombre, finalmente aprendí que solo captas momentos de ello. No puede reproducirlo, no puede comprarlo. No hay forma de convocarlo desde el cielo o desde donde habita y se derrumbará. Dejé de ser materialista porque me di cuenta de que lo Uno, lo Bueno, lo Verdadero, lo Hermoso y el Amor existen, pero de ninguna manera podemos captarlo de forma completa, permanente y segura. Tan pronto como los agarramos, ya se nos están escapando de las manos…
Pero he visto el esplendor de lo Incognoscible: en los dedos de fuego que es el cielo sobre las pampas, o en una montaña en las afueras de Córdoba en Argentina, en la cúpula negra del firmamento sobre el desierto de Mojave, en las rocas golpeadas junto al mar frente a Point Lobos, en el coro de pájaros muy por encima del pantano… Lo vi con mayor lucidez cuando sostuve a mi hijo mayor por primera vez. Entonces me di cuenta de que nunca lo entendería, que lo que sea que lo haga lo que es no es algo que yo pueda comprender o dominar. No lo tengo, nadie lo sabe. Es en el acto mismo de ser un animal mortal que nos sorprende como el mysterium tremendum et fascinans del que hablan los teólogos. Sabemos que somos más pequeños que eso, lloramos por él como un niño lactante llora por su madre. Puede venir, o puede que no, pero siempre se irá de nuevo, porque su plenitud probablemente nos rompería.
Toda filosofía, toda moralidad, toda ley, todo arte, toda literatura, toda cultura, no son nada ante ella. Son casi una blasfemia contra ella. Necesitamos estas blasfemias porque no podemos hacer otra cosa, pero cuando el Humano piensa que es supremo, que crea el fruto del trabajo y el genio de lo Incognoscible, es en ese punto que el Humano se vuelve repugnante, vil y digno de ataque. No me considero nihilista porque rechazo como en un berrinche todo lo que es bueno y bello en este mundo (incluso lo que se podría discernir como “productos de la civilización”). Soy un nihilista reacio porque creo que esas hazañas de genio, esas cosas que hacen que la vida sea hermosa o que valga la pena vivir, no son el producto (o al menos no el único producto) del ser humano. Su orden y esplendor se encuentran en otra parte; el pensamiento, la cultura, la ley, la moral, etc., solo pueden servir como los recipientes de lo Incognoscible que flota por encima de ellos como una fuente de luz evasiva.
De todos modos, en esta noche, o en los momentos en que puedo mirar por la ventana en el trabajo temprano en la mañana, las veces que me llevo el agua a la cara en un lago o río, los pocos minutos tranquilos cuando los mosquitos zumban en mi oído al atardecer, entonces sé que lo Incognoscible también me llevará algún día. Un día, volveré a la gran corriente que late en el corazón de todo, y ese día estaré agradecido de que ya no tendré que luchar o ser un cobarde. Finalmente escucharé (sin escuchar) al Humano silenciado incluso si yo también soy silenciado, y la Voz Silenciosa de la Naturaleza Salvaje susurrando eternamente en las ramas.

Chicomoztoc—Karukinká —Nanih Waiya

Diciembre 2017

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(en) Eco-extremist Spiritual Exercises

“Et introibo ad altare Dei”

I came from an evangelical family, but I have long ago disposed of the values that it taught me. I became a humanist, and coming to believe again and rejecting atheism was a tremendous blow to the gut. I had to start again with another vision, a very personal and particular one for sure. It took some work, but afterwards I understood that my belief in something more had never left, and really I don’t pray, since I understand praying to be repeating things, and I don’t like doing that since in my upbringing we didn’t say prayers but talked to God. I do this still (in specific moments of course), to welcome solstices, to express gratitude for the coming of a new lunar phase, and especially for a red moon; to be thankful for the cold, the heat, the rain, the air, and fire.
There are rituals that I like to perform. I have skulls of wild and domesticated animals on my altar, where I burn copal. In the Mesoamerican traditions copal represents spiritual cleansing. Four times a year (the Mexica year, not the Gregorian one) I go to sacred places with an offering. These are places sacred to me and not my ancestors–their sacred places are covered with commercial buildings and highways. I come to the four holy places with offerings like river stones, mesquite branches, tallow candles, and coals from the last fire (four things). On my knees I speak to the environment, almost always before a tree, a rock, a river, or a ravine (four things). There I smoke a birch pipe, mixed with salvia, eucalyptus, domesticated mint, and Lacandon tobacco (four things). These are the only times I smoke and it’s not to get high or anything like that. Those herbs don’t make one hallucinate and only serve to assist meditation, as they did for my ancestors.
I have indicated that four is an important number for me, as it is for many cultures. There are four phases of the moon, four seasons of the year, four cardinal directions, and four things over the earth (stars, the sky, the moon, and the sun.) Four things breathe, those that swim, that fly, and those of four legs and two legs. Four are the most important forces in Mexica culture: quetzalcoatl, huitzilopochtli, xipe totec, and tezcatlipoca.

You can make your own prayers, your own disciplines; knowing what you know it will probably not be difficult, as there are probably always herbs, animals, figures, hours, and certain prayers involved. You should pick what is right for you, seek what element of the earth you most identify with; something can grow out of that base….
There are other “crazier” rituals, like blood offerings of my own blood spilled out on those skulls for protection, or cutting one’s knees so that the blood flows down to the earth as a sign of connection to it as the traditional dancers do over here. They also sometimes puncture their earlobes with maguey thorns until they bleed.
I do “baptisms of fire” to end one cycle and begin another, with what is known as the “new fire,” I make a friction fire with a drill made of two eucalyptus sticks (the drill) and and one of quiote (a large stalk of the flower of the blue maguey plant) as the base. When the sticks get red hot, I say some words and burn my skin. Well, that’s a little extreme, but I believe that pain is inevitable, suffering is only one option. I believe that pain makes us stronger, spiritually and physically, so getting burnt is no big deal, nor is getting a cut or scrape that hurts for some days. I know that my beliefs are marked on my body.
As I said, you can make your own disciplines and be your own guide, knowing that the master is watching and teaching you valuable things every day.

“Permiso wacho”
Like you it was an effort to start believing again (but not to believe in that something, more to get out of my head that dumb anarchist habit of atheism). I go to a hill, that’s as far and wild as I tend to go. I don’t carry out more significant rituals right now. I always look for the moon at night; I greet her and ask her to protect my steps. I ask her to give me strength, and really just converse with her, always barefoot with my feet on the earth. I like to feel the cold, I think it’s really necessary. It’s true that the cold can be unbearable, but modern humans can’t stand many things. So I try to bear it and I feel it in my bones; just as I feel the heat in summer, the cold in winter can’t be missed.
I also do the other thing. When I take out a plant or a branch or flower to drink or for another use, I always ask permission. When I take leaves to make lemon verbena tea, I always say in a colloquial manner, “excuse me, buddy” or “excuse me, brother” and then I pull the leaves off. Really, being the civilized person that I am, I try to renounce civilized vices and customs as much as possible. I go into the wild by myself and contemplate the stars. I converse with the insects.
I remember when I was a teenager I prayed every day before going to bed, “Our Father who art… bless my family, give me health… etc.” The thing is, it was just going through the motions, and at no point was I sincere and real. It got to the point that even thinking about praying put me off, but I did it because they said that that was how you loved Christ. I always found that very constricting, having to do it out of obligation.
Always before going out into the street and especially before an action, I commend myself to the spirits of the Fuegians, I thank them and I ask them for protection. My intention is to immerse myself in all of this, learn things that the ancients did, to bring them back in our current age.

Friday night lights
My epiphanies come at odd and inopportune times. The last one was at a high school football game. My two children wanted to go to a football game, where they consumed snacks and drank soda, and observed their older peers participating in this ritual of suburban life. I often think, “what this place was like before civilization.” It is not hard, as the waters and greenery always seem to be spilling in where they are not wanted by us, the hyper-civilized. I read about the lives of the people who lived here before the Europeans, what they ate and what they made their houses of; about their gods and taboos. It’s hard to imagine and yet so simple. Over the stadium lights, I saw the canopy of pines, and beyond them, perhaps a cypress swamp, and then the rivers, the lake, the seas… And all of the possums, armadillos, deer, foxes, and raccoons crawling in them. If my mind’s eye were sharper, perhaps I would see the ghosts of the cougars, bears, wolves, and bison who also once roamed these woods. I tried to look over civilization to see what is before and beyond it, but my vision did not reach that far. My eyes returned to the game and those blaring lights on a Friday night…
That is the real epiphany: our failure to see, our realization that we are not worthy of seeing what is beyond and above our dark reality. “Worthy” here does not denote moral judgment, but a metaphysical one. We will not see because we can’t, and the reason we can’t inheres to our innermost being. We no longer see the world as we should, the stars can no longer direct us home, the forests do not nurture us, the animals now are only pests. Even if we worked a lifetime, we would not redeem ourselves. We are the product of this order, and we are defeated as long as it continues.
Some would say that we, the freaks and psychopaths of society, should just commit suicide, that we should just leave everyone else in peace to continue with their dreams of a better society or of the continuance of society just as it is. No thank you, as long as you’re here I will not be able to sleep soundly in the grave. Even if my only vocation is to, under my breath, mock your affected enthusiasm and fake smiles, it will be worth it. The realization of my smallness and helplessness before the Unknowable (lo Desconocido, deus ignotus) is enough of a prayer for me, and my hatred of those who think themselves more than this smallness is the only sacrifice I can give.
But what is the Unknowable? Who is he, or she, or it? From my youth, I have sought it, I have longed to take shelter under it, to stay in that moment when it engulfs me, brings me into itself, and unites with me. But when I became a man, finally I learned that you only catch moments of it. You can’t reproduce it, you can’t buy it off. There’s no way to summon it from Heaven or from wherever it dwells and it will come down. I stopped being a materialist because I realized that the One, the Good, the True, the Beautiful, and Love exist, but not in any way we can grasp completely, permanently, surely. As soon as we grab for them, they are already slipping through our fingers…

But I have seen the splendor of the Unknowable: in the fingers of flame that is the sky over the pampas, or on a mountain outside of Cordoba in Argentina, in the pitch black dome of the firmament over the Mojave Desert, in the rocks battered by the sea off of Point Lobos, in the chorus of birds high above the swamp… I saw it most lucidly when I held my eldest child for the first time. I realized then that I would never understand it, that whatever makes it what it is is not something for me to comprehend or dominate. I don’t own it, no one does. It is in the very act of being a mortal animal that it strikes us as the mysterium tremendum et fascinans spoken of by theologians. We know we are smaller than it, we cry for it like a nursing child cries for its mother. It may come, or it may not, but it will always leave again, because its fullness would probably break us.
All philosophy, all morality, all law, all art, all literature, all culture, are nothing before it. They are almost a blasphemy against it. We need these blasphemies because we can do no other, but when the Human thinks that it is supreme–that it creates the fruit of the Unknowable’s labor and genius–it is at that point that the Human becomes repugnant, vile, and worthy of attack. I don’t consider myself a nihilist because I reject as in a tantrum all that is good and beautiful in this world (even that which could be discerned to be the “products of civilization”). I am a reluctant nihilist because I believe that those feats of genius, those things that make life beautiful or worth living, are not the product (or at least not the sole product) of the Human. Their order and splendor lie elsewhere; thought, culture, law, morality, etc. can only serve as the vessels of the Unknowable that floats high above them like an elusive source of light.
All the same, on this night, or in the moments when I can look out the window at work early in the morning, the times I bring the water to my face in a lake or river, the quiet few minutes when the mosquitoes buzz in my ear at sunset, then I know that the Unknowable will one day take me too. One day, I will return to the great current that pulses at the heart of everything, and on that day I will be grateful that I will no longer have to fight or be a coward. I will finally hear (without hearing) the Human silenced even if I am silenced as well, and the Still Small Voice of Wild Nature whispering eternally in the branches.

Chicomoztoc—Karukinká —Nanih Waiya

December 2017

Atassa: Lecciones de la Guerra Creek (1813-1814)

Tomado de la Revista Regresión n° 7.


Abe Cabrera

“Tres hombres buscaban a sus amigos y parientes entre los muertos, algunos aún sangraban, todos escalpados y mutilados, y fumaban con fuego, los gritos de los asesinos se podían oír claramente, y sus hogueras vistas desde el este. Cientos de palos de guerra pintados cubrieron el campo de batalla, cada uno significaba un enemigo muerto de los Redstick”
-Gregory Waselkov, “A conquering spirit: Fort Mims and the Redstick War of 1813-1814”, pg 145

“(…) todo eso y más también es resalvajizar, volver a lo primitivo en un conflicto heredado por nuestros ancestros, poniendo en práctica las tácticas que usaron los antiguos pero dentro de otras condiciones, de hecho, el homicidio que llevo a cabo ITS se representa como una “resalvajización individualista”, asesinando al empleado de la UNAM ITS no SOLO pretendía eliminarlo y crear reacciones, sino que con el mismo acto, los miembros de ITS asesinan a su civilizado interno, matan de una puñalada, poco a poco, los valores occidentales que se les viene inculcando desde pequeños.”
Xale | Palabras Duras: Una conversación Eco-extremista

Han pasado más de 150 años desde que Karl Marx en “El Dieciocho Brumario de Luis Napoleón”, reflexionó sobre cómo ocurren los acontecimientos en la historia, por así decirlo, de dos formas: la primera vez como tragedia, la segunda como farsa. Sin embargo, es discutible que para diferenciar entre los dos (tragedia y farsa), uno tiene que asumir que la historia tiende hacia una dirección particular. Un acontecimiento que es similar a un acontecimiento pasado, así que la lógica va, de alguna manera, en que no pudo aprender “las lecciones” de su desagradable predecesor. Esta idea hace que las suposiciones relativas a los seres humanos en un contexto determinado actúen en grupos: que tengan agencias, que tengan plena transparencia en la realización de lo que están haciendo, que ciertas lecciones puedan aprenderse después del hecho, etc. Si, por otro lado, apreciamos la ceguera y la resolución necesarias para el heroísmo en un esfuerzo, cualquier acto puede parecer una tontería para el observador mirando con retrospectiva. Todo lo que los actores ven en medio de las cosas es necesario. Nuestra lucha puede no ser una de “aprender las lecciones” y romper el ciclo de la tragedia y la farsa. Puede tratarse simplemente de volver al “heroísmo” de la tragedia. Es decir, tal vez debemos volver a lo trágico como un escape del progreso: darse cuenta de que las cosas deben ser así, y es nuestra propia reacción la que es más importante cuando nos enfrentamos a un resultado inevitable. Es una cuestión de si luchamos o deponemos las armas porque estamos ciegos ante un “futuro” difícil de alcanzar.

Este ensayo describe una tragedia, en la que, para preservar una sociedad, el mismo pueblo tuvo que destruirla. Hablamos aquí de la Guerra Creek o Red Stick, la que se situó en el sudeste de los EEUU y que ocurrió a partir de 1813 a 1814. Los combatientes nativos en esta guerra muy probablemente no sospecharon que su guerra terminaría mal para ellos. Sostendré, sin embargo, que la guerra en sí era inevitable, como quizás fue su resultado. En esta afirmación, no estoy siendo determinista, sino que estoy argumentando que para que los Creeks hubiesen evitado el conflicto mortal con la civilización euro-americana, habrían tenido que dejar de ser Creeks. En cambio, los Creeks Red Stick lucharon valiente y violentamente contra el colonizador blanco, ya que consideraban que la pérdida de sus vidas era algo pequeño en comparación con la pérdida de su tierra y su honor. Los Red Sticks intentaron purificar su tierra de la civilización o morir intentándolo. La ferocidad y la crueldad en la batalla contra un enemigo superior, eran el medio principal de su “resalvajización”, una “resalvajización” que provocó una guerra civilizadora de aniquilación contra los Red Sticks. La “inevitabilidad” de este trágico final es la lección central de la Guerra Creek.

El surgimiento y la forma de la sociedad Creek
Los Creek o la Confederación Muskogee en el siglo XIX, fue una comunidad que había evolucionado a lo largo de siglos desde el cambio político y hasta el colapso de la sociedad. Los Creeks eran un grupo de clanes que una vez habitaron un paisaje de grandes cacicazgos conocidos como las culturas Mississippianas. En el momento de la llegada de Hernando de Soto a principios del siglo XVI, estos cacicazgos habían disminuido ligeramente, pero todavía eran lo suficientemente vibrantes como para representar una barrera significativa a las incursiones españolas. El colapso de la población debido a la enfermedad y a los cambios de los factores políticos internos, condujeron a que estos jefes se dispersaran y luego, lentamente se convirtieran en confederaciones cuyos nombres se conocen hoy como: los Creeks, los Choctaw, los Chickasaws, los Cherokees y los Seminoles. La unidad de los Creeks en particular hasta la época de su guerra con los Estados Unidos, era a menudo precaria y llena de tensiones que emergieron a lo largo de las líneas geográficas y de clase.

Todas estas confederaciones o “tribus” compartieron una cosmovisión común que era sin duda un remanente de las grandiosas culturas Mississippianas. Dentro de las propias tribus, siempre había disputas entre el centro tribal y la periferia del pueblo. Los Creeks se dividieron en varios pueblos que a su vez se dividieron entre los “Creeks Inferiores” (que habitan el área a lo largo de los ríos Chattahoochee y Flint en lo que ahora es Georgia), y los “Creeks Superiores” (que habitan el área a lo largo de Coosa, Tallapoosa y los Ríos Alabama, y sus afluentes en lo que ahora es el estado de Alabama). Los Creeks Superiores eran de lejos el grupo más grande, superando en número a los Creeks Inferiores dos a uno (Green, 22).

Con el fin de describir lo que se conocería como la “Guerra Red Stick”, nos limitaremos a comentar tres aspectos esenciales de la cultura Creek: el parentesco matrilineal, la naturaleza de la agricultura Creek y la ceremonia Green Corn o Busk. En mi opinión, estos tres aspectos contribuyeron en gran medida al tradicionalismo Creek interpretado a través de la ideología militante del pan-indigenismo. La incapacidad de integrarse en la sociedad agrícola patriarcal campesina yeoman, es lo que llevó a los Creeks a defender su forma de vida, con recursos y actos de violencia sin precedentes.

El parentesco matrilineal y la naturaleza de la agricultura Creek, estaban estrechamente relacionados y definían la división esencial del trabajo entre hombres y mujeres. En el siguiente descenso matrilineal, todos los hijos nacidos de una mujer eran automáticamente miembros de su clan, sin ninguna relación formal con el clan del padre. El varón más importante en la vida de un niño Creek no era el padre, sino un miembro masculino del clan de la esposa, generalmente el tío materno más viejo. El descenso matrilineal permitió crear historias familiares comparativamente interesantes, en las que un miembro prominente de la tribu Creek, podría tener una gran cantidad de ascendencia europea, pero aun así, ser considerado completamente Creek por lo menos culturalmente. Por ejemplo, William Weatherford, o Hopinika Fulsahi (El que Hace Verdad), fue un líder clave de los Redsticks en su ataque contra Fort Mims, pero su bisabuelo, abuelo y padre eran europeos que se habían casado con mujeres Creeks. Los hijos nacidos de esas relaciones fueron criados por el clan de la madre, incluyendo William Weatherford (Shuck-Hall, 4). Sin embargo, el aumento de los matrimonios influyó en el parentesco matrilineal, ya que una nueva clase de métis o de “sangre mezclada”, empezó a asociarse cada vez más con las formas europeas (incluyendo el parentesco patrilineal), manteniendo el lenguaje Creek y ciertos aspectos de su cultura. Este fue un factor determinante en la decisión de llevar a cabo la masacre en Fort Mims, de la que hablaremos más adelante.

Estas relaciones de parentesco matrilineal también formaron el espacio doméstico y público dentro de las ciudades Creek. Los hombres dominaban la plaza del pueblo y la toma de decisiones, pero las mujeres eran consideradas las amantes del hogar y del corazón. Esta supremacía en el hogar, era demostrada en la ceremonia que tenía lugar en la primera mañana después del matrimonio de la mujer Creek, llamada el “asaamachi”. En esta ceremonia, la nueva esposa quemaría intencionadamente la primera comida de su esposo para demostrar que el hombre era el subordinado dentro de la relación, y que su descendencia sería miembro del clan de su esposa y no suya (ibid). De este modo, las mujeres podrían tener una gran influencia indirecta en la vida política Creek, como se creía que era el caso de William Weatherford, cuya tercera esposa se cree que influyó en su tradicionalismo militante. En general, el lugar del hombre era la ciudad (talwa), el bosque durante la caza, y el campo de batalla.

La agricultura desempeñó un papel importante en la sociedad y en la cosmología Creek, pero era casi de dominio exclusivo de las mujeres. Esta exclusividad se basaba en un tropo común de las tribus del sudeste, en donde el hombre era el “tomador de la vida”, y la mujer era la “dadora de la vida”. El parentesco matrilineal se cree fundado en gran parte, en la premisa de que las mujeres y los niños que habían pasado por tantos problemas para limpiar manchas en el bosque para cultivar con hachas de piedra y fuego, no debían llevarlos por un intruso masculino que estaba casado con el clan (Waselkov, 6). Así, la gente que hizo toda la labor agrícola fue la recompensada, con el hombre proporcionando carne de su caza y recibiendo a cambio el sustento del maíz y otros cultivos que el clan de su esposa cultivaba. Esto también significaba, que los hombres que manejaban los asuntos agrícolas eran culturalmente impensables, a excepción de un claro obligatorio del bosque donde la fuerza y las manos eran necesarias.

La fiesta principal del año Creek, como en muchas otras partes del sudeste, era el festival del Maíz Verde o del Busk, un festival en donde la cosecha era simultáneamente una purga de la orden expirada y una celebración de la nueva abundancia. En algunas aldeas, viejas macetas, utensilios y ropa fueron destruidas simbólicamente para representar la ruptura con un pasado caducado. En épocas posteriores, el uso de mercancías y de ropas europeas también fue prohibido en algunas ciudades durante el Busk. El fuego sagrado, de la aldea se extinguió y reavivó de cuatro a ocho días de ayuno de purificación y de atención moral. La deidad central en las culturas de los Mississippianos había sido el sol, y el fuego se consideraba su emisario. A lo largo del año, el incendio central de la ciudad de la que todos los incendios individuales se encendieron, podría contaminarse con actos de violencia, violación de tabúes sexuales y transgresiones similares (Martin, 39). Una vez extinguido el fuego antiguo y encendido el nuevo, los primeros frutos de la cosecha de maíz fueron “sacrificados” al nuevo fuego. El color simbólico del Busk era el blanco en contraste con el rojo, que era el color de la guerra. El Busk sólo podía tener lugar durante un tiempo de paz, ya que las ceremonias de guerra suplantaban al Busk, hasta que cesaran las hostilidades. Muchos de estos tropos culturales informarían al simbolismo de la renovación cultural Creek, que conduce a la Guerra Redstick de principios del siglo XIX.

En resumen, la sociedad Creek era una sociedad agrícola de subsistencia/caza y recolección basada en el parentesco matrilineal, informada por las presiones e influencia por el contacto europeo. Esta sociedad guardó muchas de las características de las culturas de los Mississippianos, como la mayoría de las culturas principales en el sureste. Los Creeks emergieron como una confederación perdida de pueblos que compartían ciertas características lingüísticas y ceremoniales. El aumento de la invasión europea traería acceso a los bienes comerciales que comprometieron el modo de vida Creek, provocando tensiones que irrumpirían en una guerra civil que se convertiría, en una guerra total contra los nacientes Estados Unidos de América.

La trampa comercial
La influencia europea no fue sentida fuertemente en el territorio Creek sino hasta finales del siglo XVII. Mientras que algunas mercancías comerciales llegaron para los españoles de Florida antes de ese tiempo, poca interacción directa ocurrió entre los pueblos que habitaron lo que ahora es Georgia, Alabama y el “mundo exterior”. Esto comenzó a cambiar con la fundación de la ciudad de Charleston en 1670. Mercancías tales como el vidrio, metales, perlas, y otros materiales hicieron lentamente su carrera en territorio Creek. Con la derrota de las tribus del norte y el aumento de la colonización europea, los Creeks se integraron en la economía regional y global. Con el fin de adquirir bienes europeos, podrían proporcionar dos cosas a cambio: esclavos y piel de venado.

La introducción de armas de fuego facilitó este comercio. La caza de ciervos, su captura y subyugación de esclavos en la guerra, ocurrieron antes de la conquista europea, pero no al nivel requerido por los mercados internacionales emergentes. Los europeos buscaban piel de venado para ropa, encuadernación y otros usos manufactureros, y era una de las principales exportaciones de las colonias. Los esclavos nativos capturados fueron utilizados como mano de obra para las plantaciones de tabaco en la costa, antes de la importación masiva de esclavos africanos. La caza y la guerra eran obligaciones del hombre en estas sociedades, y las armas de fuego aumentaron sus habilidades para hacer lo que habían hecho desde tiempo inmemorial. Por ejemplo, tribus como los Apalaches que no tenían acceso a las armas de fuego inglesas, se volvieron vulnerables a las redadas de esclavos de las tribus circundantes (Martin, 59). El aumento del comercio con los europeos dio lugar a una carrera armamentista entre tribus, donde las potencias europeas (Inglaterra, Francia y España), jugaron con las tribus, unas contra otras, para adquirir mejores términos de intercambio.

Gradualmente, los africanos reemplazaron a los pueblos nativos como en la primaria fuerza de trabajo en las plantaciones, y las poblaciones de ciervos disminuyeron como resultado de la caza excesiva. La sociedad Creek también experimentó cambios sustanciales. El arma de fuego se convirtió en el principal instrumento de guerra y la caza, y sólo podía obtenerse por el comercio. Los utensilios de cocina, la ropa y el alcohol también se convirtieron en necesidades que sólo el comercio con los europeos podría proporcionar. El alcohol era un vicio particularmente problemático que a menudo resultaba en que los nativos eran estafados por sus pieles de venado (Martin, 66). Puesto que los Creeks tenían que estar fuera en caza, por la mayor parte del año para adquirir bastantes pieles para el comercio, las mujeres fueron dejadas con los viejos y los niños para hacer funcionar la vida de sus propias aldeas. Caminando distancias más largas para adquirir pieles de ciervo significaba que, a menudo invadían los territorios de sus vecinos, llevando la guerra con los Choctaws y Cherokees, en particular. Esta “mala sangre” entre los Creeks y sus vecinos jugaría un papel sustancial en una estrategia de división y conquista que, subyugaría a las tribus del Sureste y las expulsaría de sus territorios.

En el siglo XVIII, los poderes europeos luchaban por influir en la región y, por lo tanto, a menudo “apagaron” a las tribus en su relación de patrocinio. Los Choctaws, por ejemplo, eran aliados de los franceses contra los ingleses, y los Creeks y Cherokees estaban en una relación de patrocinio con los ingleses contra los franceses y los españoles. El comercio de la piel de venado también trajo comerciantes europeos en la región que se casaron en la sociedad matrilineal Creek. Los descendientes de comerciantes ricos, a menudo se hicieron influyentes (a pesar del papel silenciado que los padres jugaban en el parentesco de los Creek). Los europeos también trajeron caballos y ganado a estas tierras, que se convirtieron en fuentes de riqueza y de molestias para las ciudades del arroyo. La presencia de los europeos y de su ganado, condujo a un conflicto en la sociedad Creek del siglo XIX: los llamados métis (mezcla de sangre), se asimilaron dentro de la sociedad de los Estados Unidos, basada en la familia nuclear europea y no en el sistema matrilineal del sistema del clan. Estas nuevas comunidades subsistían, e incluso prosperaban, practicando la agricultura comercial dependiente de esclavos y del ganado. La presencia de estos elementos extranjeros y mezclados en la sociedad Creek, sería una fuente importante de división que alimentaría los sentimientos nativistas de los Creeks.

El llamado de Tecumseh a la guerra spiritual
Después de la guerra francesa y de la India y la guerra revolucionaria de finales del siglo XVIII, la Confederación Creek se fue centralizando cada vez más en un Consejo Nacional Creek, con el poder de ciudades individuales que disminuían como resultado. La invasión se sentía especialmente con la creación de los Estados Unidos y en el estado de Georgia justo al lado de las tierras Creek. Los colonos blancos hambrientos de esa tierra comenzaron a anexarse al territorio que ellos consideraban subdesarrollado o descuidado desde que la agricultura de subsistencia Creek, dejó grandes extensiones de tierra “intactas” como el coto de caza para ciervos y otros juegos. Para la sociedad europea blanca, el desarrollo de la tierra para la agricultura y otros propósitos era la única manera legal de reclamar dominio sobre ella (Inskeep, 112). La creciente presencia de colonos blancos significaba para algunos que la asimilación a la nueva sociedad de los Estados Unidos era inevitable.

El nuevo presidente de los Estados Unidos, George Washington, designó a Benjamin Hawkins como el agente indio de los Estados Unidos para los Creeks en 1785. El rol que jugó Hawkins en la Confederación Creek, fue rápidamente convertido en el civilizador y consejero jefe de facto. Hawkins alentó la adopción de la cría de ganado, la agricultura comercial yeoman, y el cristianismo sobre la sociedad Creek, el objetivo era convertir a los transitorios cazadores guerreros en agricultores pacíficos que se dedicaran a sus parcelas y que pasaran sus tierras de padre a hijo. Lo que Hawkins trató de fomentar es lo que Joel Martin en su libro, Sacred Revolt, llamado la “Gaze of development” (92). Es decir, quería transformar el paisaje semi-salvaje Creek en algo más “productivo”, y por eso, la meta era frustrar las ambiciones de los colonos blancos para anexar la tierra y expulsar a los pueblos nativos. Por este proceso, serían asimilados en la civilización euro-americana y los no excluidos de ella.

Los esfuerzos de Hawkins tuvieron éxito en muchas ciudades, pero en estos experimentos hubo ganadores y perdedores. Los Creeks de sangre-mezclada que eran la progenie de las familias prominentes del plantador prosperaron a menudo, pues los clanes prestigiosos maniobraron para unirse con una clase superior rural de la sociedad de colonos. Otros Creeks tuvieron dificultades para entender las normas como la esclavitud, ya que adquirieron esclavos pero los utilizaron poco en el área de la agricultura comercial (Martin, 105). En ciertos casos, las ciudades Creek sirvieron como refugio para los esclavos fugitivos que fueron recibidos a menudo para la manufactura y habilidades agrícolas. Esto era una amenaza para la sociedad de los colonos blancos, donde la agricultura comercial se basaba en el trabajo de los esclavos. En general, la acumulación era ajena a la sociedad Creek fuera de la estructura de parentesco del clan, y Hawkins y otros “civilizadores” debían inculcar en las ideas de los arraigados ideas de ahorro y acumulación de riquezas, en lugar de la redistribución de la abundancia a través de las relaciones de clanes. (Martin, 108).

Dentro de esta tensa situación llegó Tecumseh y su hermano, el profeta Shawnee, Tenskwatawa. Es probable que ambos fueran parte Creek, y que habrían llegado del sur en 1811 para difundir su mensaje pan-indio de unidad con el fin de expulsar a los blancos y poner fin a la invasión de los Estados Unidos en tierras nativas tradicionales. En su recorrido por el Sur, se reunió al principio con una recepción fría, con el jefe Choctaw, Pushmataha, siguiéndolos a lo largo de su territorio tribal y exhortando a los pueblos que pasaran por alto sus discursos (Pushmataha es un gran amigo de los blancos) (Weir, 63). Tecumseh encontró una audiencia más receptiva a su mensaje profético tradicionalista entre los Creeks. Al mismo tiempo, Hawkins estaba tratando de convencer a los Creeks que permitieran una carretera a través de la tierra Creek que uniría los asentamientos en Tennessee al Golfo de México.
Los asentamientos blancos continuaron extendiéndose en los campos de caza Creek, haciendo la vida difícil para aquellos que se negaron a establecerse en el estilo de vida de granjero yeoman. Tecumseh agregó combustible al fuego avergonzando a los Creeks cuando él contrastó sus ocupaciones sedentarias del hilado y de la agricultura con la “independencia salvaje y temerosa de sus antepasados” (Martin, 122).
El avistamiento del Gran Cometa de 1811 coincidió exactamente con la visita de Tecumseh, que indicó a los descontentos Creeks que los mismos cielos estaban haciendo eco del mensaje de renovación de Tecumseh (Weir, 59).

Otro gran augurio, fue el Gran Terremoto de 1811, el cual se registró al mismo tiempo de la visita de Tecumseh por la colonizadora, Margaret Eades Austill, que había sido una niña en el momento de la Guerra Creek:
“Una noche después de un día temeroso, los nativos nos siguieron por millas [y] acampamos en un antiguo campo. En el momento en que se anunciaba la cena, se produjo un tremendo terremoto, los caballos se soltaron, las cadenas de los vagones resonaron y todo los palidecieron de temor y terror. Los nativos llegaron en gran número a nuestro alrededor, asustados y gruñendo sus oraciones, y la noche pasó aterrorizada por todos, pero al día siguiente, algunos de los nativos vinieron a nosotros y dijeron que Tecumseh estaba dando los pies para la guerra.” (Inskeep, 33-34)

Los líderes del movimiento anti-civilización Creek, pronto comenzaron a aparecer entre los “médicos” tradicionales, “fabricantes de medicina” y “conocedores”. Estos fueron conocidos como los “profetas” entre los Creeks combatientes. En 1812, estos profetas eran la principal oposición a los jefes, especialmente en las ciudades de Upper Creek, que estaban vigilando acciones militantes contra los colonos, a menudo azotando y matando a aquellos que tomaran acciones contra los invasores blancos. Esto estaban de acuerdo con uno de los esfuerzos primarios de los modernizadores de reemplazar la ley tradicional de venganza basada en el parentesco, con el estado de derecho basado en un gobierno tribal central. Los Cherokees, por ejemplo, abrazaron plenamente el nuevo sistema legal que prohibía la venganza del clan (Inskeep, 26). Los profetas Creek, por otra parte, encontraron una audiencia receptiva entre los que vieron que la invasión blanca violaba tanto la Tierra como a sus antepasados.
La venganza y la purificación. Así como la ceremonia del Nuevo Busk fue el tiempo sagrado cuando el fuego nuevo y el mundo mismo fueron purificados, así un Nuevo Busk estaba siendo preparado por el Hacedor de Aliento para purificar la tierra de la peste blanca. El símbolo de este nuevo movimiento se convirtió en el “Atassa”, el palo de guerra pintado de rojo; un arma que había caído en desuso a favor de los Tomahawks y las armas. Aquellos que buscan purificar la tierra de los europeos y toda su influencia serían conocidos por la historia como los “Red Sticks”.

La Guerra Primitiva Creek
La Guerra Creek o Red Stick de 1813-1814, fue una guerra civil que escaló a un conflicto que atrajo a los Estados Unidos. La guerra comenzó como una cruzada para exterminar a los traidores y enemigos internos dentro de la nación Creek. La primera gran batalla fue provocada por un ataque preventivo planeado por Thlucco, jefe de la ciudad de Tuckabatchee, quien a instancias de Hawkins decidió intentar cortar la rebelión Red Stick en pleno brote. El líder de la facción Red Stick, Hopoithle Miko, tomó Tuckabatchee después de ocho días de sitio, el 22 de julio de 1813, condujo a los tranquilos asimilacionistas Creeks a la ciudad. Joel Martin resume la importancia del número ocho en la cosmología Creek:
“El significado simbólico de este momento no se habría perdido en los Muskogees. Como un múltiplo del número cuatro, el número representaba las direcciones cardinales y toda la creación, el número ocho era sagrado. Además, ocho días era la duración normal del tiempo para realizar la poskita o la ceremonia de Busk en importantes terrenos, incluyendo Tuckabatchee. Finalmente, el número ocho se asoció con la “estrella” del chamán, Venus. Durante el tiempo de la conjunción inferior de Venus, el planeta deja su posición en el cielo de la mañana o de la tarde, desaparece durante nueve noches y ocho días, y luego reaparece en el cielo opuesto. Los chamanes consideran que este ciclo es emblemático a su propio paso hacia y desde los secretos reinos espirituales”. (131-132)

El conflicto no era pues, meramente político, sino también cosmológico y espiritual. Se consideró que era una restauración del cosmos de los Creek, el restablecimiento del orden ceremonial y social después de la interferencia de la civilización europea. Con este fin, los profetas exhortaron a la gente a renunciar a objetos materiales como la plata, el latón, el vidrio y las perlas, así como a las azadas, hachas y otros bienes que habían sido adquiridos en la “trampa comercial” mencionada anteriormente. Los guerreros recibieron instrucciones de depender menos de esas armas, y depender más del arco y flechas, menos instrumentos blancos de guerra y más de palos de guerra. Entre el símbolo más odiado de la civilización estaba el ganado, tanto que, hacia el final de la Guerra Creek, un observador informó que todos habían sido sacrificados y que “no había una pista de vaca o cerdo en tierras Creek.” (Holland Braun, 15) Incluso la agricultura fue descuidada, como Benjamin Hawkins observó cuando escribió en una carta: “Una cosa me sorprende, han descuidado totalmente sus cosechas y están destruyendo todas las comidas vivas… Están perseverando este modo de destrucción” (Martin, 142-143).

Estas prácticas también llevaron al abandono de las ciudades en conjunto a las comunidades restablecidas en los bosques. Muchas ceremonias de Busk incluyeron una “resalvajización” temporal de los hombres que pasaron cuatro días en el desierto purificándose a sí mismos. Los Red Sticks y sus familias optaron por regresar a los bosques y vivir en campamentos pequeños. Nuevos asentamientos fueron bautizados como Eccanachaca (“Tierra Santa”), en el río Alabama que fue elegido por sus atributos físicos y fue protegido por la poderosa magia de los profetas Red Stick. Los hombres cazaban y las mujeres volvían a la reunión intensiva sin acceso a sus cultivos regulares. Esta “peregrinación a los bosques” fue una preparación para la guerra, un retorno al mismo espacio que estaba siendo atacado por la civilización (ibid., 144).

El otro atributo de la restauración fue, como se podría suponer, el exterminio de aquellos que rechazaron el mensaje de los profetas del Red Stick. Joel Martin describe un ejemplo de la matanza de jefes pacíficos como un sacrificio ritual:
“En Coosa, los jefes amistosos, al parecer inconscientes de su peligro inminente, fueron dirigidos a sentarse por un grupo de profetas. Los profetas entonces rodearon y bailaron alrededor de los jefes. De repente, el principal profeta “dio un grito de guerra” y atacó, matando a tantos jefes como fuera posible con palos de guerra, arcos y flechas”. (129)

Este episodio es indicativo del primitivismo de los Red Sticks incluso en la guerra. A medida que se consideraba que el mundo natural y el Creador de Aliento, estaba en el proceso de purificación de la Tierra, los Red Stick creían que la magia de los profetas junto con sus palos, cuchillos, arcos y flechas, serían invencibles contra las armas blancas de guerra. Esto estaba en línea con las palabras de Tecumseh:
“Mata a los viejos jefes, amigos de la paz; Matar al ganado, a los cerdos y a las aves; No trabajen, destruyan las ruedas y los telares, tiren sus arados y todo lo que usan los americanos… Sacudan sus palos de guerra, sacúdanse a sí mismos: asustarán a los americanos, sus armas [de fuego] caerán de sus manos, la tierra se convertirá en un pantano, y los atorará, y ustedes pueden golpearlos en la cabeza con sus palos de la guerra…” (Waselkov, 78)

Como era de esperar, hubo aquellos entre los Red Sticks que fueron más pragmáticos y no excluyeron las armas de fuego modernas de su guerra para derrotar a los modernizadores traidores. Cabe señalar que estos acontecimientos fueron provocados en parte por la guerra de 1812, con el destino que los Estados Unidos colgaron en el balance. Fue esta situación geopolítica la que llevó la atención de los Red Sticks hacia el sur, para pedir armas de fuego desde la Florida española. Esto sería el catalizador para el sangriento episodio que traería a los Estados Unidos a la guerra, y más tarde a la extinción de la Confederación Creek a la extinción al este del río Mississippi.

La Masacre de Fort Mims como “resalvajización”
A pesar de las creencias de los profetas, una delegación Red Sticks se fue a Pensacola en la Florida española, para recibir pólvora, una cantidad de plomo y otros suministros (pero no armas como ellos esperaban). Los españoles suministraron a medias a los Red Sticks para frenar las invasiones estadounidenses en su territorio. Los colonos anglo-americanos se enteraron de esta caravana de suministros, y el 27 de julio de 1813, una milicia formada por colonos y mezclas de sangre de la zona de Tensaw (al norte de la actual Mobile), atacó a la delegación en la Batalla de Burnt Corn. Al principio, derrotados por el ataque provocado los Red Sticks se reunieron en los pantanos y expulsaron a la milicia. Lo que siguió fue dejar de lado el cálculo geopolítico a favor de la venganza clan tradicional. Los que habían sido agredidos por la emboscada tendrían que responder con sangre para vengar a sus parientes muertos. A eso se suma la percepción de los asentamientos de Tensaw y Bigbe como áreas de asentamiento anglo-americano, con presencia significativa de Creek de sangre mezclada. La decisión fue tomada rápidamente para destruir estos asentamientos con sus palos de guerra, y para purificar la tierra con fuego. El pensamiento ciertamente cruzó las mentes de los Red Sticks, de que un ataque a los asentamientos angloamericanos atraería a Estados Unidos a la guerra, trayendo consigo una potencial catástrofe. La lógica de la venganza de sangre Creek superó estos cálculos.

El objetivo específico era la plantación de Samuel Mims en el área de Tensaw, en qué ahora es Alabama del sur. Fort Mims (o el Fuete Mims), era una plantación fortificada en donde los blancos y Creeks de sangre mezclada se refugiaban para protegerse de las incursiones Red Stick. Cientos de Red Sticks comenzaron a llegar a los bosques alrededor del fuerte. El 29 de agosto de 1813, los esclavos comenzaron a reportar avistamientos de guerreros nativos en la zona. Sus informantes fueron despedidos y un esclavo fue incluso azotado por difundir falsos rumores. El 30 de agosto por la mañana temprano, cientos de Red Stick se desplazaron hacia el fuerte. Los profetas habían instruido a cuatro guerreros Red Sticks para que fueran a la fortaleza y mataran a los blancos usando solamente sus palos de guerra. Los profetas juraron que su magia protegería a estos guerreros y haría inofensivas las armas de fuego de los blancos. A las diez u once de la mañana, encabezados por los Red Sticks de sangre mezclada, William Weatherford y Peter McQueen, y alrededor de 750 Red Sticks corrían en silencio hacia el fuerte. Cuando finalmente los descubrieron, soltaron un grito de guerra y los cuatro guerreros se precipitaron en la puerta armados sólo con sus palos de guerra. Tres fueron asesinados casi instantáneamente por los rifles de los blancos, pero uno sobrevivió milagrosamente mientras se retiraba.

El resto de la mañana y temprano por la tarde, fue el tiempo de duración de la batalla entre los Red Sticks y los colonos blancos, con mucha burla atacaban por adelante y por detrás en la lengua Muskogee. Estaba lejos de la fácil victoria prometida por los profetas. En un momento, los profetas exhortaron a los Red Sticks a dejar sus armas de fuego y atacar sólo con sus palos de guerra, lo que los defensores les animaron con entusiasmo a hacer también. Como Howard Weir escribe en su libro “Paradise of Blood: The Creek War de 1813-1814”, el profeta Paddy Walsh, indicó que el fuerte caería en sus manos si él corriera alrededor de él tres veces, lo que fue capaz de hacer, a pesar de haber sido herido por los defensores (174). Nuevamente, algunos profetas se apresuraron a la fortaleza y comenzaron una danza de guerra, sólo para ser derribados por los defensores (ibid, 176). El liderazgo del ataque regresó rápidamente a los jefes de guerra una vez que la magia de los profetas fue considerada inútil en el campo de batalla.

Alrededor del mediodía, los Red Sticks se retiraron parcialmente y discutieron si debían cesar el ataque. Muchas fuentes indican aquí, que el propio Weatherford afirmó que lo que habían hecho era suficiente y que debían retirarse. Algunos dicen que fueron los esclavos liberados quienes exhortaron a los Red Sticks a acabar con el fuerte. Muchos historiadores rechazan esa explicación y afirman que fueron los mismos Red Sticks los que acordaron que deberían derrotar a los blancos y traidores Creeks, y quemar el asentamiento. En ese momento, Weatherford se retiró para rescatar a los esclavos en la plantación de relación. Alrededor de las 3 pm, el asalto final tuvo lugar. Los Red Sticks se apoderaron de los puertos de armas de los defensores, y comenzaron a incendiar los edificios con flechas en llamas. Tanto los defensores como los civiles salieron corriendo de los edificios para después ser sacrificados por los Red Sticks o siendo quemados vivos.

Lo que siguió fue una masacre de brutalidad excepcional, pero bien, de acuerdo con el ethos de la venganza Creek en la guerra.
Fue “un ejercicio de venganza y brutalidad” (Holland Braun, 21), una furia que se desencadenó contra aquellos que trataron de robar su tierra sagrada y destruir las creencias que fueron la base del cosmos Creek. O como Gregory Waselkov dijo: “Ahora, el resplandor purificador de la poskita (Busk), libraría a la nación de los apóstatas Creeks del Tensaw”. Los cueros cabelludos fueron tomados liberalmente, mientras que los Creeks puros fueron incitados a que salieron del fuerte. Los esclavos negros fueron de tomados y hechos prisioneros. Un esclavo comenzó a huir con un niño pequeño de un plantador, sólo para pensarlo mejor y volver con el niño a rendirse a los Red Sticks. El muchacho fue golpeado rápidamente y escalpado hasta la muerte mientras clamaba por su padre, y el esclavo fue llevado cautivo (Weir, 181).

Los Red Sticks eran meticulosos y excepcionalmente crueles en la masacre de los últimos habitantes de la fortaleza. Los niños fueron aplastados contra el suelo o sobre objetos duros, una vez escalpados, los supervivientes aún vivos fueron arrojados a los edificios en llamas. Algunos también informaron que “bajo la influencia de los Shawnees, entre ellos, y contrariamente a sus tradiciones, algunos de los Creeks cortaron las extremidades de los muertos, después se glorificaron corriendo alrededor de la fortaleza quemada, y agitaron esos trofeos espeluznantes sobre sus cabezas.” (Weir, 182)

Weir también escribió lo siguiente acerca de las desgracias de las mujeres de Fort Mims:
“Un destino especial estaba reservado para las mujeres. Los nativos las dejaron desnudas, escaldaban tanto la cabeza como las partes inferiores, luego violaron a algunas con barandas de cerco y mataron a todas como si fueran un juego de niños. Las desafortunadas que estaban embarazadas tenían sus vientres abiertos. El feto reluciente fue arrancado, el cordón todavía atado, y colocado, y la cría todavía viva, colocada cuidadosamente por el lado de la madre en horribles tablas – en el caso de los gemelos de la señora Summerlin, colocados en ambos lados de ella. La indomable Nancy Bailey tuvo un final similar. Cuando se le acercó un nativo que le preguntó quién era su familia, según se informó, señaló a un cadáver esparcido cerca y exclamó atrevidamente: “Soy la hermana del gran hombre que usted ha asesinado allí”. Con lo cual los nativos enfurecidos la golpearon en el suelo, abrieron su vientre, arrancaron sus intestinos y los arrojaron al suelo alrededor de ella.” (Ibid)

Lejos de ser actos de violencia brutal o extraordinaria, lo que ocurrió en Fort Mims estaba permitido dentro de la lógica cultural y espiritual de la cultura tradicional Creek. Como Sheri Shuck-Hall escribe en su artículo, “Understanding the Creek War y Redstick Nativism, 1812-1815”:
“Los Redsticks creyeron que los Creeks Métis habían matado a sus parientes en la Batalla del Maíz Quemado. Por lo tanto, la retribución del clan (a veces llamada ley de sangre), era la acción inmediata la cual debía tomarse. La represalia del clan o la venganza por la muerte de un miembro – ya sea accidental o no – era una institución social de larga data heredada de los antepasados de los Mississippianos de los Creeks. Los miembros del clan en estas circunstancias buscarían a los ofensores. Sobre la base de costumbres antiguas que existían antes del contacto con los europeos a su captura, los miembros del clan ataban a los prisioneros a un poste y los animaban a entonar una canción de guerra mientras eran torturados. Después de que los presos morían, los miembros del clan quitarían el cuero cabelludo y los cortarían en trozos. Luego ataron pedazos a ramitas de pino y las colocaron encima del techo de la casa del asesinado, cuya sangre habían vengado. Ellos creían que este acto aplacaba el alma del miembro del clan muerto. Los parientes entonces celebrarían durante tres días y noches. Otra tradición Creek en el siglo XVIII contra los enemigos no-Creek o traidores de los talwas, fue la muerte quemados.” (14-15)

Como un movimiento para regresar a los modos de vida tradicionales, los Creeks tuvieron que seguir sus tradiciones que exigían la muerte violenta de sus enemigos. Mientras que sucumbieron rápidamente al pragmatismo en el armamento, los miembros de clanes maltratados tuvieron que seguir la ley tradicional Creek en vengarse sobre los que habían matado a sus parientes, incluso si esas personas eran colonos anglo-americanos que habían sido previamente excluidos de hostilidades. Estas acciones no sólo continuaron con la purificación física de la tierra del ganado y de materiales europeos, sino que también constituyeron un ataque sangriento contra las actitudes civilizadas europeas en su interior. Esta excepcional ceremonia de Busk, purificó tanto el fuego sagrado de la aldea como la llama viva de la vida tradicional dentro de ella.

Tohopeka
Waselkov escribe sobre las consecuencias inmediatas de la masacre de Fort Mims:
“Durante dos meses, la nación Redstick estaría libre de la contaminante presencia de los estadounidenses y sus cómplices apóstatas Creeks. Todo el país de Upper Creek, de los Alabamas, Tallapoosas y Abekas, estaban en manos de los Redstick, unos 30 talwas con al menos 8.000 habitantes, de los cuales un cuarto moriría en el próximo conflicto”.

Las noticias de la masacre de Fort Mims se extendieron rápidamente en los Estados Unidos. Una gran indignación se extendió sobre la brutal masacre de más de 400 blancos a manos de nativos salvajes. Para algunos de varias regiones, era el pretexto que necesitaban para romper la Confederación Creek y finalmente tener acceso a los terrenos de caza que se consideraban tierras privilegiadas para los colonos. Los esfuerzos para organizar una milicia para ir por los Red Sticks fueron dirigidos por el Coronel (más tarde General) Andrew Jackson, y sus voluntarios de Tennessee. A esto se sumaron contingentes significativos de Cherokees y Choctaws, enemigos históricos de los Creeks, así como “Creeks amistosos” que se opusieron a los Red Sticks.

La guerra desde entonces fue generalmente unilateral a favor de las fuerzas estadounidenses. El ejército invasor en el territorio Creek siguió una política de tierra quemada que hizo que los Creeks huyeran de sus pueblos, antes de que fueran tomadas por las tropas invasoras. El principal obstáculo que Jackson enfrentó en su invasión, fue criar y alimentar a una milicia, y mantenerlos juntos el tiempo suficiente como para acabar con los Red Sticks en sus fortalezas. Los Creeks que huían, por otro lado, también se enfrentaban a la inanición y a ser buscados. A finales de 1813, había una búsqueda general entre las fuerzas aliadas para extinguir la amenaza de los Red Sticks, que estaban en la carrera y luchando por municiones que ya no podían reponer. Donde quiera que las fuerzas estadounidenses y sus aliados prevalecían, dejaban destrucción a su paso, haciendo eco de las atrocidades en Fort Mims, y de escaramuzas anteriores entre los Creeks y los colonos.

Una gran batalla fue la toma de Eccanachaca o “Tierra Santa” a finales de diciembre de 1813. Se creía que el profeta Josiah Francis había usado hechizos y encantamientos para colocar una línea mágica alrededor del perímetro, y cualquier enemigo que intentara cruzarlo caería muerto instantáneamente (Weir, 285). William Weatherford organizó la defensa, pero la ciudad fue rodeada rápidamente por la milicia y las fuerzas aliadas. Weatherford y sus Red Stick lucharon en una acción de retaguardia, permitiendo a la mayoría de los habitantes escapar por un agujero en la línea de los Estados Unidos, y Weatherford mismo escapó con su caballo saltando sobre un risco en el río Alabama, para luego nadar a salvo.

Al tomar el pueblo, los soldados fueron recibidos con una visión horrible. Se había dejado un largo palo en el suelo de donde colgaban centenares de cuero cabelludo, desde lo cabellos de niños hasta los cabellos grises de los ancianos. Estos fueron los trofeos que los Red Sticks tomaron de Fort Mims. La ciudad fue entonces saqueada y luego incendiada, al igual que gran parte del campo circundante en los días subsiguientes (ibid., 294).

Las escaramuzas y otras batallas ocurrieron hasta febrero de 1814, cuando la 39 infantería del ejército de Estados Unidos finalmente se unió con las fuerzas de Jackson, haciéndolas una fuerza de 5.000 hombres determinados y disciplinados. A partir de ahí, el objetivo era marchar sobre el asentamiento de Tohopeka en el río Tallapoosa. La Batalla de Tohopeka también se conoce como la Batalla de Horseshoe Bend, debido a la forma de herradura del asentamiento bordeado por el río. Había sido elegido por los Red Sticks porque no había sido habitada antes, (de acuerdo con su deseo de renovación social), así como su fortificación natural como una península. A esto, se suma un estrujamiento construido por los Red Sticks que agregó protección adicional al lugar. En el momento de la batalla, se cree que mil guerreros y 400 mujeres y niños habitaron la ciudad (Martin, 161).

Steve Inskeep en su libro, “Jacksonland: President Andrew Jackson, Cherokee Chief John Ross and the Great American Land Grab”, comenta la ironía de la creación de una fortificación de este tipo en el contexto de la Guerra Creek. Inskeep lo señala cómo uno de los mayores éxitos contra los blancos, llegando militarmente a la guerra de guerrillas y concentrando sus fuerzas en un asentamiento fortificado, como lo habían hecho los blancos en Fort Mims, fue en última instancia suicida. Inskeep escribe:
“Estos determinados tradicionalistas rompieron con la tradición. Posiblemente con la esperanza de proteger a las mujeres y a los niños de los jinetes blancos, realizaron una imitación fatal del arte de la guerra del hombre blanco. Si se enfrentan a una fuerza superior, estarían atrapados para una masacre casi idéntica como los colonos blancos en Fort Mims.”

El 27 de marzo de 1814, mil quinientas tropas anglo-americanas con quinientos aliados Cherokee y cientos de Creeks “amistosos” atacaron Tohopeka, en lo que sería la derrota decisiva de los Red Sticks en la Guerra Creek. A pesar del fuerte, los desesperados Red Sticks ya no disponían de municiones y luchaban en su mayoría con arcos y flechas, así como con hachas de guerra y palos de guerra. Sin embargo, al principio defendieron su ciudad, luchando por la posibilidad de defenderse del enemigo hasta el anochecer, y escapar en canoa bajo la sombra de la oscuridad, viviendo así para luchar otro día.

Podría decirse que el golpe decisivo en la batalla fue dado por los aliados Cherokee de Jackson. Jackson bombardeó a los que defendían Tohopeka hasta que los guerreros Cherokee, ansiosos de golpear a sus enemigos ancestrales, se sumergieron en el río y nadaron a través de él, robando las canoas de los Red Sticks y usándolas ellos mismos para cruzar el río, creando así un ataque desde la parte trasera (Holland Braun, 133). Esto también hizo un escape imposible de la península para los Red Sticks así como para sus mujeres y sus niños. La apertura de una nueva línea de ataque, hizo que las fuerzas Red Stick se dividieran, lo que permitió una apertura para las tropas de Jackson entre el rio y la ciudad, donde la matanza contra los Red Sticks rápidamente comenzó.

Weir describe el “trabajo de destrucción” contra Tohopeka:
“Incluso Jackson estaba impresionado: ‘La carnicería fue terrible’, escribió… No sólo fue la destrucción rápida de manera apocalíptica, sino que duró cinco horas o más hasta el anochecer, y, en algunas partes de Horseshoe, hasta las 10:00 PM. La fiebre de la sangre infectó a las tropas como un virus. Como en Tallushatchee, pero en una escala más vasta, desagradable, los americanos y sus aliados nativos no dieron cuartel y los Creeks, supuestamente no tuvieron compasión con ninguno.” (418)

Los Red Sticks tratando de huir fueron sorprendidos mientras trataban de nadar lejos, o fueron cazados en los bosques circundantes. Esta sería la última gran batalla en la Guerra Creek. De la batalla de Burnt Corn en Tohopeka, unos 1.800 a 1.900 guerreros Creek murieron, según estimaciones, el cuarenta por ciento de la población masculina, junto con cientos de mujeres y niños (Martin, 163). Aquellas mujeres y niños no muertos en Tohopeka fueron hechos esclavos de los Cherokees. Y así se realizó la predicción de Benjamin Hawkins antes de la guerra sobre el destino de los Red Sticks:
“Os amedrentaréis unos a otros con el poder de vuestros profetas para hacer truenos, terremotos y hundir la tierra. Estas cosas no pueden asustar a los soldados estadounidenses… El trueno de sus cañones, sus rifles y sus espadas será más terribles que las obras de tus profetas” (Martin, 131).

Había solamente un puñado de supervivientes de Tohopeka, pero muchos centenares huyeron al sur para juntarse con los Seminoles en su lucha contra la invasión europea. Otros continuaron la guerra de guerrillas aislados en tierra tradicional Creek. Algunos pudieron hacer las paces con Jackson y sus fuerzas. El caso más famoso entre éstos, fue William Weatherford, uno de los autores del ataque contra el Fuerte Mims, que famosamente entró en el campamento de Jackson para entregarse, seguro de su propia ejecución. Jackson le reconoció por la valentía de este acto, y Weatherford se dedicó a convencer a los restantes Red Stick para que dejaran sus armas. El 9 de agosto de 1814, los Creeks fueron forzados a firmar el Tratado de Fort Jackson que cedió 23 millones de acres de tierra Creek a los Estados Unidos, que dio lugar a la pérdida de todas sus tenencias en Georgia y muchas en la Alabama central. Los leales Creeks se opusieron a esta tremenda pérdida de tierra, aunque Jackson explicó que la tierra era un pago a los Estados Unidos por procesar su guerra interna contra los Red Sticks.

Esto fue sólo el comienzo de la verdadera intención de Jackson de expulsar a todas las tribus del sureste de los Estados Unidos, conduciéndolas al oeste del río Mississippi. Cuando Andrew Jackson se hizo presidente en 1829, él pasó sus años en la oficina que abogaba por una política nativa del retiro, que hizo una realidad en 1838 con el principio del Sendero de las Lágrimas: la expulsión de las “tribus civilizadas” de sus patrias ancestrales en el Sudeste. Un prominente líder Cherokee, Junaluska, había salvado la vida de Jackson durante la Batalla de Tohopeka cuando tropezó con un Red Stick cautivo que se liberó de sus guardias e intentó apuñalar al general. Junaluska vivió para ver el día en que el hombre que había salvado, expulsó a su propio pueblo de sus tierras. Se rumorea que dijo: “Si hubiera sabido que Jackson nos expulsaría de nuestras casas, yo lo habría matado ese día en Horseshoe”. Al no escuchar el llamado de Tecumseh de unirse bajo la bandera del pan-indigenismo, las tribus del Sudeste cayeron juntas.

Sin embargo, no todo estaba perdido. Incluso cuando el sangre mezclada ex-Red Stick, William Weatherford, fue rebautizado en la sabiduría blanca como “Águila Roja”, el salvaje renuente que fue a la guerra y se oponían a los excesos Red Stick, no podía sacudir de sí la formación espiritual recibida del clan de su madre. En un viaje de caza en 1824, Weatherford vio un ciervo de cola blanca que había sido asesinado. La escena movió profundamente a Weatherford, que regresó a su casa y le dijo a su familia que un miembro de su grupo de caza pronto iría a cazar en la tierra espiritual de sus antepasados. Al día siguiente, William Weatherford murió. Incluso en la derrota, las creencias Creek seguían siendo fuertes en aquellos que habían luchado tan valientemente para defenderlas. (Shuck-Hall, 11)

Cuando llegó el momento de que los propios Creeks caminaran por el Sendero de las Lágrimas en el exilio, aun así el fuego de los Busk no se extinguió. Como escribe Martin, la gente de Tuckabatchee y otras ciudades llevaban un arca con carbones del fuego sagrado de los Busk para encenderse cada día de su viaje, así como las placas de latón antiguas también usadas en la ceremonia. Cuando finalmente llegaron a Oklahoma, enterraron los platos en el centro de su asentamiento y encendieron el fuego usando los carbones sagrados para que pudiera continuar quemándose en su nuevo hogar. (168)

Lecciones de la Guerra Creek
Un autor describe la Guerra Creek y la masacre de la fortaleza Mims en particular, como momentos de la cuenca que condujeron al desastre para todas las tribus del sudeste:
“Este evento [Fort Mims] destruyó toda posibilidad de buenas relaciones con los blancos en el territorio del Mississippi. Inmediatamente, hubo una demanda universal para la remoción de todos los nativos del sur. De no haber sido por la desastrosa masacre, es posible que los Creeks y otros nativos del sur hubiesen permanecido en el Sudeste, donde más fácilmente habrían sido asimilados por la sociedad blanca. Ciertamente, nunca podrían haber tenido la totalidad o incluso la mayor parte de sus tierras. Debe recordarse que estos nativos del sur han sido asimilados en gran medida en Oklahoma, una continuación del proceso iniciado antes de la remoción… Fort Mims debe ser visto más como una catástrofe para los nativos, cuando se considera que una gran parte de la lucha fue entre facciones pro-blancas y anti-blancas de la propia Nación Creek” (Holland Braund, 16-17)

Aquí no es el lugar para tomar tales contra-declaraciones en serio. Por otro lado, no podemos descartar la importancia que tuvo la Guerra Creek en el proceso que resultó en la eliminación de todas las tribus nativas de lo que ahora es el Sudeste de los Estados Unidos. La insurgencia Red Stick fue uno de los intentos más grandes e importantes para resistir a la invasión de la civilización estadounidense en tierras nativas. También fue una de las más sangrientas, matando a cientos de colonos y pueblos nativos en dramáticos actos de barbarie. Sin embargo, en su raíz estaba la imposibilidad de un compromiso entre dos culturas con respecto a la tierra, el parentesco y la creencia religiosa. El compromiso del Creek con la tierra previó a las parcelas agrícolas de subsistencias tendidas por las mujeres y los niños con el desierto extenso en que los hombres cazaron ciervos, y el proveer carne. Esta fue la base de su sistema de parentesco matrilineal, así como sus creencias religiosas vinculadas a la cosecha y la limpieza periódica de “salvajismo” en sus campamentos sedentarios. La agricultura comercial Yeoman basada en el arado y el ganado, simplemente no podía coexistir con ese modo de vida. La modernización requirió la transformación de la tierra misma, invadió sus campos y destruyó el desierto. La Guerra Red Stick fue así, una defensa de la tierra y sus antepasados, así como un repudio de la cultura material que socavó sus creencias y prácticas tradicionales.

Junto con esta ”resalvajización” como los Creeks la entendieron, era la “resalvajización” de la cultura, una resistencia a la introducción de la civilización occidental y el gobierno, así como la imposición de una ley extranjera. La insurgencia Red Stick fue provocada por el intento del Consejo Nacional Creek de reprimir las acciones de guerreros “rebeldes” que atacaban a colonos blancos, ejecutándolos a menudo de maneras que no estaban de acuerdo con la costumbre Creek. Los Creeks “amistosos” intentaron dirigir a su nación entre sus propias tradiciones y el uso de la tierra; y la codicia de los colonos que vieron la tierra Creek como subutilizada y, por tanto, el objeto de la conquista. Muchos están de acuerdo con el autor al principio de esta sección que dice que los “Creeks” civilizados habrían tenido éxito si no hubiera sido por los “guerreros” Creek. Ese sentimiento, sin embargo, parece indicar la ignorancia de la cultura Creek en sí mismo, así como la disposición de los colonos blancos a usurpar la tierra por cualquier medio necesario.

El único camino que dejó a los Creeks tradicionales fue un camino destructivo, un camino que trataron de evitar al principio excluyendo a los blancos de su guerra. Su guerra era contra los “traidores”, los que vigilaban a sus compañeros guerreros a instancias de Benjamin Hawkins, su manejador blanco. Era ingenuo tratar de compartimentar su guerra, ya que la emboscada en Burnt Corn exigía venganza por los muertos de acuerdo con su recién descubierta ley tradicionalista. El Fuerte Mims tuvo entonces que caer en un anatema de estilo bíblico, donde la fuerza maligna de la civilización europea fue purgada de la tierra por el fuego. Sólo así, se apaciguarían los espíritus de sus muertos. Esta misma suerte caería sobre ellos en Tohopeka, un asentamiento “resalvajizado” que fue el último gran lugar de los Red Sticks contra las armas de la civilización moderna. Aquí vemos un ejemplo de un tropo que consistentemente acompañó al “salvaje” en las muchas guerras contra la civilización dentro de lo que ahora es Estados Unidos: a menudo no se inician por razones de “liberación”, o para defender “derechos” abstractos, son más bien el producto de la venganza, una venganza exigida por su propia ley y modo de vida. Sin una restauración violenta después de la perturbación de su orden social, no hubieran podido ser las personas que siempre habían sido.

Una contra-declaración de, “y si”, se debe tratar aquí pues, se centra alrededor de Tecumseh y sus profetas. ¿Y si hubiera persuadido a otras tribus a unirse a los Red Sticks en una rebelión pan-india contra usurpaciones de tierras de Estados Unidos? ¿Y si los Cherokees y Choctaws hubieran dejado de lado su propia necesidad de venganza y se hubieran unido a los Red Sticks, en lugar de ver la guerra de los Estados Unidos contra ellos como una oportunidad para exigir su propia venganza contra un antiguo enemigo? ¿Qué pasaría si los Red Sticks hubieran construido un ejército tan bien armado y organizado como las fuerzas estadounidenses y hubieran derrotado a los blancos en Tohopeka o en una batalla similar? Aquí recuerdo un pasaje que el escritor eco-extremista Chahta-Ima escribió en su ensayo “Salvar al mundo como la más alta forma de domesticación”, con respecto a otra guerra nativa contra la civilización:
“Pero quizás, incluso entonces, los fines no justifican los medios. O más bien, los “fines” son realmente los “medios” proyectados y amplificados en una conclusión monstruosa y lógica. Incluso si los jefes Apaches hubieran reclutado a todos los guerreros y los hubieran obligado a luchar, incluso si algunos de los guerreros no se hubieran escapado y se hubieran convertido en buscadores de su propio pueblo para el ejército blanco, pocos años más, no lo hubieran hecho como Apaches, o como la gente que siempre fueron. Aquí sería algo semejante a “para salvar la ciudad, tuvimos que destruirla”. O mejor, para evitar que la ciudad fuera plantada en la tierra de los Apaches, tenían que convertirse en la ciudad reforzada de los civilizados. Y sabían lo que eso significaba: la esclavitud de una forma u otra. Aceptaron las consecuencias de su negativa, aunque tuvieran dudas al respecto”.

En el caso de los Red Sticks, “enterrar el hacha” y comprometerse con tribus enemigas y los “Creeks amigables” en su propio medio simplemente no era posible. La idea misma de hacer esto habría significado ponerse en la mente del “civilizador” y habría socavado sus tradiciones por completo. Lo mismo habría ocurrido con los Choctaws y los Cherokees que los mataron: iban en guerra por sus propias razones y la ejecutaban según su propia lógica. Es discutible en la guerra que, para derrotar al enemigo, uno debe llegar a ser como el enemigo, pero ese razonamiento va lejos. Los Red Sticks querían mantener su vida de pueblos autónomos con vastos desiertos entre ellos, así como las costumbres localizadas y los lazos de parentesco dictaban. Para derrotar a los Creeks civilizadores y a sus patrones euro-americanos, habrían tenido que destruir ese orden y convertirse en algo suficientemente grande y organizado para derrotar a la civilización.

Aquí llegamos al aspecto trágico de este episodio en la historia. Así como el verdadero agente de una tragedia clásica no es el héroe ni ninguno de los actores, sino el propio Destino, por lo que el agente real en la Guerra Creek fue la propia tierra Creek. Esa tierra estaba siendo atacada por los blancos y su ganado (que fueron erradicados por los Red Sticks), y cualquier compromiso con los traidores dentro y los blancos sin él habría sido un rechazo del Hacedor de Aliento, y sus antepasados. Allí estaban, parafraseando a Martín Lutero, y no podían hacer otra cosa. Su tierra y los antepasados que habían vivido en ella exigieron sangre, y en el Fuerte Mims, los Red Stick se la dieron. Aunque tenían una vaga esperanza de que la magia de los profetas los salvarían, no tardaron mucho en darse cuenta de que esto no ocurriría. Lo único que les quedaba por hacer era aceptar las consecuencias: la muerte de sus guerreros, la esclavitud de los cautivos y vivir para luchar otro día por los que pudieran huir.

El ojo eco-extremista puede contemplar esta antigua tierra Creek, ahora pavimentada con caminos y cubierta de edificios, arada de campos y contaminada con residuos industriales, y ver cuánto hemos perdido. Nuestra civilización tecno-industrial moderna se construye en los cementerios de los Red Sticks y otros miles sin nombre que murieron resistiendo a la civilización. Ya no hablamos el idioma de la tierra, y no podemos valorarla como lo hicieron, pero sabemos su historia, y eso significa algo para aquellos de nosotros que amamos esta tierra tal como lo hicieron los antiguos. El ímpetu de la guerra eco-extremista en un lugar como este, no sería de recuerdos y de tradiciones de un pueblo resonante, silenciado por la pólvora y la bayoneta. El ímpetu nuestro sería haber perdido a esa gente y mucho más. Y el agente no serían las leyes y creencias nativas cuyo origen nadie recuerda, sino un desagrado visceral en una cultura fría e insensible donde la relación entre las personas ha sido reemplazada por una relación entre cosas artificiales.

Aquellos que comparten este disgusto han surgido como guerreros solitarios y trágicos en una lucha a muerte contra la civilización. Al igual que los Red Sticks, estos guerreros en las sombras no pueden reunirse en masa para que no se conviertan en otro objetivo u otro engranaje en el sistema de domesticación y artificialidad. Se comunican de forma desordenada, observan sus espaldas, se dan cuenta de que no hay “lugar seguro” para esconderse. Ellos serán atrapados, serán encarcelados, y los matarán tarde o temprano. Pero la única alternativa sería renunciar a ese resplandor de la humanidad que los Red Sticks, los Chichimecas, los Selk’nam y la Gente de las Flechas del Amazonas tenían ante el Leviathan. La mayoría de nosotros aceptará el compromiso, pero pocos, unos preciosos pocos, se están dando cuenta de que no pueden hacer eso, y están luchando en consecuencia. Pueden morir y ser olvidados, pero nuevos guerreros astutos tomarán su lugar, ya que al final, ésta no es nuestra guerra, sino la guerra de la naturaleza salvaje, de la tierra y los mares, de los vientos y las estrellas, de todas las cosas que la civilización busca borrar y controlar. Esas son las cosas que darán valor a la generación de la generación de guerreros, así como dio valor a los Red Sticks, hasta que la civilización misma sea borrada por el polvo cósmico del tiempo.

Trabajos citados:

Green, Michael D.; Porter III, Frank W. general editor. The Creeks. New York : Chelsea House, 1990.

Holland Braun, Kathryn E. (ed.) Tohopeka: Rethinking the Creek War and the War of 1812. Tuscaloosa: University of Alabama Press, 2012.

Inskeep, Steve. Jacksonland: President Andrew Jackson, Cherokee Chief John Ross and the Great American Land Grab. New York: Penguin Press, 2015.

Martin, Joel. Sacred Revolt: The Muskogees’ Struggle for a New World. Boston: Beacon Press, 1991.

Shuck-Hall, Sheri M. “Understanding the Creek War and Redstick Nativism, 1812-1815”. Retrieved online: http://www.univ-brest.fr/digitalAssetsUBO/9/9118_UNDERSTANDING_THE_CREEK_WAR.pdf

Waselkov, Gregory A. A conquering spirit: Fort Mims and the Redstick War of 1813-1814. Tuscaloosa: University of Alabama Press, 2006.

Weir, Howard T. III. A Paradise of Blood: The Creek War of 1813-1814. Yardley: Westholme Publishing, 2016.

Theodore Kaczynski: Revolución anti-tecnología: por qué y cómo, Una evaluación crítica

Tomado de Revista Ajajema N° 7


Por: -S.

“La principal diferencia entre lo que Kaczynski y sus acólitos proponen y nuestra propia posición es bastante simple: nosotros no esperamos una “Gran Crisis Mundial” para comenzar a atacar las estructuras físicas y morales del Sistema tecno-industrial. Atacamos ahora porque el futuro es incierto.”
-Reacción salvaje, Políticamente incorrectos: Una entrevista con Reacción Salvaje

Introducción
En septiembre de 2016 Ted Kaczynski lanzó su más ambicioso ensayo con respecto a la comúnmente aludida “revolución contra el sistema tecnológico”, en el documento Revolución Anti-Tec: Porqué y Cómo
(AR). Un texto de más de 200 páginas dedicado exclusivamente a temas en torno a la acción revolucionaria contra el sistema tecnológico. Los lectores familiarizados con el trabajo de Kaczynski sabrán que esta noción de revolución contra el sistema tecnológico ha sido durante mucho tiempo un elemento importante en el pensamiento de Kaczynski. Esta idea aparece por primera vez en un llamado a la destrucción completa de la civilización industrial en el primer comunicado del Freedom Club para el San Francisco Examiner en 1985 y continuará apareciendo en todo el trabajo de Kaczynski. Por ejemplo, las famosas líneas aquí de La Sociedad Industrial y su Futuro (ISAIF) en 1995:
“Por eso abogamos por una revolución contra el sistema industrial. Esta revolución puede o no hacer uso de la violencia; Puede ser repentina o puede ser un proceso relativamente gradual que abarque algunas décadas.”
Sin embargo, a pesar de ser un elemento tan importante de su pensamiento, un análisis más exhaustivo de los problemas que rodean a tal revolución ha estado ausente en gran parte de su obra fuera de los ensayos cortos en ISAIF y textos dispersos como “La revolución que viene” o “Golpear Donde Duele ”, por nombrar algunos de los más pertinentes. Parece que este libro es el intento de Kaczynski de expandir un elemento central, aunque un poco subdesarrollado de su pensamiento. A modo de breve resumen, el libro se divide en dos partes correspondientes a los dos puntos de interés indicados en el subtítulo, tanto por qué Kaczynski ve una revolución contra el sistema tecno-industrial como la única respuesta plausible a los “peligros principales que nos acechan”, así como sugerencias “de gran importancia estratégica” sobre cómo se podría preparar y emprender tal revolución.
Vale la pena señalar que, a pesar de ser un tratamiento ampliado de los problemas relacionados con la acción revolucionaria contra el sistema tecnológico, gran parte del contenido de AR no se puede considerar particularmente impactante para cualquiera que esté familiarizado con el trabajo más amplio de Kaczynski; No hay mucho aquí que sea tan nuevo desde un punto de vista teórico. Muchos de los elementos centrales presentados en este texto podrían ser reunidos a partir de ensayos y letras dispersas en la Esclavitud Tecnológica por un lector cuidadoso con un poco de síntesis de los comentarios hechos a través de las piezas incluidas. A un nivel fundamental, la base teórica de Kaczynski sigue siendo lo que siempre ha sido, mientras que la mayor parte del texto está dedicado a ofrecer un apoyo ampliado para esa base a través de un mayor recurso al registro histórico y argumentos más rigurosamente delineados. La excepción a esto es la incursión de Kaczynski en una teoría del colapso en el segundo capítulo.
Antes de realizar un examen más detallado del texto, pondré mis propias cartas ideológicas sobre la mesa, por así decirlo. Cabe señalar que gran parte de lo que discuto con AR se relaciona principalmente con mi afinidad por los eco-extremistas. Desde las diversas críticas a Kaczynski que han sido presentadas por ITS y Reacción Salvaje, a destacar el momento actual como lo más controversial (y el escepticismo relacionado con respecto a los futuros hipotéticos) y otros puntos. Valoro mucho a los eco-extremistas por sus contribuciones al pensamiento anti-civilización. Señalar también que gran parte de los trabajos sobre estas críticas están disponibles con más detalle en otros lugares, por lo que no dedicaré demasiado espacio a los matices de todos los puntos planteados por los eco-extremistas, excepto cuando sean especialmente pertinentes al contenido de AR. Habiendo dicho todo esto, el producto final de Kaczynski sigue siendo un tratamiento sistemático e imparcial de un problema que ha llegado a constituir un elemento central de su pensamiento. Por lo tanto, AR tiene un papel importante en los postulados de Kaczynski, así como para cualquier persona interesada en los matices de los pensamientos de Kaczynski sobre la acción revolucionaria contra el sistema tecnológico, a pesar de lo que podría ser mi propia desconfianza por el tipo de pensamiento revolucionario que caracteriza a la obra.

I. El desarrollo de una sociedad nunca podrá estar sujeto a un control humano racional
Kaczynski abre el primer capítulo del texto con una exploración de la tesis de que las sociedades complejas nunca podrán ser controladas racionalmente. Esto es una duplicación y expansión de la crítica de las soluciones reformistas a los problemas del sistema tecnológico que se presentó por primera vez en ISAIF en las secciones tituladas “Algunos principios de la historia” y “La sociedad industrial-tecnológica no puede ser reformada” (párrafos 99-113). El enfoque principal de estas dos secciones en ISAIF es ilustrar que “la gente no elige consciente y racionalmente la forma de su sociedad. Las sociedades se desarrollan a través de procesos de evolución social que no están bajo el control humano racional (“Esclavitud tecnológica ” p.68). La tesis principal del primer capítulo de AR es esencialmente la misma que la ofrecida en las secciones mencionadas de ISAIF.
La diferencia entre los dos textos es en gran parte los argumentos de apoyo que Kaczynski proporciona para la tesis. Mientras que la tesis en ISAIF se basa en una deducción lógica de una serie de premisas anteriores, en AR se presupone en gran medida, y la mayor parte del ensayo está dedicado a ejemplos históricos donde se muestra que se sostienen en los acontecimientos del mundo real. Kaczynski tira de una vasta faena de registros históricos para ilustrar la tendencia (en este punto, algo así como un tópico común entre cualquiera que se encuentre a sí mismo proveniente de casi cualquier posición anti-civilización) de que los planes para el control racional de las sociedades a gran escala rara vez resultan como se esperaba. “En efecto, el fracaso es la norma” (AR, p. 7). Además de esto, Kaczynski también ofrece una serie de hipótesis cada vez más inverosímiles contra los que buscan probar la fuerza de la tesis. Incluso continúa con esto en el primer apéndice, “En Apoyo al Capítulo Uno”, que consiste en más de los mismos experimentos de pensamiento hipotético (de nuevo, cada uno más absurdo que el anterior, en caso de que no estuvieran convencidos). Como era de esperar, Kaczynski se ocupa de cada contrapunto, lo que demuestra que, incluso concediendo una plétora de escenarios cada vez más inverosímiles, el control racional de las sociedades complejas permanece fuera del alcance del control humano e incluso no humano (por ejemplo, la aplicación incompleta de algo como el teorema de Godel para mostrar la imposibilidad de cualquier sistema de totalización, para la crítica del control no humano de la trayectoria de una sociedad). La imagen que nos queda de nuestra compleja sociedad tecnológica es análoga a una nave sin nadie al mando. Excepto que es peor que eso; esta es una nave que es tan masiva y complicada que ninguna persona, o colectivo de personas a bordo, sabe lo suficiente acerca de ella como para poder dirigirla conscientemente, ni lo podrían hacer de una manera realista. Es una imagen de un gigante histórico sin precedentes frente a nosotros que nos ha encontrado totalmente indefensos.
De nuevo, nada de esto es algo que Kaczynski no haya dicho de una forma u otra a lo largo de su trabajo. A pesar de eso, este texto más reciente, que pretende ampliar la imposibilidad del control racional y resaltar la verdad del concepto a través de una gran cantidad de ejemplos históricos, es admirable. En muchos sentidos, no hay demasiado que decir sobre este capítulo, ya que no tengo ningún desacuerdo importante con la tesis y estoy en gran medida de acuerdo con las conclusiones. Al final del día, sería difícil encontrar demasiado para quejarse, en relación con el análisis aquí expuesto.

II. Por qué el sistema tecnológico se destruirá a sí mismo
Como se señaló en la introducción, este capítulo contiene algunas de las únicas nuevas exploraciones teóricas del presente trabajo. El capítulo está dedicado a exponer la necesidad de la auto-aniquilación del sistema tecnológico. A modo de contexto teórico: con respecto a la perspectiva de colapso del sistema tecnológico, en el tratamiento de Kaczynski para con los telos de la sociedad tecnológica en el pasado ha admitido que sus trayectorias no están bajo el control de los seres humanos (ver comentario en el capítulo I), pero ha dudado en hacer afirmaciones firmes sobre la necesidad del colapso. En este capítulo, sin embargo, pasa mucho tiempo intentando dar una base teórica rigurosamente delineada para tendencias y procesos estructurales en el corazón de las sociedades complejas, y especialmente las sociedades tecnológicamente avanzadas, que necesariamente las llevan al colapso.
La mayor parte de las exploraciones teóricas tienen lugar en la sección II del capítulo. Es allí donde expone en términos generales y abstractos la estructura formal de la teoría. Para desarrollar esta teoría, se enfoca principalmente en lo que él ha denominado “sistemas de auto-propagación”. Este concepto es parte integral de sus exploraciones aquí y describe estos sistemas como cualquier “sistema que tiende a promover su propia supervivencia y propagación” (AR, pág. 42). Kaczynski ofrece ejemplos de sistemas de auto-propagación que van desde organismos biológicos individuales hasta grupos de organismos biológicos, que naturalmente incluirían grupos de seres humanos. Las sociedades humanas complejas, como la sociedad tecnológica moderna, son entonces un subconjunto de esta categoría de sistemas de auto-propagación. Siguiendo esta definición aproximada, Kaczynski dedica el resto de la sección II a describir un conjunto de siete proposiciones con respecto a las características estructurales de los sistemas de auto-propagación y, por extensión, las sociedades complejas, que componen el contenido formal de su teoría del colapso. Kaczynski también recurrirá a estas proposiciones en la sección III y IV para ilustrar cómo los eventos que vemos en la sociedad moderna, así como lo que él ve como el resultado necesario, siguen la dinámica estructural que se describe en su teoría. Esencialmente, estas siete proposiciones constituyen el núcleo de la teoría en abstracto y repito
aquí para el lector:
1. En cualquier entorno que sea lo suficientemente rico, surgirán sistemas de auto-propagación, y la selección natural conducirá a la evolución de los sistemas de auto-propagación con medios cada vez más complejos, sutiles y sofisticados para sobrevivir y propagarse.
2. En el corto plazo, la selección natural favorece los sistemas de auto-propagación que persiguen su propia ventaja a corto plazo con poca o ninguna consideración por las consecuencias a largo plazo.
3. Los subsistemas de auto-propagación de un súper sistema dado tienden a depender del súpersistema y de las condiciones específicas que prevalecen dentro del súpersistema.
4. Los problemas de transporte y comunicación imponen un límite al tamaño de la región geográfica sobre la cual un sistema de auto-propagación puede extender sus operaciones.
5. El límite más importante y el único consistente en el tamaño de las regiones geográficas sobre las cuales los grupos humanos auto-propagados extienden sus operaciones es el límite impuesto por los medios disponibles de transporte y comunicación. En otras palabras, si bien no todos los grupos humanos que se propagan a sí mismos tienden a extender sus operaciones a una región de tamaño máximo, la selección natural tiende a producir algunos grupos humanos que se propagan a sí mismos que operan en regiones que se acercan al tamaño máximo permitido por los medios de transporte y comunicación disponibles.
6. En los tiempos modernos, la selección natural tiende a producir algunos grupos humanos auto- propagados cuyas operaciones abarcan todo el globo. Además, incluso si los seres humanos son reemplazados algún día por máquinas u otras entidades, la selección natural todavía tenderá a producir algunos sistemas de auto-propagación cuyas operaciones también abarcaran todo el mundo.
7. Mientras que los problemas actuales del transporte y comunicación no constituyen limitaciones efectivas en el tamaño de las regiones geográficas sobre las que operan los sistemas de auto- propagación, la selección natural tiende a crear un mundo en el que el poder se concentra principalmente en la posesión de un número relativamente pequeño de sistemas de auto- propagación global.
Kaczynski intenta establecer argumentos a favor de la verdad de cada proposición ofrecida en la sección II, o como dice, para demostrar que tenemos pruebas suficientes para creer que son al menos razonablemente exactas. Como afirmaciones abstractas sobre alguna tendencia de los sistemas de auto-ayuda, y más tarde sobre sociedades complejas (al menos a la luz de una serie de suposiciones), no muchas de las proposiciones parecen demasiado problemáticas. No parece que valga la pena gastar ni el tiempo ni la cordura dedicarse a un enfoque excesivamente miope en las minucias de cada proposición. A los fines de este ensayo es suficiente permitir que las proposiciones se mantengan a pesar de lo que pueden ser algunas deficiencias en sus respectivas formulaciones. También hace todo lo posible para demostrar que cada proposición subsiguiente se puede inferir lógicamente de la anterior, como es característico de la forma en que generalmente trabaja. Puede que haya abandonado su trabajo en matemáticas avanzadas hace mucho tiempo, pero su pensamiento todavía está muy guiado por la rigidez formal de un matemático. En lo que a esto respecta, la formulación en la sección II no es inmune a las punzadas, como los lectores reflexivos pueden haber notado al examinar las siete proposiciones enumeradas anteriormente. A pesar de sus mejores esfuerzos, las conexiones que intenta hacer a menudo parecen tensas y la sección parece saltar de un punto a otro, y los vínculos parecen más intentos ad hoc para dar a la teoría cierto sentido de seguridad lógica. La presentación carece de la sistemática habitual con la que Kaczynski a menudo presenta su trabajo.
Me parece que los problemas de esta sección son parte de un problema mayor con el capítulo en general. Ese problema no implica esta o aquella proposición o incluso conexiones cuestionables entre ellas; Aunque como se señala pueden ser criticados. Más bien, en mi opinión, el problema radica en las sobre-extensiones que Kaczynski hace con respecto a las conclusiones que busca derivar de este capítulo. Las sospechadas conexiones entre las proposiciones y la falta general de fluidez con que se presenta la teoría parecen salir de un capítulo que busca postular más allá de lo que se puede garantizar. Kaczynski es sincero sobre el hecho de que, en este capítulo, y específicamente con el trabajo en la sección II, esta argumentando “que existe un proceso” por el cual las sociedades tecnológicamente avanzadas se autodestruyen inevitablemente y que él va a esbozar una teoría de cómo funciona este proceso. Desafortunadamente, simplemente no creo que el capítulo cumpla con esa promesa ni que sea un caso sólido para demostrar la inminente condena de la sociedad tecnológica, por mucho que Kaczynski quiera protestar lo contrario.
Observé en las secciones introductorias de este ensayo que muchos de mis desacuerdos con el texto provienen de mis acuerdos con las críticas y perspectivas expuestas por los eco-extremistas en muchos de estos temas, y este es uno de esos ejemplos. No creo que el caso que Kaczynski esta tratando de exponer aquí pueda hacerse sin entrar en grados de especulación que hacen que este tipo de emprendimientos intelectuales carezcan de sentido. Teniendo en cuenta esto, el hecho de no poder predecir de forma convincente el futuro de nuestra sociedad o de cualquier otra tecnológicamente avanzada no me sorprende. La idea de la inevitable autodestrucción de la civilización tecnoindustrial, y especialmente la idea de que se va a esbozar una teoría que la describa —aplicada a todas las sociedades tecnológicamente avanzadas en todos los lugares y en todo momento— es algo que simplemente no puede hacerse sin escapar hacia el reino de los delirios revolucionarios.
Lo que es especialmente interesante es que la imposibilidad de esto es algo que, de manera realista, debería estar implícito en algunas de las exploraciones del capítulo I, es decir, la imposibilidad del control racional de las sociedades complejas. Una de las razones importantes (ciertamente no la única) por la que tal control es imposible se relaciona con los límites del conocimiento humano, específicamente el tipo de problemas de conocimiento que dan origen a los cuerpos de las matemáticas como la teoría de sistemas dinámicos, lo que suele llamarse coloquialmente “caos y la teoría de la complejidad”. La cantidad y el tipo de variables en juego en un sistema como nuestra sociedad tecnológica moderna significa que estamos tratando con un sistema que se comporta de acuerdo con las descripciones delineadas por la teoría de sistemas dinámicos (piensen en algo como los sistemas climáticos y la dificultad de hacer predicciones meteorológicas a largo plazo). En tales sistemas, los pronósticos a largo plazo se vuelven imposibles debido a la complejidad y las tendencias de comportamiento del sistema involucrado. En este caso, esta imposibilidad se aplica a los supuestos progresistas/reformistas sobre el desarrollo planificado de las sociedades, pero también a los tipos de conclusiones que Kaczynski quiere hacer aquí en el capítulo II (y veremos que las repercusiones lógicas del capítulo I tienen consecuencias para el resto del libro y la planificación revolucionaria de sillón involucrada más adelante). La complejidad del sistema con el que estamos tratando es tal que este tipo de teorización sobre posibles futuros es simplemente imposible de lograr sin aventurarnos en una mera especulación. Por lo tanto, en última instancia, nos encontramos en un punto muerto dada la imposibilidad de decir algo sobre las perspectivas de colapso. Pero, como ha sido demostrado por algunos, existe algo llamado “primitivismo sin catástrofe”, y los eco-extremistas han demostrado cómo.
Al final del día, Kaczynski simplemente ha tomado el dinamismo, la complejidad y el poder de nuestra sociedad moderna y entrelazado una interpretación que los entiende como las semillas de su propia destrucción inminente, ajustándose convenientemente a la arquitectura de su praxis revolucionaria. Pero su conclusión no es de ninguna manera algo dado. Implica una serie de saltos teóricos en áreas en las que posiblemente no podemos hablar con buena conciencia intelectual. A pesar de toda esta especulación, también se podría teorizar que el mismo dinamismo de la sociedad moderna que Kaczynski ve como su inevitable ruina también podría considerarse como su mayor poder de autoconservación. Esta línea de pensamiento caracteriza a los eco-modernistas, por ejemplo. La respuesta a preguntas como estas, si vamos a ser honestos con nosotros mismos, es que simplemente no se sabe. Por lo tanto, solo nos queda esto: el futuro es incierto, y de lo único que realmente podemos estar seguros es del presente. La catástrofe puede venir, o puede que no, pero si lo hace, es posible que resulte ser simplemente la piedra de afilar de la civilización, no el mesías de los teóricos anti-civilización. Pero incluso si esto es cierto, los eco-extremistas han demostrado que esto no es causa de quietismo. Mejor un realismo firme y una resolución guerrera que las comodidades milenarias de los sueños revolucionarios. Termino esta sección con las palabras pertinentes de Reacción Salvaje:

“Personalmente, no sabemos cuánto durarán las estructuras que apoyan a la civilización en su camino decadente. Podemos leer mucho sobre varias teorías existentes, pero aún quedaremos esperando el año profético designado en el que tal vez todo termine. Pero, de cualquier manera, todo lo aprendido son solo teorías. El aquí y el ahora denota todo lo malo. . . Como individualistas, hemos decidido tomar el resto de nuestras vidas en nuestras propias manos y no esperar a que ocurra la crisis. ¿Por qué? Porque ya lo estamos viviendo. No quiero esperar porque la Naturaleza nos alienta a devolver los golpes que ha recibido”.
-Políticamente incorrecto:
Una entrevista con Reacción Salvaje

III. Como Transformar una Sociedad: Errores a Evitar
Con la conclusión de los capítulos I y II Kaczynski cambia el enfoque en sus explicaciones sobre porque ve una revolución anti-tecnológica como una respuesta necesaria al sistema tecnológico hacia como uno debe abordar tal revolución. Las conclusiones posteriores son desarrolladas en este capítulo y también en el capítulo IV. Más específicamente, y el título del capítulo aquí es un poco confuso, el capítulo III está dedicado a delinear una serie de reglas generales y abstractas que Kaczynski considera integrales para el éxito de cualquier movimiento revolucionario, sea o no anti-tecnológico. Al delinear estas reglas Kaczynski comienza, como suele hacer, presentando una serie de postulados a partir de los cuales busca derivar las reglas previamente mencionadas. Esta primera sección del capítulo III presenta los mencionados postulados, repetidos aquí para el lector.
1. No puedes cambiar una sociedad persiguiendo metas que son vagas o abstractas. Necesitas tener una meta clara y concreta. Tal como lo dice un experimentado activista; “Objetivos vagos o demasiado generales rara vez son alcanzados. La clave es concebir un desarrollo específico que inevitablemente impulsará a tu comunidad hacia la dirección que quieres ir”.
2. Solo predicar -la mera defensa de ideas- no puede generar cambios importantes, de larga duración en el comportamiento de los seres humanos, a menos que ocurra en una minoría muy pequeña.
3. Cualquier movimiento radical tiende a atraer mucha gente que puede ser sincera, pero cuyas metas están solo vagamente relacionadas con las metas del movimiento. El resultado es que las metas originales de ese movimiento pueden nublarse, o incluso pervertirse por completo.
4. Todo movimiento radical que adquiere un gran poder se corrompe, en ultima instancia, cuando sus líderes originales (refiriéndose a aquellos que se unieron al movimiento cuando aún era relativamente débil) están muertos o inactivos políticamente. Al decir que un movimiento se corrompe, queremos decir que sus miembros, y especialmente sus lideres, buscan como objetivo primario las ventajas personales (tales como dinero, estatus social, oficinas poderosas, o una carrera) en lugar de dedicarse sinceramente a los ideales del movimiento.
En base a estos postulados Kaczynski deriva posteriormente una serie de cinco reglas que van de la manera siguiente:
1. Para poder cambiar una sociedad de una forma especificada, un movimiento debe seleccionar un objetivo concreto, único, claro y simple cuya realización produzca el cambio deseado.
2. Si un movimiento apunta a cambiar una sociedad, entonces el objetivo seleccionado por el movimiento debe ser de una naturaleza tal, que una vez que el objetivo haya sido alcanzado, sus consecuencias sean irreversibles. Esto significa que, una vez que la sociedad ha sido transformada mediante la concreción del objetivo, la sociedad permanecerá en su condición transformada sin más esfuerzos por parte del movimiento o de cualquiera.
3. Una vez que se ha seleccionado un objetivo, es necesario persuadir a alguna pequeña minoría a comprometerse con el cumplimiento del objetivo por medios más potentes que mera predica o defensa de ideas. En otras palabras, la minoría deberá organizarse en pos de la acción práctica.
4. A fin de mantenerse con fe en la concreción del objetivo, un movimiento radical debe divisar métodos para excluir de sus filas a todas las personas inadecuadas que busquen unirse.
5. Una vez que un movimiento revolucionario se ha convertido en lo suficientemente poderoso como para alcanzar su objetivo, debe alcanzar su objetivo lo antes posible, y prioritariamente antes de que los revolucionarios originales (refiriéndose a aquellos que se unieron al movimiento cuando aún era relativamente débil) mueran o se vuelvan inactivos políticamente.
Para lograr esto, gran parte del soporte viene nuevamente de recurrir al registro histórico, citando un número de instancias mediante las cuales él busca evidenciar que la veracidad de cualquier postulado o regla dada puede demostrarse en algún evento histórico. En un intento por demostrar la importancia de adherir a estas reglas, el autor cita un número de instancias en las cuales fallar en este sentido ha llevado a complicaciones o catástrofes para los movimientos involucrados. En cualquier caso, el músculo de la teoría aquí es en ultima instancia la lista de arriba con las reglas para un movimiento revolucionario. Declaramos en las notas introductorias a este ensayo que a lo largo del texto, gran parte de la teoría de Kaczynski espeja su trabajo anterior mientras que la mayor parte del texto es dedicada a expandir el apoyo a esta base. Esto es cierto también para el capítulo III y creo que los lectores familiarizados con las obras de Kaczynski reconocerán nuevamente los temas presentados aquí de viejas obras tales como La sociedad industrial y su futuro, El truco más ingenioso del sistema, La revolución que viene y Golpear donde duele, los cuales cuentan todos con secciones dedicadas a preocupaciones más estratégicas para la acción revolucionaria en contra de la sociedad tecnológica.
Admitiré que en un primer momento este capítulo es fácil de aceptar si uno se permite ser barrido de forma acrítica por la corriente de pensamiento de Kaczynski. Muchos de los postulados de Kaczynski parecen ser al menos intuitivamente plausibles a la luz de la experiencia cotidiana o a la luz de un conocimiento general sobre la historia, y sus derivaciones de las reglas en base a estos postulados son coherentes y se leen como extensiones naturales de los postulados. Su recurso al registro histórico para apuntalar sus postulados y reglas es característicamente riguroso, igualando el trato detallado del capítulo 1. El resultado es un capítulo del que muchos podrían fácilmente salir convencidos, y de hecho muchos han salido de reflexiones similares convencidos por esta linea de pensamiento. Uno solo necesita buscar el trabajo de Último Reducto (UR de aquí en adelante) o de los Indomitistas para obtener ejemplos de grupos e individuos que han seguido el pensamiento de Kaczynski al pie de la letra. Es fácil se arrastrado por los movimientos de la teorización revolucionaria de sillón de Kaczynski y perder de vista el hecho de que mucho de todo esto se mantiene completamente en el terreno de la especulación, soñado en el reino de pura teoría en una celda de Colorado. Es, de seguro, similar a la forma en la que los físicos hablarán acerca de verse cautivados por la belleza y la elegancia de las teorías matemáticas, llegando a estar tan embelesados con esa elegancia que creen que esas teorías deben ser expresiones de la verdad. Pero la realidad nunca se ha visto obligada a conformarse con lo que deseamos de ella, y esto no es menos cierto para la teorización de Kaczynski de aquí, de lo que lo es para aquellos físicos en busca de los escasos rastros de la teoría de las cuerdas en el entramado de la realidad.
No estoy simplemente siendo superficial. Hay legítimas críticas que se pueden realizar a lo que se expone en este capítulo si decidimos abordar este estilo de teorizaciones de sillón. Para desarrollar un único aspecto, hay una contradicción bastante obvia entre el planeamiento revolucionario planteado en este capítulo y las conclusiones alcanzadas en el capítulo I que esencialmente prohíben tal tipo de planeamiento. Si recuerdan, observamos que las consecuencias lógicas del capítulo I no solo se aplican para los planificadores progresistas/reformistas buscando encausar la sociedad hacia su trayectoria deseada, sino también para quienes buscan alterarla mediante la acción revolucionaria. Esto es así debido a la imposibilidad de hacer predicciones a largo plazo, las mismas predicciones de las que dependería un plan revolucionario con el fin de actuar en concordancia con su boceto. Ciertamente, uno podría intentar hacer la reglas lo suficientemente generales como para ser aplicables en un amplio rango de situaciones, pero en ese punto una regla tan abstracta guarda poca relación con las particularidades concretas de los eventos reales. Para ser justos, Kaczynski sí aclara a lo largo del capítulo III que estas reglas no pueden siempre “…ser tomadas como leyes rígidas…” (AR, p.119) dadas las dificultades que ya discutimos respecto a la previsión de situaciones del mundo real a las que se enfrentaría tal movimiento revolucionario, pero acabamos de aclarar por qué eso no lo soluciona. Esta contradicción entre capítulos no es la única crítica que uno podría hacerle a este capítulo. Por ejemplo, el intento de Kaczynski de derivar axiomas ahistóricos de lo que son eventos históricamente contingentes hacen que su recurso al registro histórico baje sus postulados y reglas al nivel de dudosas en el mejor de los casos, al menos desde una perspectiva de un abordaje más meticulosamente historicista. El mismo problema ocurre en el capítulo IV.
Quizás algunos podrían decir que este enfoque de lo que ha hecho Kaczynski aquí es demasiado “derrotista”, o “pesimista”, etc. Quizás algunos digan que es apresuradamente desdeñoso a pesar de que hayamos señalado numerosas preocupaciones legítimas. Algunas de estas mismas etiquetas han sido lanzadas a ITS y Reacción Salvaje por UR y otros cuando expresaron una saludable dosis de escepticismo con respecto de este mismo tipo de teorización revolucionaria. Esta es la misma gente que solo ofrece una ingenua esperanza frente a estas criticas, redoblando la ingenuidad revolucionaria de Kaczynski en lugar de quitar el velo de sus propios delirios esperanzados y aceptar el mundo tal cual es. Pero al final del día sigue siendo cierto, como dijo Reacción Salvaje en su respuesta a UR y otros respecto a estos mismo asuntos, que muchos de los fundamentos para tal revolución en contra del sistema tecnológico siguen “…tod(as) al aire”:

“Así que, en conclusión a este punto, la base estratégica para la ‘gran revolución’, es la suposición, el ‘quizás’, el ‘esperemos que’, el ‘podría ser’, el ‘a lo mejor’, el ‘depende’, es decir, nada concreto, todo al aire. Eso nos hace recordar lo que decía un popular comediante mexicano en sus shows: ‘Puede que sí, puede que no, pero lo más seguro es que quien sabe.'”
– Reacción Salvaje | Algunas respuestas sobre el presente y NO del futuro

IV. Pautas Estratégicas para un Movimiento Anti-Tecnología
Mientras que el capítulo III aborda los asuntos estratégicos circundantes a una revolución anti-tecnológica en términos más abstractos, intentando destilar las reglas más cruciales para un movimiento revolucionario exitoso, el enfoque del capítulo IV asume una perspectiva más amplia y levemente más “bajada a tierra” respecto al programa revolucionario de Kaczynski. Kaczynski cubre mucho terreno en este capítulo tratando con numerosos asuntos que atañen a los caminos que un movimiento revolucionario debe o no debe tomar. Para aquellos familiarizados con la historia de las revoluciones comunistas, gran parte del programa que ofrece aquí es esencialmente tomando de la reflexiones de figuras clave en el canon del pensamiento Marxista revolucionario. Lenin, Trotsky, Mao, y Castro son grandes influencias, por ejemplo. En cualquier caso, mucho de aquello ha sido reestructurado acorde a los lineamientos de la particular marca de Neo-Ludismo de Kaczynski. Esta confianza en la Revolución Rusa y las revoluciones comunistas posteriores no es sorpresiva ni novedosa. Las revoluciones Rusa y Francesa han sido desde hace tiempo fuente de inspiración para las reflexiones de Kaczynski acerca de la acción revolucionaria, y el alcance de las revoluciones comunistas posteriores al ascenso de los Bolcheviques en 1917 hacen de la revolución Rusa y sus revoluciones cercanas una fuente obvia de interés e inspiración para aquellos con predicciones revolucionarias.
Con respecto a un análisis crítico de este capítulo, hay varias críticas que uno podría formular que ofreceré aquí. La primera y más obvia de estas críticas se relaciona en primer lugar al tipo de teorización revolucionaria que está haciendo Kaczynski y el grado en el que gran parte de todo esto tiene lugar en el reino de la especulación pura. Hay muchas instancias a lo largo del capítulo IV que siguen la misma predilección respecto a la planeación revolucionaria ofrecida en el capítulo III, aveces apareciendo como esfuerzos por concretar sus pautas formales. Estos abordajes entonces reflejan obviamente aquellos del capítulo anterior, y son por consecuencia objeto de las mismas críticas respecto a la planeación revolucionaria ofrecida en la sección anterior de este ensayo. Por esa razón sería redundante volver a exponer esas críticas aquí. En otros puntos, una crítica adicional se enfrenta a los paralelismos que Kaczynski intenta trazar a menudo mediante su constante recurso a varias revoluciones comunistas, tanto al nivel de las ideas que busca tomar de sus respectivos teóricos y su uso de estas revoluciones para justificar la viabilidad de su particular marca de revolución anti-tecnológica. No soy el primero en señalar algunos de estos problemas. Tanto ITS como Reacción Salvaje han realizado detalladas críticas del recurso de Kaczynski a las revoluciones Francesa y Rusa en varios comunicados (los más detallados se encuentran en la primer etapa de comunicados de ITS y en varias publicaciones de Reacción Salvaje) que han hecho bien en mostrar las muchas formas en las que los planteamientos de Kaczynski respecto a una revolución global en contra del sistema tecnológico se encuentran en el reino de la fantasía. Ni la revolución Rusa ni la Francesa, ni ninguna otra revolución excepto por la revolución industrial misma, ha extendido su alcance a lo largo y ancho del globo, tal como ellos han observado. Simplemente no existen comparaciones análogas.
También hay una crítica relacionada y más metodológica a la que aludí brevemente en la sección anterior; la cual es, Kaczynski tiene una tendencia consistente a tomar cosas del pasado sin considerar el contexto histórico de los eventos de los cuales él busca extraer conocimiento. Por ejemplo, en el capítulo anterior Kaczynski recurre constantemente a eventos históricos para demostrar que un número de sus postulados y reglas pueden derivarse de la historia, ignorando por completo cualquier análisis del contexto histórico en el que esos eventos se desarrollaron y las diferencias entre un contexto histórico dado y nuestro contexto contemporáneo. Nuestra moderna sociedad tecnológica no es la Rusia de Lenin o Trotsky, la China de Mao, la Cuba de Castro, etc. Hay vastas diferencias en los entramados materiales, sociales e ideológicos entre nuestra situación contemporánea y estas eras históricas, las cuales proveen tenues correlaciones en todos los casos pero de las formas más generales. Como observé en la sección anterior, él sí tiene momentos de honestidad en los que admite que recurrir a la historia no siempre dará lecciones que podamos trasladar con facilidad en todos los casos desde un período histórico hacia el presente. Pero también discutimos allí el porque esto no resulta exactamente útil. Para volver a aclararlo, si las lecciones derivadas son lo suficientemente generales como para aplicarse a un rango de situaciones lo suficientemente amplio, es también probable que sean prácticamente inútiles en cualquier situación concreta. Las abstracciones de una regla general son a menudo de poca ayuda frente a la complejidad de cualquier situación de la vida real.
Los puntos previamente mencionados son ciertamente problemas muy reales con respecto a la integridad teórica de los abordajes de Kaczynski aquí en el capítulo IV, pero no son el principal problema que he tenido con este capítulo. Lo que yo personalmente considero como el elemento más odioso del capítulo se relaciona con el recurso constante de Kaczynski a su especulativa “crisis futura” como un elemento clave de su praxis revolucionaria. El rol mesiánico de la catástrofe para la revolución anti-tecnológica de Kaczynski se vuelve cada ves más obvio a lo largo del capítulo, a tal punto que se hace cuestionable si el programa de Kaczynski puede manejar algo como un “ataque sin catástrofe”, para ofrecer un giro al “Primitivismo sin Catástrofe” de Abe Cabrera. Como dice Reacción Salvaje en una cita previa, en tanto que gran parte de la reacción significativa en contra del sistema tecnológico siga girando en torno a una crisis especulativa, esta a todos los efectos, “…todo al aire…” Mis rechazos aquí se ensamblan una ves más con las críticas eco-extremistas, y en este caso con una especialmente central con respecto al rechazo eco-extremista de la “revolución” como forma válida de “reacción” contra el sistema tecnológico, y el envolvente Leviatán de civilización y domesticación en sí mismo. Desde los primeros comunicados de ITS en 2011 ellos han persistido en un enfoque centrado en el presente como el único sitio apto para el ataque. En el primer comunicado de ITS luego de la voluntaria disolución de Reacción Salvaje, ellos declararon lo siguiente respecto a este punto: “NO QUEREMOS, ni buscamos, ni nos hace falta, ni nos interesa trabajar por una ‘revolución’, desechamos ese término y ese fin inexistente, atacamos en el presente porque es lo único que hay”. A lo largo de la totalidad de este ensayo hemos esbozado críticas al pensamiento revolucionario de Kaczynski, y sería redundante reiterar esas críticas aquí, en tanto que la mayoría del análisis previo sigue siendo relevante. Hemos cubierto la imposibilidad de hablar en buena fe acerca de las perspectivas de catástrofe; hemos hablado acerca de los errores de la planeación revolucionaria, etc. Huelga decir que a la luz de los análisis precedentes no veo razón alguna para hacer concesiones aquí tampoco. Kaczynski y compañía pueden sentarse a esperar por el mesías del colapso antes de devolver el golpe en nombre de la Naturaleza Salvaje, pero la marcha de la civilización continúa manipulando todo aquello que es natural y salvaje a su voluntad o destruyendo todo lo que no se adapta. A lo que nos enfrentamos es un presente que demanda que actuemos en el aquí y ahora. Para cerrar, permitiré que Reacción Salvaje exprese, en sus propias palabras, este “ataque sin catástrofe”:
Lo salvaje no puede esperar más, la civilización se expande indiscriminadamente a costa de todo lo natural. De nuestra parte no nos quedaremos de brazos cruzados, mirando pasivamente como el humano moderno despedaza la Tierra en busca de sus minerales, como la sepulta con toneladas de concreto, o como atraviesan cerros enteros en la construcción de túneles. Estamos en guerra contra la civilización y el progreso, quienes lo perfeccionan y quienes lo avalan con su pasividad, ¡Quien sea!” – Individualistas tendiendo a lo salvaje | De, El Séptimo Comunicado de ITS

Conclusión:
¿Que queda por decir de la última obra de Kaczynski entonces? Observé en la introducción que dentro del contexto del corpus de Kaczynski este texto ocupa un lugar importante como un abordaje enfocado y sistemático de sus pensamientos al respecto de la acción revolucionaria en contra del sistema tecnológico. Como un punto puramente académico con respecto a la obra completa de un pensador, sostengo esta declaración. También apunto brevemente la raíz de mis desacuerdos desde una perspectiva eco-extremista y he intentado, a través de los análisis anteriores, delinear más precisamente su contenido. Y es a partir de esta perspectiva personal que encuentro gran parte de este texto simplemente inaceptable, como he intentando también articular a lo largo del análisis previo. Es en base a esta perspectiva que afirmo el rechazo eco-extremista a los delirios revolucionarios. Afirmo el enfoque eco-extremista del presente como el único sitio apto para el ataque. Afirmo la resuelta honestidad eco-extremista frente a este terrible presente. Afirmo la guerrera resolución eco-extremista de pelear sin considerar el conocimiento de que la guerra puede llegar a ser suicida, y otros puntos de la perspectiva eco-extremista. Estas son posturas que son simplemente irreconciliables con las de Kaczynski. Que así sea. Ciertamente habrá aquellos sin los oídos para escucharlo. Habrá aquellos que tachen estos rechazos de nihilistas, derrotistas, pesimistas, etc. Habrá aquellos que cambien la honestidad por el confort de la ingenuidad revolucionaria. Que así sea también. Supongo que lo único que se les puede decir a aquellos es, “Buena suerte, creo”. Pero para mi, y para otros a quienes les resuena este llamado, lo que Kaczynski ofrece es algo con lo que simplemente no podemos consentir. Finalizo esta conclusión y este ensayo con una expresión del espíritu de los eco-extremistas de la Editorial de la cuarta publicación de la Revista Regresión:

“La realidad muchas veces nos presenta un escenario muy derrotista, muy pesimista, aun así, asumir ese realismo y aceptarlo tal y como es, (aunque cause un conflicto mental) es necesario para tirar por la borda esa venda de los ojos que nos ha cegado desde hace tiempo, esa venda llamada utopía. Muchos han criticado a Individualidades tendiendo a lo salvaje, a Reacción Salvaje y a otros grupos que han desechado la idea de un “mejor” mañana, que declaran que no esperan nada positivo de toda esta guerra, y que desprecian la esperanza. La gente siempre va a querer oír lo que les conviene, y no la Realidad. El individualista eco-extremista es realista y pesimista a la vez, no escucha la alegre cantaleta de los pueriles optimistas, porque para él, el presente que vive está lleno de realidades sombrías, las cuales hay que enfrentarlas con fortaleza, defendiéndose de ellas con uñas y dientes.”
– Reacción Salvaje

(en) Children of Ted

Interesante artículo sobre la trayectoria del teórico J. Jacobi, pero sobre todo, el texto recorre los pensamientos primitivistas primarios, pasando por el anti-industrialismo de Ted Kaczynski y la teoría eco-extremista de ITS.

Pronto en español.

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Children of Ted: Two decades after his last deadly act of ecoterrorism, the Unabomber has become an unlikely prophet to a new generation of acolytes.

11 diciembre 2018

When John Jacobi stepped to the altar of his Pentecostal church and the gift of tongues seized him, his mother heard prophecies — just a child and already blessed, she said. Someday, surely, her angelic blond boy would bring a light to the world, and maybe she wasn’t wrong. His quest began early. When he was 5, the Alabama child-welfare workers decided that his mother’s boyfriend — a drug dealer named Rock who had a red carpet leading to his trailer and plaster lions standing guard at the door — wasn’t providing a suitable environment for John and his sisters and little brother. Before they knew it, they were living with their father, an Army officer stationed in Fayetteville, North Carolina. But two years later, when he was posted to Iraq, the social workers shipped the kids back to Alabama, where they stayed until their mother hanged herself from a tree in the yard. John was 14. In the tumultuous years that followed, he lost his faith, wrote mournful poems, took an interest in news reports about a lively new protest movement called Occupy Wall Street, and ran away from the home of the latest relative who’d taken him in — just for a night, but that was enough. As soon as he graduated from high school, he quit his job at McDonald’s, bought some camping gear, and set out in search of a better world.

When a young American lights out for the territories in the second decade of the 21st century, where does he go? For John Jacobi, the answer was Chapel Hill, North Carolina — Occupy had gotten him interested in anarchists, and he’d heard they were active there. He was camping out with the chickens in the backyard of their communal headquarters a few months later when a crusty old anarchist with dreadlocks and a piercing gaze handed him a dog-eared book called Industrial Society and Its Future. The author was FC, whoever that was. Jacobi glanced at the first line: “The Industrial Revolution and its consequences have been a disaster for the human race.”

This guy sure gets to the point, he thought. He skimmed down the paragraph. Industrial society has caused “widespread psychological suffering” and “severe damage to the natural world”? Made life more comfortable in rich countries but miserable in the Third World? That sounded right to him. He found a quiet nook and read on.

The second point was that technology’s dark momentum can’t be stopped. With each improvement, the graceful schooner that sails our shorelines becomes the hulking megatanker that takes our jobs. The car’s a blast bouncing along at the reckless speed of 20 mph, but pretty soon we’re buying insurance, producing our license and registration if we fail to obey posted signs, and cursing when one of those charming behavior-modification devices in orange envelopes shows up on our windshields. We doze off while exploring a fun new thing called social media and wake up to big data, fake news, and Total Information Awareness.

All true, Jacobi thought. Who the hell wrote this thing?

The clue arrived in section No. 96: “In order to get our message before the public with some chance of making a lasting impression, we’ve had to kill people,” the mystery author wrote.

“Kill people” — Jacobi realized that he was reading the words of the Unabomber, Ted Kaczynski, the hermit who sent mail bombs to scientists, executives, and computer experts beginning in 1978. FC stood for Freedom Club, the pseudonym Kaczynski used to take credit for his attacks. He said he’d stop if the newspapers published his manifesto, and they did, which is how he got caught, in 1995 — his brother recognized his prose style and reported him to the FBI. Jacobi flipped back to the first page, section No. 4: “We therefore advocate a revolution against the industrial system.”

The first time he read that passage, Jacobi had just nodded along. Talking about revolution was the anarchist version of praising the baby Jesus, invoked so frequently it faded into background noise. But Kaczynski meant it. He was a genius who went to Harvard at 16 and made breakthroughs in something called “boundary functions” in his 20s. He joined the mathematics department at UC Berkeley when he was 25, the youngest hire in the university’s then-99-year history. And he did try to escape the world he could no longer bear by moving to Montana. He lived in peace without electricity or running water until the day when, maddened by the invasion of cars and chain saws and people, he hiked to his favorite wild place for some relief and found a road cut through it. “You just can’t imagine how upset I was,” he told an interviewer in 1999. “From that point on, I decided that, rather than trying to acquire further wilderness skills, I would work on getting back at the system. Revenge.” In the next 17 years, he killed three people and wounded 23 more.

Jacobi didn’t know most of those details yet, but he couldn’t find any holes in Kaczynski’s logic. He said straight-out that ordinary human beings would never charge the barricades, shouting, “Destroy our way of life! Plunge us into a desperate struggle for survival!” They’d probably just stagger along, patching holes and destroying the planet, which meant “a small core of deeply committed people” would have to do the job themselves (section No. 189). Kaczynski even offered tactical advice in an essay titled “Hit Where It Hurts,” published a few years after he began his life sentence in a federal “supermax” prison in Colorado: Forget the small targets and attack critical infrastructure like electric grids and communication networks. Take down a few of those at the right time and the ripples would spread rapidly, crashing the global economic system and giving the planet a breather: No more CO2 pumped into the atmosphere, no more iPhones tracking our every move, no more robots taking our jobs.

Kaczynski was just as unsentimental about the downsides. Sure, decades or centuries after the collapse, we might crawl out of the rubble and get back to a simpler, freer way of life, without money or debt, in harmony with nature instead of trying to fight it. But before that happened, there was likely to be “great suffering” — violent clashes over resources, mass starvation, the rise of warlords. The way Kaczynski saw it, though, the longer we go like we’re going, the worse things will get. At the time his manifesto was published, many people reading it probably hadn’t heard of global warming and most certainly weren’t worried about it. Reading it in 2014 was a very different experience.

The shock that went through Jacobi in that moment — you could call it his “Kaczynski Moment” — made the idea of destroying civilization real. And if Kaczynski was right, wouldn’t he have some responsibility to do something, to sabotage one of those electric grids?

His answer was yes, which was almost as alarming as discovering an unexpected kinship with a serial killer — even when you’re sure that morality is just a social construct that keeps us docile in our shearing pens, it turns out setting off a chain of events that could kill a lot of people can raise a few qualms.

“But by then,” Jacobi says, “I was already hooked.”

Quietly, often secretly, whether they gather it from the air of this anxious era or directly from the source like Jacobi did, more and more people have been having Kaczynski Moments. Books and webzines with names like Against Civilization, FeralCulture, Unsettling America, and the Ludd-Kaczynski Institute of Technology have been spreading versions of his message across social-media forums from Reddit to Facebook for at least a decade, some attracting more than 100,000 followers. They cluster around a youthful nickname, “anti-civ,” some drawing their ideas directly from Kaczynski, others from movements like deep ecology, anarchy, primitivism, and nihilism, mixing them into new strains. Although they all believe industrial civilization is in a death spiral, most aren’t trying to hurry it along. One exception is Deep Green Resistance, an activist network inspired by a 2011 book of the same name that includes contributions from one of Kaczynski’s frequent correspondents, Derrick Jensen. The group’s openly stated goal, like Kaczynski’s, is the destruction of civilization and a return to preagricultural ways of life.

So far, most of the violence has happened outside of the United States. Although the FBI declined to comment on the topic, the 2017 report on domestic terrorism by the Congressional Research Service cited just a handful of minor attacks on “symbols of Western civilization” in the past ten years, a period of relative calm most credit to Operation Backfire, the FBI crackdown on radical environmental efforts in the mid-aughts. But in Latin America and Europe, terrorist groups with florid names like Conspiracy of Cells of Fire and Wild Indomitables have been bombing government buildings and assassinating technologists for almost a decade. The most ominous example is Individualidades Tendiendo a lo Salvaje, or ITS (usually translated as Individuals Tending Toward the Wild), a loose association of terrorist groups started by Mexican Kaczynski devotees who decided that his plan to take down the system was outdated because the environment was being decimated so fast and government surveillance technology had gotten so robust. Instead, ITS would return to its guru’s old modus operandi: revenge. The group set off bombs at the National Ecology Institute in Mexico, a Federal Electricity Commission office, two banks, and a university. It now claims cells across Latin America, and in January 2017, the Chilean offshoot delivered a gift-wrapped bomb to Oscar Landerretche, the chairman of the world’s largest copper mine, who suffered minor injuries. The group explained its motives in a defiant media release: “The pretentious Landerretche deserved to die for his offenses against Earth.”

In the larger world, where no respectable person would praise Kaczynski without denouncing his crimes, little Kaczynski Moments have been popping up in the most unexpected places — the Fox News website, for example, which ran a piece by Keith Ablow called “Was the Unabomber Correct?” in 2013. After summarizing some of Kaczynski’s dark predictions about the steady erosion of individual autonomy in a world where the tools and systems that create prosperity are too complex for any normal person to understand, Ablow — Fox’s “expert on psychiatry” — came to the conclusion that Kaczynski was “precisely correct in many of his ideas” and even something of a prophet. “Watching the development of Facebook heighten the narcissism of tens of millions of people, turning them into mini reality-TV versions of themselves,” he wrote. “I would bet he knows, with even more certainty, that he was onto something.”

That same year, in the leading environmentalist journal Orion, a “recovering environmentalist” named Paul Kingsnorth — who’d stunned his fellow activists in 2008 by announcing that he’d lost hope — published an essay about the disturbing experience of reading Kaczynski’s manifesto for the first time. If he ended up agreeing with Kaczynski, “I’m worried that it may change my life,” he confessed. “Not just in the ways I’ve already changed it (getting rid of my telly, not owning a credit card, avoiding smartphones and e-readers and sat-navs, growing at least some of my own food, learning practical skills, fleeing the city, etc.) but properly, deeply.”

By 2017, Kaczynski was making inroads with the conservative intelligentsia — in the journal First Things, home base for neocons like Midge Decter and theologians like Michael Novak, deputy editor Elliot Milco described his reaction to the manifesto in an article called “Searching for Ted Kaczynski”: “What I found in the text, and in letters written by Kaczynski since his incarceration, was a man with a large number of astute (even prophetic) insights into American political life and culture. Much of his thinking would be at home in the pages of First Things.” A year later, Foreign Policy published “The Next Wave of Extremism Will Be Green,” an editorial written by Jamie Bartlett, a British journalist who tracks the anti-civ movement. He estimated that a “few thousand” Americans were already prepared to commit acts of destruction. Citing examples such as the Standing Rock pipeline protests in 2017, Bartlett wrote, “The necessary conditions for the radicalization of climate activism are all in place. Some groups are already showing signs of making the transition.”

The fear of technology seems to grow every day. Tech tycoons build bug-out estates in New Zealand, smartphone executives refuse to let their kids use smartphones, data miners find ways to hide their own data. We entertain ourselves with I Am Legend, The Road, V for Vendetta, and Avatar while our kids watch Wall-E or FernGully: The Last Rainforest. An eight-part docudrama called Manhunt: The Unabomber was a hit when it premiered on the Discovery Channel in 2017 and a “super hit” when Netflix rereleased it last summer, says Elliott Halpern, the producer Netflix commissioned to make another film focusing on Kaczynski’s “ideas and legacy.” “Obviously,” Halpern says, “he predicted a lot of stuff.”

And wouldn’t you know it, Kaczynski’s papers have become one of the most popular attractions at the University of Michigan’s Labadie Collection, an archive of original documents from movements of “social unrest.” Kaczynski’s archivist, Julie Herrada, couldn’t say much about the people who visit — the archive has a policy against characterizing its clientele — but she did offer a word in their defense. “Nobody seems crazy.”

Two years ago, I started trading letters with Kaczynski. His responses are relentlessly methodical and laced with footnotes, but he seems to have a droll side, too. “Thank you for your undated letter postmarked 6/11/18, but you wrote the address so sloppily that I’m surprised the letter reached me …” “Thank you for your letter of 8/6/18, which I received on 8/16/18. It looks like a more elaborate and better developed, but otherwise typical, example of the type of brown-nosing that journalists send to a ‘mark’ to get him to cooperate.” Questions that revealed unfamiliarity with his work were poorly received. “It seems that most big-time journalists are incapable of understanding what they read and incapable of transmitting facts accurately. They are frustrated fiction-writers, not fact-oriented people.” I tried to warm him up with samples of my brilliant prose. “Dear John, Johnny, Jack, Mr. Richardson, or whatever,” he began, before informing me that my writing reminded him of something the editor of another magazine told the social critic Paul Goodman, as recounted in Goodman’s book Growing Up Absurd: “ ‘If you mean to tell me,” an editor said to me, “that Esquire tries to have articles on serious issues and treats them in such a way that nothing can come of it, who can deny it?’ ” (Kaczynski’s characteristically scrupulous footnote adds a caveat, “Quoted from memory.”) His response to a question about his political preferences was extra dry: “It’s certainly an oversimplification to say that the struggle between left & right in America today is a struggle between the neurotics and the sociopaths (left = neurotics, right = sociopaths = criminal types),” he said, “but there is nevertheless a good deal of truth in that statement.”

But the jokes came to an abrupt stop when I asked for his take on America’s descent into immobilizing partisan warfare. “The political situation is complex and could be discussed endlessly, but for now I will only say this,” he answered. “The current political turmoil provides an environment in which a revolutionary movement should be able to gain a foothold.” He returned to the point later with more enthusiasm: “Present situation looks a lot like situation (19th century) leading up to Russian Revolution, or (pre-1911) to Chinese Revolution. You have all these different factions, mostly goofy and unrealistic, and in disagreement if not in conflict with one another, but all agreeing that the situation is intolerable and that change of the most radical kind is necessary and inevitable. To this mix add one leader of genius.”

Kaczynski was Karl Marx in modern flesh, yearning for his Lenin. In my next letter, I asked if any candidates had approached him. His answer was an impatient no — obviously any revolutionary stupid enough to write to him would be too stupid to lead a revolution. “Wait, I just thought of an exception: John Jacobi. But he’s a screwball — bad judgment — unreliable — a problem rather than a help.”

The Kaczynski moment dislocates. Suddenly, everyone seems to be living in a dream world. Why are they talking about binge TV and the latest political outrage when we’re turning the goddamn atmosphere into a vast tanker of Zyklon B? Was he right? Were we all gelded and put in harnesses without even knowing it? Is this just a simulation of life, not life itself?

People have moments like that under normal conditions, of course. Sigmund Freud wrote a famous essay about them way back in 1929, Civilization and Its Discontents. A few unsettled souls will always quit that bank job and sail to Tahiti, and the stoic middle will always suck it up. But Jacobi couldn’t accept those options. Staggered by the shock of his Kaczynski Moment but intent on rising to the challenge, he began corresponding with the great man himself, hitchhiked the 644 miles from Chapel Hill to Ann Arbor to read the Kaczynski archives, tracked down his followers all around the world, and collected an impressive (and potentially incriminating) cache of material on ITS along the way. He even published essays about them in an alarmingly terror-friendly print journal named Atassa. But his biggest influence was a mysterious Spanish radical theorist known only by the pseudonym he used to translate Kaczynski’s manifesto into Spanish, Último Reducto. Recommended by Kaczynski himself, who even supplied an email address, Reducto gave Jacobi a daunting reading list and some editorial advice on his early essays, which inspired another series of TV-movie twists in Jacobi’s turbulent life. Frustrated by the limits of his knowledge, he applied to the University of North Carolina, Chapel Hill, to study some more, received a full scholarship and a small stipend, and buckled down for two years of intense scholarship. Then he quit and hit the road again. “I think the homeless are a better model than ecologically minded university students,” he told me. “They’re already living outside of the structures of society.”

Four years into this bizarre pilgrimage, Jacobi is something of an underground figure himself — the ubiquitous, eccentric, freakishly intellectual kid who became the Zelig of ecoextremism. Right now, he’s about to skin his first rat. Barefoot and shirtless, with an old wool blanket draped over his shoulders, long sun-streaked hair and gleaming blue eyes, he hurries down a rocky mountain trail toward a stone-age village of wattle-and-daub huts, softening his voice to finish his thought. “Ted was a good start. But Ted is not the endgame.”

He stops there. The village ahead is the home of a “primitive skills” school called Wild Roots. Blissfully untainted by modern conveniences like indoor toilets and hot showers, it’s also free of charge. It has just three rules, and only one that will get us kicked out. “I don’t want to be associated with that name,” Wild Roots’ de facto leader told us when I mentioned Kaczynski. “I don’t want my name associated with that name,” he added. “I really don’t want to be associated with that name.”

Jacobi arrives at the open-air workshop, covered by a tin roof, where the dirtiest Americans I’ve ever seen are learning how to weave cordage from bark, start friction fires, skin animals. The only surprise is the lives they led before: a computer analyst for a military-intelligence contractor, a Ph.D. candidate in engineering, a classical violinist, two schoolteachers, and a rotating cast of college students the older members call the “pre-postapocalypse generation.” Before he became the community blacksmith, the engineering student was testing batteries for ecofriendly cars. “It was a fucking hoax,” he says now. “It wasn’t going to make any difference.” At his coal-fired forge, pounding out simple tools with a hammer and anvil, he feels much more useful. “I can’t make my own axes yet, but I made most of the handles on those tools, I make all my own punches and chisels. I made an adze. I can make knives.”

Freshly killed this morning, five dead rats lie on a pine board. They’re for practice before trying to skin larger game. Jacobi bends down for a closer look, selects a rat, ties a string to its twiggy leg, and hangs it from a rafter. He picks up a razor. “You wanna leave the cartilage in the ear,” his teacher says. “Then cut just above the white line and you’ll get the eyes off.”

A few feet away, a young woman who fled an elite women’s college in Boston pounds a wooden staff into a bucket to pulverize hemlock bark to make tannin to tan the bear hide she has soaking in the stream — a mixture of mashed hemlock and brain tissue is best, she says, though eggs can substitute if you can’t get fresh brain.

Jacobi works the razor carefully. The eyes fall into the dirt.

“I’m surprised you haven’t skinned a rat before,” I say.

“Yeah, me too,” he replies.

He is, after all, the founder of The Wildernist and Hunter/Gatherer, two of the more radical web journals in the personal “rewilding” movement. The moderates at places like ReWild University talk of “rewilding your taste buds” and getting in “rockin’ fit shape.” “We don’t have to demonize our culture or attempt to hide from it,” ReWild University’s website enthuses. Jacobi has no interest in padding the walls of the cage — as he put it in an essay titled “Taking Rewilding Seriously,” “You can’t rewild an animal in a zoo.”

He’s not an idiot; he knows the zoo is pretty much everywhere at this point. He explained this in the philosophical book he wrote at 22, Repent to the Primitive: “My focus on the Hunter/Gatherer is based on a tradition in political philosophy that considers the natural state of man before moving on to an analysis of the civilized state of man. This is the tradition of Hobbes, Rousseau, Locke, Hume, Paine.” His plan is to ace his primitive skills, then test living wild for an extended time in the deepest forest he can find.

So why did it take him so long to get out of the zoo?

“I thought sabotage was more important,” he says.

But this isn’t the place to talk about that — he doesn’t want to break Wild Roots’ rules. Jacobi goes silent and works his razor down the rat’s body, pulling the skin down like a sock.

When he’s finished, he leads the way back into the woods, naming the plants: pokeberry, sourwood, rhododendron, dog hobble, tulip poplar, hemlock. The one with orange flowers is a lily that will garnish his dinner tonight. “If you want, I can get some for you,” he offers.

Then he returns to the forbidden topic. “I could never do anything like that,” he says firmly — unless he could, which is also a possibility. “I don’t have any moral qualms with violence,” he says. “I would go to jail, but for what?”

For what? The first time I talked to him, he told me he had dreams of being the leader Kaczynski wanted.

“I am being a little evasive,” he admits. His other reason for going to college, he says, was to plant the anti-civ seed in the future lawyers and scientists gathered there — “people who will defend you, people who have access to computer networks” — and also, speaking purely speculatively, who could serve as “the material for a terrorist criminal network.”

“Did you convince anybody?” I ask.

“I don’t know. I always told them not to tell me.”

“So you wanted to be the Lenin?”

“Yeah, I wanted to be Lenin.”

But let’s face it, he says, the revolution’s never going to happen. Probably. Maybe. That’s why he’s heading into the woods. “I want to come out in a few years and be like Jesus,” he jokes, “working miracles with plants.”

Isn’t he doing exactly what Lenin did during his exile in Europe, though? Honing his message, building a network, weighing tactical options, and creating a mystique. Is he practicing “security culture,” the activist term for covering your tracks? “Are you hiding the truth? Are you secretly plotting with your hard-core cadre?”

He smiles. “I wouldn’t be a very good revolutionary if I told you I was doing that.”

At the last minute, Abe Cabrera changed our rendezvous point from a restaurant in New Orleans to an alligator-filled swamp an hour away. This wasn’t a surprise. Jacobi had given me Cabrera’s email address, identifying him as the North American contact for ITS, which Cabrera immediately denied. His interest in ITS was purely academic, he insisted, an outgrowth of his studies in liberation theology. “However,” he added, “to say that I don’t have any contact with them may or may not be true.”

Now he’s leading me into the swamp, literally, talking about an ITS bomb attack on the head of the Department of Physical and Mathematical Sciences at the University of Chile in 2011. “Is that a fair target?” he asks. “For Uncle Ted, it would have been, so I guess that’s the standard.” He chuckles.

He’s short, round, bald, full of nervous energy, wild theories, and awkward tics — if “Terrorist Spokesman” doesn’t work out for him, he’s a shoo-in for “Mad Scientist in a B-Movie.” Giant ferns and carpets of moss appear and disappear as he leads the way into the swamp, where the elephantine roots of cypress trees stand in the eerie stillness of the water like dinosaurs.

He started checking out ITS after he heard some rumors about a new cell starting up in Torreón, his grandparents’ birthplace in Mexico, he says, but the group didn’t really catch his interest until it changed its name from Individuals Tending Toward the Wild to Wild Reaction. Why? Because healthy animals don’t have “tendencies” when they confront an enemy. As one Wild Reaction member put it in the inevitable postattack communiqué, another example of the purple prose poetry that has become the group’s signature: “I place the device, and it transforms me into a coyote thirsting for revenge.”

Cabrera calls this “radical animism,” a phrase that conjures the specter of nature itself rising up in revolt. Somehow that notion wove together all the dizzying twists his life had taken — the years as the child of migrant laborers in the vegetable fields of California’s Imperial Valley, his flirtation with “super-duper Marxism” at UC Berkeley, the leap of faith that put him in an “ultraconservative, ultra-Catholic” order, and the loss of faith that surprised him at the birth of his child. “Most people say, ‘I held my kid for the first time and I realized God exists.’ I held my kid the first time and I said, ‘You know what? God is bullshit.’ ” People were great in small doses but deadly in large ones, even the beautiful little girl cradled in his arms. There were no fundamental ethical values. It all came down to numbers. If that was God’s plan, the whole thing was about as spiritually “meaningful as a marshmallow,” Cabrera says.

John Jacobi is a big part of this story, he adds. They connected on Facebook after a search for examples of radical animism led him to Hunter/Gatherer. They both contributed to the journal Atassa, which was dedicated on the first page to the premise that “civilization should be fought” and that the example of Ted Kaczynski “is what that fighting looks like.” In the premier edition, Jacobi made the prudent decision to write in a detached tone. Cabrera’s essay bogs down in turgid scholarship before breaking free with a flourish of suspiciously familiar prose poetry: “Ecoextremists believe that this world is garbage. They understand progress as industrial slavery, and they fight like cornered wild animals since they know that there is no escape.”

Cabrera weaves in and out of corners like a prisoner looking for an escape route, so it’s hard to know why he chose a magazine reporter for his most incendiary confession: “Here’s the super-official version I haven’t told anybody — I am the unofficial voice-slash-theoretician of ecoextremism. I translated all 30 communiqués. I translated one last night.”

Abe Cabrera: Abracadabra.

Yes, he knows this puts him dangerously close to violating the laws against material contributions to terrorism. He read the Patriot Act. That’s why he leads a double life, even a triple life. Nobody at work knows, nobody from his past knows, even his wife doesn’t know. He certainly doesn’t want his kids to know. He doesn’t even want to tell them about climate change. Math homework, piano lessons, gymnastics, he’s “knee-deep in all that stuff.” He punches the clock. “What else am I gonna do? I love my kids,” he says. “I hope for their future, even though they have no future.”

His mood sinks, reminding me of Jacobi. Shifts in perspective seem to be part of this world. Puma hunted here before the Europeans came, Cabrera says, staring into the swamp. Bears and alligators, too, things that could kill you. The cypress used to be three times as thick. When you look around, you see how much everything has suffered.

But we’re not in this mess because of greed or nihilism; we’re in it because we love our children so much we made too many of them. And we’re just so good at dominating things, all that is left is to lash out in a “wild reaction,” Cabrera says. That’s why he sympathizes with ITS. “It’s like, ‘Be the psychopathic destruction you want to see in the world’, ” he says, tossing out one last mordant chuckle in place of a good-bye.

Kaczynski is annoyed with me. “Do not write me anything more about ITS,” he said. “You could get me in trouble that way.” He went on: “What is bad about an article like the one I expect you to write is that it may help make the anti-tech movement into another part of the spectacle (along with Trump, the ‘metoo movement,’ neo-Nazis, antifa, etc.) that keeps people entertained and therefore thoughtless.”

ITS, he says, is the very reason he cut Jacobi off. Even after Kaczynski told him the warden was dying for a reason to reduce his contacts with the outside world, the kid kept sending him news about them. He ended his letter to me with a controlled burst of fury. “A hypothesis: ITS is instigated by some country’s security services — probably Mexico. Their real task is to spread hopelessness, because where there is no hope there is no serious resistance.”

Wait … Ted Kaczynski is hopeful? The Ted Kaczynski who wants to destroy civilization? The idea seems ridiculous right up to the moment it spins around and becomes reasonable. What better evidence could you find than the unceasing stream of tactical and strategic advice that he’s sent from his prison cell for almost 20 years, after all. He’s hopeful that civilization can be taken down in time to save some of the planet. I guess I just couldn’t imagine how anyone could ever manage to rally a group of ecorevolutionaries large enough to do the job.

“If you’ve read my Anti-Tech Revolution, then you haven’t understood it,” he scolds. “All you have to do is disable some key components of the system so that the whole thing collapses.” I do remember the “small core of deeply committed people” and “Hit Where It Hurts,” but it’s still hard to fathom. “How long does it take to do that?” Kaczynski demands. “A year? A month? A week?”

On paper, Deep Green Resistance meets most of his requirements. The original core group spent five years holding conferences and private meetings to hone its message and build consensus, then publicized it effectively with its book, which speculates about tactical alternatives to stop the “planet from burning to a cinder”: “If selective disruption doesn’t work soon enough, some resisters may conclude that all-out disruption is needed” and launch “coordinated actions on a large scale” against key targets. DGR now has as many as 200,000 members, according to the group’s co-founder — a soft-spoken 30-year-old named Max Wilbert — who could shave off his Mephistophelian goatee and disappear into any crowd. Two hundred thousand may not sound like much when Beyoncé has 1 million-plus Instagram followers, but it’s not shabby in a world where lovers cry out pseudonyms during sex. And Fidel had only 19 in the jungles of Cuba, as Kaczynski likes to point out.

Jacobi says DGR was hobbled by a doctrinal war over “TERFs,” an acronym I had to look up — it’s short for “trans-exclusionary radical feminists” — so this summer they’re rallying the troops with a crash course in “resistance training” at a private retreat outside Yellowstone National Park in Montana. “This training is aimed at activists who are tired of ineffective actions,” the promotional flyer says. “Topics will include hard and soft blockades, hit-and-run tactics, police interactions, legal repercussions, operational security, terrain advantages and more.”

At the Avis counter at the Bozeman airport, my phone dings. It’s an email from the organizers of the event, saying a guy named Matt needs a ride. I find him standing by the curb. He’s in his early 30s, dressed in conventional clothes, short hair, no visible tattoos, the kind of person you’d send to check out a visitor from the media. When we get on the road and have a chance to talk, he says he’s a middle-school social-studies teacher. He’s sympathetic to the urge to escalate, but he’d prefer to destroy civilization by nonviolent means, possibly by “decoupling” from the modern world, town by town and state by state.

But if that’s true, why is he here?

“See for yourself,” he said.

We reach the camp in the late afternoon and set up our tents next to a big yurt. A mountain rises behind us, another mountain stands ahead; a narrow lake fills the canyon between them as the famous Big Sky, blushing at the advances of the night, justifies its association with the sublime. “Nature is the only place where you feel awe,” Jacobi told me after the leaves rustled at Wild Roots, and right now it feels true.

An hour later, the group gathers in the yurt outfitted with a plywood floor, sofas, and folding chairs: one student activist from UC Irvine, two Native American veterans of the Standing Rock pipeline protests, three radical lawyers, a shy working-class kid from Mississippi, a former abortion-clinic volunteer, and a few people who didn’t want to be identified or quoted in any way. The session starts with a warning about loose lips and a lecture on DGR’s “nonnegotiable guidelines” for men — hold back, listen, agree or disagree respectfully, avoid male-centered words, and follow the lead of women.

By that time, I’d already committed my first microaggression. The cook asked why I was standing in the kitchen doorway, and I answered, “Just supervising.” Her sex had nothing to do with it, I swear — I was waiting to wash my hands and, frankly, her question seemed a bit hostile. But the woman who followed me out the door to dress me down said that refusing to accept her criticism was another microaggression.

The first speaker turns the mood around. His name is Sakej Ward, and he did a tour in Afghanistan with the U.S. Joint Airborne and a few years in the Canadian military. He’s also a full-blooded member of the Wolf Clan of British Columbia and the Mi’kmaq of northern Maine with two degrees in political science, impressive muscles bulging through a T-shirt from some karate club, and one of those flat, wide Mohawks you see on outlaw bikers.
Unfortunately, he put his entire presentation off the record, so all I can tell you is that the theme was Native American warrior societies. Later he tells me the societies died out with the buffalo and the open range. They revived sporadically in the last quarter of the 20th century, but returned in earnest at events like Standing Rock. “It’s a question of ‘Are they there yet?’ We’ve been fighting this war for 500 years. But climate change is creating an atmosphere where it can happen.”

For the next two days, we get training in computer security and old activist techniques like using “lockboxes” to chain yourself to bulldozers and fences — given almost apologetically, like a class in 1950s home cooking. In another session, Ward takes us to a field and lines us up single file. Imagine you’re on a military patrol, he says, turning his back and holding his left hand out to the side, elbow at 90 degrees and palm forward. “Freeze!,” he barks.

We freeze.

“That’s the best way to conceal yourself from the enemy,” he tells us. He runs through basic Army-patrol semiotics. For “enemy,” you make a pistol with your hand and turn it thumbs-down. “Danger area” is a diagonal slash. After showing us a dozen signs, he stops. “Why am I making all the signs with my left hand?”

No one knows.

He turns around to face us with his finger pointed down the barrel of an invisible gun. “Because you always have to have a finger in control of your weapon,” he says.

The trainees are pumped afterward. “You can take out transformers with a .50 caliber,” one man says.

“But you don’t just want to do one,” says another. “You want four-man teams taking out ten transformers. That would bring the whole system to a halt.”

Kaczynski would be fairly pleased with this so far, I think. Ward is certainly a plausible contender for the Lenin role. Wilbert might be too. “We talk about ‘cascading catastrophic effects,’ ” he tells us in one of the last yurt meetings, summing up DGR’s grand strategy. “A large percent of the nation’s oil supply is processed in a facility in Louisiana, for example. If that was taken down, it would have cascading effects all over the world.”

But then the DGR women called us together for a lecture on patriarchy, which has to be destroyed at the same time as civilization. Also, men who voluntarily assume gendered aspects of female identity should never be allowed in female-sovereign spaces — and don’t call them TERFs unless you want a speech on microaggression.

Matt listens from the fringes in a hoodie and mirrored glasses, looking exactly like the famous police sketch of the Unabomber. I’m pretty sure he’s trolling them. Maybe he’s remembering the same Kaczynski quote I am: “Take measures to exclude all leftists, as well as the assorted neurotics, lazies, incompetents, charlatans, and persons deficient in self-control who are drawn to resistance movements in America today.”

At the farewell dinner, one of the more mysterious trainees finally speaks up. With long, wild hair, a floppy wilderness hat, pants tucked into waterproof boots, a wary expression, and an actual hermit’s cabin in Montana, he projects the anti-civ vibe with impressive authenticity. He was involved in some risky stuff during the Cove Mallard logging protests in Idaho in the mid-1990s, he says, but he retreated after the FBI brought him in for questioning. Lately, though, he’s been getting the feeling that things are starting to change, and now he’s sure of it. “I’ve been in a coma for 20 years,” he says. “I want to thank you guys for being here when I woke up.” One of the radical lawyers wraps up with a lyrical tribute to the leaders of Ireland’s legendary 1916 rebellion. He waxes about Thomas MacDonagh, the schoolteacher who led the Dublin brigade and whistled as he was led to the firing squad.

On the drive back to the airport, I ask Matt if he’s really a middle-school teacher. He answers with a question: What is your real interest in this thing?

I mention John Jacobi. “I know him,” he says. “We’ve traded a few emails.”

Of course he does. He’s another serious young man with gears turning behind his eyes.

“Can you imagine actually doing something like that?” I ask.

“Well,” he answers, drawing out the pause, “Thomas MacDonagh was a schoolteacher.”

Jacobi is considering the possibility that his troubled past may have affected his judgment. He still believes in the revolution, he says, but he’s not sure what he’d do if somebody gave him a magic bottle of Civ-Away. He’d probably use it. Or maybe not.

I check in a couple of weeks later. He’s working in a fish store and thinking of going back to school. Maybe he can get a job in forest conservation. He’d like to have a kid someday.

He brings up Paul Kingsnorth, the “recovering environmentalist” who got rattled by Kaczynski’s manifesto in 2012. Kingsnorth’s answer to our global existential crisis was mourning, reflection, and the search for “the hope beyond hope.” The group he co-founded to help people with that task, a mixture of therapy group and think tank called Dark Mountain, now has more than 50 chapters worldwide. “I’m coming to terms with the fact that it might very well be true that there’s not much you can do,” Jacobi says, “but I’m having a real hard time just letting go with a hopeless sigh.”

In his Kaczynski essay, Kingsnorth, who has since moved to Ireland to homeschool his kids and write novels, put his finger on the problem. It was the hidden side effect of the Kaczynski Moment: paralysis. “I am still embedded, at least partly because I can’t work out where to jump, or what to land on, or whether you can ever get away by jumping, or simply because I’m frightened to close my eyes and walk over the edge.” To the people who end up in that suspended state now and then, lying in bed at four in the morning imagining the worst, here’s Kingsnorth’s advice: “You can’t think about it every day. I don’t. You’ll go mad!”

It’s winter now and Jacobi’s back on the road, sleeping in bushes and scavenging for food, looking for his place to land. Sometimes I wonder if he makes these journeys into the forest because of the way his mother ended her life — maybe he’s searching for the wild beasts and ministering angels she heard when he fell to his knees and spoke the language of God. Psychologists call that magical thinking. Medication and counseling are more effective treatments for trauma, they say. But maybe the dream of magic is the magic, the dream that makes the dream come true, and maybe grief is a gift too, a check on our human arrogance. Doesn’t every crisis summon the healers it needs?

In the poems Jacobi wrote after his mother hanged herself, she turned into a tree and sprouted leaves.

*This article appears in the December 10, 2018, issue of New York Magazine. Subscribe Now!

(es) Notas sobre materialismo

Traducción de “Notes on materialism”, de Atassa.


Si le creemos a Nietzsche cuando dice que la barriga es la razón por la cual el hombre no sé considera un dios, entonces el materialismo es el esfuerzo del hombre para convertir la barriga en un dios. O sino, el hombre no tiene otro origen más que las necesidades de su barriga. En verdad, cuando el materialista cita la barriga, una metonimia para las necesidades físicas de los humanos es extraída de sus alrededores, estamos hablando en verdad de una Idea de la barriga. Tenemos un pequeño entendimiento sobre como pensaban los cazadores-recolectores acerca de su relación productiva con el mundo, y nuestra realidad contemporánea es tan compleja que el producto más simple tiene muchas relaciones sociales entretejidas en su propio ser y origen. Citar las causas materiales de las cosas ya es de por sí reducirlas al tamaño de un bocadillo que el cerebro puede devorar fácilmente. Estas a menudo no reflejan la realidad completa de la situación.

Esto me lleva a una frase del filósofo católico Etienne Gilson en su libro, Realismo Metódico:

Por lo que si hay un solo error inicial en la raíz de todas las dificultades en las que está involucrada la filosofía, solo puede ser aquél que cometió Descartes cuando decretó, a priori, que el método de una de las ciencias de la realidad era válido para toda la realidad.

A lo que se refiere aquí es a la ambición de Rene Descartes por reducir la filosofía a matemática, o mejor dicho a certeza matemática. Aquellos de una mentalidad supuestamente anti-religiosa, que se mofan de la idea de un cura o un chaman opinando sobre medicina o política, repentinamente se transforman en crédulos fanáticos cuando un científico opina sobre asuntos filosóficos o dilemas morales. O, para ser un poco más vulgar, todos sabemos de los casos de personas brillantes en las ciencias o los negocios cuyas vidas son un desastre, o gente que es bastante agradable y que sufre dificultades económicas o sociales. La excelencia en una parte de la vida no se traduce en excelencia en todos los aspectos de la vida, pericia en un área no equivale a pericia en todas las áreas, sin importar que tán difícil sea el sujeto de estudio. No hay atajos hacia el conocimiento, ni una gran teoría del todo. Debemos lidiar con la realidad un asunto a la vez, creando más y más problemas en el proceso.

Esto se relaciona al asunto del materialismo en el punto de que incluso las actividades importantes no dominan la vida en su totalidad ni tampoco la moldean. El dicho es que para alguien que tiene un martillo, todas las cosas parecen ser clavos. Así que para el ambicioso política o filosóficamente, todo parece un algoritmo a ser dilucidado o un silogismo a ser resuelto. La fría verdad es que la sociedad no tiene un diagrama, no tiene una “solución”. La sociedad no es una tostadora, no puedes “arreglarla”. No puedes lograr una “mejor vida” pensando: no emerge de un realización o epifanía, a no ser por medio del ascetismo o la resignación. Intentar implementar “un plan” para hacer que la vida sea mejor es confundir la sociedad con una tostadora: un método político o filosófico para interpretar una realidad particular por uno que es válido para toda la realidad. Solo porque puedas trazar y realizar un plan para llegar temprano al trabajo mañana o ahorrar lo suficiente para un viaje, no significa que un Plan a Cinco Años para la economía o una visión de revitalizar la sociedad podrían funcionar. Estas lidiando con dos fenómenos completamente diferentes.

Esto se aplica también para esos ciber-eruditos neo-Daoistas baratos que pretenden que la negación filosófica es un solvente universal. Afirmar algo y que sea verdad son dos cosas completamente diferentes. Tu ejercicio filosófico de desgarrar abstracciones no niega el poder que tienen esas abstracciones sobre tu vida. Si algo tenían los Marxistas respecto a los escombros de la filosofía Hegeliana, era saber que uno no hace nada al puramente negar una idea: debe ser negada en la realidad, en su manifestación externa. Como escribió Marx en la Crítica de la Filosofía del Derecho: la teoría se convierte en una fuerza material tan pronto como se aferra a las masas. Objetar algo similar a la formulación de Jean-Paul Sartre de mauvaise foi hace de uno algo poco mejor que un sadhu sin bastón o marcas en la frente.

Por lo demás, desde los Nuevos Ateos neoliberales hasta el más rabioso anarquista anticlerical, debe señalarse que se aferran no necesariamente a una realidad material sino a su Ídolo de una Realidad Material. El conocimiento del pasado, reciente o lejano, no puede señalar el camino hacia adelante para la humanidad. Por otro lado, la innovación tecnológica no viene equipada con una teleología pre-empaquetada. A menudo cito religión y mito debido a que, en mi opinión, el objeto del conocimiento humano cuando se trata de una sociedad de masas más amplia es precisamente el mito o el dogma. Uno no percibe la realidad social de la misma forma en que la percibe una silla o el atardecer: está mediada por capas de contextos, prejuicios, conjeturas y en la mayoría de los casos, montones de pensamientos deseosos. Uno debe hablar inevitablemente de realidad social, pero porfavor nótese que uno lo hace bajo un alto riesgo de engaño. Es casi inevitable que la gente confunda el mapa con el territorio, o incluso peor, que piensen que el mapa crea el territorio ex nihilo como el dios Hebreo en el Libro del Génesis. Saber que la barriga es nuestra debilidad no hace que uno sea un dios, al igual que conocer el problema no significa que sepamos la solución, o que tenga solución alguna.

 

(es) La autoridad de la sangre

Traducción de “The authority of blood”.

Desde ME nunca dejamos de recalcar nuestro apoyo a los teóricos que aportan y han aportado a la tendencia eco-extremista con sus reflexiones. El impulso que le han dado a esta tendencia ya es vital, cada uno en sus propios términos y de acuerdo a sus condiciones particulares.


Antes de embarcarme en este proyecto, no había tomando en consideración lo delicada que es la gente realmente cuando se trata de la violencia. Por un lado, los anti-autoritarios parecen eyacular con la idea de carne de policía lacerada e incendiar edificios que no les gustan. Parecen fantasear acerca del combate callejero o sobre cuanta violencia infligirán en la Revolución, o la Insurrección o el Colapso o cualquier otro referente escatológico pseudo-Cristiano que hayan concebido. Pero cuando emerge un grupo real que está (supuestamente) asesinado personas reales, que está derramando sangre y mutilando, estas personas vuelven a encontrar su moral repentinamente. La fantasía fue demasiado lejos. Tu dices todas esas cosas sobre herir y asesinar ¿Y alguien se lo tomó enserio?

La moneda de la moralidad es la sangre al fin y al cabo. Si no haces algo, o si haces algo prohibido, debe de haber alguien por detrás del acto que puede herirte. Si fueses impasible de alguna forma, ninguna persuasión moral sería posible. Los Dioses no tienen moralidad porque no hay consecuencias para sus acciones. ¿Es posible que a la gente no le guste lo que ITS y los grupos similares están haciendo precisamente porque le están recordando a cierto sector de la sociedad que todas las aspiraciones, todas las ideas, toda la unicidad y toda la moralidad puede extinguirse con el derramamiento de sangre? ¿Que con todas nuestras nobles ideas acerca de nosotros mismos y la trascendencia de lo Humano, somos animales que pueden desangrarse con la adecuada cantidad de aplicación de fuerza? Esto es tanto la ley de hierro de la vida humana, y su límite absoluto. Quizás eso es demasiado vergonzoso para que el optimista idealista lo admita.

Vivimos en una sociedad alérgica a la sangre. Hasta nuestra carne apenas contiene algo de sangre en ella. En los Estados Unidos la forma más popular para la carne es aquella que esconde el hecho de que la gente esta comiéndose otro animal. La imagen de la sangre es poco atractiva para la gente. Incluso en las iglesias, los sangrientos crucifijos de Jesús colgando en la cruz ya no son la norma. Michel Foucault abre su libro, Les Mots et les choses, con la descripción de un regicida siendo descuartizado miembro por miembro. Luego procede a describir la forma más “humana” del castigo moderno, culminando en el panóptico social en el que vivimos. Aun así, los pocos regímenes que aun tienen castigos corporales o ejecuciones brutales son execrados en la opinión pública Occidental humanista. Uno de los viles crímenes del Estado Islámico, por ejemplo, fue revivir las ejecuciones mediante crucifixión, arrojar a la gente de edificios y realizar los sangrientos castigos precisados por la ley Islámica (aunque Arabia Saudita también continúa precisando aquellos castigos con nada más que quejas resignadas por parte de Occidente.)

Entonces no es sorpresa alguna si tal aversión a la sangre también aflige a las ideologías contemporáneas más radicales o incluso nihilistas. A pesar de sus impotentes condenas a los malhechores de la sociedad (mayormente los ricos y poderosos), su verdadera determinación para infringir daño sobre cualquiera de ellos parece algo mínima en la mayoría de los casos. Solo puedo especular que creen que se volverán apropiadamente crueles y sanguinarios (hacia la gente correcta, por supuesto) una vez se presente la ocasión adecuada. La teoría descenderá mágicamente como un deus ex machina vengativo y les permitirá hacer lo que debe hacerse contra los policías, los reaccionarios, los burgueses, etc. Y luego el espíritu vengativo se retirará nuevamente dejando una sociedad de Paz y Civilidad. Es como la crueldad mesurada y de celofán que conlleva comprar pechugas de pollo envueltas en plástico en la tienda: un poco de sangre, pero mayormente carne blanca y rojiza que apenas revela que aquello alguna vez fue un animal que comía, cagaba y follaba. Uno al que le extrajeron su fuerza-vital de una forma limpia y metódica, sin que llegue mal alguno al consumidor de ninguna forma.

Por supuesto eso nunca sucede en la realidad. Tan frías y poco sanguinarias como aspiran a ser las teorías utópicas de una nueva sociedad, siempre llegan al mundo empapadas de sangre de los pies a la cabeza, y se puede cuestionar si de hecho pierden algo de aquella sangre. Como mucho, se desangran lo suficiente como para que el Estado se restablezca, para que el comercio vuelva a comenzar y para que los negocios de siempre vuelvan a tomar lugar. Pero la sombra del arma y la espada nunca se van para siempre. ¿Cómo un animal que sangra podría concebir una ideología que no lo hace?

He estado fascinado por algún tiempo con las ideas del anarco-primitivista Kevin Tucker sobre como los cazadores-recolectores evitaban el conflicto en sus sociedades nómadas. De acuerdo a Tucker, el principal método para evitar el conflicto era huir y dejarle espacio al otro. No me cabe duda de que en una sociedad nómada, quizás fuera más fácil para la gente alejarse de aquellos que no les gustaban o con los que no estaban de acuerdo. La pregunta que permanece en mi mente es, ¿por qué la violencia es el “último recurso” en la mente de Tucker? Hay mucha evidencia (he citado alguna hace unos pocos posts) que en muchas sociedades cazadoras-recolectoras, había un alto nivel de violencia interpersonal, al punto de matar gente por ofensas menores. Recuerdo leer una anécdota de los Yagánes en Tierra del Fuego en la que un hombre asesinaba a su propio hijo de dos años en su canoa sin razón aparente además del hecho de que lo estaba fastidiando. No pareció que el hombre vaya a ser castigado o relegado por esto.

Daré la advertencia de que no tenemos idea alguna de como las sociedades previas lidiaban con estos problemas más allá de lo anecdótico. Por cada anarco-primitivista narrando lo relativamente inofensivos que eran los cazadores-recolectores nómadas, hay al menos una anécdota aparejada sobre violencia interpersonal, sin mencionar la guerra a pequeña escala. (Los Seris del estado Mexicano se me vienen a la mente). También, uno luego puede exagerar el alcance de la guerra en las pequeñas sociedades agrarias. Por ejemplo, la mayor parte de la guerra en el Sudeste Estadounidense al momento del contacto Europeo fue un ojo-por-ojo asesinando a gente selectivamente por parte de pequeños grupos de guerreros. Incluso el juego con balón que jugaban allí (el “hermano menor” de la guerra) podía ser algo violento: podía seguir por días (eso creo) y la gente a menudo salía seriamente herida e incluso asesinada.

Todo esto para decir que esta gente no era para nada delicada cuando se trataba de la muerte o de derramar sangre. Simplemente no les sorprendía. En un tiempo en el cual la mortalidad infantil era aún relativamente alta, donde las bestias capaces de matar gente aún eran parte de su cosmos, que alguien muriera o fuese asesinado no ameritaba el shock que el supuesto revolucionario o insurreccionalista moderno tiene cuando alguna vida es arrebatada. Esto es por que ellos sabían que la vida era frágil, o sino, que la vida de cualquier ser viviente era algo pasajero, pero la vida en sí perduraba. La autoridad de la sangre se alzaba pero su alcance era aceptado como un hecho y la vida seguía su curso.

Obviamente, no estoy allá afuera asesinado o mutilando gente. Atassa es en un sentido un “ejercicio espiritual” para mí y para algunas de las personas que participan. Si no cometemos o necesariamente justificamos actos de violencia, nos estamos entrenando para ser indiferentes a ellos. Para mirar a la muerte del humano, o incluso de los humanos como un todo, como algo que no es diferente de un desprendimiento de rocas o de una serpiente siendo arrancada de su zanja por una garceta blanca como la nieve en una húmeda mañana. Esto que tenemos, esta conciencia, esta Idea Trascendental que se forma en palabras y se pixela en una pantalla, no es más que algo pasajero, un resultado del flujo de la sangre, sangre que un día fluirá fuera de nosotros. ¿Por qué no podemos soportar el contemplar lo inevitable? ¿Por qué nuestra naturaleza nos repugna? ¿Por qué aspiramos a refugiarnos en algún orden fantasmal de nuestra propia creación, pretendiendo que este no sangra, se deteriora y desaparece?

No espero que la gente apruebe Atassa. Lo máximo que puedo esperar es que la gente lo acepte, que reconozcan que sus ilusiones sobre la sociedad, sobre ellos mismos y sobre el orden moral son tontas, y quizás deberían buscar refugio en otra cosa: en lo Inhumano, lo Desconocido, la Manifestación de la Oscuridad, sin importar cuan perturbador sea para nuestro condicionamiento. Y dentro de aquello, hacer lo que uno deseé.

[en-pt] (Mexico) 60th Communique of the ITS: On the “NGO 325” snitching

Traducción al inglés del comunicado 60 de ITS.

Desde México posicionándose contra los putos hocicones de 325. 


I.
“There will be a bloodbath; we will not fudge; There will be someone who has to die: We will kill them because it is necessary: there will be a lot of destruction”
Galleanist Propaganda 1919

The european friars of anarchism have spoken, the pronounce themselves against us and our people from long time ago, they release funny pseudo-critics and they publish them for their adepts with enough free time to write about us full pages filled with pure leftist ridiculousness. It was funny to se how this anarcho-friars throw up their bile from their holes while reading our incorrect communiques and/or learn about our controversial attacks. But arrive the moment in wich they bother us too much and we decided to attack them, physically and psychologically. There is not turning back, those humanists are our enemies and we will not show mercy to them.

The “NGO 325” has been messing around in the last times, from some days ago they had been publishing posts denouncing and “exposing” alleged members of the Eco-extremist Mafia, their inquisitory crusade to affect us or those who dont have direct relationship with ITS continues their course. It seems that miss “L” is the one behind all this and the one that instigates others to keep this vile game. Miss L, you are already old, we know that your vagina is dry and abandoned, we are not to blame about that, find someone to provide you sexual satisfaction so you can stop mess with us, dont you think?

This time the “NGO 325” boast of “expose” the eco-extremist theorist Abe Cabrera from U.S, publishing his, supossed, photo, curriculum vitae and e-mail adress in order to brainless puppet-minions send their mails and try to make him have a bad time.(1) First, ITS dont know if the exposed person is really Abe Cabrera, so we DO NOT have relation with him and for that reason we do not know who he is, what educational studies he have or anything else,the only thing we know about him is the texts that he write and release and thats all.
Relate him with the international terrorist group ITS is impossible, FBI will corroborate this information at the time, for sure they and the Interpol will thank the anarchists for this ignominius delation by the “NGO 325”, who would said that in the current times the anarchists do the job of the cops!

Anyway all this is nothing new, the same thing happened with the same people from the “NGO 325” in the early stages of 2018, when they send an e-mail to the police in UK (2) exposing that the explosive bobby-trap found in a public place somewhere in Europe was respondability of Misanthropos Cacoguen (MC) who joined the international ITS project in February. Who else but them can be so stupid to use riseup mail provider (as the media said) to send an email to the police denouncing MC? And now they come with this about Abe Cabrera, as we can see, snitching is totally justified when is about “fascists”, they crap in the supossed anarchist ethics, let the cops do their job as the “NGO 325” point their finger against someone as alleged culprit, you disgust us vile cowards, you are the most putrid and rotten scum from all.

II.

“If you disrespect me, I dont care if is she or he,if is man or woman, if you disrespect me I will disrespect you 10 times more, they are all defaming me because I have the power, admit that I am your motivation, dont you see?”
K.

Really this kind of black sheep tried to affect ITS by “exposing” an eco-extremists theorist, but this have really any impact on our international group? NO, because Abe is not a memeber of ITS and because we know that the anti-humanist propaganda will continue even with the obstacles that the anarcho-friars has put in and out that country. In the worst case scenario they affect irreparably the life of Abe Cabrera (if is really the exposed person), but we are sure that Abe is enough smart and strong to overcome this new challenge that hinders his life. The amoralistic individualists that defend the eco-extremist theory have a compromise with their positions, their firmness and the beuty of their words that develope their thoughs distiguishes them , we admire their integrity and their solid character by being defending an anti-humanist tendency in humanist enviroments, you are like the naked hunter in the forests, constantly stalked by wild animals walk on hostile ground without hesitate, with trust in the unknowable that guards and protect him. On the other hand what the “NGO 325” has done is an absolute shit, if Abe is really the person you claim to expose. You think you are untouchable, right? We know the snitch who hides behind “L”, we know the Greek behind the english proyect 325-Act for Freedom, we will not travel from Mexico to UK to attack you and your spaces, so the growing presence of ITS in Europe is not mere coincidence….

III.
Concerning the anarcho-friars in Mexico, be aware that your victimhood will not save you, as long as your are throwing shit against ITS and reproducing the difamations from 325 or miss Campbell (wich by the way, close her mouth when we learn where she is and death threat her). We will find out everything and we will act in consequence, like tha last december when we beat into a pulp that anarcho-punk and left him like an useless bulk in front of the Facultad the Filosofía y Letras of the UNAM, yes, it was us with together with our criminal accomplices. This infamous character talk a lot of shit about us a couple of days before in the zapatista rally, and he end up literally like a shit. (4) Let it be known that we can act like the organised crime or like a gang, and we proved that several times.

We dont give a fuck if the anarcho-super star, defender of the indefensible will get mad reading this and say again “this is how you payback me? I borrowed you money!”, The credibility of the anarchist movement is on the floor,and this is verified in the writings of that fierce individualist:

(…) In the current days I dont give a shit about what they have to say about me, for the simple reason of that from long time ago I do not conceive myself inside the anarchist movement,or the plataformist movement, or the reformist, leftist and much less (and above all) the anarcho-insurrectionary spectrum-lie-falsehood (in all their variants). I end up disgusted of all that, of all that people that just talk and dont act, because when is about being collectivists everyone is collectivist, when is about being individualists everyone is individualist. I am fed up with the ideological lie of the insurrectionalism and I end up realising the truth behind the myth.” (5)

IV
“Women. elder and children, all must be drown in blood”
Paolo Schicchi, Italian anarchist 1892

There is an irreconcilable conflict between the anarcho-friars of the kind of 325 and the minority sect that we belong to, we will not deny that, we will not engage in this boring game of answering critics because we realise that their intellectual skills are not enough to understand what are we talking about, we only want to set clear that everything have consequences, and that soon or later, ready or not, someone from us will fall on you like the eagle fall on the fish.

Forward the selective and indiscriminate attacks!
Forward eco-extremists theorists!
Forward members of ITS in America and Europe!
Forward criminal accomplices!

Individualists Tending Towards the WIld – Mexico

Notes:
1. https://325.nostate.net/2018/09/15/who-is-arturo-vasquez-a-paralegal-or-an-eco-extremist-mafia-usa/
2. http://maldicionecoextremista.altervista.org/europa-de-e-mails-enviados-a-la-policia/
3. https://www.thescottishsun.co.uk/news/2321310/anti-terror-cops-email-named-group-behind-bomb-scare-edinburgh-princes-street-gardens/
4. http://www.elgrafico.mx/la-roja/04-12-2017/fracturan-con-golpiza-joven-en-ciudad-universitaria
5. http://maldicionecoextremista.altervista.org/es-en-delaciones-en-cadena-si-claro-en-mexico-city                                                                                           6. http://maldicionecoextremista.altervista.org/mexico-60-comunicado-de-its-sobre-la-delacion-de-la-ong-325/

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[pt] (México) Comunicado 60 de ITS: Sobre a Delação da ONG 325

I.

“Haverá um banho de sangue; nós não fugiremos; morrerá quem tenha que morrer: nós mataremos porque é necessário; haverá muita destruição”.
– Propaganda Galleanista, 1919.

Os frades europeus do anarquismo falaram, se pronunciaram contra nós e os nossos há tempos atrás, soltaram graciosas pseudo-críticas e publicaram-nas para que seus adeptos com tempo ocioso de sobra nos dedicassem folhas inteiras de pura ridiculosidade esquerdista. Foi divertido ver como estes anarco-frades vomitavam bile por seus orifícios enquanto liam nossos incorretos comunicados e/ou sabiam de nossos atentados controversos. Mas chegou o momento em que eles nos incomodaram demais e decidimos atacá-los físico e psicologicamente. Já não há como voltar atrás, estes humanistas são nossos inimigos e não teremos misericórdia deles e delas.

A “ONG 325” tem estado incomodando muito, já que há alguns dias publicou posts denunciando e “expondo” supostos membros da Máfia Eco-extremista. Sua cruzada inquisitorial para afetar-nos ou afetar aqueles que não tem relação direta com ITS continua em curso. Aparentemente, a Sra. “L” é quem está por trás de tudo isso e é também quem instiga a outros a seguirem este jogo vil. Sra. L, você já está grandinha, sabemos que a sua vagina está seca e abandonada, nós não somos culpados por isso, consiga alguém que te satisfaça sexualmente para que deixe de foder conosco, o que você acha?

Desta vez a “ONG 325” se vangloria de “expor” o teórico eco-extremista Abe Cabrera, dos Estados Unidos, publicando sua suposta foto, seu curriculum vitae e seu e-mail para que os fantoches descerebrados lhe enviem e-mails e lhe façam passar por um momento ruim (1). Primeiramente, ITS não sabe se a pessoa apontada é realmente Abe Cabrera, já que nós NÃO temos relação com ele, portanto, não sabemos quem é, nem quais estudos tem, nem nada disso, a única coisa que sabemos sobre ele é o que ele mesmo publica em seus escritos e isso é tudo. Ligá-lo ao bando terrorista internacional de ITS é impossível, o FBI irá corroborará esta informação a seu momento, com certeza estes e a Interpol agradecerão aos anarquistas por esta vergonhosa delação por parte da “ONG 325”. Que curioso, quem diria que os anarquistas modernos fariam o trabalho da polícia nestes tempos! Embora isso não seja novo, já que o haviam feito no início de 2018, quando eles mesmos enviaram um e-mail à polícia investigativa do Reino Unido (2) denunciando que o pacote-bomba encontrado em um local público na Europa era responsabilidade de Misanthropos Cacogen (MC), que recentemente havia se unido ao projeto internacional de ITS, em Fevereiro. Quem tão estúpido senão eles para utilizar o servidor do Riseup (como disse a mídia) (3) para enviar um e-mail à polícia denunciando MC? E agora aparecem com essa de Abe Cabrera. Já vimos que a delação está plenamente justificada quando se trata de “fascistas”, eles mesmos mandaram à merda a sua suposta moral ácrata. Que a polícia faça o seu trabalho já que a “ONG 325” apontou alguém como provável responsável. Que nojo nos dão vis covardes, vocês são a escória mais podre e hedionda de todas.

II.

“Se você me desrespeita, não importa se é ele ou ela, eu não me importo que seja homem ou mulher, se me falta com respeito te falto por dez, estão todos difamando porque eu tenho o poder, admita, eu sou a sua motivação, ou você não vê?”
K.

Certamente, este tipo de ovelhinha negra tem querido afetar a ITS “expondo” um teórico do eco-extremismo, mas isso realmente afetou em algo o nosso bando internacional? NÃO, porque Abe não é membro de ITS e porque sabemos que a propaganda anti-humanista continuará apesar dos obstáculos que os frades anarquistas tem posto em nosso caminho dentro e fora daquele país. No pior dos casos, a “ONG 325” afetará irreparavelmente a vida de Abe Cabrera (se ele realmente for quem dizem ser), mas temos a certeza de que Abe é inteligente o suficiente e forte para lidar com este novo obstáculo em sua vida. Os individualistas amorais que defendem a teoria eco-extremista são comprometidos com suas posturas, os distingue a firmeza e a beleza em letras que desenvolvem seu pensamento, admiramos a sua integridade e seu caráter sólido ao estar defendendo uma Tendência contrária ao humanismo em ambientes humanistas. Vocês são como o caçador nu nas florestas, ameaçado constantemente por animais selvagens caminha por um terreno hostil sem hesitar, confiante de que o Desconhecido o guarde e o proteja. Por outro lado, não deixa de ser uma tremenda merda o que foi feito pela “ONG 325”, se é que Abe é a pessoa que expuseram. Desde já dizemos, vocês se acham completamente intocáveis, não é mesmo? Nós sabemos quem está por trás da delatora “L”, sabemos qual grego está por trás do projeto inglês 325 – Act of Freedom. Nós não viajaremos do México ao Reino Unido para atentar contra vocês e seus espaços, porque a crescente presença de ITS na Europa não é mera casualidade…

III.

Para os frades anarquistas no México, saibam que o vitimismo de vocês não os salvam de nada, enquanto continuarem falando merda de ITS e reproduzindo a difamação do 325 ou da Sra. Campbell (que por sinal, fechou a boca depois que a localizamos e a ameaçamos de morte), nós nos inteiraremos e atuaremos em consequência, assim foi em Dezembro do ano passado com o punk anarquista que massacramos a golpes e deixamos abandonado como um nódulo inútil na frente da Faculdade de Filosofia e Letras da UNAM. Sim, fomos nós junto com nossas cumplicidades criminosas. Este personagem infame pronunciou uma cascata de merda contra nosso bando num comício da zapatista dois dias antes, e no final ficou estirado que nem uma merda, literalmente. (4) Que saibam que nós podemos atuar como o crime organizado ou como uma gangue, e já demonstramos isso mais de uma vez.

Cagamos e andamos se o anarco-estrela defensor dos indefensíveis se enfureça lendo isso e diga novamente “É assim como eles me pagam? Se eu lhes emprestei dinheiro!”. A credibilidade do anarquismo moderno está em pedaços pelo chão, e isso foi constatado com o que escreveu um feroz individualista:

“(…) hoje em dia não dou a mínima para o que se diga sobre mim, pela simples razão de que eu há tempos já não me concebo dentro do chamado Movimento Anarquista, nem do plataformista, nem do reformista, nem do esquerdista, e muito menos (especialmente) dentro do aspectro-mentira-falsidade anarquista insurrecional (com todas as suas variantes). Acabei me enojando de tudo isso, de todas aquelas pessoas que só falam e nada fazem, porque quando se trata de ser coletivistas todos são coletivistas, quando se trata de ser individualistas todos dizem ser individualistas. Acabei por estar farto da mentira ideológica do insurrecionalismo e acabei por me dar conta da verdade por trás do mito.” (5)

IV.

“Mulheres, velhos, crianças, todos devem ser afogados em sangue”.
Paolo Schicchi, anarquista italiano, 1892.

Há um conflito irreconciliável entre os frades anarquistas do tipo 325 e a minoritária seita à qual pertencemos, isso não negaremos. Já não queremos nos atolar neste jogo chato de contestar críticas porque sabemos que o intelecto de vocês não é capaz de compreender do que estamos falando, queremos apenas que fique bem claro que tudo tem a sua consequência, e que cedo ou tarde, esperem ou não, alguns de nós investiremos como a águia no peixe.

Adiante com os atentados indiscriminados e seletivos!
Adiante, teóricos eco-extremistas!
Adiante, membros de ITS na América e Europa!
Adiante, cúmplices criminosos!

Individualistas Tendendo ao Selvagem – México

NOTAS:

1).https://325.nostate.net/2018/09/15/who-is-arturo-vasquez-a-paralegal-or-an-eco-extremist-mafia-usa/

2).http://maldicionecoextremista.altervista.org/europa-de-e-mails-enviados-a-la-policia/

3).https://www.thescottishsun.co.uk/news/2321310/anti-terror-cops-email-named-group-behind-bomb-scare-edinburgh-princes-street-gardens/

4).http://www.elgrafico.mx/la-roja/04-12-2017/fracturan-con-golpiza-joven-en-ciudad-universitaria

5).http://maldicionecoextremista.altervista.org/es-en-delaciones-en-cadena-si-claro-en-mexico-city

(MÉXICO) 60 COMUNICADO DE ITS: SOBRE LA DELACIÓN DE LA ONG 325

I.
“Habrá un baño de sangre; nosotros no rehuiremos; habrá quien tenga que morir: lo mataremos porque es necesario; habrá mucha destrucción”
Propaganda Galleanista 1919

Los frailes europeos del anarquismo han hablado, se pronunciaron en contra de nosotros y de los nuestros desde hace tiempo atrás, soltaron graciosas pseudo-críticas y las publicaron para que sus adeptos con tiempo de ocio de sobra nos dedicaran hojas enteras de pura ridiculez izquierdosa. Era divertido ver como es que estos anaro-frailes vomitaban bilis por sus cuencas mientras leían nuestros incorrectos comunicados y/o sabían de nuestros atentados controversiales. Pero llegó el momento en que nos molestaron demasiado que decidimos atacarlos, física y psicologicamente. Ya no hay vuelta atrás, esos humanistas son nuestros enemigos y no tendremos misericordia de ellos o ellas.
La “ONG 325”, ha estado chingue y chingue últimamente, desde hace unos días a estado publicado post denunciando y “exponiendo” a supuestos miembros de la Mafia Eco-extremista, su cruzada inquisidora por afectarnos o afectar a aquellos que no tienen relación directa con ITS continúa su curso. Al parecer la señora “L” es la que está detrás de todo esto y es la que instiga a otros a seguir el vil juego. Señora L, ya está grande, sabemos que su vagina está seca y abandonada, nosotros no tenemos la culpa de eso, consiga a alguien que la satisfaga sexualmente para que deje de jodernos, ¿le parece?
Esta vez, la “ONG 325” se vanagloria de “exponer” al teórico eco-extremista Abe Cabrera de Estados Unidos, publicando su supuesta foto, su curriculum vitae y su e-mail para que los monigotes descerebrados le envíen mails y le hagan pasar un mal rato (1). En primera, ITS no sabe si la persona señalada es realmente Abe Cabrera, pues nosotros NO tenemos relación con él, por lo tanto, no sabemos quién es, ni qué estudios tiene, ni nada de eso, lo único que sabemos de él es lo que él mismo publica en sus escritos y eso es todo. Relacionarlo con la banda internacional terrorista de ITS es imposible, el FBI corroborará esta información en su momento, seguro estos y la Interpol agradecerán a los anarquistas por esta ignominiosa delación de parte de la “ONG 325”, que curioso, ¡quien diría que los anarquistas modernos le hacen el trabajo a la policía en estos tiempos! Aunque esto no es nuevo, esto ya lo habían sacado a relucir la misma “ONG 325” a principios de 2018, cuando ellos mismos enviaron un mail a la policía de investigación del Reino Unido (2) denunciando que el paquete-bomba encontrado en un lugar público de Europa era responsabilidad de Misanthropos Cacogen (MC), quien recientemente se había unido al proyecto internacional de ITS en febrero. ¿Quién tan estúpido sino ellos para utilizar el servidor de Riseup (como lo dijo la prensa) (3) para enviar un mail a la policía denunciando a MC? Y ahora vienen con esto de Abe Cabrera, ya vimos que la delación está plenamente justificada si se trata de “fascistas”, ellos mismos mandan a la mierda su supuesta moral ácrata, que la policía haga su trabajo ya que la “ONG 325” ha señalado a alguien como probable responsable, que asco nos dan viles cobardes, ustedes son la escoria más pútrida y hedionda de todas.

II.
“Si me faltas el respeto me da igual si ella o él, me da igual hombre o mujer, si me faltas al respeto yo te lo falto por diez, están todos difamando porque yo tengo el poder, admítelo yo soy tu motivación o ¿es que no lo ves?”
K.

Ciertamente esta clase de ovejunos negros a querido afectar a ITS “exponiendo” a un teórico del eco-extremismo, ¿pero realmente afectó en algo a nuestra banda internacional? NO, porque Abe no es miembro de ITS y porque sabemos que la propaganda anti-humanista va a continuar pese a las trabas que han puesto los frailes anarquistas dentro y fuera de aquel país. En el peor de los casos, la “ONG 325” ha afectado irreparablemente la vida de Abe Cabrera (si es quien dicen que es la persona expuesta), pero estamos seguros que Abe es lo suficientemente inteligente y fuerte para sobrellevar este nuevo reto que obstaculiza su vida. Los individualistas amorales que defienden la teoría eco-extremista son comprometidos con sus posturas, los distingue la firmeza y la hermosura en letras que desenvuelven su pensamiento, admiramos su entereza y su solido carácter al estar defendiendo una Tendencia contraria al humanismo en entornos humanistas, ustedes son como el cazador desnudo en los bosques, asechado constantemente por animales salvajes camina sobre terreno hostil sin titubear, confiado de que lo Desconocido lo guarda y protege. Por otro lado, no deja de ser una reverenda mierda lo hecho por la “ONG 325”, si es que Abe es la persona que expusieron, desde luego; ustedes se creen tan intocables ¿cierto?, sabemos quien está detrás de la delatora “L”, sabemos qué griego está detrás del proyecto inglés 325-Act of Freedom, nosotros no vamos a viajar de México al Reino Unido a atentar contra ustedes y sus espacios, pues la creciente presencia de ITS en Europa no es mera casualidad…

III
Para los frailes anarquistas en México sepan que su victimismo no los salva de nada, mientras continúen tirando mierda de ITS y reproduciendo la difamación de 325 o de la señora Campell (la que por cierto, cerró la boca después de que la ubicáramos y la amenazáramos de muerte), nosotros nos vamos a enterar y actuaremos en consecuencia, así pasó en diciembre del año pasado con el punk anarquista ese que masacramos a golpes y que dejamos abandonado como un bulto inservible frente a la facultad de filosofía y letras de la UNAM, sí, fuimos nosotros junto con nuestras complicidades criminales. Este personaje infame tiró toda una cascada de mierda de nuestra banda durante el mitin de la zapatista un par de días antes, y quedó echo una mierda, literal. (4) Que se sepa que nosotros podemos actuar como el crimen organizado o como una pandilla y más de una vez lo hemos demostrado.


Nos importa una verga que el anarco-estrella defensor de los indefendibles enfurezca leyendo esto y diga de nuevo, “¿así es como me pagan?, ¡si yo les presté dinero!”, la credibilidad del anarquismo moderno ha quedado por los suelos, y eso queda constatado en lo que escribió aquel fiero individualista:
“(…) hoy en día me importa una mierda lo que se diga de mí, por la sencilla razón de que yo desde hace tiempo ya no me concibo dentro de llamado Movimiento anarquista, ni del plataformista, ni del reformista, ni del izquierdista y mucho menos (y sobre todo) dentro del espectro-mentira-falsedad anarquista Insurreccional (con todas y sus variantes). Me terminé asqueando de todo eso, de toda esa gente que nada más hablan y no actúan, porque cuando se trata de ser colectivistas todos son colectivistas, cuando se trata de ser individualistas todos dicen ser individualistas. Me terminé hartando se la mentira ideológica del insurreccionalismo y terminé por darme cuenta de la verdad detrás del mito.” (5)

IV
“Mujeres, viejos, niños, todos deben ser ahogados en sangre”
Paolo Schicchi, anarquista italiano 1892

Hay un conflicto irreconciliable entre los frailes anarquistas del tipo 325 y la minoritaria secta a la que pertenecemos, eso no lo vamos a negar, ya no queremos enfrascarnos en ese aburrido juego de contestar críticas porque sabemos que su intelecto no da para comprender de lo que estamos hablando, solo queremos que les quede bien claro que todo tiene una consecuencia, y que tarde o temprano, lo esperen o no, alguno de nosotros vamos a caer como el águila al pez.

¡Adelante con los atentados indiscriminados y selectivos!
¡Adelante, teóricos eco-extremistas!
¡Adelante, miembros de ITS en América y Europa!
¡Adelante, cómplices criminales!

Individualistas Tendiendo a lo Salvaje-México

Notas:
1. https://325.nostate.net/2018/09/15/who-is-arturo-vasquez-a-paralegal-or-an-eco-extremist-mafia-usa/
2. http://maldicionecoextremista.altervista.org/europa-de-e-mails-enviados-a-la-policia/
3. https://www.thescottishsun.co.uk/news/2321310/anti-terror-cops-email-named-group-behind-bomb-scare-edinburgh-princes-street-gardens/
4. http://www.elgrafico.mx/la-roja/04-12-2017/fracturan-con-golpiza-joven-en-ciudad-universitaria
5. http://maldicionecoextremista.altervista.org/es-en-delaciones-en-cadena-si-claro-en-mexico-city

(es) Nota adicional sobre fascismo

Traducción de “Additional note on fascism”


En el último post, no toque realmente el tema del fascismo como un fenómeno, aunque si lo he hecho en el pasado. Mayormente, no me consideraría ni a mi ni este proyecto como fascistas, porque el fascismo es una ideología desactualizada. Eso no quiere decir que no tenga adherentes en el presente, mas bien que sus adherentes viven en un pasado que ya no existe. Tengo una hipótesis en proceso de que los movimientos izquierdistas / progresistas fueron el producto de cierto atavismo en el cual el capitalismo aun no había extraído a las masas de formas pre-capitalistas de solidaridad y cohesión social. No es sorpresa alguna que los lugares en los que la insurgencia izquierdista de hecho triunfó (Rusia, China, España, Cuba) tenían grandes poblaciones de campesinos rurales y un proletariado industrial pequeño y relativamente nuevo. Los lugares que tenían a un proletariado establecido (Alemania, Gran Bretaña, Francia, etc.) parecen haber resonado bien bajo el orden capitalista, solo con algún traspié ocasional. El proletariado tenía intereses investidos en la sociedad tecno-industrial y su funcionamiento, o al menos en los aspectos que le importaban personalmente (películas, deportes, aplicaciones, etc.) El consumo se convirtió en el medio primordial para expresar la voluntad, en tanto que la producción se convirtió en un aditamento tercearizado hacia otra parte (cfr. Wal-Mart y empresas modernas similares). El consumo tal como lo conocemos es una labor muy atomizada. Las políticas izquierdistas están atascadas en el paradigma pasado de una fábrica llena de trabajadores con provisiones para los poderosos, mientras que la realidad ahora es una fábrica prácticamente vacía (significativamente automatizada cuando no totalmente tercearizada a ultramar) con una vidriera rodeada por consumidores pasivos, o personas pegadas a sus dispositivos electrónicos individuales. Los grupos izquierdistas están intentando revivir políticas que simplemente no tienen sentido en la era actual, porque la “polis”, un ensamblaje de masas de personas con intereses en común, esta siendo eliminada en favor de un modelo mas flexible de interacción humana y control.

El pecado del revolucionario no es haber nacido antes de su tiempo, sino una nostalgia por una sociedad que ya no existe.

El fascismo entonces no es más que otra forma de izquierdismo, quizás con cualidades mas tradicionalistas en el reino estético. El estado nación o el “pueblo” es otro intento de organizar masas de personas de una forma que ya no se corresponde con la vida tal como es vivida en la sociedad tecno-industrial. Allí donde uno podría ser quizás un heroico granjero o un trabajador industrial por el bien de la Patria en medio del siglo pasado, ser un preparador de hamburguesas, programador de computadoras o representante de T-Mobile en servicio al cliente no tiene el mismo acento romántico. El hecho es que, el capitalismo es tan productivo como siempre con muchos menos granjeros y trabajadores industriales. Incluso la guerra ya no es un juego de números, sino del despliegue de tecnología avanzada apoyada por unos pocos especialistas entrenados. (Los Estados Unidos han estado en guerra continua por casi vente años acarreando muy poca movilidad social). En cuanto a las economías fascistas, permitannos recordar como terminaron las últimas dos dictaduras fascistas, España y Portugal. En España en particular, liberales libre-mercadistas apoyados por instituciones tales como Opus Dei (Un orden religioso católico) comenzaron a socavar el orden económico nacionalista en 1950. La economía global esta demasiado integrada como para que cualquier nación o etnia se mantenga independiente por mucho tiempo. Todo esto es economía política elemental volviendo hasta Ricardo. No puedes retrotraer el reloj a la época del soldado, granjero y trabajador patriota y esperar ser competitivo contra la firma neo-liberal China o las fuerzas armadas de los Estados Unidos tecnológicamente avanzadas. El capitalismo Neo-liberal ha demostrado ser mucho mas poderoso económica o militarmente hablando que cualquier aspiración heroica de Derecha atavista.

Tanto el fascismo como el comunismo son ideologías desactualizadas que asumen la acción social donde realmente no existe. Las relaciones entre personas se están convirtiendo meramente en relaciones entre cosas, su diseñado dominio y el control en aumento. Hablar de ser anti-autoritario en China o Singapur en 2018, por ejemplo, parece algo irrisorio. Los Estados Unidos y Europa, con la omnipresencia de las cámaras y el soplón en el bolsillo de todos (Smartphones) no parecen quedarse atrás. Nadie va a organizar falanges de Arios para gasear judíos en el futuro cercano. El combate ritualizado en las calles Estadounidenses y Europeas entre aspirantes a fascistas y sus oponentes (que siempre parece desarrollarse en los lugares mas liberalmente permisivos de aquellas regiones) es tanto una parte del espectáculo de noticias las 24 horas para el rating como si fuese alguna especie de movilización comunitaria en contra de parias sociales indeseados. No tendremos ni socialismo Marxista ni nacional socialismo fascista. Aquellos que aún gritan en las calles por tales cosas se están aferrando a ideas de un mundo que se encuentra difunto.

Así que llamarme fascista en particular es inapropiado. Es más, el aspecto “ecológico” de lo que escribo, a pesar de no ser pronunciado en ocasiones, pasa al frente cuando hablamos del destino de la raza humana como un todo. Cuando ideologías tales como el Marxismo, fascismo, anarquismo, nihilismo y racismo estaban siendo forjadas en el siglo IXX, en gran parte se asumía que el mundo físico al que llamamos Tierra era una pizarra vacía para que el humano escribiese su potencial sobre ella. Y la pizarra se veía como un espacio ilimitado no-afectado por la productividad humana. Los recursos para crear maquinaria para crear más bienes que a cambio crearían más capital eran vistos como si fuesen infinitos, y los efectos secundarios como inexistentes. Hacia donde sea que miremos en el discurso social, ese ya no parece ser el caso. Limites con el combustible fósil, limites con el agua, limites con el suelo, etc. son grandes preocupaciones incluso para el conservador mas escéptico de los burócratas. En ese contexto, desde la perspectiva ecológica social, todos los otros asuntos ligados con la izquierda o la derecha (salarios dignos, racismo, asuntos de transgenero, pluralidad racial, la familia tradicional) parecen algo menores. Aquellos atorados en el pensamiento político deberían conceder que quizás hacer que la vida sea mejor para los humanos no evitará que los humanos se dirijan al colapso ecológico, especialmente cuando la buena vida para ellos significa proveer a los que tienen y a los que no tienen con incluso más “cosas”. El avance humano probablemente sea un juego con ganancia cero.

Todo esto es meramente para indicar los cimientos teóricos del eco-extremismo como marco mediante el cual abordar nuestra era actual. No justifica ni la misantropía ni el ataque indiscriminado en contra de la humanidad. Estas últimas cosas son decisiones éticas y prácticas a las que uno podría llegar como resultado de estas interpretaciones de la realidad actual. He conocido a gente que sencillamente ha reforzado ideologías del siglo IXX, pensando que representan un avance en el entendimiento humano que reconoce la dignidad universal de cada miembro de la especie homo sapiens. Algunos seguirán confundiendo la “raza” con alguna categoría eterna descendida de los dioses en lugar de verla como una taxonomía arbitraria nacida de la ciencia abandonada del siglo IXX. Mientras que respeto algunas de las creencias de esta gente, al final, uno debe desarrollar la decisión propia mediante la continua interrogación de las premisas personales. Las decisiones éticas finales son siempre “saltos de fe”, pero la fe jamas debe cansarse de buscar el entendimiento de aquello que ha concluido.

En el caso del eco-extremismo, esta la conclusión de que la acción colectiva es efectivamente ilusoria y propicia a consecuencias in-intencionadas. Esta es la razón por la cual comunistas se convierten en capitalistas quienes se convierten en nacionalistas militantes, y vice versa. Esta es la razón por la cual la declaración de Francis Fukuyama sobre el final de la historia al final de la Guerra Fría parece algo irrisorio ahora. Como miembros de la humanidad domesticada atrapados en una granja industrial que es la civilización tecno-industrial, es quizás nuestro destino el sufrir la historia y no crearla. Este fatalismo para el humanista racional parece como esclavitud a la futilidad y la inacción, pero como dicen, la vida sigue de todas formas. La acción aún es posible, aunque su alcance e impacto pueden no satisfacer los estándares de las ideologías políticas calculadas. La acción no es ni muy clara ni bien definida. También, ver mas allá de la granja factoría, mas allá del horizonte humanista hacia la Eternidad que nos dio la vida y que seguirá existiendo cuando nosotros ya no estemos aquí, puede ayudarnos a poner las cosas en perspectiva, pero de ninguna forma es obligatorio. O lo ves o no lo ves. Quizás la única vocación de uno en esta vida corta y carnosa que tenemos es “presenciar la Oscuridad” o manifestar la oposición de uno a la arrogancia humana. No es para cualquiera, pero sigo sosteniendo que es una postura completamente justificada al encarar la realidad de la civilización tecno-industrial. Y no acarrea nada del bagaje nostálgico del fascismo u otras ideologías de una era pasada.