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La relación entre el pesimismo y el individualismo

Tomado de Movimiento y Muerte N° 0.


por Georges Palante

El siglo que acaba de pasar es sin duda alguna el siglo en el cual el pesimismo ha encontrado sus más numerosos, su más variados, sus más vigorosos y sistemáticos interpretes. En adición, el individualismo fue expresado en aquel siglo con excepcional intensidad por representantes de alta calidad.
Podría ser interesante el unir estas dos formas de pensamiento, dominantes en nuestra era; para preguntar cuál es la conexión lógica o sentimental que existe entre ellas, y en qué grado el pesimismo engendra al individualismo y el individualismo engendra al pesimismo.
Pero la pregunta así esbozada es demasiado general. Hay muchos tipos de pesimismo y muchos tipos de individualismo. De entre estos últimos hay uno que de ninguna forma implica pesimismo, y ese es el individualismo doctrinario que desciende de la Revolución Francesa y al cual tantos moralistas, juristas y políticos de nuestro siglo están aferrados. Este individualismo podría ser tomado como su lema la frase de Wilhelm von Humboldt que Stuart Mill eligió como epígrafe de su “Ensayo sobre la Libertad”: “El gran, liderante principio, hacia el cual cada argumento se desenvuelve en estas páginas converge de forma directa, es la importancia esencial y absoluta del desarrollo humano en sus diversidades más ricas.”
Los individualistas de este tipo creen que todos los individuos humanos pueden desarrollarse armónicamente en sociedad, que su misma diversidad es una garantía de la riqueza y belleza de la civilización humana. Estos individualistas son racionalistas. Tienen fe en la razón, al principio de orden, de unidad y de armonía. Son idealistas: tienen fe en un ideal de justicia social, unitario y ególatra, ellos creen, a pesar de diferencias individuales y desigualdades, en la unidad profunda y real de la raza humana. Estos individualistas son “humanistas” en el sentido que le da Stirner a esta palabra: solidaristas, socialistas, si tomamos este último término en su más amplio sentido. Su individualismo es volteado hacia afuera, hacia la sociedad.
Es un individualismo social, en el sentido de que no separa al individuo de la sociedad, los cuales no posicionan en forma opuesta el uno con el otro. Por el contrario, ellos siempre consideran al individuo como un elemento social que armoniza con el todo y que sólo existe en función del todo. No vamos a insistir sobre este individualismo, el cual implica obviamente un optimismo social más o menos firme.
El individualismo que tenemos en mente aquí es completamente diferente. El individualismo no es una doctrina política, jurídica y moral, sino una actitud psicológica y moral, una forma de sensibilidad, una sensación personal de vida y una voluntad personal de vida.
Es imposible encajar en una definición a todos los rasgos, todos los grados, todas las matices de esta disposición psicológica. Afecta un tono especial en cada alma a la que se hace conocer.
Podemos decir que a forma de una sensación personal de vida, el individualismo es el sentimiento de unicidad, de individualidad en la cual tiene de lo diferencial, lo privado, y lo in-revelable. El individualismo es una atracción a la interioridad del sentimiento, a la inspiración individual frente a convenciones sociales e ideas preconcebidas.
El individualismo trae implícito un sentimiento de inefabilidad personal, una idea de superioridad intelectual y sentimental, o aristocracismo interior. De diferencia irreductible entre un ego y otro, la idea de unicidad. El individualismo es un regreso al ser y una gravitación al ser.
A forma de voluntad personal de vida el individualismo es un deseo de “ser uno mismo”, de acuerdo al deseo de un personaje de Ibsen (Peer Gynt), un deseo de independencia y originalidad. El individualista quiere ser su propio creador, su propio proveedor de verdad e ilusión; su propio constructor de verdad e ilusión; su propio constructor de sueños; su propio constructor y demoledor de ideales.
Este deseo por originalidad puede, incidentalmente, ser más o menos energético, más o menos demandante, más o menos ambicioso. Más o menos feliz, demasiado, de acuerdo a la cualidad y el valor de la individualidad en cáusa, de acuerdo a la amplitud del pensamiento y de acuerdo a la intensidad de la voluntad por poder individual.
Sea como una sensación personal de vida o una voluntad personal de vida, el individualismo es o tiende a ser anti-social: si no lo es desde el principio, inevitablemente se convierte en aquello de forma posterior.
El sentimiento de la profunda unicidad del ego, deseo de originalidad e independencia, el individualismo no puede evitar el generar un sentimiento de silenciosa lucha entre el ser individual y la sociedad. De hecho, la tendencia de cada sociedad es reducir el sentimiento de individualidad tanto como sea posible: el reducir la unicidad mediante el conformismo, la espontaneidad a través de la disciplina, instantaneidad del ser mediante la precaución, sinceridad de sentimiento a través de la falta de sinceridad inherente en toda función definida socialmente, confianza y orgullo en el ser mediante la humillación inseparable de cualquier tipo de entrenamiento social.
Esta es la razón por la cuál el individualismo se convierte aquí en un principio de resistencia interna pasiva o activa, de oposición silenciosa o declarada a la sociedad, un rechazo a someterse a ella; una desconfianza en ella. En su esencia, el individualismo desprecia y niega el vinculo social. Lo podemos definir como la voluntad de aislamiento, un compromiso sentimental e intelectual, teórico y práctico de abandonar la sociedad, si no de hecho – siguiendo los ejemplos de los solitarios de Thebeiad o el más moderno de Thoreau – al menos en espíritu e intención, mediante una forma de retirada voluntaria e interior.
Este distanciamiento de la sociedad, esta aislación moral voluntaria que podemos practicar en el núcleo mismo de la sociedad puede tomar la forma de la indiferencia y resignación tanto como aquella de revuelta.
También puede asumir la actitud de espectador, la actitud contemplativa del pensador en una Torre de Marfil. Pero siempre hay en esta indiferencia adquirida, en esta resignación o este aislamiento expectante, un vestigio de revuelta.
Sentimiento de unicidad y una expresión más o menos energética de la voluntad de poder personal; voluntad de originalidad, voluntad de independencia, voluntad de insubordinación y revuelta, voluntad de aislamiento y de retirarse hacia el ser. Aveces también voluntad de supremacía, al despliegue de fuerzas sobre y en contra de otros, pero siempre con un regreso al ser, con un sentimiento de infalibilidad personal, con una confianza indestructible en uno mismo, incluso en la derrota, incluso en el fallo de las esperanzas e ideales.
Intransigencia, inaccesibilidad de convicción interna, fidelidad a uno mismo hasta el amargo final. Fidelidad a las ideas mal comprendidas de uno, a la voluntad impregnable e inexpugnable de uno: el individualismo es todo esto, sea globálmente o en detalle, este elemento o aquel, este matíz o aquel predominante de acuerdo al caso y la circunstancia.
El individualismo, entendido como acabamos de expresarlo, es decir, como una disposición interna del alma, individualismo como sensación y voluntad ya no es más, como el individualismo del cuál hablamos arriba, como individualismo político y jurídico. Es volteado hacia adentro. Se posiciona al principio o busca refugio al final en el ser interior irrompible e intangible.
Decir que hay una cercana relación psicológica entre las sensibilidades individualistas y pesimistas casi significa declarar lo obvio. El Pesimismo supone un individualismo básico. Supone la interioridad del sentimiento, el regreso al ser (casi siempre doloroso) que es la esencia del individualismo.
Mientras que el optimismo no es nada más que una tesis metafísica abstracta, el eco de rumores doctrinarios, el pesimismo es la sensación de vida vivida; viene del interior, de una psicología individual. Procede de aquello que es más intimo en nosotros: la habilidad de sufrir.
Predomina entre aquellos de naturaleza solitaria quienes la vida los ha retirado hacia ellos mismos y ven la vida social como dolor.
Pesimistas de pura-sangre, los grandes artistas y teóricos del sufrimiento, vivieron de forma solitaria y como extraños entre los hombres, cercenados en su ego cómo si fuese un fuerte desde el cual han dejado caer una mirada fija irónica y altiva sobre la sociedad de su especie. Y entonces no es por accidente, sino por virtud de una correlación psicológica intima que el pesimismo es acompañado por una tendencia hacia el aislamiento egoísta.
De forma inversa, el espíritu individualista esta acompañado por el pesimismo de forma casi predestinada. ¿Acaso no nos enseña la experiencia tan vieja como el mundo que la naturaleza del individuo se sacrifica a la especie? ¿Que en la sociedad es sacrificada al grupo? El individualismo llega a una concepción resignada o desesperanzada de la antinomias que llegan entre el individuo y las especies por un lado, y entre el individuo y la sociedad por el otro. Sin duda la vida triunfa perpetuamente sobre esta antinomia, y el hecho de que a pesar de todo la humanidad continua viviendo parece ser una respuesta indiscutible que refuta tanto el pesimismo como el individualismo. Pero esto no es seguro. Por lo que si la humanidad como especie y como sociedad persigue su destino sin preocuparse por las quejas o revueltas de los individuos, el individualismo no muere a causa de eso. Siempre derrotado, nunca domado, es encarnado en almas de un calibre especial, imbuido con el sentimiento de su unicidad y fuertes en su vo luntad de independencia.
El individualismo sufre una derrota en cada individuo que muere luego de haberle servido a fines y rendido a fuerzas que existan mas allá de el. Pero sobrevive a través de las generaciones, ganando en fuerza y en claridad mientras que la voluntad humana de vida se intensifica, diversifica y refina en la conciencia individual. Es así que se afirma la consistencia dual del pesimismo y el individualismo, unidos indisolublemente e interconectados.
Sin embargo, es posible que este lazo psicológico que creemos haber descubierto entre el pesimismo y el individualismo no es nada mas que una visión a priori. Si en lugar de razonar acerca de las similitudes psicológicas consultamos la historia de ideas del siglo IXX quizás veamos que la relaciones de ideas que hemos indicado no es ni tan simple ni tan consistente como primeramente parece, Debemos penetrar en detalle las diferentes formas del pesimismo y del individualismo y analizar su relación mas de cerca si queremos llegar a ideas precisas.

Meditaciones para el caos

Tomado de Movimiento y Muerte N° 0.


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La muerte es la vida, pues en esta visión tecnoligizada, la vida se oculta tras la imagen, la metafísica de la imagen, lo determinado, entorpecio al animal humano -domesticado-.
La imagen lo fue un día Dios, esto trajo consigo el embarazoso nacimiento del animal moral, el animal ahora moral se arrepintio y se avergonzo de sus instinto.
La imagen transmuto en otra creencia más elevada que el mismo Dios, -ciencia-, la imagen no se destruyo sólo se reformulo para el entendimiento de la muchedumbre -animal moral-, ahora este contendría dos categorías -Dios y ciencia- con las cuales se olvidaron del animal instintivo, salvaje y sanguinario, ahora estos seguirian el orden de estas categorias.

1
El animal humano, siempre ha tendido al caos, aunque este se enjaule con la jaula de fuerza social.
Los más debiles casi siempre dejan parpadear esta tendencia de repetir el caos afuera de su cabeza, estos comienzan a declar la guerra en nombre del caos, a partir de la indiferencia y la distancia, a esto se comienza a escuchar los ronroñeos de un animal muy amistoso, educado y no tan habíl, -el animal moralsuelta su verborrea humanista, como si desde su ano expulsará diarrea sanguilionienta, este no comprende la distancia y la indiferencia con la que el individualista enmarca una guerra llena de vitalidad, llena de una voluntad contra la vida artificial.
El distanciado y indiferente siempre contra la vida, lanzandose siempre aquí y ahora al vacio de la muerte -la nada-, aventurandose en el goce del caos y de lo individual.Este animal humano ahora recobra lo olvidado -el instinto- como si bestia enjalauda fuera liberada, comienza a masticar a los animales de lo moral -destruye todo, cree en él-.

2
!Qué es esto se que encaja en el pecho?¡ … ¡es la daga de la vida!…que una vez más se encaja ahí en lo muy profundo que desconocemos…
Esta daga se encudriña en la vida como mera negación… esto que los más débiles lo señalamos como un pesar, algo que pesa en todo el cuerpo, que pesa en los parpados, en la cabeza y en la garganta se incrusta este dolor… este dolor esta tan vacío de vida, pero abunda ahí en eso todo vacío nuestra más profunda negación…

3
!Ahora enseñame a olvidar a los Dioses, esos que me coqueteán hasta la locura, hasta el asesinato de uno mismo! Abremos que regresar ahí donde nadie nos quizo, pero ahora ya nos los trataremos de convencer, ahora trataremos de llegar a la profundida del caos y la destrucción, somos los hermitaños que volvieron a descender de las montañas, camuflajados como meros comerciantes y “fieles” servidores. !Ahora guardamos la guadaña en nuestro cuerpo, nuestro cuerpo es caos, es entropía¡ Nuestro cuerpo ahora parte de nuestra herramienta.

4
Con que agua bendita nos volveros a lavar despues de nacer y volver a morir, con el agua bendita llena de sangre que corrío por nuestro padre Jesús, ahora ya nada puede pararnos, bebida la sangre de Jesús hemos fecundado nuestro malestar !Misantropia y Nihilismo¡ Ahora el moderno beberá de su propia sangre.

5
El amor se ha hundido, lo he enterrado yo mismo, sólo quedó yo y mi interior osea Yo… he olvidado el amor al projimo, la sangre ya no galopa al topar en el amor algo exterior… debo confesarlo no hay mutualidad para nadie más …el único que prebalece es el de amor por mi mismo.
Mi hermano y hermana los he matado, el amor al Gran hermano lo he asesinado. El funeral lo lleve a cabo en el mundo de los Dioses.

6
Sí la muerte fuera vida, siempre nos estariamos riendo de ella… espera.. la muerte… esta carcajeandose..
El olvido aquel tan bendecido y maldito el que olvida, que el tiempo borró para ser eterno guerreando.

Ometeotl

De mi extremismo individualista

Tomado de “Movimiento y Muerte N° 0


¡¿Cuantas veces me han tachado de egoísta?! Muchas, y no me avergüenzo de eso, porque es una gran verdad, porque prefiero ver por mí, mil veces por mí que por los demás, que ver por extraños seres que se me pegan como suciedad a mis zapatos. ¿Que han hecho esos por mí? Nada, al contrario, sólo han alimentado con su existencia mi deseo de verlos arder, sufrir y morir.
*
¡¿Cuantas veces me han dicho que respete al prójimo?! Yo no debo respeto a nadie que no sea a mí mismo y a mis cómplices, si doy respeto a alguien es porque Yo lo he querido así, porque Yo he vislumbrado habilidades y características propias de un guerrero y una guerrera en ellos. No porque obedezca a un mandato anteriormente escogido.
*
El prójimo se merece solo mi vomitivo rencor, hediondo y venenoso, tengo guardado un cuchillo y varias balas para sus cuerpos, el volcán está a punto de estallar, estallaré con él, que el Caos dirija mi camino y que la sangre ajena me salpique el rostro, así como cuando he peleado en la calle, me encanta sentir la sangre de mi contrincante, y que después de la pelea me digan:
-Oye, tienes sangre.
Y Yo, campante respondo de inmediato:
-No es mía
*
¿Como negar mi esencia? Si la niego mientras sonrío apretando los dientes, es porque necesito hacerlo, porque tengo intensiones ocultas y estratégicamente finjo interés en ti, y en tu aburrida conversación inútil. Después se revelará mi verdadero Yo, voy a encajar un cuchillo en tu yugular y ver como mueres lentamente, voy a poner mi voluntad sobre ti, porque me place, porque mi instinto asesino volvió y quiere más.
*
La noche cae, me alisto para salir a invocar al caos con fuego, elijo un objetivo, un automotor en la calle, de un lado nadie a la vista, del otro lado igual, me dirijo y rápidamente dejo el artefacto con gasolina y un retardador casero en la llanta de enfrente, me alejo y a la distancia veo como empieza a hablar el fuego, llamas se levantan por los aires y comienza a quemar todo, el sonido del fuego derritiendo el material del automotor se escucha en la noche, nadie sale, todos duermen en sus casas de esclavos, de repente veo salir al dueño del automotor, estaba durmiendo dentro de este, una sonrisa burlona se apodera de mí, el dueño sale despavorido al ver las flamas, intenta apagarlo pero se da por vencido al ver que el fuego es superior a él, ¡maldita sea!
Se hubiera quedado dentro de su maldita máquina.
*
Es un día normal, el encargado de una negocio atiende a sus clientes matutinos, él ve entrar a varias personas que se ven normales, todos parecen ovejas, pero hay una que en realidad es un lobo con un disfraz de oveja buena, me acerco a la barra del negocio y saludo amablemente, al mismo tiempo saco mi pistola y digo:
-Todo el dinero en la bolsa, rápido, y te prometo que no te haré daño.
El tendero se queda estupefacto aunque con una mirada retadora, es momento de emplear la violencia, esta es mi parte favorita. Corto cartucho, la bala sube dispuesta a salir del cañón, y con palabras altisonantes amenazo al hombre, lo golpeo en la cabeza con la cacha de la pistola mientras se pone pálido, y sus ganas de ser héroe desaparecen. Él me dice:
-¡Me dijiste que no me harías daño!
Él no sabe que soy un individualista, y que un individualista del tipo extremista puede romper su palabra (porque es suya) cuando lo desee y a su conveniencia, en este tipo de casos. Llena la bolsas que le doy con el dinero y me dispongo a salir, no sin antes desearle buen día, así de cínico me gusta ser.
*
Mi extremismo individualista es ese, el que Yo elijo llevar a la práctica, no me importa ser consecuente o moralpolíticamente correcto, los prejuicios me importan una mierda, desato mi ser caótico por cualquier lugar que ande, en el momento que Yo elija y cuando lo requiera.

Xale

(Norte) Movimiento y Muerte n° 0

Enviada al mail.


MOVIMIENTO Y MUERTE Nº 0

Editorial
“El tipo del criminal: es el tipo del hombre fuerte en condiciones desfavorables, un hombre fuerte al que se ha hecho enfermar”.
F. Nietzsche

El presente proyecto editorial Anónimas Ediciones y la revista Movimiento y Muerte contemplan la creación de un medio para el análisis, crítica y debate en torno a la tendencia egoísta y anti humanista; por lo que el propósito es darle cabida a la propaganda contra la civilización moderna.
En este sentido, el esfuerzo que se realiza es con el propósito de profundizar el pensamiento y la actividad contra la modernidad; a la que entendemos como totalmente violenta en el aspecto que al individuo se es domesticado; la tecnología, sociedad, estado, etc., solamente pueden ser entendidos como entes que poseen al animal humano, cuyo fin es domarlo y continuar con la hegemonía civilizatoria modernista tecno-industrial.
En consecuencia, el egoísta desmitifica estos conceptos abstractos remitiéndolos a simples cuestiones metafísica que él mismo supera, ya que el único fin del individuo egoísta es él en sí mismo, y no lo que está sobre sí, o sea los entes que poseen al animal humano –sociedad, tecnología, estado, moral, humanidad y demás tópicos que invisibilizan y anulan la crítica del individualista-.
El egoísta es ante todo un animal, cuyas pasiones las pone en prácticas con el fin de satisfacer su lado animal no-domesticado; la violencia con la que pone en práctica la satisfacción de sus deseos, se torna en aspectos amoralistas, el método no existe sólo el fin; el freno de este es el Yo más no cuestiones técnicas ni metafísicas.
Se podría decir que la violencia del egoísta es una cuestión implícita, hasta el punto necesario para poder sobrevivir; en esto se tiende a una similitud con el animal, ya que, no hay sobrevivencia sin violencia.
En ejemplo, para algún x individuo es necesario obtener su satisfacción ya sea biológica o egoista, en su ejemplo el acto de ir a defecar es instintual. Sin embargoel instinto de dominio sobre cierta materialidad -entendamos materialidad como sujeto-, lo convierte en egoista al momento de ejercer violencia o fuerza alguna para asegurar su sobrevivencia en ambientes adversos.
En efecto cuando algún delincuente asesina por sobrevivir cualquiera que sea la situación moralista, el delincuente sabe y es consciente que él ejerció su fuerza sobre otro individuo, el cual pereció para que sobreviviera. Por lo que el delincuente está lucido de este instinto de dominio lo contrario al ciudadano promedio que incluso buscaría el castigo, este tipo de delincuente aún sería de tendencia moralista o sea a sentir culpabilidad de su instinto tanto el ciudadano lo niega el criminal lo acepta y goza de su necesidad instintual.

En su caso el delincuente toma la responsabilidad de sobrevivencia, a costa de recuperar algunos de sus instintos al hacerse en sí mismo de ellos. Lo que resulta molesto y canceroso a las limitaciones socioculturales es la dificultad del progreso civilizatorio humanista. Es por eso que al delincuente fuera de cualquier discurso se le ve como una amenaza tanto para la emancipación de la humanidad como para su progreso.
En conclusión, habrá que entender al egoísta no como un sujeto emancipador ni como un justiciero o como un salvador, sino más bien como una fuerza profunda de negación a la civilización moderna; desde este principio el individuo egoísta es pura fuerza de negatividad y no transformadora en contraparte de las ideologías de salvación –marxismo, anarquismo, socialismo, fascismo, etc.-; cuyo propósito utópico es salvar la verdad humana, bajo la premisa de negación de los instintos para la vida; principalmente el de dominio sobre la materialidad y ensanchan la idea del reformismo que tanto necesita el progreso para continuar con su irrefrenable camino.
Sí en el egoísta existirá algún sentido de justicia sería la del caos y en contra de la Humanidad; aquí justicia no significaría alguna norma moral, sino caos entendido como vitalidad del egoico.