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(es-en) Tú no tienes que gustarnos, pero tienes que tratar con nosotros (O porqué tus anarco-pedazos son una mierda)

Traducción del texto “You don’t have to like us, but you do have to deal with us (or why your anarco-stinkpieces are shit)”, escrito originalmete en iglés por Sokaksin.


Nota: Sólo algunos pensamientos enojados, nada espectacular. Yo estaba pensando el otro día acerca de todos los trabajos escritos contra el eco-extremismo y he decidido lanzar algunos pensamientos rápidos al respecto.

He estado involucrado en la tendencia desde hace algún tiempo y he dedicado mucho tiempo a ello, así que he visto una buena parte de la indignación moral que rodea al eco-extremismo. Y los pedazos apestosos orquestados de los anarco-colectivos son tan viejos como el eco-extremismo sí mismo. La liberación colectiva de las transgresiones de asuntos tan santificados como los ataques a los “inocentes”, la depravación de la violencia, el rechazo de la gloriosa revolución, la solidaridad con las clases electas de los oprimidos, bla, jodidamente bla. El editor de Atassa, normalmente reservado a su trabajo como señor de memes y teórico de asuntos más dignos que el chillido de los anarquistas, llegó recientemente a publicar una pieza que abordaba algunas de las preguntas más frecuentes e inertes que han surgido alrededor de las actividades de ITS y del eco-extremismo de los últimos tiempos, se puede encontrar aquí. Maldición Eco-extremista también fue lo suficientemente amable para ofrecer más aclaraciones aquí.

Pero la refutación de Atassa a un lado, así como a las innumerables otras que ITS y compañía han tenido la paciencia de producir, sigue siendo cierto que todo el ruido y la furia que los anarquistas han escupido desde los interwebs de sus virtuosos ajustes de vitriolo en los últimos dos años de la actividad eco-extremista, invariablemente equivale a auto-justos, moralizantes de mierda. Es un sonido aburrido, cansado, vacío que a pesar de su gran espectáculo no dice nada. Quiero decir que, personalmente, estos olores serían un poco más interesantes si hubiese al menos un fragmento de compromiso crítico con lo que el eco-extremismo realmente pide que uno considere. Pero no, en cambio, tenemos la vieja táctica izquierdista de duplicarse frente a la oposición. El progresismo, el humanismo y su clase son como un niño estúpido con las manos sobre los oídos gritando para mantener el sonido lejos, sólo para gritar más fuerte con cada contradicción de sus delirios. Y así tenemos las mismas repeticiones de las mismas desesperadas fantasías progresistas humanistas de izquierda que han pasado insatisfechas ahora por más de cien años.

Pero yo podría preguntar, sean honestos con ustedes mismos por un momento. El proyecto progresista vive o muere en esas esperanzas y sueños. Vive de ese rechazo siempre tan humano de la belleza del mundo que ya se encuentra ante ella. En lugar de la gran belleza del todo, sólo ve un mundo que de alguna manera ha caído fundamental e irremediablemente. Y de este mundo caído conjura historias de una salvación en un mundo de ensueño más allá de lo inmanente. Un mundo de florecimiento humano, igualdad, paz, amor, et al. Y no puedo permitir que estos sueños se vayan por miedo a desmoronarse por completo. Pero estos sueños progresivos y sus cuentos (esto va para los anarquistas, los comunistas, et al) no pueden sobrevivir en un corazón que se ha abierto a la vida más allá de los mundos oníricos de los hombres y visto el vacío y la vanidad del “progreso”. Ha abierto sus ojos para ver que los cuentos han caído y que un mundo mejor más allá de este es sólo una mentira. Ve que “el bien” ya está delante de nosotros en la tierra, en esa realidad final e indomable, en toda su gracia, pero también en toda su terrible ferocidad, porque la luz y la oscuridad son una con la vida del todo. Como dijo Jeffers: “El Dios del mundo es traidor y lleno de injusticia; Un torturador, pero también / La única fundación y la única fuente.”

Y así las tensiones pesimistas, nihilistas e inhumanistas del eco-extremismo son las pesadillas que atormentan los sueños que constituyen los cimientos de todo el ideal humanista y progresista. El niño se retuerce ante los monstruos que vienen en la noche, arrastrándose a las sombras de sus sueños para aterrorizarlo y desgarrar sus fantasías más queridas. Y él patalea y grita y se despierta de su sueño, temblando, en ese mundo oscuro y despiadado con un sudor frío.

Yo sólo les diría que no tiene que gustar el eco-extremismo. Lo entiendo. Es incómodo tener a alguien que hunde una hora de acero frío en el corazón de sus sueños. Pero, aparte de sus pequeñas molestias con el eco-extremismo, lamento decirle que usted todavía tendrá que lidiar con nosotros. No nos vamos a ir. Porque no somos simplemente una banda de criminales violentos que destruyen y matan en nombre de la tierra o simplemente un colectivo de escritores nerviosos en Internet. Más allá de nuestras propias individualidades, lo que representamos, lo que se manifiesta a través de esta tendencia, es tan atemporal como el mundo mismo. Esa oscuridad eterna, el inefable y retorcido caos que obra en el corazón del mundo. Los hombres, cuando no habían olvidado los caminos de la tierra, habían hablado de nosotros desde que él habló por primera vez del mundo en sus historias. En los relatos de los dioses más oscuros. Porque también somos uno con los dioses que traen los fuegos devorando hogares en Columbia Británica, porque también somos uno con los dioses que traen un océano que se arrastran para devorar las viviendas de hombres construidas en arrogancia encima de viejos pantanos, porque también somos uno con los dioses que traen vientos furiosos que descienden del cielo para desgarrar las casas de los hombres en grandes tornados.

Como individualistas en este repugnante Leviatán somos los de las viejas historias que han hecho pactos con los dioses oscuros. Viendo la profanación de todo lo que es bello para nosotros, hemos tomado partido con los comedores del mundo en lugar de las vacías promesas del hombre y sus obras. Y así, el eco-extremismo es más que una espina en sus estúpidos proyectos políticos o un grupo de psicópatas “problemáticos”. Es un mensaje de la oscuridad, manifestación de esas energías siniestras y primordiales del mundo que son más viejas que el hombre mismo. Y así, el sonido de la última bomba eco-extremista se apagará, y si las últimas palabras pronunciadas contra la tendencia se olvidaran, todavía tendrás que lidiar con nosotros. Todas las proclamas más nobles de sus colectivos anarquistas del mundo entero no te salvarán.

Sokaksin

(es-en) Repensando la violencia: Contra el Instrumentalismo

Traducción del texto “Rethinking violence: against instrumentalism”, escrito originalmente en inglés por Sokaksin.


Estaba teniendo una platica el otro día y surgió el tema de los bombazos, lo cual me resultó emocionante debo admitir. La conversación eventualmente profundizó hacia una discusión respecto a la motivación para los bombazos y más que eso, hacia una discusión sobre la violencia extremista en general. A medida que la conversación se desarrolló y luego de eso con los pensamientos que siguieron fermentando en mi mente, comencé a darme cuenta de que hay un instrumentalismo profundamente arraigado en nuestra actitud moderna hacia la violencia. Cuantas veces hemos visto a la gente llorando “¿Porque? ¿Cual era el punto de esto?” después de algún tiroteo, bombazo, etc? Lamentándose por el aparente sin sentido de la violencia, por lo que esta no respondía a ningún fin concebible. Y me pareció a mi, a medida que seguí dándole vueltas a este punto, que nuestra perspectiva instrumentalista profundamente arraigada es una de las causas de incomodidad respecto a la forma en que se desarrolla la gran parte de la violencia relacionada con las acciones eco-extremistas.

Como fue notado, hay un alto grado de incomodidad que rodea los actos de violencia que no son de alguna forma justificados como recurso para algún mayor objetivo, mensaje o contexto progresista dentro del cual la violencia es limpiada y hecha pura, bautizada y adecuada a nuestras sensibilidades modernas. Le tememos a la violencia que no actúa en servicio de un “bien mayor”. Por ejemplo podrás ver esto comúnmente en los círculos anarquistas cuando se ponen a hacer LARPing (NdT1) sobre su gloriosa revolución anarquista (aún seguimos esperándola, por cierto). Cuando sea que se discuta la violencia aquí, es siempre con un poco de esa repugnancia y aprehensión tan particular que tienen los hìper-civilizados con la violencia. Y así la vulgaridad y depravación de la violencia sólo se hace “pura y buena” a sus ojos como recurso para su necesidad revolucionaria de suprimir fuerzas contra-revolucionarias o lo que sea, en su necesidad de acomodarse en el reino de la solidaridad, igualdad y cualquier otra nueva anarco-frase desatada con la nueva revolución.

La razón por la cual la violencia eco-extremista pone a la gente incomoda, o una de las tantas, es que en su descarado desinterés por los cálculos de “medios-y-fines” resulta vehementemente anti-instrumentalista. Un ejemplo muy iluminador fue el bombazo al oficial de Codelco (en parte porque lo extremo del ataque es una expresión aún mas clara del punto): Aunque como un apartado, uno podría hallar fácilmente numerosos ejemplos en cualquier número de comunicados que hacen un conteo de sus hazañas o en las cronologías publicadas en varios números de la Revista Regresión. Pero para continuar: Luego de un ataque tan monumental, ITS no sacó alguna especie de comunicado demandando una serie de cambios de políticas para hacer de la violación que Codelco ejerce para con la tierra un poco mas amable. En cambio el ataque a Landerretche es la personificación de un animus delendi desatado como una respuesta desde los oscuros abismos de la tierra misma. En sus propias palabras:

Este atentado no fue un acto político, no nos interesa la política, somos individuos rabiosamente anti-políticos. Nos interesaran una mierda las luchas sociales y sus dirigentes, nos cagamos en la ciudadanía y el pueblo cómplice del sistema tecnológico-industrial. TAMPOCO es un ataque que pretenda denunciar a la empresa Codelco, NO buscamos que ahora usen camiones eléctricos o a panel solar, NO queremos que ahora arrojen sus desechos tóxicos con menos toxicidad, NO buscamos que ahora sean responsables con el medio ambiente, nada de eso. […] Este fue un atentado de venganza Salvaje, en nombre de la Tierra que muere por el progreso humano.” – Vigésimo-Primer Comunicado de los Individualistas Tendiendo a lo Salvaje.

En contra de esta progresista actitud instrumentalista de la violencia está la descarga anti-instrumentalista de fuerzas violentas, una forma de “guerra-total” canalizando el poder indiscriminado y violencia de la tierra misma. La violencia eco-extremista (como la he comprendido y sentido afinidad por ella) siempre ha tenido elementos de esta personificación, este enfoque chamanistico de canalizar el mundo espiritual y sus energías primordiales que desatan un caos primordial sobre los fantasmas que los hombres han acarreado sobre la tierra. Estos actos son los mensajes de la tierra enviados sobre las alas de ángeles oscuros para recordarle al hombres de su pequeñez ante el abismo primitivo e indomable, una confrontación con el salvajismo siempre presente que rechaza todas las maquinizaciones del hombre con el estallido de una bomba y carne rasgada. Incluso en su despliegue de ataques violentos contra sus enemigos, el eco-extremismo continúa posicionándose vehementemente en contra de la moderna civilización tecno-industrial en todas sus formas, hasta la forma de guerra en sí misma.

Debería notarse que escribo esto como una persona que alguna vez fue, si no opuesta, entonces al menos escéptica del enfoque eco-extremista hacia la violencia. Cuando me encontré por primera vez con el trabajo de la tendencia, mis reacciones no fueron diferentes a algunas de las respuestas que cuestionan la eficácia y propósito de las acciones en las que los eco-extremistas se involucran. En ese punto yo venia de una perspectiva mucho mas del Kaczynkismo ortodoxo que aborda el ataque desde un enfoque mucho mas moderno, instrumental, militarista. Este parece ser el enfoque/ perspectiva que colorea la gran parte de nuestros pensamientos sobre “librar una guerra”, a los propósitos y objetivos del ataque violento.

Pero la posición eco-extremista ofrece y sigue demostrando una escueta contra-partida frente a nuestros entendimientos mucho más modernos del lugar y el rol de la violencia y nuestras concepciones sobre la guerra. La guerra eco-extremista, a diferencia de, digamos, el enfoque más instrumental y militarista de los eco-radicales inspirados en Kaczynski, es la personificación de una forma de violencia primordial y un estado de guerra-total que espeja la violencia de la naturaleza misma. La forma de guerra eco-extremista es una continuación y representación coherente de su anti-modernismo, anti-progresismo, anti-humanismo y similares. Su guerra escupe sobre los sagrados decretos de la ley y el orden que son impuestos incluso en las formas de violencia que son vistas como aceptables a los ojos de los híper-civilizados. En lugar de las reglas de compromiso de los hombres ofrece sólo la ley natural, violencia primitiva.

Sokaksin
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Notas del traductor:

1) LARP significa Live Action Role Playing-Game (Juego de Roles de Acción en Vivo). Por lo cual la expresion LARping usada en el contexto de arriba implica una suerte de “fantasía personificada” que tienen los anarquistas con su tan deseada revolución.

(es) Oso y el Dios Salvaje

Traducción del texto “Oso and the Wild God” escrito por Sokaksin.
Traducción a cargo de Zúpay.


A las 10:37AM en la mañana del 22 de marzo de 2014, una ladera inestable que se hallaba cerca de 4 millas de distancia del pueblo de Oso en el Estado de Washington, cedió. El desprendimiento desató una avalancha de barro, árboles y rocas que recorrió la bifurcación norte del Rio Stillaguamish y recubrió una milla cuadrada del valle que se encuentra por debajo de las terrazas Bancales Whitman, la cual se levanta 800 pies por sobre del valle que hay debajo. En el terremoto y el alud de Oso, 49 casas fueron destruidas, hubo más de 100 personas desaparecidas y lo que eventualmente serian 43 civiles muertos.
Hay algo de controversia respecto al grado en que la tala tangencial en el área sumó a la posibilidad del alud en Oso, pero también hay un alto grado de acuerdo en que el alud fue, perfectamente natural, sino inevitable. Lo que queda por decir que no hay chivo expiatorio al cual señalar, ninguna “causa” respecto al “manejo irresponsable de la tierra” para amontonarse detrás. Solo la despiadada realidad de esta tierra salvaje y la exposición total de su poder. Lo que ocurrió en Oso fue simplemente un acto de la naturaleza salvaje en el sentido más puro del término.
Buena parte de la ladera Oso y las áreas circundantes, son sobrantes de los depósitos glaciares, los cuales se crearon a causa del movimiento glaciar que recorrió el área en la última era del hielo. Estas laderas son inherentemente inestables dado su composición. Como resultado, a lo largo de la historia y más ciertamente incluso de forma anterior a la invención de la tala, los aludes han sido una característica común del paisaje, una parte interínsica de los procesos naturales, por los cuales esta región ha sido moldeada a lo largo de incontables miles de años.
Tan pronto como tres años después del alud, uno observa que las cosas han simplemente continuado su curso natural. El suelo refrescantemente expuesto a causa del desprendimiento ha dado paso al crecimiento de una vida vegetal. El río se ha vuelto a encausar al tiempo que la llanura inundada que emergió luego de la avalancha se asentó. Las únicas señales de que la civilización estuvo aquí alguna vez, son los postes de banderas que enmarcan sitios conmemorativos y una casa solitaria que ha sido abandonada.
Admito que observar a lo largo del paisaje y asimilar las consecuencias del alud es una experiencia que otorga humildad, por decir poco. Es un recordatorio de mi pequeñez en la tierra. Es un recordatorio de la fuerza indomable de la naturaleza salvaje. Es un recordatorio de la arrogancia del hombre y el vacío final de todos sus ídolos y sus esfuerzos frente al poder de la tierra.
Como Jeffers lo expone en su poema Halcones Heridos, “El Dios salvaje del mundo es en ocasiones misericordioso con aquellos / Que piden piedad, no lo es a menudo con el arrogante.” Y ahí se encuentra un cierto desafío, una arrogancia, una idiotez al construir las viviendas de uno en los senderos de la furia de los dioses. A la tierra la tiene con poco cuidado algún primate ambicioso y las pretensiones de su decadencia son abordadas de forma adecuada con la muerte y la destrucción a manos de la naturaleza. Pero esta naturaleza salvaje, esta tierra salvaje, este despiadado dios salvaje del mundo es también la única realidad que tenemos.
Pararse frente a la devastación de Oso es un recordatorio de la realidad última, insuperable, y de nuestro lugar en el gran mundo transhumano. Ciertamente es brutal, es cruel, pero en su interior y de forma inseparable, esa brutalidad es también belleza, integridad, totalidad. Uno podría aventurarse incluso a hablar de cierta salvación, o desarraigo de nuestra condición como Hombres híper-civilizados, o un recordatorio de lo que podría significarse el entender nuestra “humanidad”, pero concebida como un ser entre las redes de incontables cosas, y no en los términos de la estupidez solipsista del Hombre moderno. Sobre el dios salvaje del mundo, Jeffers escribe de nuevo:
“El Dios del mundo es traicionero y lleno de sinrazón; un torturador, pero también

La única base y la única fuente.

Quien lo combata se come su propia carne y perece de hambre; quien se esconde en la tumba

Para escapar de él, está muerto; quien entra a la Recesión India, para escapar de él, está muerto; quien se enamora del Dios es limpiado

De deseos de muerte y temores de muerte.”

– De, “Deudas-de Nacimiento”
– Sokaksin

(es) Lecciones del abeto y la Gloria de lo inhumano

Traducción del texto “Lessons of the Fir and the Glory of the Inhuman” escrito por Sokaksin.
Traducción a cargo de Zúpay.


“Grito intentando acabar con mi domesticación, quebrando ataduras de relaciones inútiles, lanzándome a una guerra contra la civilización y sus esclavos.” – Yo y después yo
En el patio de la casa en la que vivo, se encuentra la antigua medula y los huesos gastados por el clima de un gran abeto de Douglas. Antes de la llegada de la industria maderera a esta región de los Estados Unidos en el temprano siglo XX, había una gran área de antiguos bosques a lo largo de toda la costa. A través de algunas estimaciones, tanto como la mitad de los bosques en aquel tiempo, estaban constituidos por estos lugares antiguos e inimaginablemente complejos, cuya apariencia probablemente no volverá a ser contemplada por el ojo humano nunca más. En estos bosques, el abeto de Douglas, el Cedro rojo occidental, el abeto stika, la Cicuta y otros era los imponentes gigantes que surgieron sobre la gran vida del sotobosque, rico en plantas y vida animal. Muchos de estos bosques habrían tenido incalculables miles de años y los árboles en ellos muchos cientos, incluso miles de años también.
Caminando a través de los bosques en donde vivo, uno puede hallar aun los más débiles ecos de esta vida primaria del bosque, en los antiguos tocones dejados por las primeras rondas de tala. Muchos de los restantes más grandes tienen los característicos cortes a los lados, de los andamios improvisados que permiten a los taladores trepar lo suficientemente alto sobre estos grandes árboles como para encontrar un lugar en donde sus sierras puedan cortar. El abeto Douglas en el patio en donde vivo alberga estas mismas cicatrices.
Pero esta pieza no es realmente acerca de estos antiguos bosques, ni tampoco acerca de la tragedia de lo que se ha perdido con su destrucción, a pesar de que, a mi parecer, seguramente sea causante de gran tristeza, entre otras cosas. Es más que nada una reflexión sobre la experiencia personal que tengo al reconocer, a través de la presencia de estos árboles antiguos, que yo también, albergo la sangre del bosque en mis manos, al mismo tiempo que siento una profunda oposición al mundo que ha derramado la sangre de estos maravillosos lugares, y como uno puede comprender y responder a esta tensión desde una perspectiva eco-extremista.
Como he notado, aquel árbol testifica la verdad de que mi propia existencia es nacida de esta civilización, construida sobre los cadáveres de aquellos hermosos y antiguos bosques, y sobre los cuerpos de las personas y criaturas que vivieron en ellos. Como he notado en la pieza anterior, el hombre siempre es parte y producto de su lugar. Y así, yo soy parte y producto de una existencia híper-civilizada. Por virtud de mi existencia, la sangre del mundo ha manchado mis manos. Pero al mismo tiempo, y en muchos casos a causa de esto, viene la manifestación de una tendencia que se posiciona firmemente en contra de esta existencia muy híper-civilizada del “Hombre” y sus obras por las cuales hemos nacido y sido formados como seres modernos y domesticados. Así puede haber, para algunos, esta cierta “tensión” en el eco-extremismo que parece demasiado grande para el punto de vista convencional de las filosofías humanistas. Después de todo, desear la muerte sobre las innumerables caras de esta civilización, es condenar al “Hombre” y consecuentemente, a mí mismo a la muerte junto con ellos.
En el fondo, esta tensión o contradicción entre lo humano y lo inhumano que puede ser percibida cuando se aborda la perspectiva eco-extremista, solo puede ser reconciliada a través del reconocimiento de que la perspectiva eco-extremista es en muchos aspectos una negación, o rechazo de lo “humano”, un concepto entendido de formas diversas por diferentes “miembros” de la tendencia. Esto no es realmente un acto intelectual de calcular el uno o el otro. Y a decir verdad, mucho de lo incomprensible del eco-extremismo para aquellos de afuera es simplemente a causa de la naturaleza irreconciliable de una perspectiva y un sistema de valores que posiciona al Hombre en la cima de la creación y otro que sencillamente se niega a hacer lo mismo por un numero de razones que yo (naturalmente) considero que son válidas. Pero esta decisión se siente en el corazón de uno, se siente en una afinidad con el gran bosque, las montañas, los ríos, y sus innumerables formas de vida. Desde el noble cedro hasta el gran alce y el coyote. Desde un amor a la grandeza y belleza del mundo no-humano en lugar del humano. Y así la oposición del eco-extremista al híper-civilizado, a la civilización tecno-industrial, simplemente no se trata del humano. No se trata del ser individual de nadie, es una negación del humano en nombre de aquella gloria desconocida de la tierra salvaje que no tiene nada que ver con el ser humano. El eco-extremismo es un reconocimiento de la gran belleza de lo inhumano y la negación violenta de la centralidad del humano, dado que es la reacción violenta en contra del “Hombre” y su civilización tecno-industrial en todas sus encarnaciones. Pero no hay lugar en las filas del mundo moderno, progresista, humanista, para una perspectiva que apunta a la muerte del “Hombre” y todas su “glorias,” y en esto, está la raíz de la disonancia cognitiva e indignación de las masas híper-civilizadas quienes encuentran imposible de concebir una perspectiva que se opone a sus sagradas abstracciones de “progreso”, “humanidad”, “la ciudadanía,” etc.
El eco-extremismo, como digo, toma su perspectiva de aquella gloria desconocida de la tierra salvaje. En el vigésimo octavo comunicado de ITS este completo y total rechazo a cualquiera y todas las perspectivas humanistas en nombre de aquella gloria desconocida se expresa tan claramente como siempre:
“Atacamos, atacamos a todo lo que tenga que ver con el ser humano, no nos importa dañar a algún “inocente” o a un “pobre cristiano” que se encontraba en el momento y el lugar menos indicado, a nuestro odio no le interesa rico o pobre, mujer u hombre, joven o viejo, nuestro odio es el mismo para todo humano.
Para nosotros no hay ni buenos ni malos, el concepto de “lucha de clases” NO nos susurra nada, ni nos abraza de un rojo sentimentalismo, rechazamos ese “deber” de posicionarnos de lado del pueblo, jamás lucharemos por este, ni con este, sólo vemos una muchedumbre de híper-civilizados, autómatas, repulsivos autómatas…
Seguimos sin encontrar motivos para “amar al prójimo”, sólo tenemos aprecio por nuestros afines, nuestros hermanos de sangre que forman parte de la Tendencia, cómo podemos amar a quienes siguen perpetuando la civilización, a quienes viven creyéndose libres cuando el rugir de sus cadenas es tan atronador, ¿cómo amarlos?” – Vigésimo Octavo Comunicado de los Individualistas Tendiendo a lo Salvaje

A la luz de esta perspectiva, la “tensión” o “contradicción” antes mencionada entre lo humano y lo inhumano se disuelve completamente a través de la negación total de la centralidad del ser humano. “El hombre, “el humano”, “la polis” todos han sido dejados atrás en el eco-extremismo. El eco-extremismo encara el proyecto progresista de un mejor futuro, un futuro que será y siempre ha sido pagado con la sangre de la tierra, con un pesimismo de clara visión y el estallido de las bombas. Encara la obsesión propia del humanista con un aullido a lo desconocido y una espada ensangrentada para recordarle su pequeñez sobre esta tierra. Todo lo que queda es la gloria desconocida. No hay tensión entre los restos de la propia naturaleza híper-civilizada de uno y el ataque violento en contra de toda esta existencia híper-civilizada, por lo que todos aquellos ídolos del mundo humano han sido asesinados, y abandonados para que se pudran en el despiadado sol, en el ascenso de aquella gloria mayor dentro de la cual el ser humano es, como mucho, una minúscula joya en la gran red de Indra. Cerraré esto con el poema Sign-Post (Letrero), del poeta Americano Robinsón Jeffers, uno que captura de forma hermosa este giro hacia adelante, lejos del ser humano y hacia la inmensa grandeza y gloria transhumana de la tierra.

Civilizados, llorando: como ser humano de nuevo; esto te dirá como.
Gira hacia afuera, ama las cosas, no al hombre, aléjate de la humanidad
Deja morir a aquel muñeco. Considera si quieres como crecen los lirios,
Recuéstate sobre la roca silenciosa hasta que sientas su divinidad
Enfría tu venas; observa las estrellas silenciosas, deja que tus ojos
Escalen la gran escalera fuera de la fosa de ti mismo y del hombre.
Las cosas son tan hermosas, tu amor seguirá tus ojos;
Las cosas son el Dios; amaras a Dios, y no será en vano,
Por lo que amamos, crecemos para ello, compartimos su naturaleza. En longitud
Mirarás de nuevo a lo largo de los rayos de las estrellas y verás que incluso.
El pobre muñeco de la humanidad tiene un lugar debajo del cielo
Sus cualidades reparan su mosaico a tu alrededor, los fragmentos de la fuerza
Y de la enfermedad; pero ahora eres libres, incluso para ser humano,
Pero nacido de la roca y del aire; no de una mujer.
-Sokaksin

(es) “Confrontando tu domesticación” y “Re-salvajizarse”

Traducción del texto “(en) “Confronting your Domestication” and “Rewilding” escrito por Sokaksin.

Traducción a cargo de Zúpay.


“¿Puedo preguntar como confrontas tu propia domesticación?”

Esta pregunta me la hicieron un tiempo atrás, me la preguntó alguien con quien eh cruzado caminos y desde el comienzo, me dio la impresión de ser una pregunta extraña. Parece ser todo el furor entre los círculos anarco-primitivistas el hablar sobre el “salvajismo” de uno, una y otra vez. Esta misma gente se embarca en largos viajes de acampada, con algunos de sus compinches para vivir la vida dura en la parte trasera de algún rancho levantando refugios primitivos, cazando equipados con armas y herramientas primitivas, usualmente iniciando fogatas de parte del pequeño hombrecillo “cazador/recolector” en su corazón. Ahora, no puedo decir que me oponga a que la gente se vaya en extensos viajes de acampada, aprendiendo habilidades primitivas, entrando en un contacto más profundo con la tierra que habitan, o lo que sea. Paso una gran parte de mis días, todos los días últimamente, caminando a través del bosque cercano a mi casa, y al hacerlo, he llegado a conocer de forma intima los varios cientos de acres que comprenden el parque aledaño en el tiempo que he vivido aquí. Así que no puedo ser, y no soy el adecuado para emitir un juicio en aquel aspecto. De lo que sí tomo partido, concierne a los delirios respecto a lo que “re-salvajizar” significa si quiera. Reclamar el mundo-vivo de las gentes primitivas (no podemos, parada total) y la tendencia correlativa entre la multitud de aquellos “resalvajizando”, para caer muy profundamente en el “juego de arquería primitiva”, y al hacerlo, olvidar lo que uno es y donde realmente se está.

Mi respuesta a esta pregunta cuando se presentó ante mí fue esencialmente, “no lo hago”. No quise decir esto en un sentido pasivo de simplemente no hacer nada, por lo que incluso mi escritura es de una pequeña forma, un intento de lidiar con quien soy y donde estoy, con mi propia domesticación, y el mundo del cual siento en mi corazón que me opongo profundamente. Esto de “no hacer” lo dije más en el sentido de aceptar lo que uno es, donde y cuando se existe en las ruedas del tiempo, más que combatir la realidad de las circunstancias propias al caer en delirios de reavivar o si quiera recrear la vida y el mundo inimaginablemente complejo de los primitivos. El hombre no existe, y no podría existir en un vacío. Él siempre es volteado por fuera de sí mismo, siempre es parte y producto de un tiempo y lugar. Y la persona primitiva era en tanto parte y producto de su mundo, como el hombre moderno es parte y producto de este. ¿Quiénes fueron los Niitsitapi, sino una extensión de las grandes llanuras, la tormenta eléctrica sobre las ondeadas praderas y el búfalo? En la reciente traducción de Atassa sobre la editorial de la Revista Regresión No.7, este sentimiento se expresó en los lamentos de un jefe Sioux:

“Pronto se levantará un sol que ya no nos verá aquí y nuestro polvo y nuestros huesos se mezclarán con estas praderas. Como en una visión, veo morir la llama de las hogueras de nuestros grandes consejos y las cenizas emblanquecer y enfriarse. Ya no veo levantarse las espirales de humo por encima de nuestras tiendas. No escucho el cántico de las mujeres mientras preparan la comida. Los antílopes se han perdido; las tierras del búfalo están vacías. Solo el aullido del coyote se escucha ahora. La medicina del hombre blanco es más fuerte que la nuestra; su caballo de hierro corre ahora por los senderos del búfalo. Nos habla a través del “espíritu susurrante” (teléfono). Somos como pájaros con las alas rotas. Mi corazón está helado. Mis ojos se apagan.”

Los Sioux, al igual que un número incontable de gente, atestiguaron su propia muerte y la de su mundo, y esto es uno solo y es lo mismo. Si uno quiere hablar de “re-salvajizar”, en el sentido anarco-primitivista, no se puede hablar al respecto honestamente sin reconocer que el ser humano siempre se encuentra en un tiempo y espacio, y se encuentra ligado de forma inherente a aquel tiempo y espacio. A menudo se puede aventurar más allá, en lo abstracto, pero este es un mundo de ensueño, y todos los sueños deben finalizar. Él debe volver al presente, ya que es la única realidad que tiene. El pasado siempre esta pasado y pisado y el futuro es la nada aireada de la especulación. Solo el aquí y ahora tienen realidad. Y si esto es cierto, el proyecto anarco-primitivista de re-salvajizar”, “reclamar el salvajismo de uno,” o “confrontar la propia domesticación” es como mucho un trillado intento de recrear una especie de teatro idealizado de mundos muertos, ilusiones, sueños lucidos, sin sentidos. El anarco-primitivista alzará los fantasmas del gran búfalo, reavivará los huesos del antílope, reavivará las cenizas de las hogueras sagradas de los Sioux. El reino del Paleolítico levantándose nuevamente. Pero todo esto es, por supuesto, un sueño. El búfalo retornó al Gran Espíritu hace tiempo, como también lo han hecho los huesos del antílope. Las cenizas de las hogueras sagradas fueron llevadas por el viento tiempo atrás, e incluso los mismísimos Sioux se han vuelto gente de la historia.

Hablar sobre “resalvaijzar” y su corolario en el sentido anarco-primitivista es, por lo tanto, hablar de algo que no tiene sentido. Es no confrontar el mundo tal como es. Es escapar a los mundos de ensueño en los cuales las grandes redes de la tierra no han sido destrozadas por la civilización. Si uno ve con una mirada clara, debe reconocer y aceptar lo que somos, lo que también está ligado con comprender donde y cuando estamos. Esto significa reconocer y aceptar que casi todas las personas que existen hoy en día, son parte y producto de esta monstruosa civilización. tecno-industrial, que continúa extendiendo sus asfixiantes zarcillos sobre la faz de la tierra. La domesticación está inscripta en nuestra carne, y vivimos en el basural ecológico de la modernidad. Significaría reconocer que los grandes mundos del pasado están muertos y no hay forma de retornar a ellos, ni hay ningún prospecto realista de que se alcen de nuevo dentro de mi tiempo de vida o del de alguno de mis lectores. Como Jeffers señala en Las estrellas cubren el océano solitario “El mundo está en mala forma, hombre mio / Y destinado a empeorar antes que arreglarse.” Lo que tenemos, y todo lo que tenemos, es este presente decadente en toda su monstruosidad, la continua e implacable marcha del Leviatán, por sobre todo lo que es salvaje y bello. Significaría aceptar este presente con honestidad y responder a ese presente en consecuencia, de una forma que se adecue al presente. Sin sueños entretenidos e ilusiones de un mejor mañana, donde la utopía primitiva se vea realizada.

Por supuesto, tal parada no es el “re-salvajizar” de John Zerzan, Kevin Tucker, y el resto de subordinados anarco-primitivistas. Este es el espíritu del eco-extremismo, su nihilismo de clara visión, su ataque salvaje en este presente decadente. Del Séptimo Comunicado de ITS:

“Lo salvaje no puede esperar más, la civilización se expande indiscriminadamente a costa de todo lo natural. De nuestra parte no nos quedaremos de brazos cruzados, mirando pasivamente como el humano moderno despedaza la Tierra en busca de sus minerales, como la sepulta con toneladas de concreto, o como atraviesan cerros enteros en la construcción de túneles. Estamos en guerra contra la civilización y el progreso, quienes lo perfeccionan y quienes lo avalan con su pasividad, ¡Quien sea!”

(en) Lessons of the Fir and the Glory of the Inhuman

Reflexión en inglés entorno a la naturaleza salvaje y lo inhumano, escrito por Sokaksin.


“I cry trying to finish off my domestication, breaking the bonds of useless relationships, launching headlong into a war against civilization and its slaves.” – I and Afterwards I

In the yard of the house where I live there stands the ancient marrow and weather-worn bones of a great Douglas Fir. Prior to the arrival of the logging industry in this region of the United States in the early 20th century there were vast swaths of old-growth forests along the entire coast. By some estimates, as much as half of the forests at that time consisted of these unimaginably complex, ancient places, the likes of which will probably never be beheld again by human eyes. In these forests the Douglas Fir, Western Red Cedar, Sitka Spruce, Hemlock, and others were the towering giants that loomed over the great life of the under-story, rich in plant and animal life. Many of these forests would have been untold thousands of years old and the trees in them many hundreds or even thousands of years old as well.

Walking through the forests where I live one can still find the faintest echoes of this primal life of the forest in the ancient stumps left over from the early logging rounds. Many of the largest remnants have the characteristic notches cut into their sides from the makeshift scaffolding which allowed loggers to climb high enough up these great trees to be able to find a place where their saws could cut. The Douglas Fir in the yard where I live bears these same scars.

But this piece isn’t really about these ancient forests, or really even about the tragedy of what has been lost by their destruction, though it seems to me that it is surely cause for great sadness, among other things. It is mostly a reflection on the personal experience that I have in recognizing, by the presence of that ancient tree, that I too bear the blood of the forest on my hands at the same time as I feel a deep opposition to the world which has spilled the blood of these great places, and how one might understand and respond to this tension from an eco-extremist perspective. Continue reading (en) Lessons of the Fir and the Glory of the Inhuman

(en) “Confronting your Domestication” and “Rewilding”

Reflexiones en torno a la domesticación y resalvajización desde una perspectiva eco-extremista.

Texto escrito por Sokaksin.


“May I ask how you confront your own domestication?”

I was asked this question a while back by someone that I have crossed paths with and from the outset it has always struck me as an odd question. It seems to be all the rage among anarcho-primitivist circles to talk about “rewilding” oneself, “confronting one’s own domestication,” reclaiming one’s own “wildness,” and on and on and on. These same people set out on extended camping trips with a few of their buddies to rough it on the back acres of some ranch building primitive shelters, hunting and prepping with primitive weapons and tools and generally kindling fires of the little homunculus of the “IR hunter/gatherer” in their heart. Now, I can’t say that I oppose people going out on extended camping trips, learning primitive skills, getting more deeply in touch with the land that they inhabit, or whatever. I spend a large part of my days, every day lately, walking through the forests near my house and in doing so have come to know the several hundred acres that comprise the nearby park intimately in the time that I’ve lived here. So I can’t be and am not one to cast judgement in that regard. What I do take issue with are the delusions about what it would even mean to “rewild,” to reclaim the life-world of primitive peoples (we can’t, full stop) and the correlative tendency among the “rewilding” crowd too fall too deeply into “LARPing primitive” and in doing so forgetting who and where one actually is.

My response to this question when it was posed to me was essentially, “I don’t.” I did not mean this in a passive sense of simply doing nothing, for even my writing is in some small way an attempt to deal with where and what I am, my own domestication and the world which I feel in my heart that I am so deeply opposed to. I meant this “non-doing” more in the sense of accepting who and what one is, where and when exists on the wheels of time rather than fighting the reality of one’s circumstances by falling into delusions of rekindling or even recreating that unimaginably complex life and world of the primitive. Man does not and could not exist in a vacuum. He is always turned outside himself, is always a part and product of a time and place. And the primitive was as much a part and product of his world as the modern man is a part and product of his. Who were the Niitsitapi but and extension of the great plains, the thunderstorm over the rolling hills, and the buffalo? In Atassa‘s recent translation of the editorial of Regresión Magazine No. 7 this sentiment was expressed in the grieving of a Sioux chief:

“Soon the sun will rise and will no longer see us here, and the dust and our bones will mix on the plains. As in a vision, I see the flame of the bonfires of the great councils die, and the ashes grow white and cold. I no longer see the spirals of smoke rise from our tents. I don’t hear the songs of the women as they prepare the food. The antelope are gone, the lands of the buffalo are empty. Only the howl of the coyote is heard now. The white man’s medicine is stronger than ours. His iron horse now runs on the paths of the buffalo. The whispering spirit (telephone) speaks to us now. We are like birds with broken wings. My heart is frozen. My eyes extinguish.”

The Sioux, and so many countless other peoples witnessed the death of themselves and the death of their world, and this is one and the same. If one wants to talk about “rewilding” in the anarcho-primitivist sense it cannot be honestly talked about without recognizing that the human being is always located in time and space and is always inextricably tied to that time and space. He can often venture beyond it in the abstract but this is a dream world, and all dreams must come to an end. He must come back to the present, for it is the only reality that he has. The past is always gone and done and the future is the airy nothing of speculation. Only the here and the now have reality. And if this is true then the anarcho-primitivist project of “rewilding,” “reclaiming one’s wildness,” or “confronting one’s domestication” is at best a hackneyed attempt to recreate a kind of idealized theater of dead worlds, delusions, daydreams, nonsense. The anarcho-primtivist will raise the ghosts of the great buffalo, bring life back to the bones of the antelope, bring life back to the ashes of the sacred fires of the Sioux. The Kingdom of the Paleolithic risen again. But this is, of course, a dream. The buffalo have long since returned to The Great Spirit, as have the bones of the antelope. The ashes of the sacred fires were long ago taken by the wind, and even the Sioux themselves have become a people of history.

To talk of “rewilding” and its corollaries in the anarcho-primitivist sense, then, is to talk of nonsense. It is not confront the world as it is. It is to escape into dream worlds where the great webs of the earth have not been ravaged by this civilization. If one is to see with clear eyes, one would have to recognize and accept what we are, which will also entail coming to terms with where and when we are. It would mean to recognize and accept that almost every person that exists today is a part and a product of this monstrous techno-industrial civilization which has and continues to spread its choking tendrils across the face of the earth. Domestication is inscribed in our flesh and we live in the ecological wasteland of modernity. It would mean to recognize that the great worlds of the past are dead and that there is no going back to them, nor is there any realistic prospect of them arising again within mine or any reader’s lifetime. As Jeffers notes in The Stars Go Over the Lonely Ocean “The world is in a bad way, my man / And bound to be worse before it mends.” What we have, and all that we have, is this decadent present in all its monstrousness, the continuing, relentless march of the Leviathan over all that is wild and beautiful. It would mean to accept this present with honesty and respond to that present accordingly, in a way which is in accord with the present. Without entertaining dreams and delusions of a brighter tomorrow when the primitive utopia will have been realized.

Of course, such a stance isn’t the “rewilding” of John Zerzan, Kevin Tucker, and the rest of the anarcho-primitivist underlings. This is the spirit of eco-extremism, its clear-eyed nihilism, its savage attack in this decadent present. From the Seventh Communiqué of ITS:

“The wild can wait no longer. Civilization expands indiscriminately at the cost of all that is natural. We won’t stay twiddling our thumbs, looking on passively as modern man rips the Earth apart in search of minerals, burying her under tons of concrete, or piercing through entire hills to construct tunnels. We are at war with civilization and progress, as well as those who improve or support it with their passivity. Whoever!”

(es) Breves palabras respecto a la violencia del Cielo

Traducción del texto “Brief words on the violence of heaven” publicado en Miko-ew.

Traducción a cargo de Zúpay.


La violencia en el núcleo del mundo, es parte integrante de la belleza y de la vida del todo. Así son las cosas. El mundo no puede sostenerse sin la oscuridad, y no podría ser sin la luz, o el juego sin fin de su interpretación y determinación mutua. Esta es la verdad del mundo. En un mundo tal, la gracia inefable, la cual trae las bayas de primavera al oso también ha escrito el drama eterno del alce y los lobos. Una vida de una muerte, una muerte de una vida. En la red de una incontable cantidad de seres, en su sufrimiento y su fortuna, en la forma de la tierra y la integridad del todo. Es simple ver el surgimiento mutuo del todo en el florecimiento primaveral y la actividad de las abejas, pero incluso el cuerpo parlanchín de la liebre en el ajustado apretón de las mandíbulas del coyote refleja la belleza del todo. Como observa Jeffers en su poema fuego en las colinas, “La belleza no siempre es amorosa…” La sangre en las rocas, los huesos del ciervo blanqueados por el sol, las poderosas mandíbulas del gran león de montaña, perfectas para matar, el cacareo del coyote y el alarido de muerte del alce. La fiereza, la violencia indiscriminada del eco-extremismo es la representación de este fundamento, violencia divina que trabaja, y siempre trabajo en el corazón del mundo.

El eco-extremismo es asediado continuamente por las filas de los debiluchos híper-civilizados, por su “psicopatía” aparente, porque se atreve a materializar esta violencia primordial en contra del orden artificial del Leviatán. Al altar de la ley y el orden, el eco-extremismo ofrece la profanación y un sacrificio de sangre a la tierra salvaje. Al negarse a tener si quiera un mínimo contacto con la línea del humanismo y el progresismo se sitúa a sí mismo en oposición a todo lo que la civilización tecno-industrial (y esto también se refiere al Hombre en sí mismo) representa. Está opuesto en su propia esencia de toda la infraestructura putrefacta, desde la “red” hasta cualquier ciudadano híper-civilizado quien es tanto la manifestación de la civilización como la presa hidroeléctrica que ajusta la vida del río. Se niega a poner la vacía abstracción del “Hombre” en la cumbre del ser y ataca con salvajismo todo aquello que canibaliza la belleza del todo por el basural desolado de la modernidad. El eco-extremismo es el ataque del lobo de feroz, mirada en contra el ganado domesticado. Es la furia del oso grizzly contra aquel quien vagará de forma insolente dentro de sus dominios. Es la fuerza del búfalo y las ventanas rotas junto al metal doblado en contra de los híper-civilizados que han olvidado la fuerza y la furia de esta oscuridad primitiva y su lugar en la grandes redes del mundo, redes dentro de las cuales se mantienen impotentes a pesar del engrandecimiento de sus propias abstracciones.

El orden de la tierra ha sido forjado sobre eones a través de esta violencia divina. Esta es la manera. A partir de ello, surgió la belleza despiadada de aquel mundo transhumano, el cual el hombre y su sociedad tecno-industrial buscan profanar para sí misma. Cada estallido de una bomba, cada chorro de sangre derramada es un golpe a partir de aquel núcleo primitivo de salvajismo, que permanece en contra de las ilusiones y pretensiones del hombre moderno, su civilización, y todo lo que el representa.

-Sokaksin

(en) Brief Words on the Violence of Heaven

Desde Miko-ew un texto en inglés sobre la violencia eco-extremista comparada a las manifestaciones naturales y cómo es que aterran a los híper-civilizados sensibles, moralistas y débiles.


The violence at the heart of the world is part and parcel of the beauty and the life of the whole. This is the way of things. The world cannot be sustained without this darkness, as it could not be without the light, or the endless play of their interpenetration and mutual determination. This is the truth of the world. In such a world that ineffable grace which brings the berries of spring to the bear has also written the eternal drama of the great elk and the wolves. A life from a death, a death for a life. In this web of myriad beings, in their suffering and their fortune, is the way of the earth and the integrity of the whole. It is easy to see the mutual arising of the whole in the blossoming of spring and the activity of the bees, but even the quaking body of the hare in the tight grip of the coyote’s jaws reflects the beauty of the whole. As Jeffer’s notes in his poem Fire on the Hills, “Beauty is not always lovely…” The blood on the stones, the sun-bleached bones of the deer, the powerful jaws of the great mountain lion perfect for killing, the cackling of the coyote and the death-shrieks of the hare are the divine. The fierce, indiscriminate violence of eco-extremism is the enactment of this primal, divine violence which does and has always worked in the heart of the world.

Eco-extremism is continuously lambasted by limp-wristed ranks of the hyper-civilized for its apparent “psychopathy” because it dares to enact this primal violence against the artificial order of the Leviathan. To the altar of law and order eco-extremism offers desecration and a blood sacrifice to the wild earth. By refusing to toe the line of humanism and progressivism it situates itself in opposition to everything that techno-industrial civilization (and this also means Man himself) stands for. It is in its very essence opposed to this entire rotten edifice from the “grid” to every hyper-civilized citizen who is just as much the manifestation of civilization as the hydro-electric damn which straight-jackets the life of the river. It refuses to place the empty abstraction of “Man” at the pinnacle of being and attacks with savagery all that which cannibalizes the beauty of the whole for the desolate wasteland of modernity. Eco-extremism is the attack of the fierce-eyed wolf against the domesticated cattle. It is the fury of the grizzly bear against he who would wander with insolence in his kingdom. It is the strength of the buffalo and the broken windows and bent metal against the hyper-civilized who have forgotten the strength and fury of this primal darkness and their place in the great webs of the world, webs within which they remain impotent despite the aggrandizement of their own abstractions.

The order of the earth has been forged over eons through this divine violence. This is the way. From out of it arose the merciless beauty of that transhuman world which man and his techno-industrial society seeks to desecrate for himself. Every bomb blast, every drop of spilled blood is a strike from out of that primal kernel of wildness which remains against the delusions and pretensions of modern man, his civilization, and all the he stands for.

Sokaksin