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(es) Transitoriedad

Traducción de “Transience”, escrito originalmente en inglés por Shaughnessy.


La noche fría trajo una corona de joyas para el bosque oscuro

Incontables diamantes para adornar los zarcillos de la tierra

Un brillante esplendor en la gloria de la mañana

Pero el sol se enciende sobre el bosque congelado por sólo un momento

Al calor de los primeros rayos de amanecer

Las resplandecientes joyas del bosque glacial se derriten en la clara mañana

Diamantes convertidos en incontables gotas de plata derretidas

Un vapor se alza en el despertar del amanecer

La corona de joyas ascendiendo para convertirse en la brillante llovizna de una niebla matutina

Pronta a desaparecer

La transitoriedad de las cosas

(es) El Réquiem del Coyote

Traducción de “Coyote’s requiem”, escrito originalmente por Shaughnessy.


Doblado delicadamente al costado de la carretera

Como si estuviese en el silencioso reposo del sueño

La piel aún húmeda por las lluvias de la tarde

Los fieros ojos cerrados por ultima vez

Una quietud caída sobre el corazón salvaje

El sol rompió los cielos de otoño hoy cuando el escucho

El último tacto cálido de un crepúsculo dorado para el muerto

La última canción para el viejo estafador

El réquiem del coyote

(es) El girar

Traducción de “The turning”, escrito originalmente en inglés por Shaughnessy.


Debajo de los abovedados cielos de gris

Una suave neblina cae sobre el calmo bosque

Entre las lluvias de otoño una quietud se instala en el descanso

Rota aquí y allá por el evocador graznido de un cuervo solitario

A lo largo del río la parada esquelética de árboles caducifolios

Negros álamos y amplios arces estériles ante la llegada del invierno

Ellos han pintado un naranja quemado sobre el suelo del bosque

Debajo de los abovedados cielos de gris

El girar del mundo

Nota del traductor:

En inglés el término que usan para el título y para la última parte del texto es “The Turning”, si bien la traducción de “El girar” es bastante precisa, no captura bien el significado del término usado en inglés, ya que éste no se refiere a un giro meramente físico, sino también a un movimiento más simbólico, un cambio e incluso transformación.

(es) La canción de otoño

Traducción de “The Song of Autumn”, escrito originalmente en inglés por Shaughnessy.


Una corta canción sobre en el esplendor multifacético de una tarde de otoño. Compuesto en el momento, al modo de los antiguos poetas taoístas y zen, una narración para traer al lenguaje el esplendor de la tierra salvaje

Grandes velas negras sueltas por las corrientes del cielo

Una bóveda oceánica en movimiento de diez mil sombras de gris para llenar los cielos

Las hojas doradas del otoño bailan en el viento del otoño, regocijándose en el regreso a casa

Gotas silenciosas, precursoras de la tormenta que viene

El gran río vuelve a rugir, aviolentado con los regalos de los cielos

Una probada de la verdad de las cosas

Envuelta en el salvajismo del mundo

(es) Canción de Viento

Traducción de “Wind Song”, escrito originalmente por Shaugnessy.


He oído a la tormenta cantar canciones elogiando la violencia del mundo

En la gran voz cacofónica del viento y la lluvia

Los oscuros cielos hirvientes que ponen negro el Cielo (NdT)

El joven árbol de abedul se inclina ante el poder de los vientos

Diez mil hojas doradas relucientes cayendo ante las corrientes de aire

Las orillas del gran rio tragan de las lluvias que caen

Ya no para contener la furia

He oído a la tormenta cantar canciones elogiando la violencia del mundo

Un tipo de belleza que te vuelve humilde

Un severo recordatorio del lugar final de la humanidad frente a la gloria de la tierra.

Nota del Traductor:

En la oración, la primera ocasión que usa la palabra cielo es para referirse al lugar físico, y en la segunda se refiere al cielo de forma figurativa.

(es) Sobre las cenizas de los recuerdos

Traducción de “On the ash on memories”, escrito por Shaughnessy.


Estuve leyendo Facebook anoche, como suelo hacer a veces, y encontré una publicación en la página de Facebook del Parque Nacional Glacier que informaba que el Chalet Sperry se había quemado debido a que el incendio forestal de Sprague continúo en las montañas del Parque Nacional Glacier. Es plena temporada de incendios forestales en Montana en este momento (ver una actualización de estado actual aquí) y según el informe de los servicios del parque, el incendio de Sprague envolvió el edificio la noche del 31 de agosto alrededor de las 6PM a pesar de los mejores esfuerzos de un equipo de bomberos.

El Sperry Chalet fue una edificio construido en 1913 por dos ejecutivos de alto rango del Great Northern Railway. Construido mayormente con piedra y otros materiales locales se asentó en un terreno accidentado y montañoso de 6500 pies del extremo occidental del Parque Nacional Glacier en la montaña Gunsight. El edicifio yacio con vistas al lago McDonald y en la cordillera Whitefish durante más de cien años. Abierto al público en 1914, había sido un destino de alojamiento común para aquellos que buscaban un lugar donde quedarse mientras exploraban los senderos que conducen a lo profundo de la accidentada zona rural del parque.

Nací en Montana y aunque no viví allí durante un tiempo considerable, es una tierra con la que siempre sentí en lo más profundo de mi alma, una conexión muy profunda. Pasé muchos veranos en mi juventud visitando a mis abuelos con quienes pasé incontables horas caminando en varias áreas a través del desierto de Western Montana. La región del oeste de Montana, donde las grandes colinas de las llanuras en el lado este del estado dan paso al accidentado terreno de las Montañas Rocosas es, en lo que a mí respecta, uno de los paisajes más impresionantes del mundo. Es un paisaje poderoso lleno de una abrumadora y desgarradora belleza que exige reverencia y respeto. Si no se respeta, el poder de este lugar es totalmente capaz de matarte. Es un lugar donde, para aquellos que pueden ver y escuchar sus enseñanzas, es imposible olvidar el lugar de los hombres ante los dioses salvajes de la tierra. La presencia de las grandes montañas, el trueno glorioso sobre las colinas, los lobos de los bosques de las montañas y el gran oso pardo, todos predican la gloria trascendente de lo inhumano y la pequeñez del hombre ante la tierra.

Cuando era mucho más joven, hice una caminata hasta el Sperry Chalet con mis abuelos. Tenía alrededor de diez años en ese momento y caminamos las 7 millas desde Lake McDonald para pasar la noche en medio del hermoso backcountry de Glacier antes de regresar a la montaña al día siguiente. Era un lugar indescriptiblemente rico y hermoso. Recuerdo la hermosa puesta de sol y el amanecer en medio de los bosques subalpinos, y las colinas cubiertas de flores silvestres y la hierba del oso, la abundante vida silvestre y la presencia poderosa de las montañas distantes y las no tan lejanas. El chalet estaba de alguna manera atado a estos recuerdos de ese gran lugar y admito que sentí una creciente tristeza al pensar que el chalet ya no estaba allí. En tal lugar es más fácil vivir en la presencia de los dioses y el hecho de que ese lugar existió para la comunión con esa gloria divina que se mueve a través de todas las cosas, fue uno de los logros más nobles de los hombres.

Pero esa tristeza solo fue transitoria. Mis pensamientos pronto salieron del Sperry Chalet, ese noble pero fracasado intento de los hombres de morar en la gloria de los dioses, en los grandes fuegos y en el gran paisaje que mi yo más joven contempló hace tantos años. Pensé en la vida de los grandes bosques, los alces, los lobos y el gran oso, en los prados cubiertos de flores, en la eternidad de esos picos nevados. Frente a la gran vida de ese gran paisaje, un lugar que ha llegado en el curso de la eternidad a conocer la destrucción de esos grandes fuegos como parte de la vida del conjunto, ya no hay lugar para una tristeza duradera por la pérdida de una vivienda de piedra de una pequeña criatura frente a esas llamas antiguas. Por muy noble que haya sido su construcción, como toda obra del hombre debe ceder ante los grandes e incomprensibles movimientos de ese esplendor suprahumano, y así es como debe de ser. Así que deja que los fuegos nobles hagan cenizas mis recuerdos, es el camino de las cosas. El antiguo Sperry Chalet ha vuelto a la gran potencia de donde vino, y el festival anual de fuego repite los pasos de su antiguo baile como lo ha hecho durante incontables eras. Tal vez ahora la piedra y la madera de ese viejo lugar estén felices de sentir una vez más el calor de ese antiguo fuego en sus viejos huesos, van a llevarlos de vuelta a su fuente. Deberíamos estar contentos por su regreso a casa.

Mis pensamientos vagan ahora en las palabras del poeta estadounidense Robinson Jeffers, de su poema La respuesta, en las que describe un marco de referencia que sitúa la fuente de nuestro significado fuera del dominio limitado del ser humano. Habla de un marco de referencia fuera de nuestras luchas transitorias, fuera de nuestros placeres pasajeros, fuera de nuestros pequeños sueños e ídolos, describe un significado, un amor y una reverencia inmersos en la gran belleza del todo en lugar del miope reino del hombre “… la mayor belleza es / la totalidad orgánica, la totalidad de la vida y las cosas, la belleza divina del universo. Ama eso, no al hombre / Apartate de el, o compartirás su lamentables confusiones, o te sumirás en la desesperación cuando se oscurezcan sus días”, dice.

(es) Pensamientos sobre el lugar del hombre y el Tao

Traducción de “Thoughts on the place on man and the Tao”, escrito por Shaughnessy.


Todas las cosas surgen de Tao.
Ellos son nutridos por Virue.
Ellos están formados por la materia.
Ellos son formados por el medio ambiente.
Así, las diez mil cosas respetan a Tao y honran a la Virtud.
El respeto de Tao y el honor de la virtud no son exigidos,
Pero están en la naturaleza de las cosas.

– Lao-Tzu | Tao Te Ching

“La mayor virtud es seguir a Tao y sólo a Tao”.

– Lao-Tzu | Tao Te Ching

Bajo el dosel verde brillante de los viejos arces, la luz dorada del sol resplandece en el suelo del bosque, el dosel de arriba es como un cielo esmeralda con un millón de estrellas brillantes, roto sólo por las negras venas de la gran madre. El aliento de lo innombrable se mueve a través del sol moteado, a través de las plantas, las flores y las bayas del bosque. Su aliento se mueve a través de los insectos y los pájaros, y de las innumerables razas del bosque que toman sus ofrendas, el frenesí de las pequeñas abejas, las golondrinas y el oso grande y noble.

A lo lejos se escucha el murmullo del frío río, algo suave con el cambio de estaciones. Recorre los antiguos pasos que ha conocido durante milenios, llevando la fría sangre azul de las altas montañas a través de los valles bajos, regalos de los dioses de la montaña a la vida del bosque verde. Una brisa agradable cruje las verdes hojas de los jóvenes abedules como si un beso de la vida finalmente se hubiera filtrado en su corteza blanca como el hueso. Y la brisa trae un aliento de vida para los helechos que los sueltan para bailar suavemente, sus cuerpos verdes retorciéndose en el crepúsculo de verano.

Cerca de las orillas del río, un trío de ciervos sigue los ecos de sus pasos silenciosos; han venido a beber de los regalos de las altas montañas, absorbiendo esa vida del bosque verde y llevándola adelante en sí mismos. Beben rápidamente y siempre están atentos. Desde los bosques más oscuros del bosque se puede escuchar la risa despiadada del coyote, un débil eco del aullido de los grandes lobos que alguna vez resonarían aquí, pero jirones que quedan de un antiguo tejido de un millón de hilos. En ocasiones, el aliento del bosque se mueve desde las extremidades fláccidas del elegante cervatillo hasta las fauces del coyote empapadas de sangre. Y su oscuridad es una con la luz del bosque verde. Porque como sabe lo innombrable, así como con el drama intemporal del gran halcón y la vida de los campos, la vida y la muerte son una y la misma. Sólo a partir de la complementariedad de yin y yang, el taijitu alcanza la totalidad.

Tal es la vida del gran bosque.

Me parece ahora, como lo ha hecho durante algún tiempo, que este es el primer y verdadero lugar del hombre, pero uno en medio de los incontables y eternos movimientos de lo inefable en esta indomable realidad. Este es el verdadero centro. Nuestra verdadera morada no se encuentra en las ilusiones espectrales y animadas de nuestra retorcida imaginación. Está aquí en las orillas del río frío bajo el dosel de arce en medio de la gran vida de la tierra. El resto es simplemente fugacidad, desviaciones episódicas de la media.

Como el poeta estadounidense Robinson Jeffers escribió una vez en su poema “Sign-Post”:

“Civilizado, llorando: cómo volver a ser humano; esto te dirá cómo.
Gira hacia afuera, ama las cosas, no los hombres, aléjate de la humanidad,
Deja que esa muñeca mienta. Considera si te gusta cómo crecen los lirios,
Apóyate en la roca silenciosa hasta que sientas su divinidad
Pon tus venas frías; mira las estrellas silenciosas, deja que tus ojos
Escalen la gran escalera del pozo de ti mismo y del hombre.
Las cosas son tan hermosas, tu amor seguirá tus ojos;
Las cosas son Dios; amarás a Dios y no en vano
Por lo que amamos, lo cultivamos, compartimos su naturaleza. En longitud
Mirarás hacia atrás a lo largo de los rayos de la estrella y verás que incluso
La pobre muñeca humana tiene un lugar bajo el cielo.
Sus cualidades reparan su mosaico a tu alrededor, las astillas de la fuerza
Y la enfermedad; pero ahora eres libre, incluso para ser humano,
Pero nacido de la roca y el aire, no de una mujer “.

Lao-Tzu dice en el Tao Te Ching que los caminos de la tierra siguen los caminos del cielo. Y que los caminos del cielo siguen los caminos del Tao. Y el Tao sólo se sigue a sí mismo. Y entonces todas las cosas fluyen del aliento del Tao. Su camino es el camino de todas las cosas; es lo eterno, lo que no tiene nombre, la fuente primordial, la realidad final. En el capítulo 25 del Tao Te Ching, Lao-Tzu señala: “Algo misteriosamente formado, / Nacido antes del cielo y de la tierra / En el silencio y en el vacío, / Permanece sólo e inmutable, / Siempre presente y en movimiento. / Quizás es la madre de diez mil cosas. / No sé su nombre. / Llámalo Tao.” Es esa gran e indomable fuente desde la cual fluyen todas las cosas. Las diez mil cosas son sus diez mil respiraciones. Y también se dice en las líneas del Tao Te Ching, que los caminos de los hombres siguen los caminos de la tierra. Y entonces el hombre, entendido como uno más entre las diez mil cosas, sigue los caminos del Tao. Y en esto está su virtud primordial. Pero el respeto del Tao y el honor de esta virtud no se demandan, dice. Aunque es el camino de las cosas, el hombre puede alejarse del camino, puede moverse contra el Tao.

Todavía no “sé” si Lao-Tzu tiene razón. A pesar de la gran cantidad de tiempo que he dedicado al estudio y a la práctica del taoísmo y su primo cercano, el budismo zen, siempre hay una inquietante sensación de ambivalencia hacia la verdad de lo que se propone en obras como el Tao Te Ching y Zhuangzi. Pero he pasado suficiente tiempo en meditación y sentado tranquilamente en los bosques para saber que las palabras de los sabios taoistas como Lao-Tzu y Zhuangzi, así como los maestros Zen como Dogen y Rinzai, resuenan con mis propias experiencias lo suficientemente profundo como para garantizar mi continua atención. Y me parece que no hay duda de que el hombre y los caminos de su existencia moderna, tecnoindustrial, se han alejado mucho de ese verdadero centro, el de los caminos de la tierra, del cielo y del Tao eterno y de su virtud primordial. Nos hemos alejado mucho del camino, llevados sobre los pasos frenéticos de una danza dirigida por un sueño hacia mundos donde las cosas muertas viven como abstracciones animadas.

Y sin embargo, por todo esto, se dice que el Tao permanece abierto, siempre presente. Y en el resplandor verde dorado del bosque tranquilo, en medio de la gran vida de los bosques, quizás haya ecos silenciosos de su voz eterna para quienes tienen la quietud de escucharla. En el juego del coyote y el conejo se cuentan los secretos de los caminos de la tierra. En la comunión entre los arces y el gran cielo, se cuentan los secretos del camino del cielo. Y en los secretos susurrados de los caminos del cielo y la tierra, el Tao habla en voz baja. En estos relatos habla del último lugar de morada del hombre. Las lecciones enseñan el lugar del hombre, no como el pináculo de la existencia o como nuestra abstracción solipsista moderna, sino como un ser entre las diez mil cosas, intrincadamente enredado en la maravilla que es el Tao.

Pero sospecho que aún queda mucho por contemplar.

(es) El camino de la gracia

Traducción de “The Edge of Grace” escrito por Shaughnnesy.


La gracia del mundo no siempre es amable

Un velo rastrero de niebla vespertina

Una capa de plata cae sobre el resplandeciente color ámbar del valle del río en un delicado abrazo

El resplandor blanco de la luna creciente

Una gota congelada en el frío azul del claro cielo otoñal

Para “descansar en la gracia del mundo”

Antes de esa gloria eterna

Una respiración profunda de ese esplendor otoñal

Lleva el fuerte frío a los pulmones

El dolor de huesos en el aire fresco

La gracia del mundo no siempre es amable

Aunque su belleza nunca renuncia a pesar de ello

(es) La persistencia de la gloria

Traducción de “Persistence of the glory” escrito por Shaughnessy.


Viajando a una gran fisura negra cortada a través del paisaje

En ambos lados, los extensos campos en barbecho de tierra oscura

A lo lejos, las pequeñas granjas se asientan triunfantes

“Tierra sometida”

Pero en el brillante resplandor de la mañana de otoño

Una delicada niebla a la deriva para dispersar los rayos dorados en innumerables joyas aerotransportadas

Profundas colinas de hoja perenne en la distancia a los pies de la noble montaña

A lo largo del retorcido sendero de Stillaguamish, los grandes álamos negros y arces brillan con ricos matices de ámbar a la luz del amanecer

A sus pies corren las corrientes intemporales de ese gran río

El esplendor eterno del mundo

(es-en) Cortas reflexiones de una caminata de invierno

Traducción de un interesante y profundo texto titulado, “Short Reflections from a Winter Walk”, tomado de “The Dark Glory”.


     “Había peces en los ríos de Eire”, había animales en sus costas. Criaturas salvajes y tímidas y monstruosas se extendían en sus llanuras y en sus bosques. Criaturas que uno podía ver y caminar con ellas. “James Stephens | Cuento de hadas irlandeses

El bosque está envuelto en oscuridad mientras yo camino en sendas familiares. Este abrazo de la noche invernal aún ha cambiado el bosque, sin embargo. El aire es nítido y agudo, cada respiración llena mi nariz y mi pecho con un frío profundo. A mi izquierda y derecha están las turbias fronteras de la madera oscura. Sobre mi cabeza está la luz manchada de estrellas contra la oscuridad del dosel del bosque. Bajo este oscuro pabellón, en una noche amargamente fría, uno se acerca más a los dioses. Los bosques del noroeste del Pacífico son ricos, llenos de sombras y lugares profundamente mágicos y misteriosos. Ellos están doblemente así en el medio de la noche, cuando la madera entera está envuelta en el negro profundo de una noche sin luna.

Mis pensamientos vagan hacia el ciervo, el oso, el coyote que reina en este lugar. He oído con alegría y reverencia la llamada del coyote llenar los cielos de las cálidas noches de verano. He visto a los ciervos en los campos abiertos en la noche, y vi con envidia que desaparecen con gracia en el oscuro abrazo del bosque. He caminado los senderos bien pisados, tejidos entrecruzados a través del bosque por el oso, vislumbrar la madera a través de sus pasos. Esta noche, estos seres están en cada grieta de las ramas o de los crujidos de la maleza en las sombras. Estos son los dioses de la madera oscura y yo soy sólo un peregrino en su dominio. Comulgan a través de las sombras, llegan a la presencia en los rincones oscuros del bosque, hablando a través de los crujidos de la noche. No necesitan preocuparse por la manifestación corpórea. En cada broche de una rama distante están presentes en el espíritu.

Pero, por supuesto, los dioses tienen muchas caras y estas criaturas son sólo una fracción del panteón del bosque de hojas perenne. Tal como señala Tales, “Todas las cosas están llenas de dioses”, desde el tranquilo reposo de los viejos cedros hasta los arces dormidos. Y de la sinfonía de esta multitud surge la hermosa grandeza del todo. De los flujos lentos a los helechos temblorosos. Desde el conejo tranquilo y ágil ciervo, hasta el cacareo ruidoso del coyote. De las sombras de la noche del bosque a la brillante aurora helada. Una especie de espíritu-ür de cara a la tierra.

Tal es el esplendor “transhumano” del mundo.

— Shaughnessy


Short Reflections from a Winter Walk

“There were fish in the rivers of Eire’, there were animals in her coverts. Wild and shy and monstrous creatures ranged in her plains and forests. Creatures that one could see through and walk through.” James Stephens | Irish Fairy Tales

The forest is shrouded in darkness as I walk familiar trails. This embrace of a still winter’s night has changed the forest, however. The air is crisp and sharp, each breath filling my nose and chest with a deep cold. To my left and right are the murky borders of the darkwood. Above my head is the speckled light of the stars against the blackness of the forest canopy. Under this dark canopy, on a bitterly cold night, one dwells nearer to the gods. The forests of the Pacific Northwest are rich, full of shadows, and deeply magical, mysterious places. They are doubly so in the middle of the night when the entire wood is cloaked in the deep black of a moonless night.

My thoughts wander to the deer, to the bear, to the coyote who reign in this place. I have heard with joy and reverence the call of the coyote fill the skies of warm summer nights. I have watched the deer in the open fields in the night, and watched in envy as they disappear gracefully into the dark embrace of the forest. I have walked the well trodden trails woven criss-cross through the forest by the bear, glimpsing the wood through his footsteps. Tonight these beings are in every crack of branches or rustle of undergrowth in the shadows. These are the gods of the darkwood and I am but a pilgrim in their domain. They commune through the shadows, come to presence in the dark corners of the forest, speaking through the rustles in the night. They needn’t bother themselves with corporeal manifestation. In each snap of some distant twig they are present in spirit.

But of course the gods have many faces and these creatures are but a fraction of the pantheon of the evergreen forest. As Thales notes, “All things are full of gods,” from the quiet repose of the old cedars to the slumbering maples. And from out of the symphony of this multitude arises the beautiful grandeur of the whole. From the slow streams to the quaking ferns. From the quiet rabbit and agile deer to the raucous cackling of the coyote. From the shadows of the forest night to the glistening frosted dawn. A kind of million-faced ür-spirit of the earth.

Such is the “transhuman” splendor of the world.

Shaughnessy