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(es-en) Sobre ángeles y cyborgs

Audio del texto “Of angels and cyborgs” publicado recientemente y leído por Abe Cabrera en inglés.

Publicamos también la traducción al español del mismo texto.

La traducción corre a cargo de Zúpay.


AUDIO

A pesar de mi ausencia de deseo de llevar a cabo acciones violentas indiscriminadas (debido más que nada a mis circunstancias). He encontrado la retórica eco-extremista algo familiar en cierto punto. Eso se debe a que, cuando escribo acerca del eco-extremismo y lo interpreto, no siento que esté haciendo política o siquiera filosofía. Siento que estoy haciendo teología. Debería explicarlo: no teología de una típica forma occidental cristiana, pero si interpretando a través de la apreciación de algo más grande que el humano. Eso “más grande” podría ser de hecho una ilusión del inferior y mortal cerebro humano, y no es necesariamente una concesión de que hay una “conciencia” mayor que la nuestra. Se trata más de la afirmación de la completa degradación de la conciencia, la aceptación de que la razón humana es un fracaso total. Como he escrito previamente, esta era la razón para la ausencia de una perspectiva antropocéntrica entre las gentes y naciones de larga muerte; la idea de que debemos aspirar al poder del oso, la libertad del águila, el conocimiento del coyote, etc. La idea de que lo inhumano empequeñece lo humano, de que lo limita y triunfa sobre él a través de la muerte y el olvido.

Así que un sermón es completamente apropiado. En este día en el cual la Iglesia Cristiana conmemora la muerte de su salvador, es adecuado meditar sobre la naturaleza abyecta de la misma carne humana, su sangre, su decadencia y su pudrición. De hecho, la continuación de la iglesia Cristiana, el progresismo secular, ha denunciado a su predecesor por odiar la carne, y ha alabado cada hazaña de libertinaje por ser inherentemente progresiva. Es un punto común de conversación dentro de la mente liberal el de reprender a la iglesia por condenar la sexualidad. Esta es una presunción tonta. El predominio actual de la liberación sexual se debe en gran parte a la pastilla de control de natalidad, por un lado, y del lavarropas y el microondas por el otro. Es decir, la reproducción femenina es una reproducción controlada y social (utilizando un término Marxista) está mecanizada, para que una mujer (en particular), pueda tener todos los compañeros sexuales que desee, e incluso si queda embarazada, hacerse cargo del hijo es comparativamente fácil con comida instantánea, centros de día, libros de paternidad, etc. Las actitudes modernas hacia la sexualidad no están iluminadas a causa de una realización evolucionaría de la necesidad de libertad para todos los individuos. Existen materialmente a causa del aparato tecno-industrial, que considera a la gente como “recursos humanos” formados y educados de una manera uniforme. Esto hace la vida más “sencilla” y a los ciudadanos más dependientes del sistema.

Esto no importa de una u otra manera, porque a nuestra Tendencia no le importan los humanos, pero es importante darse cuenta de las bases de la actitud moderna. La actitud precedente en contra de la carne era justificada previamente al surgimiento de las comodidades modernas. La mortalidad infantil era excepcionalmente alta incluso en los sectores más ricos y privilegiados. Los humanos antiguos probablemente observaron que sus crías emergían del útero de forma prematura y extremadamente dependientes de sus madres. Surgieron Tabúes entre muchas personas acerca de tocar a una mujer mientras aún estaba amamantando para evitar que sus energías se dispersaran de la nutrición de un sensible brote de vida. Los niños morían de todas formas, lo cual es la base de la esperanza de vida relativamente baja entre la gente cazadora-recolectora. Los bebes y los niños morían, las mujeres morían en el parto, etc. Esto continuó durante el surgimiento de las sociedades agrarias. El obispo cristiano, Gregorio de Nisa, ilustró un vivido retrato del vínculo entre el amor y la muerte en su tratado elogiando la virginidad:

“Pero su tiempo de parir llega sobre la vida joven; y la ocasión es abordada no como la llegada del niño al mundo, sino como un acercamiento a la muerte; durante el parto se espera que ella muera; y, de hecho, a menudo este triste presentimiento es cierto, y antes de que divulguen la fiesta de cumpleaños, antes de que saboreen ninguno de sus esperados placeres, tienen que cambiar su regocijo por lamentos. Incluso en la fiebre del amor, incluso en la altura del pasional afecto, sin haber aún tomado los regalos más dulces de la vida, como en la visión de un sueño, son repentinamente alejados de todo lo que poseen. ¿Pero que viene después? Los empleados domésticos, como conquistando enemigos, desmantelan la cámara de parto; la decoran para el funeral, pero es la habitación de la muerte ahora; hacen los inútiles lamentos y golpes de las manos. Luego viene el recuerdo de los días pasados, maldiciones para aquellos que aconsejaron el matrimonio, recriminaciones para los amigos que no lo detuvieron; culpas a los padres estén estos vivos o muertos, amargos estallidos contra el destino humano, acusación al total curso de la naturaleza, quejas y acusaciones incluso al gobierno Divino; guerra dentro el hombre mismo, y peleas en contra de aquellos que los reprenderían; sin repugnancia para con los más impactantes actos y palabras. En algunos este estado mental continúa, y su razón se ve completamente tragada por el dolor; y su tragedia tiene un final más triste, con la víctima no soportando el dolor para sobrevivir a la calamidad.”

El papel de la mujer era así, uno de dolor continuo, por ella misma cada vez que daba a luz, y por todos los infantes y niños muertos quienes ella sabía que no tenían oportunidad de sobrevivir en un mundo cruel. No era ninguna sorpresa que algunas mujeres mostraban una imagen de alivio cuando se les prometía la virginidad perpetua en un convento, para sobreponerse a la poco confiable y pasajera carne a través de la incorruptible sustancia conocida como el “espíritu”. El ascetismo del monasterio occidental no es tanto una total denuncia a la carne, como la condena de la Iglesia Católica ortodoxa al Gnosticismo y el Catarismo lo indica. Es, en cambio, un reto para que la carne se convierta en algo mejor de lo que es, más y fuerte y resistente. Esto llegó a la madurez intelectual en el pensamiento de Georg Wilhelm Friedrich Hegel, cuya concepción del geist (espíritu o mente), era el de una manifestación de la razón de una forma inerte: La mente convirtiendo el mundo en un asunto de pensamiento (o sea, un asunto humano).

Existen por supuesto aquellos quienes están levemente menos avanzados en aceptar el nuevo orden de las cosas, y estos son por supuesto los izquierdistas: aquellos que se encarrilan en contra de la inmoralidad del capitalismo y el Estado. Los llamo menos avanzados porque no se dan cuenta de que, en nuestras circunstancias presentes, el potencial es nueve décimas partes de lo correcto. Si algo se puede hacer, debe hacerse, sin importar las consecuencias para algún sector de la población. El despliegue de las fuerzas de la sociedad tecno-industrial es el progreso, sin importar sobre quien se pare o a quien condene a la irrelevancia. Ese es el carácter distintivo del neoliberalismo, y es el Espíritu del Mundo, dicho simplemente. Ser capaz de comprar el último Smartphone y vegetar frente a nuestro entretenimiento digital seleccionado es la culminación del progreso, el Descenso del Espíritu Santo en Jerusalén, el asalto a la Bastilla y al Palacio Invernal, etc., etc.

Sin embargo, estos estancos aun piensan que debería haber una dirección para la historia, en lugar de un deambular zombi hacia el olvido ecológico que nadie parece querer frenar. Es un indicador, sin embargo, que incluso una figura revolucionaria como León Trotsky en la cúspide del fervor progresista, concibiera al hombre como un nuevo cyborg Marxista, capaz de realizar el sueño de un mejor mañana.

“En resumen, el hombre comenzará a armonizar con todo rigor su propio ser. Tratará de obtener una precisión, un discernimiento, una economía mayores, y por ende belleza en los movimientos de su propio cuerpo, en el trabajo, en el andar, en el juego. Querrá dominar los procesos semiinconscientes e inconscientes de su propio organismo: la respiración, la circulación de la sangre, la digestión, la reproducción. Y dentro de ciertos límites insuperables, tratará de subordinarlos al control de la razón y de la voluntad. El homo sapiens, actualmente congelado, se tratará a sí mismo como objeto de los métodos más complejos de la selección artificial y los tratamientos psicofísicos.

Tales perspectivas se derivan de la evolución del hombre. Comenzó por expulsar las tinieblas de la producción y de la ideología para romper, mediante la tecnología, la rutina bárbara de su trabajo, y por el triunfar de la religión mediante la ciencia. Ha expulsado el inconsciente de la política derrocando las monarquías, a las que ha sustituido por democracias y parlamentarismos racionalistas, y luego por la dictadura sin ambigüedad de los soviets. En medio de la organización socialista elimina el espontaneísmo ciego, elemental de las relaciones económicas. Lo cual le permite reconstruir desde otras bases totalmente distintas la tradicional vida de familia. Por último, si la naturaleza del hombre se halla oculta en los rincones más oscuros del inconsciente, ¿no es lógico se dirijan en esa dirección los mayores esfuerzos del pensamiento que busca y que crea? El género humano, que ha dejado de arrastrarse ante Dios, el Zar y el Capital, ¿deberá capitular ante las leyes oscuras de la herencia y de la ciega selección sexual? El hombre libre tratará de alcanzar un equilibrio mejor en el funcionamiento de sus órganos y un desarrollo más armonioso de sus tejidos; con objeto de reducir el miedo a la muerte a los límites de una reacción racional del organismo ante el peligro. En efecto, no hay duda de que la falta de armonía anatómica y fisiológica, la extremada desproporción en el desarrollo de sus órganos o el empleo de sus tejidos dan a su instinto vital este temor mórbido, histérico, de la muerte, temor que a su vez alimenta las humillantes y estúpidas fantasías sobre el más allá.”

¿Qué es el hombre revolucionario entonces, más que la versión actualizada del Padre del Desierto en el Cristianismo temprano, en total control de sus deseos y pasiones, capaz de dormir poco y comer aún menos, un individuo altruista, que subyació la carne humana para un fin superior?

Para el ascético, la meta era obtener una corona eterna en el cielo. Para el revolucionario, esta subyugación apunta a un mejor mañana, a la realización del poder humano como su propio fin, su propio desarrollo. La carne humana es débil y será asistida por drogas para controlar las emociones, educación para controlar la ignorancia, libertinaje en algunas áreas para contener el deseo, y una ambición tecnológica sin restricciones para limitar el apetito irascible. La humanidad misma ha sido probada y se la encontró insuficiente, y será reemplazada por el cyborg que podrá alcanzar la tan buscada meta posterior de la utopía.

Bajo esta luz, el absurdo del primitivismo se vuelve más evidente. El deseo insaciable de la mejora a través del ascetismo se vuelve en contra del mismo poder humano, como si la meta del poder humano, tanto como su propio fin se auto-destruyeran voluntariamente. La carne que se encontró ampliamente insuficiente debe reformarse a sí misma al retomar su fuerza anterior y su menor resistencia de las máquinas. Como si el auto-mejoramiento continuo hubiera sido la meta de las sociedades ahora extintas. La ambición humana se ha revelado a si misma que es demasiada, por lo cual, debemos poner el contenido dentro de la caja de Pandora nuevamente y volver a atar a Prometeo a su roca. La ambición final es la de destruir la ambición al aprovechar la energía de la ambición para hacer al hombre no-ambicioso, o algo de esa naturaleza. Debemos regresar y treparnos de vuelta a los árboles porque nuestro amor de fuerza y velocidad nos condena a la esclavitud de la fuerza y la velocidad, y solo podemos hacerlo al aferrarnos a la fuerza “sustentable” y “estable” de nuestros ancestros, ignorando que esto es un oxímoron si alguna vez lo hubo.

Todo esto ocurre porque la civilización tecno-industrial se aferra del Humano, se aferra a la idea de que el universo debe tener a la Humanidad como a un animal especial y único en su interior o no puede ser en absoluto. Incluso el primitivista, el así llamado “traidor de la especie”, está ligado a la ilusión de que la salvación del humano será la salvación de lo salvaje, lo cual es una risa. Lo único que puede hacer el humano ahora es sangrar, morir y decaer. Esto no es un juicio moral, sino uno físico. La sociedad tecno-industrial tropezará por ahí como un hombre borracho luego de una noche de mucha bebida, en un estupor de drogas y luces parpadeantes. No hay escapatoria, pero el único alivio es refugiarse en lo Inhumano, para darse cuenta de que la meta de la civilización tecno-industrial es una idiotez imitable: el delirio de que un animal, un compendio de materia, tiene una vocación eterna a ser especial en el medio de un universo que apenas entiende y mucho menos controla. Pero la humanidad ha trabajado en vano, y la estructura que busca construir, la Torre del Silencio, el Progreso, la Solidaridad, se derrumbará, al estar construida sobre unos cimientos de arrogancia e incompetencia. Por lo que está escrito:

»Si alguno de ustedes quiere construir una torre, ¿qué es lo primero que hace? Pues se sienta a pensar cuánto va a costare, para ver si tiene suficiente dinero. Porque si empieza a construir la torre y después no tiene dinero para terminarla, la gente se burlará de él. Todo el mundo le dirá: “¡Qué tonto eres! Empezaste a construir la torre, y ahora no puedes terminarla.”

¿Qué podemos decir del humano además de que tiene la ambición de destruirse a sí mismo, de una forma u otra? O es como el filósofo Neoplatónico Plotino, quien aborrecía ser visto en el cuerpo, o quiere mejorarse y modificarse a mismo a través de la disciplina o de dibujarse a sí mismo en partes artificiales. Sus sueños de deshacerse de su cuadro físico, mortal para convertirse en una luz angelical pura patrullando las estrellas, pero felizmente no pienso que el híper-civilizado vaya a ascender al cielo para amontonar su basura en él. El eco-extremista, a menudo luego de muchos años de lucha, ha decidido dejar de intentar salvar a la humanidad, y en cambio darle a la Humanidad lo que quiere, quizás de forma inesperada. A través de su trabajo hostil en contra de lo Humano, puede que el eco-extremista y el nihilista activo desciendan más y más dentro del Misterio de Lo Desconocido, y de Lo Inhumano.

(es) En cuanto a la dominación (Algo así)

Traducción del texto “For domination (sort of)” escrito originalmente por Abe Cabrera en inglés, publicado en diciembre de 2016.

Traducción a cargo de Zúpay.


Recientemente traduje algo en el sitio principal de “Atassa: Lecturas sobre Eco-extremismo”, que ha hecho que la insignificante galería Anarquista vuelva a salir del maderaje, expresando el cómo los eco-extremistas/“anarquistas de praxis” no son mejores que el Estado o los fascistas porque usan la “violencia terrorista” y la “coerción” en sus acciones. El razonamiento es que el Estado es violencia, la violencia es coercitiva, y si usas violencia (indiscriminada), no sos mejor que el Estado, en oposición a los anarquistas, quienes usan la violencia “juiciosamente” (de nuevo, de acuerdo a los anarquistas) peleando en contra de la policía y otros indeseables de acuerdo a las instrucciones de las tribunas y los pontífices anarquistas, blablablá…

Asumo que estos son anarquistas “pro-civ”, pero incluso los anarquistas “anti-civ” siempre están hablando y hablando respecto a esto. Si una persona tiene demasiado poder, o lo que sea, es una amenaza para todos, básicamente están a un paso de imponer la dominación total, la domesticación etc. Uno debe hallar las sociedades más “igualitarias” que pueda e intentar embotellar lo que sea que las hiciera funcionar (como si fuera tan fácil).

De cualquier forma, ese tipo de acercamiento reduce a los humanos a abogados y contadores en mi opinión: las sociedades primitivas son reconvertidas a un puñado de tacaños y managers de recursos humanos cuya única obsesión es asegurarse de que todos reciban exactamente lo mismo y nadie salga herido. Aquí la metáfora del “noble salvaje” es justamente aplicada.

Curiosamente, si estos primitivistas solo leyeran su propio Canon de cerca, quizás descubran algunas verdades sinsabor. Por ejemplo, en el evangelio de acuerdo a St. James (Woodburn) está escrito:

“En circunstancias normales, la posesión por parte de todos los hombres, sin importar que sean físicamente débiles, cobardes, incalificados, o ineptos socialmente, a los fines de matar en secreto a cualquiera percibido como una amenaza para su propio bienestar, no solo limita la predación y la explotación; también actúa como un mecanismo de nivelamiento poderoso. Desigualdades de riqueza, poder y prestigio son una fuente potencial de envidia y resentimiento que pueden ser peligrosos para los sostenedores en los cuales los medios, para una protección efectiva, están en falta.”

El secreto para una sociedad igualitaria, en esta versión del evangelio primitivista, recae, no sobre algún lloriqueo nebuloso acerca de la justicia y no ser oprimido, sino en la habilidad (del hombre n.b) de tomar represalias en contra de otros que deban decidir pararse sobre tus pies, metafórica o literalmente. Si todos nosotros (y por eso me refiero a “todos los hombres”), tenemos acceso a las mismas armas, podría pensarlo dos veces antes de robarme tus bienes o mandonearte. Eso se ve como una caracterización muy lejana del “toda la coerción es fascista” del anarquista moderno.

Yo afirmaría que “acceso directo e inmediato al control social”, también excluye la moralidad, ese último vestigio del Estado o de Dios, que atormenta al anarquista social, quien piensa que la moralidad es una especie de “luz interior” que guía a cada apestoso arroja-molotov en la calle como un ardor en lo íntimo. La única razón por la que no debería herirte es que si también me lastimarías si yo lo hago, e incluso entonces, probablemente intentarías herirme de todas formas. Si salimos del reino igualitario de St. James y nos dirigimos a tribus menos santas, esto se volverá más evidente.

Pero esto solo es un post en un blog. Obviamente volveremos a este tema en el futuro.

(en) What Does the World Dream?

Un muy interesante ensayo sobre el poeta Robinson Jeffers, escrito por Ramon Elani, uno de los colaboradores de la revista Atassa.


“The wild God of the world is sometimes merciful to those that ask mercy, not often to the arrogant.”

In his twilight days, man dreams of his death. A lonely figure upon the cliff top gazing out over a black stormy sea under an iron sky. Beneath the stone, the volcanic consciousness pulses. The eyes beyond the flaming walls of the world blink open. The annihilating force of the myth of human superiority has never been more starkly visible. No poet understood this myth better than Robinson Jeffers. He stands side by side with us at the precipice of the void. Jeffers is truly the poet of our groaning, clamoring age. He utterly rejected the notion that human life is more important or valuable than the life of other creatures, or the existence of a pebble, a grain of sand, or a speck of dust. He saw human history as an inexorable march towards oblivion but he also perceived the consciousness of the universe, the spirit of all things, and thus, he saw that humanity as a child of the universe must be imbued with a spark of that consciousness as well, no matter how deeply it is buried beneath aeons of vanity.

As a quick housekeeping note, I have chosen not to discuss Jeffers’ long, narrative poems in the essay that follows, although they contain perhaps his most articulate version of his philosophy and his most stylish verse. I have instead focused on presenting a wide range of Jeffers’ work from various points in his career, with the intention of giving the inexperienced reader of Jeffers a broader exposure of his ideas.

As the child of a Presbyterian minister and professor of Old Testament literature, Jeffers’ earliest influences were the Classics and the Bible. But while Christ was the “lord and captain” of his father’s life, as Jeffers wrote in the poem “To His Father,” he “followed other guides… through years nailed up like dripping panther hides for trophies on a savage temple wall.” Among these “other guides” were the works of Freud and Jung on the mysterious shadowy landscape of the unconscious, as well as James Frazer’s seminal work on magic, myth, and ritual. Beneath all of this lay the deeply held conviction that humanity was doomed and that history was destined to end in ruin, decadence, and decay. Jeffers himself acknowledges that much of his early poetry was simply “imitating Shelley and Milton,” though without their originality. Part of this archaic style was an attempt to separate himself from contemporaries such as Pound and Eliot, who were committed to innovation in poetic forms. As Jeffers writes in his introduction to the 1935 Modern Library reissue of Roan Stallion, Tamar and Other Poems, he could not become “a modern.” Jeffers rejection of modernism as a literary aesthetic or style, of course, reflects his deeper rejection of modernity as an experience of life and history. The world-shaping utopian projects of the Enlightenment and its inheritors likewise appeared to Jeffers as twisted, poisonous, and pernicious.

The promises of the revolutionary 18th and 19th centuries, promises and visions of a worldly paradise where suffering and struggle would vanish like mist before the blazing sun led inexorably to the horrors of the 20th century and beyond. The fantasy of progress, that history was moving towards the perfection of humanity and human society obliterated the last bonds that tied our species to the cosmos. Jeffers saw this more clearly than anyone. The world wars, the proliferation of nuclear weapons, the domination of techno-industrial society were merely the culmination of a process begun long before.

Perhaps the greatest influence on Jeffers’ work was the landscape and character of the central Californian coastline. Jeffers and his wife Una moved to Carmel, California in 1914. They had intended to settle in Europe but the war changed their plans. Along those rocky cliffs, Jeffers discovered a deep and powerful connection to place. He and Una lived in Carmel for the rest of their lives. While building a stone cottage for his wife and twin boys, Jeffers also found his love for masonry and stone work. This would become one of the major themes of his poetry.

The stone gives us the impression of permanence, the strength and ancient age of the natural world. Those who work with stone may feel that they have the power to manipulate primordial substances, the bones of the world. At the same time, to know the essence of stones, one must also know how limited our capacity is to truly impose ourselves on the world. Because as titanic as they are to us, the stones themselves will dissolve into nothingness over time. But humans seem to have this impulse to carve our faces into the sides of mountains so we can delude ourselves with fantasies of immortality. Humanity is caught as it were between these two poles, transience and the illusion of permanence. Robinson Jeffers’ poetry reflects the tension between these poles, as well as the attendant conditions of hope and despair.

Jeffers consistently emphasizes both the absurdity and maliciousness of the human race and the unconquerable power of the world. Geological symbols are frequently invoked by Jeffers to dramatize the smallness of the human world and the vastness of nature. In “To the Stone-Cutters” he characterizes humanity as the “foredefeated / Challengers of oblivion.” All the products of human labor constitute a challenge to the indifference of the universe, what appears to the limited human intellect as “oblivion.” According to Jeffers, we build and dream and fight to prove ourselves, to prove that we have some significance and further, to prove that the universe has some kind of substance that we can understand, some structure, some meaning. Rather than the swirling storms of chaos and violence that we secretly fear. Truly, however, our best efforts are doomed before we begin. Jeffers continues, “the poet as well / builds his monument mockingly; / for man will be blotted out, the blithe earth die, the / brave sun / die blind and blacken to the heart.” Humanity’s challenge is ironic, somewhere deep within us. We know ultimately that our existence is contingent and temporary, as individuals and as a species, for we also know that the earth, the sun, and the universe itself has a finite lifespan. As we die, as our works are forgotten, so to will earth die, and the sun itself. Permanence is madly sought but cannot be found in this world. Why is such a simple truth so difficult for humanity to grasp? Despite the overwhelming knowledge that all things will pass into nothingness, why do we continue to create? Jeffers concludes his poem thus “stones have stood for a thousand years, and pained / thoughts found / the honey of peace in old poems.” In other words, it is true that stones, earth, and sun will die but the life of a human being is so much more fragile and fleeting that we cannot help but be impressed by power of stones and old poems. While a thousand years may be insignificant in terms of cosmic time, it represents a near eternity to the mind of a human creature. Jeffers always seeks to understand the place of humanity in the cosmos and in this sense it is natural for us to long for whatever taste of immortality we may achieve, as delusion as it ultimately is. This is something that appears to make us what we are. Continue reading (en) What Does the World Dream?

(es) Una nota sobre una verdad inconveniente

Traducción de uno de los textos de Abe Cabrera sobre la tecnología y sus críticos.

Traducción a cargo de Zúpay.


“La carne es reemplazable”

Una vez más, sobre la red.

Si hay algún aspecto del pensamiento anti-civilización que necesita ser cuestionado, es el del Neo-Ludismo. No porque la tecnología sea un bien de alguna forma, pero más que nada porque aquellos que han decidido culpar a la tecnología de todo lo usan como un chivo-expiatorio, o como una excusa para ser intelectualmente flojos. Aquí está la razón por la cual necesitan a Karl Marx, de El Capital:

“Por el contrario, la forma de mercancía y la relación de valor entre los productos del trabajo en que dicha forma se representa, no tienen absolutamente nada que ver con la naturaleza física de los mismos ni con las relaciones, propias de cosas, que se derivan de tal naturaleza. Lo que aquí adopta, para los hombres, la forma fantasmagórica de una relación entre cosas, es sólo la relación social determinada existente entre aquéllos. De ahí que para hallar una analogía pertinente debamos buscar amparo en las neblinosas comarcas del mundo religioso. En éste los productos de la mente humana parecen figuras autónomas, dotadas de vida propia, en relación unas con otras y con los hombres. Otro tanto ocurre en el mundo de las mercancías con los productos de la mano humana. A esto llamo el fetichismo que se adhiere a los productos del trabajo no bien se los produce como mercancías, y que es inseparable de la producción mercantil.”

“La red” aquí, hace referencia a la encarnación de las relaciones sociales de los humanos manifiesta en las cosas. La relación social es primaria: La domesticación y la cohesión social. El material existente actualmente es secundario. Si, quizás dado lo suficiente de un impulso destructivo, puede que la red, luego de ser atacada, se “mantenga caída”. Pero permítannos notar que la infraestructura fue masivamente destruida durante la Segunda Guerra Mundial, con ciudades enteras siendo niveladas, líneas de energía cortadas, líneas de ferrocarril paradas, etc., etc. Pero eso no desalentó a nadie para la re-construcción. De hecho, tal destrucción llevó a que las cosas sean re-construidas aún más grandes y mejores. También llevó a tres décadas de prosperidad que dieron a luz a la Carrera Espacial y la Revolución de las Computadoras. Incluso antes de eso, la Muerte Negra había asesinado un tercio de Europa, conduciendo a la fundación de la modernidad capitalista de acuerdo a muchos historiadores.

En otras palabras, el desastre puede no ser la antítesis de la civilización, al menos en el fondo. Si, quizás nos estemos acercando a niveles catastróficos de destrucción, dentro de los cuales la civilización ya no será posible. Pero de nuevo, incluso si la civilización fuera reducida a ciudades subterráneas drásticamente más pequeñas, o a entornos climáticamente controlados, no has destruido a la civilización tecno-industrial: Lo único que está haciendo es re-agruparse.

Si crees en un dogma bajo el cual la naturaleza humana es buena y salvable de forma inherente, por supuesto que culparás a las cosas no-humanas (o sea máquinas) por corromperla, buscando mientras tanto en el pasado, su verdadera naturaleza (hecha por el hombre) y funcionalidad. Si, por otro lado, puedes apreciar que hay manifestaciones meramente físicas de las relaciones sociales, que son mucho más difíciles de destruir, estás en una posición mucho más dura, pero al menos estás siendo honesto contigo mismo. La anterior apreciación es la fundación ideológica del anarquismo: los humanos estarían bien si solo el Estado, Capital, Tecnología, etc. los dejaran en paz. La última apreciación, la más realista en mi opinión, observa que la tecnología y los humanos modernos están interconectados casi al punto de ser Consustanciales. Si la tecnología existe es a causa de que los humanos modernos le dan la voluntad de existir, la aman, y la valoran con toda su vida. Puedes discutir esta sincera afinidad todo lo que quieras, pero las apariencias no engañan.

(es) Más pensamientos sobre la liberación

Filosa reflexión traducida del inglés sobre el concepto “libertad” y su acercamiento al cristianismo.

Traducción a cargo de Zúpay.


En una extraordinariamente peculiar mañana libre de domingo, decidí revivir la costumbre de mi juventud, de caminar hacia la iglesia para la misa matutina. En este punto, al menos en lo personal, soy una criatura de hábitos. Para transitar la vida, encuentro reconfortantes los rituales. Tal como algunos han presupuesto con los Griegos y los Romanos. No creo en la validez de estos rituales cívicos y religiosos: la creencia es algo extraño de todas formas, pero escribí sobre el tema hace años y preferiría no rememorarlo.

A pesar de que la iglesia suburbana está a una pequeña caminata de distancia de mi casa, de todas formas llegué elegantemente tarde. Llegué durante el sermón, justo al tiempo que el Padre comenzó a hablar sobre el infierno. Esto fue sorprendente ya que puedo contar con una mano las veces que escuche a un cura católico común predicar acerca del infierno. En el “narthex” de la iglesia, había un póster de los sonrientes estudiantes de último año de la parroquia, quienes se graduarían en unos meses: los prometedores y brillantes vástagos de la clase local afluente. De camino pasé por al lado de camiones de último modelo y autos deportivos, y la iglesia misma, mientras que mi familia no suele asistir, resulta agradable a mi gusto estético (o sea, algo anticuado). En otras palabras, esta gente tiene dinero, y probablemente podría considerarse que yo tengo dinero también.

Pero aquí estaba el cura, con vestimentas de rosas para un domingo Laetare, hablando sobre el infierno. También habló de las oraciones memorizadas (rote prayer) y los trabajos corpóreos de compasión, etc. Muy tradicional, probablemente al estilo de los curas de antaño, aunque los rituales y otros accesorios han cambiado notablemente.

Al abandonar la iglesia, me di cuenta de que quizás la iglesia había tenido que predicar acerca del infierno hasta hace muy poco (y, como muestra este cura, aun lo hacen de vez en cuando), para que la gente se comporte un poco, porque la vida civilizada era simplemente así de horrenda. Ese cura no estaba pidiendo sus cargos, como lo hizo Jesús en los evangelios, para renunciar a todo, cargar la cruz y seguir el camino de la abnegación y el sufrimiento. No, para evitar el infierno, él solo predicaba que la gente debía ser más atenta mientras oraban el rosario, visitar la casa de sus viejos, e invitar a los creyentes alejados a la iglesia. Parece un pequeño precio a pagar para evitar la condena eterna.

En mis reflexiones matutinas de ayer, hablé acerca de la liberación, pero luego de que lo subí, me di cuenta de que había evitado mencionar de dónde viene realmente nuestro concepto de liberación, y viene de la iglesia. El secular creyente de la Ilustración protestara de que se remonta a los tiempos de las leyes Griegas y Romanas, y las reformas del temprano periodo moderno, etc. Pero todo eso se nos confirió a nosotros a través de dos mil años de interpretación bíblica y teológica. El izquierdismo es Cristianismo llevado adelante por otros medios, el secularismo es la iglesia sobre bases más seguras, etc.

Por lo tanto, cuando uno habla de liberación e igualitarismo, uno no puede sino, haberse apoyado en Jesús y San Pablo, quien habló de “la libertad de los hijos de Dios”, o de que no haya ni esclavos, ni libres, ni judíos, ni griegos. Incluso en tiempos de esclavitud, la Iglesia debió desarrollar un mecanismo ideológico en el cual todos sean iguales y libres en alguna medida. Estuve leyendo para un ensayo que jamás será escrito sobre un debate en Valladolid entre Bartolomé de las Casas y Juan Ginés de Sepúlveda, respecto a la humanidad y naturaleza de la gente indígena en el Nuevo Mundo del siglo XVI. Por supuesto, toda la gente moderna está del lado de De las Casas, pero Sepúlveda se apoyó en Aristóteles para indicar que la gente indígena era por naturaleza inferior a sus conquistadores debido a la violación de sus leyes naturales, y eso significaba que debía servir. Incluso entonces, nadie discutía (al menos en ese momento), que no pudieran ser bautizados y así ir al cielo cuando murieran. Solo eso, en esta vida, sus facultades eran inferiores a las de otros humanes, por lo cual, sus capacidades no daban para vivir una vida humana plena. Así, había “igualdad” donde contaba, a saber, después de la muerte. Una buena y santa muerte que le siguiera a una vida de servidumbre sería recompensada por una utopía igualitaria en el cielo. De hecho, la humilde vida de un Indio sirviente podría ser más meritoria, como lo indica la parábola de Dives y Lázaro en los Evangelios.

A lo que voy es que la idea moderna de liberación, liberación total, o como te guste, es un concepto Cristiano, a pesar de sí mismo. Per aspera ad astra (Por el sendero áspero, a las estrellas), a las estrellas, o al cielo, a la utopía, a la libertad, etc. A través de aquello que es dificultoso: revolución, insurrección, el colapso tecno-industrial, etc., etc. La liberación personal nunca podrá ser suficiente porque es una mentira, al menos si le damos algo más que un contenido individualista, escurriéndola para sacar las implicaciones jurídicas y filosóficas. La única libertad puede ser aquella de atacar y escapar, freno total. Es la libertad del animal salvaje, no de la Comunión de Santos. Y llevara a la re-captura y muerte inevitablemente. No hay un final feliz aquí, y la esperanza no tiene sentido. Si uno aspira a estas últimas cosas, se cae en la trampa de nuevo, quizás más profundamente esta vez. Sueñas con el horroroso infierno de Jesús una vez más (mirar arriba), esta vez el Rey de Reyes, el Señor de los Señores tiene una cara diferente: El final de toda dominación, Revolución Anti-tecnológica, Futuro re-salvajizado, etc. Son solo un montón de nombres diferentes para el Paraíso y la visión beatifica, y es todo una mentira. Jesús no te sacará del infierno, él es quien te puso ahí en primer lugar.

Pero como lo ha indicado ITS, incluso en el infierno se puede pelear. Incluso en el Infierno, el lugar dentro de la teología Cristiana donde la luz de Dios no brilla, el animal humano permanece salvaje e indomable. No es la libertad que uno podría querer necesariamente, pero es la libertad que tenemos. Empúñala sabiamente.

“Si la muerte llega seguiremos destruyendo el infierno; asqueroso mundo te veré caer riendo, en este enfrentamiento eterno…”

-Onceavo Comunicado de los Individualistas Tendiendo a lo Salvaje, 2016

(en) Response to John Zerzan

Video respuesta del jefe de la revista Atassa, a el anciano hippie Zerzan y su cría, Kevin Tucker.

Al parecer, los eco-extremistas en Estados Unidos han tocado fibras sensibles para los anarco-primitivistas, tanto así que estos han escrito columnas y columnas de supuestas críticas, y han emitido varios comentarios directos e indirectos en sus radios “autogestivas”.

¡Por el derrumbe de las viejas ideiologizaciones, el presente está plagado de horrores, solo los más valientes se atreven a entrar en él y asumir consecuencias!

(en) Atassa update

Informativo número 2 de la revista Atassa, en donde Abe Cabrera da algunas actualizaciones y noticias entorno a la revista eco-extremista en inglés.

El jefe editor de Atassa, habla sobre su reciente trabajo titulado “What the Internet Looks Like”, publicado en Hunter/Gatherer, en el cual crítica las implicaciones híper-civilizadas del uso de la tecnología en esta era moderna. También expone su postura anti-política respecto a los sucesos acontecidos en Estados Unidos recientemente.

¡Apoyando las iniciativas de difusión eco-extremista!


What the Internet Looks Like

Ingrid Burrington’s book, Networks of New York: An Illustrated Field Guide to Urban Internet Infrastructure, is probably the opposite of what an eco-radical would want to read, but it shouldn’t be. For one thing, I have never been a fan of nature field guides, whether these aim to teach which plants are edible, which birds can be seen at what time of year, and other facts related to outdoor activities. I would argue (perhaps flippantly) that those field guides affirm a cultural lie, namely that “Wild Nature” exists as a separate geographic space that can be returned to at one’s leisure. Or rather, nature can be compartmentalized and preserved as a sanctuary in the midst of a hyper-technical world. I am guilty of doing this, of course; of “Googling” what a random berry was while on a hike and other reluctant uses of technology.

Burrington’s book aims at the opposite: to illustrate what our world is really like in the place that is most “our world” than any other: New York City. I am not the most well-travelled person in the world by any means, but I have seen my share of cities. None can compare with the overwhelming mass of concrete, glass, and asphalt that one faces when entering the island of Manhattan. Burrington’s own tour aimed to “find the Internet” in the midst of the largest city of the wealthiest country in history. Complete with drawings and illustrations, it is a field guide in every sense. The book shows you what a particular manhole cover means, where to find important Internet exchanges, as well as the politics of the myriad of video cameras and other detection devices that are used to fight terrorism and crime. Burrington illustrates the physicality of the Internet, which in the end is the key to its ineffable transcendence:

One of the hardest parts of trying to see the Internet, of trying to even answer the question of how you see the Internet, is scale. The writer Quinn Norton has written of the difficulty of telling stories today in “a world where falling in love, going to war, and filling out tax forms looks the same; it looks like typing.” There is an unexpected intimacy to living with screens, but that intimacy does not typically extend to the cable and conduits the screens rely upon. As the ‘division’ between real life” and “online life” is increasingly understood to be fiction (i.e. what people say and do online has real-world consequences, retweets are not endorsements, your boss can find your Tinder profile), the Internet’s landscapes continue to appear at a remove from those physical landscapes where we fall in love, go to war, and fill out tax forms. Ironically, the reason we can ever have those weirdly personal moments with machines is because the landscapes of the Internet are folded into the landscapes of everyday life. We basically live inside a really big computer.

What Burrington does in the following pages is describe what that “really big computer” looks like. This is often difficult since part of the illusion is that the computer is invisible, that we continue to see “the computer” as something we write with at a desk or that we carry in our pocket. There are symbols on the ground for the thousands and thousands of miles of fiber optic and other wires that power and transmit information between machines. All of these symbols have a history and a special meaning. There are class considerations as well: companies like Verizon place modern and faster wire infrastructure under wealthy and gentrifying neighborhoods, even when political measures have been made to keep the Internet “democratic.” The movement of the economy itself, reduced to the logic of the roulette wheel and the Blackjack table, often hinges on the fractions of a second advantage that a certain fiber optic cable has over another:

The pursuit of a microsecond advantage led to a lot of demand on Wall Street for low-latency networks, a term used to describe the length of delay in data transmissions. Lower latency means less delay and faster trades. After apparently reaching the limits of mathematics for increasing speed, traders turned to physical proximity for lower latency. Data centers that housed stock exchanges offered expensive colocation services that placed a trading firm’s servers closer to the exchange servers to improve latency (since the cable connecting the servers was shorter, data traveled a shorter distance and got to the server faster). New companies emerged, promoting ultra-low-latency networks by leasing private fiber lines. One company, Spread Networks, built an entirely new fiber optic network from Chicago to New York to be able to achieve – and charge hundreds of thousands of dollars for – a three-millisecond advantage.

Even here, in spite of the Internet being an ethereal entity in the everyday imagination, its physicality is a pressing concern at the highest institutional level.

On the ground, the Internet is visible in junction boxes and under manhole covers, with large exchanges of wires transmitting and governing billions of activities. LinkNYC is a system of free Wi-Fi kiosks that aimed to replace the obsolete network of payphones during the middle of the last decade. While the free Internet access is appreciated by some when wandering the city, groups like the American Civil Liberties Union have raised concerns regarding the tremendous amount of data collection that these kiosks carry out in the effort to “better serve” users. It is not clear what happens to the data, or if it is shared with other government agencies, especially law enforcement. As Burrington writes:

To paraphrase George Orwell, if you want a vision of the future of public Wi-Fi, imagine a corporation doing exactly the kind of vaguely slimy things corporations do by design – forever.

In another place in the book, Burrington makes the accurate analogy of one’s personal Smartphone constantly “barking” one’s presence to Wi-Fi hotspots, thus making anyone easily locatable at least in theory.

The Internet may not be in one place, but it does have important centers which, in a city like New York, are often major buildings that were important during past eras of the communications industry. These are the “carrier hotels” where different Internet Service Providers (ISPs) and network companies “check in” and cross one another. These buildings, such as the ones at 60 Hudson Street and 32 Avenue of the Americas, aren’t exactly a secret, but neither are they open to the public in many instances. Burrington comments half-jokingly that these major pieces of infrastructure have not quite reached tourist-stop status as in the case of Hoover Dam or other impressive public works.

The last part of Burrington’s book concerns infrastructure that is tied into the Internet but that consists of things that we don’t usually think of as the Internet. These include cell phone towers, Read Radio Frequency Identification devices embedded in E-ZPass devices (for toll collection), ShotSpotter which detects gunshots in urban environment to assist law enforcement, and surveillance cameras in subways and street corners. If the world is now a computer, these devices are its eyes and ears. Many of these systems communicate with each other wirelessly. The cameras of the New York Police Department are a particularly mysterious web of machines that dot the urban landscape. As Burrington writes:

When I filed a Freedom of Information Act request for the exact number and location of these cameras, I was denied on the grounds that it would reveal “non-routine techniques and procedures”; furthermore disclosure “would enable the planning of criminal activity so as to reduce the possibility of being caught on video.”

Overall, Burrington’s book gives both a physical and incorporeal portrait of the Internet in a hyper-urbanized environment. It describes the Internet as infrastructure composed of metal, plastic, mortar, and other elements. On the other hand, its astounding complexity, its mind-boggling reach, and its penetration deep into the human psyche make it an almost spiritual phenomenon: the assembling of people and technology into a hive-mind of astounding proportions. One wonders if it is impossible to attack the Internet since human beings themselves, domesticated and hyper-civilized humanity, have become the Internet. Or to invert the characterization of Nature by the early Karl Marx, perhaps the goal of civilization is for man to become the organic body of the Machine. And as Burrington cites in her book, how this occurs looks a lot like typing.

(en) The Brilliant podcast on Atassa

Interesante conversación en inglés sobre el contenido de la revista estadounidense “Atassa: Lecturas sobre Eco-extremismo”.

¡Adelante con la propaganda eco-extremista!

ESCUCHALA o DESCARGALA

This episode of the Brilliant is an active discussion between Bellamy, Aragorn!, and Wil about the new LBC journal project Atassa. It is worth checking out as an introduction to the journal and an exercise about how to think about revolutionary (or not) practice in a world where terrorism no longer has any meaning. Eco-extremism isn’t a solution that would work in the US but it does raise challenging questions about violence, the planet, and the spirit that inspires all of our actions.

Tick Tock

Introductions to Wil and Bellamy
1:34 Atassa introduction
2:00 Wil: Attitude. ITS.
6:00 Market anarchism & Technophilia
7:30 Strong introduction. Defines terms. Bel: This is something you have to deal with (Why?)
9:45 Origin story of eco-extremism. Revolution. Kacynski. Ancestral Beliefs.
13:20 Shocking bits wrt Mafia style violence, appearance, adopt an accent, espouse a strong moral character. sXe. Necheav.
15:30 Return of the warrior. Clastres. What is the relationship between violence and the State? Monopoly of violence has unforseen consequence. Becoming.
29:00 More origin of EE. Solid piece from Jacobi. Notes on wildism vs EE vs AP.
34:30 Creek War. Market economy as invasion. Old ways. Brutal.
39:00 Indiscriminate anarchists. Today there is reaction by @ against indiscriminate attacks. There is a history here. This is another way to talk about social vs anti-social @.
41:40 Is this an anarchist journal? No! But @ should be engaged with it anyway.
45:30 Are you a pacifist? Kudos for your consistency. Otherwise you have to (internally) confront the questions of Atassa.