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(es-en) Respeto*

Traducción del texto “Respect” publicado en Antisocial Evolution, escrito originalmente en inglés supuestamente por Georges Palante.


El sentimiento despreciable por excelencia. Mosaico de miedos cristalizados; mezcla de estupidez de manada y devoción secular.

Me refiero al respeto de los seres colectivos; de las metáforas malignas y engañosas que habitan nuestras mitologías sociales.

Stirner les da a las entidades colectivas el nombre característico de “personalidades respetuosas”. Ídolos morales, ídolos políticos, ídolos de la sociedad, flotan, como el espectro de la religión en los cielos de Lucrecio; fantasmal, inútil, formidablemente.

Stendhal ya ha señalado la obsesión respetuosa, la madre de todas las hipocresías, guardiana de todos los peces gordos y oligarcas.

El optimismo social beatífico de la muchedumbre es sólo una forma de esa obsesión respetuosa. Para la muchedumbre, cualquier tipo de colectividad con la que podamos estar lidiando (administración pública, cuerpo gubernamental, la familia) es siempre correcta frente al individuo. Es correcta por la sóla razón de que es una colectividad. La etiqueta “colectivo” es suficiente. El dogma de la infalibilidad es por consiguiente secularizado y socializado.

Los oligarcas saben esto. Cuentan con la capacidad de respeto de la muchedumbre, lo cual da una idea de lo infinito, igual que lo hace su estupidez.

El ciudadano es un animal respetuoso e irremediablemente religioso; ahora se inclina a la reverencia cívica. Adora los fetiches sociales al igual que el pequeño perro Riquet en “Monsieur Bergeret à Paris” veneraba las puertas, la mesa y la silla de la cocina.

Animal reproductor, el ciudadano venera el fetiche del “matrimonio”. Animal electoral, venera ese otro fetiche, la Ampolla Sagrada moderna (NdT1), la urna cívica.

Con respecto a la muchedumbre oponemos la ironía, la pensativa ironía, de una sonrisa fría y una vista clara.

Georges Palante

*El especialista en Palante, Stéphane Beau menciona que este articulo, que apareció en la edición de diciembre de 1903 de la revista anarquista “L’Ennemi du people” fue firmado solo GP. No hay, por consiguiente, ninguna garantía de que sea en efecto de la pluma de Georges Palante, pero las ideas expresadas en este, y la forma de su expresión, son tan claramente de Palante, que no hay un cuestionamiento real a su atribución.

Nota del traductor:

1) La Ampolla Sagrada era una especie de redomita o vaso en que estaba encerrado el óleo santo que servía para consagrar a los reyes de Francia.

(es) Pesimismo Misantrópico

Traducción de uno de los artículos de la Revista “Ash and Ruin”.

Traducción a cargo de Zúpay.


El pesimismo que ahora queremos estudiar, es aquel que hemos llamado pesimismo misantrópico. Este pesimismo no precede de una sensibilidad sufriente y exasperada, sino de una inteligencia lúcida, ejerciendo su claridad de visión crítica sobre el lado perverso de nuestra especie. El pesimismo misantrópico aparece a grandes rasgos como una teoría de fraude universal e imbecilidad universal; de banalidad universal y torpeza universal. Como la pintura sin lastima de un mundo lleno de cretinos y embaucadores, de bobalicones y tontos.

El carácter de este pesimismo aparece como una frialdad universal, una impasibilidad voluntariosa, una ausencia de romanticismo, que lo distingue del pesimismo romántico, por siempre inclinado a desesperar o rebelarse. La desesperación silenciosa de Vigny es más patética que un llanto de dolor. En Stirner encontramos acentos frenéticos de revuelta, mientras que en Schopenhauer hallamos un sentimiento trágico del dolor del mundo y una atracción desesperante al abismo. Mientras que el pesimista misantrópico, no se queja. No toma la condición humana como algo trágico, no se subleva ante el destino. Observa a sus contemporáneos con curiosidad, analiza sus sentimientos y pensamientos sin lástima, y se divierte con la arrogancia de aquellos, con su vanidad, su hipocresía, o su inconsciente condición de villanos, por su debilidad moral e intelectual. Ya no es el dolor humano, ya no es la enfermedad de vivir lo que moldea el asunto de este pesimismo, sino más bien la condición de villano de la humanidad y su estupidez. Uno de los leitmotivs preferidos para este pesimismo podría ser aquel conocido verso: “El hombre es el animal más tonto.”

La estupidez a la cual apunta particularmente este pesimismo, es aquella estupidez presuntuosa y pretenciosa que podemos llamar estupidez dogmática, esta estupidez solemne y déspota que se esparce a lo largo de los dogmas y ritos sociales, a lo largo de la opinión pública y las costumbres, que se hace divina a sí misma y revela en sus visiones de eternidad, cientos de lastimosos y ridículos prejuicios. Mientras que el pesimismo romántico procede de la habilidad de sufrir y maldecir, el pesimismo misantrópico procede de la facultad de entender y menospreciar. Es un pesimismo del observador intelectual, irónico y desdeñoso. Él prefiere el tono burlón al tono menor y trágico. Una pronta simbolización, la vanidad de las disputas humanas en la cruzada de los Big-endians y los Little-endians, un Voltaire burlándose de la estupidez metafísica de Pangloss y la tonta naiveté (ingenuidad) de Candide; un Benjamin Constant enviándoles al Red Netbook (Cuaderno rojo) y al Journal Intime (Periódico Intimo) sus observaciones epigramáticas sobre la humanidad y la sociedad; un Stendhal, cuya publicación y su Vie de Henri Brulard contienen tantas observaciones misantrópicas sobre su familia, sus relaciones, sus jefes, su séquito; un Merimée, amigo y emulador de Stendhal en la observación irónica de la naturaleza humana; un Flaubert atacando la imbecilidad de sus marionetas Frederic Moureau y Bouvard y de Pécuchet; un Taine en “Thomas Graindorge;” un Challemel-Lacour en sus Reflexions d’un pessimiste (Reflexiones de un pesimista) todas ellas pueden ser tomadas como una especie de representación de esta altiva, sonriente y despectiva sabiduría pesimista.

A lo cierto, este pesimismo no es foráneo a los pocos pensadores que hemos clasificado bajo la rúbrica del pesimismo romántico, por lo que los diferentes tipos de pesimismo tienen puntos de contacto y penetración. Un Schopenhauer, un Stirner también han ejercitado su brío sobre la estupidez, arrogancia y credulidad humana. Pero en ellos, el pesimismo misantrópico no puede ser hallado en su estado puro. Permanece subordinado al pesimismo del sufrimiento, de la desesperación o de revuelta, al patetismo sentimental que es el rasgo característico del pesimismo romántico. El pesimismo misantrópico podría quizás ser llamado pesimismo realista: de hecho, en más de uno de sus representantes (Stendhal, Flaubert) procede de ese espíritu de observación exacta, detallada y despiadada, de la preocupación por la objetividad e impasibilidad que aparece entre los rasgos característicos de la estética realista. ¿Acaso el pesimismo misantrópico confirma la tesis de acuerdo con la cual el pesimismo tiende a engendrar al individualismo? Esto no es seguro. De entre los pensadores que acabamos de citar hay ciertamente algunos que ni conciben, ni practican, ni recomiendan la actitud de aislamiento voluntario que es el individualismo. A pesar de que no se hacen ilusiones con los hombres que no huyen de su sociedad. No los tenían a una distancia desdeñosa. Aceptaban mezclarse con ellos, vivir sus vidas entre medio de ellos. Voltaire era la sociabilidad encarnada. Swift, un hombre duro de ambición no tenía nada de la naturaleza solitaria de Obermann y Vigny. Pero hay muchos de entre los pesimistas misantrópicos que acabamos de citar, particularmente Flaubert y Taine, quienes practicaban, teorizaban y recomendaban el aislamiento intelectual, la retirada del pensamiento hacia sí mismo, como la única actitud posible que podría tener un hombre de algún tipo de refinamiento de pensamiento y nobleza de alma en este mundo de mediocridad y banalidad.

Flaubert, atormentado por el espectro de la “estupidez con mil caras” la encuentra donde sea que busque. Busca refugiarse de ella en los disfrutes puros del arte y la contemplación. Él dice: “He comprendido algo grande: Es que para los hombres de nuestra raza, la felicidad esté en la idea y en ningún otro lado.” “¿De dónde viene tu debilidad?” le escribió a un amigo. “¿Es porque conoces al hombre? ¿Qué diferencia hay? No puedes, en pensamiento, ¿establecer esa magnífica línea de defensa interior que te mantiene a un océano de distancia de tu vecino?”

A un correspondiente quien se queja de preocupación y disgusto con todas las cosas: “Hay un sentimiento,” el escribe, “o sino un hábito que pareces echar en falta, a ingeniar, el amor por la contemplación. Toma la vida, las pasiones y a ti mismo como sujetos para ejercicios intelectuales.” Y de nuevo: “El escepticismo no tendrá nada de lo amargo, por lo que parecerá que en la comedia de la humanidad y te parecerá que la historia surca el mundo solo por ti.”

Taine fue guiado por su visión misantrópica de la humanidad a una concepción estoica y ascética de la vida, a buscar en la inteligencia su asilo supremo en el cual aislarse, para defenderse a sí mismo de la perversidad universal, estupidez universal y banalidad universal. Una analogía singular une a Taine con Flaubert. Taina busca del análisis científico lo que Flaubert busca en el arte y la contemplación: una coartada intelectual, un medio para escapar de las realidades del entorno social.

La deducción es lógica. El pesimismo misantrópico supone o engendra la aislacion contemplativa. Para despreciar intelectualmente a los hombres, uno debe separarse a sí mismo de ellos, verlos a distancia. Uno debe haber abandonado la horda, haber llegado a la actitud de Descartes en la cual “Vive entre los hombres al igual que entre los árboles en un bosque.” Sea que lo deseemos o no, aquí hay un aislamiento teórico, una especie de solipsismo intelectual, la indiferencia de un aristócrata y un dilatante quien “se desliga a sí mismo de todo, para vagar por todos lados.” (Taine). Dejemos agregar esa claridad de visión que tiene la misantropía intelectual, dentro y fuera de sí, algo antisocial al respecto. Para tomar como el tema de la ironía de uno, la estupidez humana común y promedio significa tratar sin respeto los valores sociales de primer orden. La estupidez es lo que tienen los prejuicios, sin lo cual es posible vida social alguna. Es el cemento del edificio social. “Estupidez,” dijo el Dr. Anatole France’s Trublet, “el primer bien de una sociedad ordenada.” Las convenciones sociales únicamente sobreviven gracias a una estupidez general que envuelve, apoya, garantiza, protege y consagra la estupidez de los individuos. Esta es la razón por la cual la inteligencia crítica, irónica y pesimista es un disolvente social. Es irreverente hacia lo que es respetable socialmente: mediocridad y estupidez. Ataca el respeto y la credulidad, los elementos de conservación de la sociedad.

-Georges Palante