(es) Tres etapas de la historia

Traducción de “Threes stages of history”, escrito originalmente en inglés y publicado en Antisocial Evolution.


A pesar de los comentarios de arriba, parece que Stirner presentó su versión de las edades del hombre con seriedad, porque acto siguiente procede a describir la historia humana de forma análoga. Los antiguos, como los niños, eran realistas. Los Cristianos Modernos son idealistas, al igual que los jóvenes, mientras que los hombres del futuro serán egoístas, como los adultos.

Para los antiguos, el mundo de la naturaleza y el linaje sanguíneo tenían el valor más alto, y lo aceptaban de forma tan incuestionable como un Cristiano acepta el misterio del mundo divino. Esta observación ya fue hecha por Feuerbach, pero Stirner añade que los antiguos también intentaron subvertir, o posicionarse detrás de las supuestas verdades naturales.

En particular, él elogia a los Sofistas, quienes usaron la mente como un arma contra el mundo, Los Sofistas vivieron por su ingenio para alcanzar la vida más placentera, en lugar de aceptar normas naturales o de costumbres. Usaron su mente como un instrumento para ponerse detrás de las éticas tradicionales, aunque sin elevar la mente al estatus de un nuevo amo o conciencia. Ellos cultivaron el entendimiento, pero no el corazón, el cual aún era libre de perseguir sus apetitos más voraces sin tapujos. Así, por todo su entendimiento superior, los Sofistas permanecieron esclavizados al mundo a través de sus deseos sensibles.

Sócrates percibió que el corazón tanto como la mente debe ser purificado. No es suficiente tener entendimiento, ese entendimiento también debe estar direccionado a una causa que valga la pena. Stirner considera esta purificación del corazón como una liberación mayor de la mente, liberándola de deseos mundanos. ¿Qué es la purificación? De acuerdo a Stirner, al igual que la mente Sofista había elevado sus propios intereses por sobre los intereses de otros (eso sería lo que es “natural” o de costumbre), también el corazón Socrático desdeña todas las cosas mundanas, así que incluso la familia y la nación son abandonadas por el bien de la propia dicha del corazón.

La experiencia cotidiana confirma la verdad de que el entendimiento quizás haya renunciado a algo muchos años antes de que el corazón deje de latir por eso.” [p.21.]

Mientras que los Sofistas se hicieron a sí mismos amos por sobre “los antiguos poderes dominantes” en su entendimiento, aquello continuó conduciendo estos poderes por fuera del corazón. Sócrates inició esta guerra, la cual duraría hasta el final de la época clásica.

La última purgación del corazón fue lograda por los escépticos, quienes “arrojaron fuera del corazón todos los contenidos y no lo dejaron latir por nada más.” [p.22.] Esta purgación, despojando al hombre de todos los lazos al mundo incluso en sus deseos, efectivamente desarraiga al hombre del mundo corpóreo. Él ahora se ve a sí mismo como espíritu, lo que sería, pensamiento puro, un desarrollo que facilitaría la recepción del Cristianismo.

El hombre espiritual se preocupa de lo espiritual en lugar de estar en busca de ser un “amo de las cosas,” Los Cristianos fueron capaces de llegar a la espiritualidad pura, a diferencia de los Judíos, quienes aún no estaban dispuestos a decir que las cosas mundanas no tenían valor. La caracterización de Stirner de los Judíos religiosos como “no espirituales” puede parecer extraña, pero el realiza esta distinción a cuenta de la doctrina de justificación por fe sin obras. Criado por padres luteranos, Stirner debe haber estado profundamente impresionado con esta doctrina.

Aun así, incluso si reconocemos la mayor antigüedad de la enseñanza Católica de que las obras son un perfeccionamiento de la fe, esto no suprime el presente punto de Stirner. En cualquier confesión, no son las obras como tal lo que justifican, sino la fe que estas expresan. El Cristiano deriva su valor de lo espiritual, no de lo mundano. Cualquier bien que pueda ser hallado en el mundo deriva del fin espiritual al cual pueda estar direccionado. El buen Cristiano nunca enfocará su corazón en cosas mundanas como tal, mientras que tal purgación del corazón es foránea al pensamiento Judío. Para el Judío lo espiritual es ciertamente más elevado que lo mundano, aunque lo mundano aún tiene valor en sí mismo que no es derivado de ninguna meta mayor. Es perfectamente lícito y bueno perseguir la riqueza por sí misma, matrimonio por sí mismo, y así en adelante, siempre y cuando esto esté en conformidad con la ley divina. Así el corazón Judío sólo es imperfectamente espiritual como mucho, dado que aún hay mucho espacio para que coexistan los deseos mundanos.

En la práctica, por supuesto, pocos Cristianos han obtenido realmente la pureza espiritual que profesan, pero la mera existencia de un ideal de pureza espiritual es en sí histórico y significante psicologicamente. Hace posible la base de una ética que es complemente independiente del criterio de los deseos mundanos. Así el Cristianismo constituye un desarrollo importante en la liberación de la mente humana. Este hecho está demostrado de forma tan decisiva por la historia, que es admitido, e incluso altamente profesado, por algunos de los críticos más severos de la religión, incluyendo a Stirner y a Nietzsche.

Aun así, Stirner cree que algo se perdió en la transición del hombre mundano al hombre espiritual. La vida espiritual, nutrida sólo de pensamientos en lugar de las cosas del mundo natural, “ya no es ‘vida,’ sino—pensamiento.”[p.26] Los antiguos, por contraste, buscaron el disfrute de la vida, el cual se encontraba en la salud, belleza, riqueza, y por sobre todo, buen ánimo.

No está claro que estas caracterizaciones sean totalmente precisas. Stirner, al igual que otros críticos del ascetismo Cristiano, parece haber perdido de vista el hecho de que el Cristianismo es una religión encarnadora, insistiendo en un Dios que es inmanente en el mundo corpóreo, el cual formara parte de la unión divina en igual medida que del alma. Aunque han habido muchas perversiones del Cristianismo, tales como el Gnosticismo, Origenismo, Messalianismo y Catarismo, en donde la espiritualidad implica el rechazo de actos externos o incluso del cuerpo, las tradiciones clásicas del Catolicismo y la Ortodoxia han presentado las vidas contemplativas y activas como complementarias, y enfatizado la corporeidad de la Iglesia de Cristo.

En cambio, los antiguos estaban lejos de ser gente no espiritual, y muchas de sus prácticas externas eran expresiones de creencia en un mundo lleno de espíritus. La “naturaleza” y el “linaje” que ellos reverenciaban no eran meros objetos, sino que tenían aspectos divinos. Incluso el termino Griego para la “buena vida” mundana, eudaimonia, significa literalmente, “buenos demonios”. Más allá, los Sofistas eran la excepción en lugar de la regla entre los antiguos, mientras que muchos creían que la “buena vida” debía estar circunscripta por normas morales. Así Simonides enlista entre las bendiciones de la vida “riqueza obtenida sin maña”. Incluso los filósofos hedonistas, desde Arístipo hasta Epícuro, aspiraban a mostrar cómo sus sistemas eran compatibles como la conducta correcta.

De todas formas, Stirner hace el valido punto de que, sin importar cuanto buscaron librarse del mundo, los antiguos eran esencialmente hombres sensitivos, dado que concebían toda felicidad en términos sensitivos, viviendo de forma calma, sin miedo o emoción. Así, él observa astutamente que los Estoicos y Epícureanos enseñaron efectivamente la misma práctica filosófica, difiriendo sólo en el método. Los estoicos enseñan al hombre afirmarse a sí mismo en contraste con el mundo, obteniendo “imperturbabilidad y ecuanimidad de vida.” Los Epícureanos buscan de forma similar la libertad del miedo, al cual llaman hedone, aunque nos enseñan a oponernos al mundo por el engaño en lugar de la impasividad.

La caracterización que hace Stirner de los Estoicos tiene fallas, dado que él piensa que ellos no tenían física o cosmología. De hecho, los Estoicos Griegos tenían una cosmología bien desarrollada, y esta se integraba con su ética de tal manera que los hombres eran exhortados a seguir la naturaleza, no oponerse a ella. Aun así, podemos notar la crítica de Nietzsche de que los Estoicos definían a la “naturaleza” para que encaje con un preconcepciones éticas, y de hecho se oponían a la naturaleza por lo que es realmente.

Los Escépticos rompen nuestra relación con el mundo, considerando esta relación como “sin valor ni verdad”, en las palabras de Timon. De igual forma, Pyrrho dice que el mundo no es bueno ni malo, bello u horrendo. [p.28.] En otras palabras, el valor no es algo inherente en el mundo, sino que viene de los pensamientos sobre el mundo.

Esto pavimenta el sendero del Cristianismo, el cual dibuja sus valores desde fuera del mundo, en el reino del espíritu. Los “lazos naturales” de la comunidad y la familia, no menos que la búsqueda de los placeres sensibles, todos son considerados como “molestos obstáculos que disminuyen mi libertad espiritual.”

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